3 de mayo 2013    /   CINE/TV
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Todos tenemos un Hannibal Lecter dentro

3 de mayo 2013    /   CINE/TV     por          
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Hannibal - Portada
Hannibal está tarado. Todos estamos tarados (por una cosa o por otra). Todos somos Hannibal. Es la premisa que se desprende de la serie de NBC creada por Bryan Fuller basándose en los caracteres de Thomas Harris. (Como un juego, pedí palabras “raras o poco frecuentes» a los lectores de Yorokobu. Cada una está acompañada de un asterisco*).

HANNIBAL: CUANDO UN TARADO GUÍA A OTRO TARADO

El primer episodio de Hannibal tiene una factura correcta, quizá algo fría. Solo es un peldaño hacia la amargura y la sangre con un cicerone cruel, el doctor Hannibal Lecter, interpretado de manera magistral por  Mads Mikkelsen.
UN QUIJOTE QUE VE MONSTRUOS…
El protagonista es el agente especial del FBI Will Graham (Hugh Dancy), un Quijote que dice «veo monstruos»; un hombre que ha perdido la razón a fuerza de ver sangre y cuerpos mutilados.
«Sí, están ahí», dice Sancho encarnado por Hannibal Lecter. «Eres uno de ellos».
… UN SANCHO QUE DICE: «SÍ, EXISTEN. ERES UNO DE ELLOS»
El paralelismo entre don Quijote y Sancho puede parecer casual, sin embargo, tiene sentido. Don Quijote tiene visiones como el investigador (aunque lamentablemente los gigantes son gigantes) y Sancho es el hombre de la lógica (dentro de sus conocimientos). Graham se considera un asesino en potencia en tanto que disfruta con las visiones. El dolor que siente es la culpa. Lecter no le quita la razón.
Eugenio contaba un chiste… Dos amigos van por la calle. Uno dice a otro: «Por las noches me meo en la cama, no puedo evitarlo». El amigo le dice que vaya a un psicólogo estupendo. Pasan los meses y los amigos vuelven a verse. «¿Te ayudó el psicólogo?». El otro dice: «Sí, el psicólogo es estupendo: sigo meándome en la cama, pero ya no me importa». (Eugenio lo contaba bien).
Un hombre que se considera asesino (Graham), frente a un hombre que lo es (Lecter)
Es lo que pretende Lecter acompañando a Graham a las escenas de los crímenes y a los interrogatorios: que a Graham no le importe el monstruo que el propio Graham esconde, que lo acepte.
DOS TAZAS DE CALDO
Una práctica habitual de la ficción es crear compañeros de aventuras con caracteres y gustos contrapuestos. Otra práctica es crear compañeros idénticos, solo que uno de ellos «recargado». En la comedia tenemos como ejemplos a Sheldon y la novia de Sheldon o Fraiser y el hermano de Fraiser. En el drama Graham y Lecter son un ejemplo perfecto. Ambos caminan juntos como Sherlock y Watson. Solo que ambos son Sherlock y también Moriarty.
LA RITUALIZACIÓN QUE PONE UN CIERTO ORDEN EN EL MUNDO
