6 de julio 2018    /   IDEAS
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El chaleco inspirado en el autismo que calma a los perros con los petardos

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Quien tiene un perro como mascota sabe lo mal que lo pasan sus animales cuando a los humanos les da por celebrar cualquier cosa con petardos, vuvuzelas o fuegos artificiales. Aullidos, carreras aterrorizadas por la casa y buscar escondite en los lugares más insospechados (la cabeza de sus amos incluida) son algunas de las reacciones de los perretes ante estos ruidos intensos.

Pero la ciencia, que es un no parar de buscar soluciones para todo, ha dado con lo que podría servir para acabar con el problema de la fobia perruna a los petardos: una especie de chaleco que se ajusta al cuerpo del animal presionándolo para transmitir tranquilidad.

Beagle Harrier

Estos chalecos están directamente inspirados en investigaciones con humanos que sufren ansiedad severa o autismo, explican en un artículo publicado en Wired.

Temple Grandin, zoóloga, etóloga y experta en comportamiento del ganado, diagnosticada dentro del espectro autista, fue la primera en relacionar que ciertos tipos de tocamientos y presión podían tener efectos calmantes. Así sucedía, según sus observaciones, con las vacas que iban a ser llevadas al matadero: un ligero apretón a estos animales hacía que se relajaran antes del sacrificio.

Si funcionaba en animales, ¿por qué no iba a hacerlo con los humanos, en especial con los autistas? Y así fue como inventó la máquina (o caja) de los abrazos.

Dándole la vuelta a esa tortilla, la pregunta ahora es: si funciona con personas, ¿por qué no va a funcionar con bichos? Y así han nacido productos como Thundershirt, un chaleco que envuelve al perro (o al gato, que también sufren con los petardos) ejerciendo una suave presión sobre todo su cuerpo y estimulando, de esa manera, ciertos circuitos neuronales que hacen que se relaje. Es como si tuvieran continuamente la mano de su amo acariciándoles y diciéndoles, «tranquilo, no pasa nada, todo está bien».

La cuestión es: ¿funciona realmente? Tal y como ellos mismos advierten en su web, sí en el 80% de los perros. Si el tuyo está en el 20% restante, mala suerte. Te quedan otras alternativas como ciertas medicinas calmantes, espráis de feromonas relajantes caninas o emplear las técnicas que la terapeuta y especialista en comportamiento animal, Linda Tellington-Jones, desarrolló en su método TTouch (Troust Touch), que viene a ser lo mismo que el Thundershirt, pero en versión manual (porque es la mano la que vas a poner a trabajar, no el monedero).

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Ahora bien, los norteamericanos, que son muy suyos para sus cosas, se han empeñado en tratar de demostrar si estas terapias de presión y, más en concreto, el Thundershirt y otros inventos similares, funcionan. Y han hecho sus estudios y todo. Pero los casos estudiados son tan pocos, que no sirven para determinar si son efectivos o no.

Tampoco lo ve muy claro Iñaki Gauna, veterinario y colaborador habitual en el programa Estando contigo de la cadena local manchega CMM. «Yo utilizo ahora un medicamento que es sedante. Dura dos horas y el perro no se entera de nada».

Ante la duda, siempre queda la opción de probar el chalequito en cuestión (los hay para todos los tamaños y en varios colores. Tu perro y tú, antes muertos que sencillos) o tratar de seguir otros consejos más tradicionales (aunque menos vistosos).

Y si esto no funciona, siempre puedes apelar a la buena voluntad de tus vecinos colgando por el vecindario algún cartelito emotivo como este.

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Aunque desde aquí te recomendamos dejarte llevar por la mala follá española y pedirles –desde el cariño y el respeto– que se metan los petardos por donde la espalda pierde su digno nombre.

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Si no es efectivo, al menos tú quedarás más relajado. Tu perro ya, tal.

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Pero la ciencia, que es un no parar de buscar soluciones para todo, ha dado con lo que podría servir para acabar con el problema de la fobia perruna a los petardos: una especie de chaleco que se ajusta al cuerpo del animal presionándolo para transmitir tranquilidad.

Beagle Harrier

Estos chalecos están directamente inspirados en investigaciones con humanos que sufren ansiedad severa o autismo, explican en un artículo publicado en Wired.

Temple Grandin, zoóloga, etóloga y experta en comportamiento del ganado, diagnosticada dentro del espectro autista, fue la primera en relacionar que ciertos tipos de tocamientos y presión podían tener efectos calmantes. Así sucedía, según sus observaciones, con las vacas que iban a ser llevadas al matadero: un ligero apretón a estos animales hacía que se relajaran antes del sacrificio.

Si funcionaba en animales, ¿por qué no iba a hacerlo con los humanos, en especial con los autistas? Y así fue como inventó la máquina (o caja) de los abrazos.

Dándole la vuelta a esa tortilla, la pregunta ahora es: si funciona con personas, ¿por qué no va a funcionar con bichos? Y así han nacido productos como Thundershirt, un chaleco que envuelve al perro (o al gato, que también sufren con los petardos) ejerciendo una suave presión sobre todo su cuerpo y estimulando, de esa manera, ciertos circuitos neuronales que hacen que se relaje. Es como si tuvieran continuamente la mano de su amo acariciándoles y diciéndoles, «tranquilo, no pasa nada, todo está bien».

La cuestión es: ¿funciona realmente? Tal y como ellos mismos advierten en su web, sí en el 80% de los perros. Si el tuyo está en el 20% restante, mala suerte. Te quedan otras alternativas como ciertas medicinas calmantes, espráis de feromonas relajantes caninas o emplear las técnicas que la terapeuta y especialista en comportamiento animal, Linda Tellington-Jones, desarrolló en su método TTouch (Troust Touch), que viene a ser lo mismo que el Thundershirt, pero en versión manual (porque es la mano la que vas a poner a trabajar, no el monedero).

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Ahora bien, los norteamericanos, que son muy suyos para sus cosas, se han empeñado en tratar de demostrar si estas terapias de presión y, más en concreto, el Thundershirt y otros inventos similares, funcionan. Y han hecho sus estudios y todo. Pero los casos estudiados son tan pocos, que no sirven para determinar si son efectivos o no.

Tampoco lo ve muy claro Iñaki Gauna, veterinario y colaborador habitual en el programa Estando contigo de la cadena local manchega CMM. «Yo utilizo ahora un medicamento que es sedante. Dura dos horas y el perro no se entera de nada».

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  • Hola,
    soy gerente de una pirotecnia en Sevilla. Soy consciente de lo mal que lo pasan los perros al escuchar petardos, es por ello por lo que me gustaría adquirir vuestro arnés para comprobar su eficacia y así poder ofrecérselo a mis clientes.

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