2 de junio 2022    /   CIENCIA
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Thomas Halliday: «La mejor forma de hacer el mundo más habitable es comprender la vida que está a nuestro alrededor y la del pasado»

2 de junio 2022    /   CIENCIA     por          
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Dieciséis ecosistemas extintos de la Tierra a lo largo de 550 millones de años. Ese es el viaje que propone el paleobiólogo e investigador Thomas Halliday (Edimburgo, 1989) en su libro Otros mundos (Debate). Pero, más que una relación de plantas y animales, Halliday prefiere explicar la relación que se establece entre la persona y el lugar. Por esa razón esos mundos extintos aparecen retratados como si hoy siguieran vivos.

Su intención, explica el autor de Otros mundos, es enganchar al lector aportando, a su vez, lecciones que sirvan para afrontar la crisis ecológica actual. Aquí no hay dinosaurios al estilo de Parque Jurásico, pero sí tiranosaurios que se quitan la caspa con un árbol. Porque, aunque estén extinguidos, no eran criaturas mitológicas y sanguinarias, sino simples animales que se comportaban como tales.

Hay, pues, un proceso de desmitificación que nos acerca a esos ecosistemas desaparecidos. Y todo con un objetivo: mirar al pasado para interpretar el futuro.

 En el libro tratas de explicar dieciséis mundos extintos como si estuvieran vivos, narrándolos a través de las técnicas de los documentales. Así, los capítulos comienzan con la descripción de un amanecer en Alaska y animales pastando o con cómo se mueven las hojas de un árbol.  ¿Por qué hacerlo de esta forma?

A mí lo que más me importa, más que dar una relación de plantas y animales, es explicar la relación que se establece entre la persona y el lugar. Yo quería transmitir conocimientos, pero lo primero que quería era que el lector se enganchara con la historia. Una vez conseguido esto, creo que es más fácil hacer llegar todo el conocimiento de plantas, de fechas y de animales.

Thomas Halliday

Esto hace también que te alejes de esa imagen agresiva que se muestra en el cine de muchos animales extinguidos. En tu libro los vemos como seres más cercanos a los que existen hoy.

A mí lo que me parecía más interesante era recrear la vida pasada del planeta, dar una visión diferente de la que se ha dado en los últimos 200 años. Durante ese tiempo se ha transmitido esa imagen que tú comentas hasta llegar a la película de Parque Jurásico. Yo intento mostrar otra idea de ellos, como cuando describo a un tiranosaurio que no sale atacando a nadie, sino quitándose la caspa con un árbol.

Llama la atención la cantidad de detalles que se tienen de épocas de hace millones de años. ¿Cómo es esto posible?

Depende un poco del detalle al que te refieras. Por ejemplo, en China, una zona donde vivieron los dinosaurios, está cubierta por una ceniza muy fina que permite conseguir una resolución muy alta de los fósiles. Gracias a ella se puede ver incluso la estructura microcelular y los melanosomas. Estos son los que llevan la melatonina, es decir, los que dan el color a la piel. De esta forma, podemos saber de qué color era la parte exterior de los dinosaurios.

Unas tecnologías que te permiten contar curiosidades como que hubo lechuzas enormes de un metro, que hubo un momento en que no había hierba en la Tierra o cuando el mar Mediterráneo fue una depresión desecada, pero ¿cuál es el dato que más te llamó la atención?

Disfruté mucho aprendiendo de periodos de la historia de los que no soy experto. Como, por ejemplo, que en el fondo del mar, donde no hay casi vida, hubiese huecos hidrotérmicos, una especie de chimeneas. En ellos, el agua se calienta por el magma y sale humo; y también hay animales con caparazón, cangrejos… Unos sistemas que no obtienen energía de la luz, sino de los procesos químicos. Yo sabía que existían hoy, pero no que hubiera fósiles de aquellos. Y me sorprendió ver las similitudes que hay entre los dos, porque los dos se han adaptado igual en el pasado y ahora.

También me interesó mucho el capítulo del Cámbrico, en el que cuento cómo evolucionaron las presas y los cazadores. Me pareció muy sorprendente ver todo lo que sucedió en esos años, un periodo en el que los animales desarrollaron todo lo necesario tanto para defenderse como para atacar. Como los ojos o los caparazones.

Thomas Halliday

A lo largo del libro defiendes que mirar al pasado nos ayuda a interpretar el futuro. ¿Por qué es importante?

Si no miráramos al pasado no sabríamos qué va a traer al futuro. No tenemos una segunda tierra con la que experimentar. Nuestro laboratorio es el pasado y en él podemos ver cómo afecta la forma en la que se desarrolla la vida, analizar cómo las tendencias del ayer han afectado a la ecología y cómo lo que estamos viviendo ahora puede perjudicarnos en el futuro.

