22 de julio 2016    /   DIGITAL
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Para triunfar en Tinder, las mujeres deben ser selectivas y los hombres acaparadores

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Recientemente, un equipo de investigadores de la Queen Mary University de Londres ha publicado el primer estudio que analiza, desde un punto de vista científico, el comportamiento de hombres y mujeres al utilizar Tinder, la aplicación para cortejos y apareamientos más importante del mundo.

Existen muchas formas de abordar el tema de las relaciones entre hombres y mujeres. Desde la literatura especializada, con títulos como Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, los artículos de Jorge Cremades en Cosmopolitan o las obras completas de Lacan y su frase «la mujer no existe».

Los que prefieran evitar el cuñadismo profesional y desconfíen de las sentencias especulativas y confusas, siempre pueden recurrir al estudio científico fruto del trabajo de campo.

Eso es lo que ha hecho un equipo de investigadores de la Queen Mary University de Londres, dirigido por el profesor Gareth Tyson, a la hora de averiguar si existen o no diferencias entre hombres y mujeres cuando utilizan Tinder, la (ya no tan) nueva herramienta destinada a encontrar pareja.

A lo largo de la historia, las relaciones entre hombres y mujeres se han establecido según una serie de parámetros variados y complejos, entre los que se encontraban las aficiones compartidas, la edad, los planes de futuro, el patrimonio, la religión, los amigos o la familia.

En la actualidad, Tinder ha simplificado eso hasta límites insospechados: lo único que cuenta ahora es la primera impresión. Si la foto de perfil resulta interesante, el usuario la seleccionará desplazando la imagen a la derecha. Si no, a la izquierda. Tan sencillo como eso.

Pero, ¿realmente es tan sencillo? ¿Hay algún tipo de diferencia entre hombres y mujeres a la hora de decidir una cosa o la otra? Para salir de la duda, los autores del estudio A First Look at User Activity on Tinder decidieron preguntar a la propia compañía, pero como Tinder no acostumbra a proporcionar datos relativos al comportamiento de sus usuarios, decidieron crear sus propias cuentas y averiguarlo por ellos mismos.

Según la web Technology Review, los investigadores crearon catorce cuentas ficticias de Tinder. Para tres de ellas se utilizaron imágenes de hombres blancos procedentes de diferentes bancos de imágenes. Otras dos se confeccionaron con hombres blancos que aceptaron participar voluntariamente en el experimento y aportaron varias fotos personales. Las cuentas restantes eran un perfil en el que no había foto alguna, y otro en el que aparecía un texto que advertía que la cuenta había sido deshabilitada. A estas siete cuentas de hombres, se sumaron otras tantas de mujeres con las mismas características, que completaban así las catorce necesarias.

Para acotar la muestra del estudio, sólo se analizó el comportamiento de hombres y mujeres blancos y que residieran en Londres. Para ello se generó un algoritmo que localizó aquellas cuentas cuyos parámetros podían encajar con los de los perfiles ficticios y esperaron a ver cómo respondían los usuarios reales. Los resultados no se hicieron esperar.

Los investigadores comprobaron que el comportamiento entre hombres y mujeres era diferente. Ellos eran muy poco selectivos a la hora de marcar los perfiles en los que tenías interés, mientras que ellas eran bastante más exigentes.

Este comportamiento era efecto de otra diferencia entre sexos: mientras que los hombres solían responder positivamente a casi todas las mujeres que habían mostrado interés por ellos, las mujeres que respondían a los hombres interesados en ellas era un porcentaje muy bajo. De hecho, algunos de los perfiles de hombres seleccionados como «me gusta» lo habían sido por otros hombres, por lo que las posibilidades de que un hombre obtuviera una respuesta positiva por parte de una mujer disminuían aún más.

Sin embargo, cuando el contacto se establecía, los hombres eran más reacios a enviar un mensaje y concretar la cita que las mujeres. Además, cuando se decidían a mandar ese mensaje, eran extremadamente concisos. Mientras que ellos empleaban una media de 12 caracteres por mensaje, apenas los necesarios para decir «Hola, ¿qué tal?», ellas llegaban a utilizar alrededor de 122, casi la extensión de un tuit.

A pesar de lo reducido de la muestra, tanto en número –apenas 450.000 usuarios– como en el sesgo de los participantes –hombres y mujeres blancos–, los científicos determinaron que, al menos en Tinder, los hombres son menos selectivos que las mujeres a la hora de buscar citas porque la experiencia les demuestra que sólo así tendrán posibilidades de éxito. Las mujeres, sin embargo, tienen casi garantizado que todos aquellos por los que muestren interés responderán afirmativamente a su petición de cita.

De ser cierta esta tendencia, los investigadores auguran que, a corto o medio plazo, Tinder dejará de ser atractivo a sus usuarios. Lo único que podría evitarlo es que la compañía introduzca otros parámetros de selección que no se hayan podido detectar en el estudio y haga que las relaciones a través de esta app no sean tan simples y previsibles.

De hecho, muchas de las conclusiones del estudio sufren ciertas variaciones si se varían determinados parámetros como, por ejemplo, la información disponible en los perfiles de usuario. Aquellos que incluyen más de una foto o una pequeña descripción biográfica del usuario tienen más posibilidades de ser seleccionados como potenciales parejas y, tal vez fuera efecto de la curiosidad, pero incluso el perfil que aparecía como «deshabilitado» recibió peticiones para mantener una cita. Cosas de Tinder.

