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11 de diciembre 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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El origen de los dichos: Tomar las de Villadiego

11 de diciembre 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Cuando alguien toma las de Villadiego, lo que hace es salir huyendo a toda prisa ante un peligro que le acecha. La pregunta es qué tendrá ese pueblo de la provincia de Burgos para hacer sentirse a salvo a tanta gente desde hace tanto tiempo.

Teorías al respecto hay muchas, como recogió José María Iribarren en su obra El porqué de los dichos; unas más acertadas que otras y para todos los gustos. Aquí van solo unas cuantas.

‘Las de Villadiego’ son unas calzas o pantalones hasta la rodilla que se usaban antiguamente

Lo de Villadiego parece claro que se refiere al pueblo de Burgos mencionado arriba. Pero no todo el mundo ha estado de acuerdo con esa referencia.

No falta quien busca en Villadiego referencias a una persona y no a un lugar. Así, autores como Sbarbi, dan fe de una copla que decía que Villadiego era un soldado romano que compartía celda con San Pedro (nada más y nada menos). Y que cuando un ángel se les apareció en mitad de la cárcel para decirle al santo que huyera de allí, este, agobiado por las prisas, cogió las calzas de su compañero de prisión por error y salió pitando.

Como copla es graciosa, pero parece más una aplicación del dicho que su origen. (Nota erudita: esta copla está en una inscripción que figura en una de las columnas del Ayuntamiento de Villadiego).

También hay quien identifica esa expresión con las de «villariego», que significaba caminador, en palabras de Juan Eugenio Hartzenbusch (el autor de Los amantes de Teruel) en una carta dirigida a Joaquín Bastús. Según él, habla de unas calzas especiales que se ponían los caminantes, más cómodas que las de vestir.

Sin embargo, Iribarren tira por tierra esta teoría puesto que los que iban de villa en villa se llamaban peatones, andarines o andariegos.

Y ese las, ¿a qué se refiere? Unos pensaban que aludía a las alpargatas, cómodas y fáciles de poner para salir por patas si es menester. Bueno, tiene sentido. La dejamos en suspense.

Otros pensaban que hacía referencia a unas alforjas típicas que se fabricaban en Villadiego. Pero no parece muy lógico que cuando alguien huye se cargue con equipaje. Así que… fuera.

Sin embargo, volvamos a las calzas, que de eso va el tema: del antepasado del calzoncillo, de la braga y de los leggins, tal era su versatilidad.

La versión más unánimemente aceptada es que «las de Villadiego» son unas calzas o pantalones hasta la rodilla que se usaban en tiempos, cuando menos, de La Celestina (siglo XV). De hecho, es allí donde se documenta por primera vez esta expresión con el sentido de salir huyendo. La cosa se entiende mejor si acudimos a la otra versión del refrán: tomar las calzas de Villadiego.

Y aquí es donde empieza la clase de Historia. Remontémonos a la época de Fernando III el Santo y a un momento en que ser judío no era lo mejor que te podía pasar en la vida. Tanto es así que este rey tuvo que dictar un decreto que otorgaba una serie de privilegios a los judíos de Villadiego y prohibía hacerles daño, a no ser que se incumplieran la ley.

Para identificarlos y que nadie les molestara, se les hizo vestir con unas calzas, lazos, ligas o cintas amarillas que los distinguieran del resto de población.

Es en ‘La Celestina’ donde se documenta por primera vez esta expresión con el sentido de salir huyendo

Cuando la persecución a los judíos se intensificó en otros lugares como Toledo o Burgos, estos salían huyendo hacia Villadiego, donde se sentían a salvo de cualquier vejación o maltrato. Por supuesto, dejaban su vestimenta habitual para lucir amarillo salvador en su fondo de armario. O dicho de manera llana: tomaban las de Villadiego, como los monjes toman los hábitos. Eso sí, unos por puro miedo y los otros… ¡vaya usted a saber!

Cuando alguien toma las de Villadiego, lo que hace es salir huyendo a toda prisa ante un peligro que le acecha. La pregunta es qué tendrá ese pueblo de la provincia de Burgos para hacer sentirse a salvo a tanta gente desde hace tanto tiempo.

Teorías al respecto hay muchas, como recogió José María Iribarren en su obra El porqué de los dichos; unas más acertadas que otras y para todos los gustos. Aquí van solo unas cuantas.

‘Las de Villadiego’ son unas calzas o pantalones hasta la rodilla que se usaban antiguamente

Lo de Villadiego parece claro que se refiere al pueblo de Burgos mencionado arriba. Pero no todo el mundo ha estado de acuerdo con esa referencia.

No falta quien busca en Villadiego referencias a una persona y no a un lugar. Así, autores como Sbarbi, dan fe de una copla que decía que Villadiego era un soldado romano que compartía celda con San Pedro (nada más y nada menos). Y que cuando un ángel se les apareció en mitad de la cárcel para decirle al santo que huyera de allí, este, agobiado por las prisas, cogió las calzas de su compañero de prisión por error y salió pitando.

Como copla es graciosa, pero parece más una aplicación del dicho que su origen. (Nota erudita: esta copla está en una inscripción que figura en una de las columnas del Ayuntamiento de Villadiego).

También hay quien identifica esa expresión con las de «villariego», que significaba caminador, en palabras de Juan Eugenio Hartzenbusch (el autor de Los amantes de Teruel) en una carta dirigida a Joaquín Bastús. Según él, habla de unas calzas especiales que se ponían los caminantes, más cómodas que las de vestir.

Sin embargo, Iribarren tira por tierra esta teoría puesto que los que iban de villa en villa se llamaban peatones, andarines o andariegos.

Y ese las, ¿a qué se refiere? Unos pensaban que aludía a las alpargatas, cómodas y fáciles de poner para salir por patas si es menester. Bueno, tiene sentido. La dejamos en suspense.

Otros pensaban que hacía referencia a unas alforjas típicas que se fabricaban en Villadiego. Pero no parece muy lógico que cuando alguien huye se cargue con equipaje. Así que… fuera.

Sin embargo, volvamos a las calzas, que de eso va el tema: del antepasado del calzoncillo, de la braga y de los leggins, tal era su versatilidad.

La versión más unánimemente aceptada es que «las de Villadiego» son unas calzas o pantalones hasta la rodilla que se usaban en tiempos, cuando menos, de La Celestina (siglo XV). De hecho, es allí donde se documenta por primera vez esta expresión con el sentido de salir huyendo. La cosa se entiende mejor si acudimos a la otra versión del refrán: tomar las calzas de Villadiego.

Y aquí es donde empieza la clase de Historia. Remontémonos a la época de Fernando III el Santo y a un momento en que ser judío no era lo mejor que te podía pasar en la vida. Tanto es así que este rey tuvo que dictar un decreto que otorgaba una serie de privilegios a los judíos de Villadiego y prohibía hacerles daño, a no ser que se incumplieran la ley.

Para identificarlos y que nadie les molestara, se les hizo vestir con unas calzas, lazos, ligas o cintas amarillas que los distinguieran del resto de población.

Es en ‘La Celestina’ donde se documenta por primera vez esta expresión con el sentido de salir huyendo

Cuando la persecución a los judíos se intensificó en otros lugares como Toledo o Burgos, estos salían huyendo hacia Villadiego, donde se sentían a salvo de cualquier vejación o maltrato. Por supuesto, dejaban su vestimenta habitual para lucir amarillo salvador en su fondo de armario. O dicho de manera llana: tomaban las de Villadiego, como los monjes toman los hábitos. Eso sí, unos por puro miedo y los otros… ¡vaya usted a saber!

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