Incluso estamos viviendo episodios que ya sucedieron en la Tierra, como la falta de oxígeno en los océanos a finales del Pérmico o qué pasará con nuestra atmósfera si seguimos expulsando grandes cantidades de CO2 ya que su composición es similar a la del Oligoceno.

La época del Oligoceno es importante porque fue el periodo en el que la Antártida se cubrió de hielo y comenzó el mundo frío, en el que estamos todavía hoy. Con el aumento de concentraciones de dióxido de carbono, podríamos llegar a un punto límite en el que desaparezca este hielo y entraríamos en un mundo en el que los organismos actuales de la Tierra no podrían vivir.

Aunque ahora esos niveles de dióxido sean parecidos a los del Oligoceno, todavía la temperatura media no lo es. Pero si los niveles se mantienen, sí que podemos alcanzar ese calor. Así que se puede predecir que en los próximos 30-40 años se equiparen las temperaturas respecto a las del Oligoceno y la Tierra deje de ser como la conocemos.

Para que no suceda, deberíamos de actuar ya. Sin embargo, seguimos remando en contradirección. Y muestra de ello son muchos datos que das, como que solo el 4% de los mamíferos son animales salvajes.

Este dato muestra hasta qué punto hemos cambiado el equilibro de la naturaleza. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a este punto? Además, al haber tan poca variedad, la fragmentación de los ecosistemas les hace más vulnerables y más propensos a extinguirse. En los ecosistemas todo está interconectado, por lo que no podemos salvar un solo punto, sino que hay que tener en cuenta el completo. Es decir, que haya un equilibro.

También defiendes que, si no hacemos nada, la Tierra seguirá sin nosotros. Aunque todavía hay esperanza. Por ejemplo, se ha descubierto una bacteria que digiere el plástico sin dañar el medio ambiente.

La Tierra seguirá viviendo y cambiando sin nosotros, pero ninguna planta ni ningún animal vivos ahora podrán existir. Pero sí, hay mucho margen para la esperanza. Tenemos la suerte de tener varios caminos y podemos elegir el que queramos.

Esta bacteria que mencionas es un buen ejemplo de cómo la vida se va a ir adaptando, aunque colapse el mundo. De momento, podemos usar este tipo de organismos para adaptarnos a estos cambios que vienen. La mejor forma de hacer el mundo más habitable es comprender la vida que está a nuestro alrededor y la del pasado.

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Dieciséis ecosistemas extintos de la Tierra a lo largo de 550 millones de años. Ese es el viaje que propone el paleobiólogo e investigador Thomas Halliday (Edimburgo, 1989) en su libro Otros mundos (Debate). Pero, más que una relación de plantas y animales, Halliday prefiere explicar la relación que se establece entre la persona y el lugar. Por esa razón esos mundos extintos aparecen retratados como si hoy siguieran vivos.

Su intención, explica el autor de Otros mundos, es enganchar al lector aportando, a su vez, lecciones que sirvan para afrontar la crisis ecológica actual. Aquí no hay dinosaurios al estilo de Parque Jurásico, pero sí tiranosaurios que se quitan la caspa con un árbol. Porque, aunque estén extinguidos, no eran criaturas mitológicas y sanguinarias, sino simples animales que se comportaban como tales.

Hay, pues, un proceso de desmitificación que nos acerca a esos ecosistemas desaparecidos. Y todo con un objetivo: mirar al pasado para interpretar el futuro.

 En el libro tratas de explicar dieciséis mundos extintos como si estuvieran vivos, narrándolos a través de las técnicas de los documentales. Así, los capítulos comienzan con la descripción de un amanecer en Alaska y animales pastando o con cómo se mueven las hojas de un árbol.  ¿Por qué hacerlo de esta forma?

A mí lo que más me importa, más que dar una relación de plantas y animales, es explicar la relación que se establece entre la persona y el lugar. Yo quería transmitir conocimientos, pero lo primero que quería era que el lector se enganchara con la historia. Una vez conseguido esto, creo que es más fácil hacer llegar todo el conocimiento de plantas, de fechas y de animales.

Thomas Halliday

Esto hace también que te alejes de esa imagen agresiva que se muestra en el cine de muchos animales extinguidos. En tu libro los vemos como seres más cercanos a los que existen hoy.

A mí lo que me parecía más interesante era recrear la vida pasada del planeta, dar una visión diferente de la que se ha dado en los últimos 200 años. Durante ese tiempo se ha transmitido esa imagen que tú comentas hasta llegar a la película de Parque Jurásico. Yo intento mostrar otra idea de ellos, como cuando describo a un tiranosaurio que no sale atacando a nadie, sino quitándose la caspa con un árbol.

