30 de abril 2015    /   CINE/TV
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S(edition) busca transformar el arte digital

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En un mundo en el que lo smart lo invade todo y las pantallas son prácticamente ubicuas, ¿es posible que al arte pueda añadirse la etiqueta digital sin perder en el proceso su esencia? Robert Norton, antiguo director de Saatchi Online y Harry Blaine, galerista de Haunch of Venison, piensan que sí. Por eso fundaron hace cuatro años s[edition], un híbrido entre eBay, Facebook y una galería de arte que se ha convertido, sin hacer mucho ruido, en una pequeña revolución. Esta red social permite comprar obras digitales de artistas como Damien Hirst, Tracey Emin o Shepard Fairey por un precio -entre 6 y 550 euros- muy inferior al que alcanzarían en el mercado físico. Algunos ven en este movimiento una transformación democrática del arte. Otros ven una tienda de salvapantallas escandalosamente cara.

Sedition x Eyebeam presents The New Romantics Collection from Sedition on Vimeo.
Norton ha asegurado en sucesivas entrevistas que el cambio es imparable y alude a los avances de las smart TV que ya incluyen, en algunos casos, la posibilidad de descargar una colección de arte y reproducirla. La caja tonta convertida en inteligente y travestida de culta. El no va más. Televisores, teléfonos, tablets y ordenadores pueden reproducir una obra de arte con una fidelidad asombrosa, eso nadie lo duda. Pero, ¿tiene esa obra algún valor más allá del meramente decorativo?
En la ciudad china de Shenzhen -donde se producen el 60% de los cuadros que se comercializan en todo el mundo- se hacen copias idénticas de las grandes obras maestras de la pintura. Su atención al detalle llega a tal punto que solo un experto podría diferenciarlas del original. Cuestan 30 euros. Puede que sea la autoría lo que concede valor a una obra, por eso cada una de las obras de s[edition] viene con un certificado de garantía que asegura su autenticidad y facilita su posterior venta a un tercero; porque en s[edition], a diferencia de lo que ocurre en portales digitales de música o cine, el propietario puede vender su adquisición. Solo podrá hacerlo cuando se hayan agotado todas las unidades en venta en el portal, ya que aquí las obras no son únicas, hay varias copias de la misma -entre 30 y 10.000-, una de las ventajas del mundo virtual que en este caso se puede convertir en un inconveniente.
En las calles de Florencia se venden pósteres de los cuadros más importantes del Renacimiento. Cuestan cinco euros. Son fotografías realizadas a escala, fieles representaciones del original. Pero no son el original. Se pueden hacer como churros, no tienen exclusividad. Son la antítesis de la exclusividad. Y por ello son baratos. La tecnología permitiría que s[edition] pusiera a la venta sus obras de forma ilimitada pero eso haría que perdieran su valor, así que se ha optado por limitar su número.

Déjà Vu : Chinese Artists in Moving Images / Digital Collection from Sedition on Vimeo.
Las dudas sobre su viabilidad económica están despejadas, al menos sobre el papel. Pero ¿qué puede hacer que un artista abandone la galería para mudarse a un medio tan poco prestigioso como la web? Aún peor, a una aplicación para móvil. Es como si Beethoven vendiera sus sinfonías en politono, como si Billy Wilder se convirtiera en un youtuber. O no.
Tracey Emin ama el arte y el arte la ama a ella. «Nunca me ha decepcionado, ha estado en los momentos más duros. No puedo decir eso de los hombres con los que he estado», aseguraba al New Yorker esta finalista del premio Turner. Pese a su aceptación en el mercado, Emin ha estado en s[edition] desde su lanzamiento y es una de sus más fieles defensoras.
Poco importa que P. Diddy le compre una obra en Art Basel Miami Beach por 95.000 dólares; una pieza de la misma serie está disponible en s[edition] por apenas 80. «s[edition] hace que mi arte sea asequible. No sé si es el futuro, pero sé que es emocionante», ha declarado. Son carteles de neón que dibujan frases románticas enmarcadas en la silueta de un corazón, y mientras se vendían, en su versión digital y física, fueron también proyectadas en las míticas pantallas de Times Square. Arte para todos.