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Existen muchas formas de abordar el tema de las relaciones entre hombres y mujeres. Desde la literatura especializada, con títulos como Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, los artículos de Jorge Cremades en Cosmopolitan o las obras completas de Lacan y su frase «la mujer no existe».

Los que prefieran evitar el cuñadismo profesional y desconfíen de las sentencias especulativas y confusas, siempre pueden recurrir al estudio científico fruto del trabajo de campo.

Eso es lo que ha hecho un equipo de investigadores de la Queen Mary University de Londres, dirigido por el profesor Gareth Tyson, a la hora de averiguar si existen o no diferencias entre hombres y mujeres cuando utilizan Tinder, la (ya no tan) nueva herramienta destinada a encontrar pareja.

A lo largo de la historia, las relaciones entre hombres y mujeres se han establecido según una serie de parámetros variados y complejos, entre los que se encontraban las aficiones compartidas, la edad, los planes de futuro, el patrimonio, la religión, los amigos o la familia.

En la actualidad, Tinder ha simplificado eso hasta límites insospechados: lo único que cuenta ahora es la primera impresión. Si la foto de perfil resulta interesante, el usuario la seleccionará desplazando la imagen a la derecha. Si no, a la izquierda. Tan sencillo como eso.

Pero, ¿realmente es tan sencillo? ¿Hay algún tipo de diferencia entre hombres y mujeres a la hora de decidir una cosa o la otra? Para salir de la duda, los autores del estudio A First Look at User Activity on Tinder decidieron preguntar a la propia compañía, pero como Tinder no acostumbra a proporcionar datos relativos al comportamiento de sus usuarios, decidieron crear sus propias cuentas y averiguarlo por ellos mismos.

Según la web Technology Review, los investigadores crearon catorce cuentas ficticias de Tinder. Para tres de ellas se utilizaron imágenes de hombres blancos procedentes de diferentes bancos de imágenes. Otras dos se confeccionaron con hombres blancos que aceptaron participar voluntariamente en el experimento y aportaron varias fotos personales. Las cuentas restantes eran un perfil en el que no había foto alguna, y otro en el que aparecía un texto que advertía que la cuenta había sido deshabilitada. A estas siete cuentas de hombres, se sumaron otras tantas de mujeres con las mismas características, que completaban así las catorce necesarias.

Para acotar la muestra del estudio, sólo se analizó el comportamiento de hombres y mujeres blancos y que residieran en Londres. Para ello se generó un algoritmo que localizó aquellas cuentas cuyos parámetros podían encajar con los de los perfiles ficticios y esperaron a ver cómo respondían los usuarios reales. Los resultados no se hicieron esperar.

Los investigadores comprobaron que el comportamiento entre hombres y mujeres era diferente. Ellos eran muy poco selectivos a la hora de marcar los perfiles en los que tenías interés, mientras que ellas eran bastante más exigentes.

Este comportamiento era efecto de otra diferencia entre sexos: mientras que los hombres solían responder positivamente a casi todas las mujeres que habían mostrado interés por ellos, las mujeres que respondían a los hombres interesados en ellas era un porcentaje muy bajo. De hecho, algunos de los perfiles de hombres seleccionados como «me gusta» lo habían sido por otros hombres, por lo que las posibilidades de que un hombre obtuviera una respuesta positiva por parte de una mujer disminuían aún más.

Sin embargo, cuando el contacto se establecía, los hombres eran más reacios a enviar un mensaje y concretar la cita que las mujeres. Además, cuando se decidían a mandar ese mensaje, eran extremadamente concisos. Mientras que ellos empleaban una media de 12 caracteres por mensaje, apenas los necesarios para decir «Hola, ¿qué tal?», ellas llegaban a utilizar alrededor de 122, casi la extensión de un tuit.

A pesar de lo reducido de la muestra, tanto en número –apenas 450.000 usuarios– como en el sesgo de los participantes –hombres y mujeres blancos–, los científicos determinaron que, al menos en Tinder, los hombres son menos selectivos que las mujeres a la hora de buscar citas porque la experiencia les demuestra que sólo así tendrán posibilidades de éxito. Las mujeres, sin embargo, tienen casi garantizado que todos aquellos por los que muestren interés responderán afirmativamente a su petición de cita.

De ser cierta esta tendencia, los investigadores auguran que, a corto o medio plazo, Tinder dejará de ser atractivo a sus usuarios. Lo único que podría evitarlo es que la compañía introduzca otros parámetros de selección que no se hayan podido detectar en el estudio y haga que las relaciones a través de esta app no sean tan simples y previsibles.

De hecho, muchas de las conclusiones del estudio sufren ciertas variaciones si se varían determinados parámetros como, por ejemplo, la información disponible en los perfiles de usuario. Aquellos que incluyen más de una foto o una pequeña descripción biográfica del usuario tienen más posibilidades de ser seleccionados como potenciales parejas y, tal vez fuera efecto de la curiosidad, pero incluso el perfil que aparecía como «deshabilitado» recibió peticiones para mantener una cita. Cosas de Tinder.

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