10 de diciembre 2019    /   CREATIVIDAD
por
 Rocío Cañero

‘To flama’: el ‘de puta madre’ de la década de 2010

10 de diciembre 2019    /   CREATIVIDAD     por          Rocío Cañero
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En un laboratorio de física lingüística, algún día lo probarán: las palabras tienen las propiedades del fuego. Prenden (cuando se ponen de moda), se extinguen (cuando no las pronuncian), queman (cuando insultan o desprecian), chisporrotean (cuando se escupe al hablar) y gozan de uno de los atributos más nobles de la alquimia: transmutan (cuando cambian de significado o de aspecto porque le quitan una tilde o le arrancan una hache).

A la voz flama le ocurre así. Hace cientos de años representaba a la llama del fuego. La Floresta de rimas antiguas castellanas, publicada en 1827, decía:

Fuego del divino rayo,
Dulce flama sin ardor,
Esfuerzo contra desmayo,
Remedio contra dolor,
Alumbra á tu servidor!

A la flama que el Diccionario de la RAE definía como llama en 1817 le fueron echando más significados encima. En 1884 era también el «reflejo o reverberación de la llama» y el «adorno que se usó en la parte anterior y superior del morrión y del chacó». En 1992 los académicos la detectaron también entre suspiros de asfixia, «¡Qué flama!», y lo registraron como «bochorno» y «calor ardiente».  

To flama

Hoy nadie tira de la flama para hablar del morrión. ¿Quién usa hoy ese sombrero militar de copa sin alas y con visera? Mucho menos hablan de un chacó. ¿Alguien por ahí que se calce hoy un morrión de caballería ligera? En el glosario del vestuario se apagó la flama, pero en otras lumbres empezó a arder.

En los barrios donde estalla la cultura alternativa, con sus expresiones y sus músicas, apareció la flama para nombrar lo bueno, lo que gusta. Lo que antes llamaban guay, chachi, molón. Este nuevo flama es una estribación de flamante; una actualización en su forma (más corta, más macarra, más veloz) y su significado (de la definición del «lúcido, resplandeciente» que da la RAE a flamante, flama se ha convertido en «que está chulo», en la voz del adolescente BlackFlix).

Aunque la expresión llamea según le da el viento. «Es flaman», dicen unos. «Está to flama», dicen muchos más. Ese to es el palo de la antorcha; la tranca que atiza el significado para que arda lo flamante en todo su esplendor. 

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En un laboratorio de física lingüística, algún día lo probarán: las palabras tienen las propiedades del fuego. Prenden (cuando se ponen de moda), se extinguen (cuando no las pronuncian), queman (cuando insultan o desprecian), chisporrotean (cuando se escupe al hablar) y gozan de uno de los atributos más nobles de la alquimia: transmutan (cuando cambian de significado o de aspecto porque le quitan una tilde o le arrancan una hache).

A la voz flama le ocurre así. Hace cientos de años representaba a la llama del fuego. La Floresta de rimas antiguas castellanas, publicada en 1827, decía:

Fuego del divino rayo,
Dulce flama sin ardor,
Esfuerzo contra desmayo,
Remedio contra dolor,
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A la flama que el Diccionario de la RAE definía como llama en 1817 le fueron echando más significados encima. En 1884 era también el «reflejo o reverberación de la llama» y el «adorno que se usó en la parte anterior y superior del morrión y del chacó». En 1992 los académicos la detectaron también entre suspiros de asfixia, «¡Qué flama!», y lo registraron como «bochorno» y «calor ardiente».  

To flama

Hoy nadie tira de la flama para hablar del morrión. ¿Quién usa hoy ese sombrero militar de copa sin alas y con visera? Mucho menos hablan de un chacó. ¿Alguien por ahí que se calce hoy un morrión de caballería ligera? En el glosario del vestuario se apagó la flama, pero en otras lumbres empezó a arder.

En los barrios donde estalla la cultura alternativa, con sus expresiones y sus músicas, apareció la flama para nombrar lo bueno, lo que gusta. Lo que antes llamaban guay, chachi, molón. Este nuevo flama es una estribación de flamante; una actualización en su forma (más corta, más macarra, más veloz) y su significado (de la definición del «lúcido, resplandeciente» que da la RAE a flamante, flama se ha convertido en «que está chulo», en la voz del adolescente BlackFlix).

Aunque la expresión llamea según le da el viento. «Es flaman», dicen unos. «Está to flama», dicen muchos más. Ese to es el palo de la antorcha; la tranca que atiza el significado para que arda lo flamante en todo su esplendor. 

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Opiniones 1
  • lo de putamadre es claramente denigrante y masoca a demas ,
    putamadre pa decir lo bueno ? esto es de gelipollas
    un modo mas de denigrar la natalidad

  • Comentarios cerrados.

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