Lecter ha pasado del deseo de matar a la práctica que concluye con un ritual en el que las víctimas son cortadas en rodajas y servidas en la mesa con salsa de frambuesa con la misma ceremonia con la que un sacerdote emplea la vinajera* en misa. Porque Lecter honra a los muertos a su manera. Con el ritual de cortar y catar (ahí va la paronomasia*) intenta dar un sentido a sus crímenes. Y ha llegado a tal punto de maestría que distingue a ojo un hígado sano de otro con un dueño cuyo padecimiento fue escomearse*.
EL ESPECTADOR NECESITA AIRE
Esta crueldad parsimoniosa se extiende a los primeros capítulos de Hannibal. El espectador puede acabar asfixiado por la maldad que despliega Lecter, las visiones de Graham y los distintos asesinos seriales que pueblan este universo.
Se diría que el doctor es el Drácula que sugiere Bran Stoker: una criatura que no está presente, pero que influye a su alrededor. En los personajes. En la trama. En el mismo tono de la serie. Lecter es un veneno que entra lento y doloroso.
Hannibal es una enfermedad
Esta manera de desarrollarse la serie es una virtud y un hándicap que lleva a NBC a plantearse la cancelación de la serie. Hannibal es una serie con la calidad del cable y ha sido puesta a competir en la franja horaria de series B como Elementary (la imagen de marca de Sherlock es alargada e incluye ‘adaptaciones’ deslucidas).
Raspahilar* parece que es el verbo que se conjuga en la mayoría de las series en abierto: escenas rápidas, atropelladas, no importan tanto los personajes como el movimiento… El espectador de la televisión en abierto quiere momentos de humor, luz y aire… No hay humor en esta tragedia. Por momentos recuerda el tono de Forbrydelsen (la danesa que dio origen a The Killing), tan oscura como una noche danesa, y sin embargo hay luz en Forbrydelsen: la que se asoma en los ojos de la protagonista.
HANNIBAL ES INTEMPORAL
Pero Bryan Fuller no da opciones con Hannibal: quiere que el espectador no tenga escapatoria. En esta serie no se habla de políticos o desindexación* o cuánto valen los tomates en la tienda de la esquina. Fuller quiere que el espectador no tenga más realidad que la que ven Graham y Lecter. Es un camino para el espectador paralelo al del investigador del FBI: Graham no ve otra realidad distinta a la de la sangre y el crimen. De la visión de los cadáveres y las escenas del crimen pasa al despacho de Lecter.
Graham, un hombre torturado
Hannibal no es una serie de la génesis de Lecter como mito. Trata de la maldad y cómo se justifica a sí misma alegando prácticas primitivas (la caza —incluida la de humanos— como medio de subsistencia) o exponiendo oscuros razonamientos lógicos. Los mismos que emplearíamos nosotros, los que nos consideramos normales.
Hannibal es un título justo para la serie. Al usar el nombre de pila del monstruo, Fuller, el showrunner, nos acerca a la persona.
 

