9 de diciembre 2014    /   CINE/TV
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Historia de dos lugares que se derriten y ahogan bajo el cambio climático

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Thule y Tuvalu son dos paraísos, como decía la canción, pero no jugamos a recrearlos en la intimidad de nuestra bañera porque son mucho menos conocidos que los que mencionaban Mecano y porque cada vez es menos divertido vivir en ellos. El uno y el otro no podrían estar más separados. El primero es uno de los asentamientos humanos situados más al norte de la Tierra, en el noroeste de Groenlandia. El segundo se encuentra en el extremo sur del planeta, en la Polinesia. A pesar de esos veinte mil kilómetros de distancia tienen algo muy importante en común. Su existencia a corto plazo se ve seriamente amenazada por el cambio climático, eso de lo que tanto hablamos en Europa, pero que en realidad apenas sufrimos en nuestro día a día si lo comparamos con estos dos lugares.
TT_06
Ambos modos de vida resultan exóticos y fascinantes. En Thule la paciencia es un imperativo. La mayor parte de sus habitantes mantienen a sus familias cazando durante meses sobre el hielo. Hace falta templanza para afrontar el arrollador silencio que se vive en muchos de sus paisajes y el inmenso horizonte blanco, apenas teñido con algunos tonos grises, parece infinito. Hasta no hace mucho tiempo, los barcos necesitaban viajar durante dos días enteros para alcanzar el límite del deshielo. Ahora con apenas uno es suficiente. Y muchas de sus localidades están quedando prácticamente aisladas ya que las rutas sobre hielo por las que corren los trineos guiados por perros están desapareciendo.
TT_05
En la isla de Tuvalu la cosa es muy diferente. El dinero no es importante y solo trabaja quien quiere, porque la tierra es tan rica en recursos que no es difícil abastecerse de comida. Aquí la espera es solo una opción. El pescado, el coco y el pulaka, una planta muy presente en su gastronomía, están literalmente al alcance de la mano. No es que sean vagos, es que no necesitan mucho para sobrevivir y prefieren dedicarse a otros menesteres, explican los autóctonos a Matthias von Gunten y a su cámara en el documental ThuleTuvalu, que cuenta esta historia. El punto más alto de lugar está a 4,6 metros sobre el nivel del mar. El deshielo está elevando los niveles de agua hasta el punto que llega a engullir a la isla.
TT_01
Hasta ahora ambos lugares habían logrado mantener su modo de vida durante milenios gracias a su habilidad por entender y respetar su entorno natural. Pero las consecuencias de años de evolución humana, aunque no haya ocurrido precisamente en su entorno, les está condenando a un futuro incierto que les puede acabar obligando al exilio masivo. Su identidad y por tanto su valía están en entredicho. Todo aquello que aprendieron de sus padres y debían transmitir a sus hijos en breve no tendrá ningún sentido.
Matthias von Gunten elige un punto intermedio como es México para mostrar en la sección medioambiental del Festival de cine de Los Cabos este documento con el que descubre que la problemática de ambos lugares tan remotos es en realidad la nuestra propia. En Historia de dos ciudades Charles Dickens retrataba las diferencias y similitudes entre la apacible Londres y la agitada París años antes de la Revolución Francesa, un fenómeno social que cambió para bien a buena parte del mundo. En cambio, la transformación forzada que augura el cambio climático para estas dos microsociedades y para el resto del planeta no parece tan positivo.

Thule y Tuvalu son dos paraísos, como decía la canción, pero no jugamos a recrearlos en la intimidad de nuestra bañera porque son mucho menos conocidos que los que mencionaban Mecano y porque cada vez es menos divertido vivir en ellos. El uno y el otro no podrían estar más separados. El primero es uno de los asentamientos humanos situados más al norte de la Tierra, en el noroeste de Groenlandia. El segundo se encuentra en el extremo sur del planeta, en la Polinesia. A pesar de esos veinte mil kilómetros de distancia tienen algo muy importante en común. Su existencia a corto plazo se ve seriamente amenazada por el cambio climático, eso de lo que tanto hablamos en Europa, pero que en realidad apenas sufrimos en nuestro día a día si lo comparamos con estos dos lugares.
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Ambos modos de vida resultan exóticos y fascinantes. En Thule la paciencia es un imperativo. La mayor parte de sus habitantes mantienen a sus familias cazando durante meses sobre el hielo. Hace falta templanza para afrontar el arrollador silencio que se vive en muchos de sus paisajes y el inmenso horizonte blanco, apenas teñido con algunos tonos grises, parece infinito. Hasta no hace mucho tiempo, los barcos necesitaban viajar durante dos días enteros para alcanzar el límite del deshielo. Ahora con apenas uno es suficiente. Y muchas de sus localidades están quedando prácticamente aisladas ya que las rutas sobre hielo por las que corren los trineos guiados por perros están desapareciendo.
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En la isla de Tuvalu la cosa es muy diferente. El dinero no es importante y solo trabaja quien quiere, porque la tierra es tan rica en recursos que no es difícil abastecerse de comida. Aquí la espera es solo una opción. El pescado, el coco y el pulaka, una planta muy presente en su gastronomía, están literalmente al alcance de la mano. No es que sean vagos, es que no necesitan mucho para sobrevivir y prefieren dedicarse a otros menesteres, explican los autóctonos a Matthias von Gunten y a su cámara en el documental ThuleTuvalu, que cuenta esta historia. El punto más alto de lugar está a 4,6 metros sobre el nivel del mar. El deshielo está elevando los niveles de agua hasta el punto que llega a engullir a la isla.
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Hasta ahora ambos lugares habían logrado mantener su modo de vida durante milenios gracias a su habilidad por entender y respetar su entorno natural. Pero las consecuencias de años de evolución humana, aunque no haya ocurrido precisamente en su entorno, les está condenando a un futuro incierto que les puede acabar obligando al exilio masivo. Su identidad y por tanto su valía están en entredicho. Todo aquello que aprendieron de sus padres y debían transmitir a sus hijos en breve no tendrá ningún sentido.
Matthias von Gunten elige un punto intermedio como es México para mostrar en la sección medioambiental del Festival de cine de Los Cabos este documento con el que descubre que la problemática de ambos lugares tan remotos es en realidad la nuestra propia. En Historia de dos ciudades Charles Dickens retrataba las diferencias y similitudes entre la apacible Londres y la agitada París años antes de la Revolución Francesa, un fenómeno social que cambió para bien a buena parte del mundo. En cambio, la transformación forzada que augura el cambio climático para estas dos microsociedades y para el resto del planeta no parece tan positivo.

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