12 de diciembre 2012    /   IDEAS
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Todos los días es el fin del mundo en Nuevo Jerusalén

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En este pueblo la gente está preparada para el fin del mundo. Más allá del 2012, del cambio de siglo y las profecías de Nostradamus, los habitantes de la Nueva Jerusalén (Michoacán, México) piensan todos los días en el apocalipsis y en el juicio final, aunque tienen la certeza de que su ciudad, sobrevivirá a una gran catástrofe.

En 1973, la virgen del Rosario le anunció a Gabina Romero, una campesina con poderes psíquicos, que el mundo se iba a acabar y le ordenó fundar un pueblo para salvar a aquellos fieles que merecían sobrevivir. Con la ayuda de un párroco michoacano, Nabor Cárdenas, buscaron a gente de Michoacán y otros estados pobres que pudieran vivir en la Nueva Jerusalén. Como si se tratara del éxodo judío, centenares de personas siguieron a “Papá Nabor” y a “Mamá Gabina”, e iniciaron una nueva vida en este lugar con la esperanza de ser salvados.

Se supone que el día del Apocalipsis se abrirá una grieta en la Nueva Jerusalén, eximiendo a sus habitantes del juicio final. Pero sus 3.000 habitantes han esperado este día desde hace más de treinta años. Primero en 1980, luego en 1988 y después en 1999. Las profecías del pueblo se sumaron a las globales. El fin del mundo con el cambio de siglo, y ahora, el tan esperado final anunciado por los mayas para el 21 de diciembre de 2012. Los creyentes dicen que el fin del mundo puede ser cualquier día de la semana y por tanto, hay que estar preparados.

“Es una ciudad muy particular en México, producto del radicalismo y conservadurismo extremo. Se trata de una población atrasada que vive de acuerdo a las normas católicas de la antigüedad. Sus líderes están excomulgados por la propia Iglesia. El problema es que han estado aislados en las últimas décadas y los partidos políticos, especialmente el PRI, han sabido utilizar sus creencias a su favor, así que nadie se ha preocupado para llevar el desarrollo a este lugar”, considera el experto en religión, Roberto Blancarte, profesor del Colegio de México.

Su actual soberano se llama Martín de Tours. Es el líder de la Iglesia Católica Tradicional de la Ermita, a la que pertenece un 70 % de la población. Sus fieles tienen prohibido ver televisión, escuchar radio o montar en bicicleta y solo pueden leer los textos autorizados por sus líderes. También creen que las nuevas tecnologías son asuntos diabólicos y este año, destruyeron la única escuela pública asegurando que “la educación laica es cosa de Satanás”. Aunque De Tours es el vocero, la verdadera líder es la Virgen del Rosario, quien constantemente da este tipo de órdenes a los videntes del lugar con el fin de “lograr la salvación eterna de la humanidad”.

El gobierno no tiene voz ni voto en este lugar. Tampoco la policía. Según su reglamento, la “Santísima Virgen María del Rosario” es la única autoridad y sus habitantes tienen como obligación obedecerla.

Con esta fe ciega han crecido ya un par de generaciones en la Nueva Jerusalén que ya no temen el fin del mundo. Aunque algunos, pocos, les gustaría tener una educación normal, poder montar en bicicleta y ver dibujos animados sin la probabilidad de terminar en el infierno.

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En este pueblo la gente está preparada para el fin del mundo. Más allá del 2012, del cambio de siglo y las profecías de Nostradamus, los habitantes de la Nueva Jerusalén (Michoacán, México) piensan todos los días en el apocalipsis y en el juicio final, aunque tienen la certeza de que su ciudad, sobrevivirá a una gran catástrofe.

En 1973, la virgen del Rosario le anunció a Gabina Romero, una campesina con poderes psíquicos, que el mundo se iba a acabar y le ordenó fundar un pueblo para salvar a aquellos fieles que merecían sobrevivir. Con la ayuda de un párroco michoacano, Nabor Cárdenas, buscaron a gente de Michoacán y otros estados pobres que pudieran vivir en la Nueva Jerusalén. Como si se tratara del éxodo judío, centenares de personas siguieron a “Papá Nabor” y a “Mamá Gabina”, e iniciaron una nueva vida en este lugar con la esperanza de ser salvados.

Se supone que el día del Apocalipsis se abrirá una grieta en la Nueva Jerusalén, eximiendo a sus habitantes del juicio final. Pero sus 3.000 habitantes han esperado este día desde hace más de treinta años. Primero en 1980, luego en 1988 y después en 1999. Las profecías del pueblo se sumaron a las globales. El fin del mundo con el cambio de siglo, y ahora, el tan esperado final anunciado por los mayas para el 21 de diciembre de 2012. Los creyentes dicen que el fin del mundo puede ser cualquier día de la semana y por tanto, hay que estar preparados.

“Es una ciudad muy particular en México, producto del radicalismo y conservadurismo extremo. Se trata de una población atrasada que vive de acuerdo a las normas católicas de la antigüedad. Sus líderes están excomulgados por la propia Iglesia. El problema es que han estado aislados en las últimas décadas y los partidos políticos, especialmente el PRI, han sabido utilizar sus creencias a su favor, así que nadie se ha preocupado para llevar el desarrollo a este lugar”, considera el experto en religión, Roberto Blancarte, profesor del Colegio de México.

Su actual soberano se llama Martín de Tours. Es el líder de la Iglesia Católica Tradicional de la Ermita, a la que pertenece un 70 % de la población. Sus fieles tienen prohibido ver televisión, escuchar radio o montar en bicicleta y solo pueden leer los textos autorizados por sus líderes. También creen que las nuevas tecnologías son asuntos diabólicos y este año, destruyeron la única escuela pública asegurando que “la educación laica es cosa de Satanás”. Aunque De Tours es el vocero, la verdadera líder es la Virgen del Rosario, quien constantemente da este tipo de órdenes a los videntes del lugar con el fin de “lograr la salvación eterna de la humanidad”.

El gobierno no tiene voz ni voto en este lugar. Tampoco la policía. Según su reglamento, la “Santísima Virgen María del Rosario” es la única autoridad y sus habitantes tienen como obligación obedecerla.

Con esta fe ciega han crecido ya un par de generaciones en la Nueva Jerusalén que ya no temen el fin del mundo. Aunque algunos, pocos, les gustaría tener una educación normal, poder montar en bicicleta y ver dibujos animados sin la probabilidad de terminar en el infierno.

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Opiniones 3
  • Que lástima de cerebros estropeados y desaprovechados.
    Parece una de esas historias post-apocalíptica, donde un grupo de robots han quedado arruinados con las CPUs fuera de servicio y están esperando al técnico salvador que nunca llegará, porque desapareció hace eones.

  • Comentarios cerrados.

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