Hannibal - Portada
Hannibal está tarado. Todos estamos tarados (por una cosa o por otra). Todos somos Hannibal. Es la premisa que se desprende de la serie de NBC creada por Bryan Fuller basándose en los caracteres de Thomas Harris. (Como un juego, pedí palabras “raras o poco frecuentes» a los lectores de Yorokobu. Cada una está acompañada de un asterisco*).

HANNIBAL: CUANDO UN TARADO GUÍA A OTRO TARADO

El primer episodio de Hannibal tiene una factura correcta, quizá algo fría. Solo es un peldaño hacia la amargura y la sangre con un cicerone cruel, el doctor Hannibal Lecter, interpretado de manera magistral por  Mads Mikkelsen.
UN QUIJOTE QUE VE MONSTRUOS…
El protagonista es el agente especial del FBI Will Graham (Hugh Dancy), un Quijote que dice «veo monstruos»; un hombre que ha perdido la razón a fuerza de ver sangre y cuerpos mutilados.
«Sí, están ahí», dice Sancho encarnado por Hannibal Lecter. «Eres uno de ellos».
… UN SANCHO QUE DICE: «SÍ, EXISTEN. ERES UNO DE ELLOS»
El paralelismo entre don Quijote y Sancho puede parecer casual, sin embargo, tiene sentido. Don Quijote tiene visiones como el investigador (aunque lamentablemente los gigantes son gigantes) y Sancho es el hombre de la lógica (dentro de sus conocimientos). Graham se considera un asesino en potencia en tanto que disfruta con las visiones. El dolor que siente es la culpa. Lecter no le quita la razón.
Eugenio contaba un chiste… Dos amigos van por la calle. Uno dice a otro: «Por las noches me meo en la cama, no puedo evitarlo». El amigo le dice que vaya a un psicólogo estupendo. Pasan los meses y los amigos vuelven a verse. «¿Te ayudó el psicólogo?». El otro dice: «Sí, el psicólogo es estupendo: sigo meándome en la cama, pero ya no me importa». (Eugenio lo contaba bien).
Un hombre que se considera asesino (Graham), frente a un hombre que lo es (Lecter)
Es lo que pretende Lecter acompañando a Graham a las escenas de los crímenes y a los interrogatorios: que a Graham no le importe el monstruo que el propio Graham esconde, que lo acepte.
DOS TAZAS DE CALDO
Una práctica habitual de la ficción es crear compañeros de aventuras con caracteres y gustos contrapuestos. Otra práctica es crear compañeros idénticos, solo que uno de ellos «recargado». En la comedia tenemos como ejemplos a Sheldon y la novia de Sheldon o Fraiser y el hermano de Fraiser. En el drama Graham y Lecter son un ejemplo perfecto. Ambos caminan juntos como Sherlock y Watson. Solo que ambos son Sherlock y también Moriarty.
LA RITUALIZACIÓN QUE PONE UN CIERTO ORDEN EN EL MUNDO
Lecter ha pasado del deseo de matar a la práctica que concluye con un ritual en el que las víctimas son cortadas en rodajas y servidas en la mesa con salsa de frambuesa con la misma ceremonia con la que un sacerdote emplea la vinajera* en misa. Porque Lecter honra a los muertos a su manera. Con el ritual de cortar y catar (ahí va la paronomasia*) intenta dar un sentido a sus crímenes. Y ha llegado a tal punto de maestría que distingue a ojo un hígado sano de otro con un dueño cuyo padecimiento fue escomearse*.
EL ESPECTADOR NECESITA AIRE
Esta crueldad parsimoniosa se extiende a los primeros capítulos de Hannibal. El espectador puede acabar asfixiado por la maldad que despliega Lecter, las visiones de Graham y los distintos asesinos seriales que pueblan este universo.
Se diría que el doctor es el Drácula que sugiere Bran Stoker: una criatura que no está presente, pero que influye a su alrededor. En los personajes. En la trama. En el mismo tono de la serie. Lecter es un veneno que entra lento y doloroso.
Hannibal es una enfermedad
Esta manera de desarrollarse la serie es una virtud y un hándicap que lleva a NBC a plantearse la cancelación de la serie. Hannibal es una serie con la calidad del cable y ha sido puesta a competir en la franja horaria de series B como Elementary (la imagen de marca de Sherlock es alargada e incluye ‘adaptaciones’ deslucidas).
Raspahilar* parece que es el verbo que se conjuga en la mayoría de las series en abierto: escenas rápidas, atropelladas, no importan tanto los personajes como el movimiento… El espectador de la televisión en abierto quiere momentos de humor, luz y aire… No hay humor en esta tragedia. Por momentos recuerda el tono de Forbrydelsen (la danesa que dio origen a The Killing), tan oscura como una noche danesa, y sin embargo hay luz en Forbrydelsen: la que se asoma en los ojos de la protagonista.
HANNIBAL ES INTEMPORAL
Pero Bryan Fuller no da opciones con Hannibal: quiere que el espectador no tenga escapatoria. En esta serie no se habla de políticos o desindexación* o cuánto valen los tomates en la tienda de la esquina. Fuller quiere que el espectador no tenga más realidad que la que ven Graham y Lecter. Es un camino para el espectador paralelo al del investigador del FBI: Graham no ve otra realidad distinta a la de la sangre y el crimen. De la visión de los cadáveres y las escenas del crimen pasa al despacho de Lecter.
Graham, un hombre torturado
Hannibal no es una serie de la génesis de Lecter como mito. Trata de la maldad y cómo se justifica a sí misma alegando prácticas primitivas (la caza —incluida la de humanos— como medio de subsistencia) o exponiendo oscuros razonamientos lógicos. Los mismos que emplearíamos nosotros, los que nos consideramos normales.
Hannibal es un título justo para la serie. Al usar el nombre de pila del monstruo, Fuller, el showrunner, nos acerca a la persona.
 

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