Sedition Featured on TV, with Korean subtitles from Sedition on Vimeo.
s[edition] insiste en que no se nutre de «artistas digitales» sino que artistas multidisciplinares adaptan sus proyectos a este formato. Tampoco conforman su catálogo nombres con el relumbrón de Emin, aunque son los que les han garantizado notoriedad. Desde junio de 2013 la plataforma está abierta a recibir propuestas de artistas desconocidos, que consiguen promoción y, eventualmente, unas cuantas ventas. Es en este punto en el que esta plataforma se revela como una pequeña revolución, al poner en contacto a artistas que no suelen vender con clientes que no suelen comprar. Y hacer que la cosa funcione.

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Sedition x Eyebeam presents The New Romantics Collection from Sedition on Vimeo.
Norton ha asegurado en sucesivas entrevistas que el cambio es imparable y alude a los avances de las smart TV que ya incluyen, en algunos casos, la posibilidad de descargar una colección de arte y reproducirla. La caja tonta convertida en inteligente y travestida de culta. El no va más. Televisores, teléfonos, tablets y ordenadores pueden reproducir una obra de arte con una fidelidad asombrosa, eso nadie lo duda. Pero, ¿tiene esa obra algún valor más allá del meramente decorativo?
En la ciudad china de Shenzhen -donde se producen el 60% de los cuadros que se comercializan en todo el mundo- se hacen copias idénticas de las grandes obras maestras de la pintura. Su atención al detalle llega a tal punto que solo un experto podría diferenciarlas del original. Cuestan 30 euros. Puede que sea la autoría lo que concede valor a una obra, por eso cada una de las obras de s[edition] viene con un certificado de garantía que asegura su autenticidad y facilita su posterior venta a un tercero; porque en s[edition], a diferencia de lo que ocurre en portales digitales de música o cine, el propietario puede vender su adquisición. Solo podrá hacerlo cuando se hayan agotado todas las unidades en venta en el portal, ya que aquí las obras no son únicas, hay varias copias de la misma -entre 30 y 10.000-, una de las ventajas del mundo virtual que en este caso se puede convertir en un inconveniente.
En las calles de Florencia se venden pósteres de los cuadros más importantes del Renacimiento. Cuestan cinco euros. Son fotografías realizadas a escala, fieles representaciones del original. Pero no son el original. Se pueden hacer como churros, no tienen exclusividad. Son la antítesis de la exclusividad. Y por ello son baratos. La tecnología permitiría que s[edition] pusiera a la venta sus obras de forma ilimitada pero eso haría que perdieran su valor, así que se ha optado por limitar su número.

Déjà Vu : Chinese Artists in Moving Images / Digital Collection from Sedition on Vimeo.
Las dudas sobre su viabilidad económica están despejadas, al menos sobre el papel. Pero ¿qué puede hacer que un artista abandone la galería para mudarse a un medio tan poco prestigioso como la web? Aún peor, a una aplicación para móvil. Es como si Beethoven vendiera sus sinfonías en politono, como si Billy Wilder se convirtiera en un youtuber. O no.
Tracey Emin ama el arte y el arte la ama a ella. «Nunca me ha decepcionado, ha estado en los momentos más duros. No puedo decir eso de los hombres con los que he estado», aseguraba al New Yorker esta finalista del premio Turner. Pese a su aceptación en el mercado, Emin ha estado en s[edition] desde su lanzamiento y es una de sus más fieles defensoras.
Poco importa que P. Diddy le compre una obra en Art Basel Miami Beach por 95.000 dólares; una pieza de la misma serie está disponible en s[edition] por apenas 80. «s[edition] hace que mi arte sea asequible. No sé si es el futuro, pero sé que es emocionante», ha declarado. Son carteles de neón que dibujan frases románticas enmarcadas en la silueta de un corazón, y mientras se vendían, en su versión digital y física, fueron también proyectadas en las míticas pantallas de Times Square. Arte para todos.

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s[edition] insiste en que no se nutre de «artistas digitales» sino que artistas multidisciplinares adaptan sus proyectos a este formato. Tampoco conforman su catálogo nombres con el relumbrón de Emin, aunque son los que les han garantizado notoriedad. Desde junio de 2013 la plataforma está abierta a recibir propuestas de artistas desconocidos, que consiguen promoción y, eventualmente, unas cuantas ventas. Es en este punto en el que esta plataforma se revela como una pequeña revolución, al poner en contacto a artistas que no suelen vender con clientes que no suelen comprar. Y hacer que la cosa funcione.

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