Llama la atención la cantidad de detalles que se tienen de épocas de hace millones de años. ¿Cómo es esto posible?

Depende un poco del detalle al que te refieras. Por ejemplo, en China, una zona donde vivieron los dinosaurios, está cubierta por una ceniza muy fina que permite conseguir una resolución muy alta de los fósiles. Gracias a ella se puede ver incluso la estructura microcelular y los melanosomas. Estos son los que llevan la melatonina, es decir, los que dan el color a la piel. De esta forma, podemos saber de qué color era la parte exterior de los dinosaurios.

Unas tecnologías que te permiten contar curiosidades como que hubo lechuzas enormes de un metro, que hubo un momento en que no había hierba en la Tierra o cuando el mar Mediterráneo fue una depresión desecada, pero ¿cuál es el dato que más te llamó la atención?

Disfruté mucho aprendiendo de periodos de la historia de los que no soy experto. Como, por ejemplo, que en el fondo del mar, donde no hay casi vida, hubiese huecos hidrotérmicos, una especie de chimeneas. En ellos, el agua se calienta por el magma y sale humo; y también hay animales con caparazón, cangrejos… Unos sistemas que no obtienen energía de la luz, sino de los procesos químicos. Yo sabía que existían hoy, pero no que hubiera fósiles de aquellos. Y me sorprendió ver las similitudes que hay entre los dos, porque los dos se han adaptado igual en el pasado y ahora.

También me interesó mucho el capítulo del Cámbrico, en el que cuento cómo evolucionaron las presas y los cazadores. Me pareció muy sorprendente ver todo lo que sucedió en esos años, un periodo en el que los animales desarrollaron todo lo necesario tanto para defenderse como para atacar. Como los ojos o los caparazones.

Thomas Halliday

A lo largo del libro defiendes que mirar al pasado nos ayuda a interpretar el futuro. ¿Por qué es importante?

Si no miráramos al pasado no sabríamos qué va a traer al futuro. No tenemos una segunda tierra con la que experimentar. Nuestro laboratorio es el pasado y en él podemos ver cómo afecta la forma en la que se desarrolla la vida, analizar cómo las tendencias del ayer han afectado a la ecología y cómo lo que estamos viviendo ahora puede perjudicarnos en el futuro.

Incluso estamos viviendo episodios que ya sucedieron en la Tierra, como la falta de oxígeno en los océanos a finales del Pérmico o qué pasará con nuestra atmósfera si seguimos expulsando grandes cantidades de CO2 ya que su composición es similar a la del Oligoceno.

La época del Oligoceno es importante porque fue el periodo en el que la Antártida se cubrió de hielo y comenzó el mundo frío, en el que estamos todavía hoy. Con el aumento de concentraciones de dióxido de carbono, podríamos llegar a un punto límite en el que desaparezca este hielo y entraríamos en un mundo en el que los organismos actuales de la Tierra no podrían vivir.

Aunque ahora esos niveles de dióxido sean parecidos a los del Oligoceno, todavía la temperatura media no lo es. Pero si los niveles se mantienen, sí que podemos alcanzar ese calor. Así que se puede predecir que en los próximos 30-40 años se equiparen las temperaturas respecto a las del Oligoceno y la Tierra deje de ser como la conocemos.

Para que no suceda, deberíamos de actuar ya. Sin embargo, seguimos remando en contradirección. Y muestra de ello son muchos datos que das, como que solo el 4% de los mamíferos son animales salvajes.

Este dato muestra hasta qué punto hemos cambiado el equilibro de la naturaleza. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a este punto? Además, al haber tan poca variedad, la fragmentación de los ecosistemas les hace más vulnerables y más propensos a extinguirse. En los ecosistemas todo está interconectado, por lo que no podemos salvar un solo punto, sino que hay que tener en cuenta el completo. Es decir, que haya un equilibro.

También defiendes que, si no hacemos nada, la Tierra seguirá sin nosotros. Aunque todavía hay esperanza. Por ejemplo, se ha descubierto una bacteria que digiere el plástico sin dañar el medio ambiente.

La Tierra seguirá viviendo y cambiando sin nosotros, pero ninguna planta ni ningún animal vivos ahora podrán existir. Pero sí, hay mucho margen para la esperanza. Tenemos la suerte de tener varios caminos y podemos elegir el que queramos.

Esta bacteria que mencionas es un buen ejemplo de cómo la vida se va a ir adaptando, aunque colapse el mundo. De momento, podemos usar este tipo de organismos para adaptarnos a estos cambios que vienen. La mejor forma de hacer el mundo más habitable es comprender la vida que está a nuestro alrededor y la del pasado.

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