27 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD
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El abuso de tópicos y muletillas en las redes sociales

27 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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¿Quién sería el primero que escribió «un marco incomparable»? Seguro que le pareció una elección acertada, con buena sonoridad y un significado tajante. Cómo iba él a suponer que el abuso de esta expresión terminaría anulando su significado.

Utilizar un tópico, también llamado lugar común, al escribir o hablar equivale a no decir nada, o a decir muy poco en el mejor de los casos. Los ojos de los lectores y los oídos de los oyentes pasan de largo por estas construcciones demasiado trilladas. Frases como «solo se vive una vez» o «rectificar es de sabios» y asociaciones lingüísticas como «claro exponente», «oportunidad única» o «estrecha colaboración» demuestran la pobreza léxica de quien las utiliza.

En el lenguaje digital utilizado por las marcas y los particulares en las redes sociales y otros entornos web (blogs, foros…) podemos encontrar una gran cantidad de nuevos lugares comunes que se han sumado a los tradicionales.

TÓPICOS DE LAS MARCAS EN REDES SOCIALES

– Una marca comparte un evento en Facebook. ¿Qué frase no puede faltar al final de la descripción del mismo? ¡Bingo! El muy manido «¿te lo vas a perder?» o alguna de sus versiones («no te lo pierdas», «que no te lo cuenten»…)

– También es muy frecuente que las marcas apremien a sus seguidores con locuciones del tipo «¿a qué esperas para apuntarte?», «¡no esperes más!», «¿todavía no te has apuntado?», «¿ya te has registrado?» ¡Qué estrés! Profesionales del marketing: ¿de verdad pensáis que a las personas les gusta sentirse presionadas?

– Sabemos lo que es un enlace y sabemos cómo funciona. Por lo tanto, sobran frases como «descúbrelo aquí» o «toda la información a solo un clic». Una frase pertinente y llamativa seguida del enlace sería más directo y eficaz.

TÓPICOS DE LOS USUARIOS PARTICULARES EN REDES SOCIALES

– Alguien sube una foto a Instagram en la que aparece descansando, y tiene la brillante idea de titularla «el descanso del guerrero». ¡Qué original! Casi tanto como los que, ante una foto en la que salen abrigados, recurren al siempre socorrido «winter is coming».

«El gran día» deja de ser grande cuando empieza a darse cada dos por tres. «Ya queda poco para el gran día», «llegó el gran día», «mañana es el gran día»… ¿Os suena?

– Algunas de las frases exponentes del postureo son «viviendo bien», «no me puedo quejar» o «qué bien me lo monto». También está la opción de, en un alarde de ironía, poner justo lo contario: «vivo fatal», «qué mal me lo monto» o «qué vida más dura».

– Si subes una foto en la que salgas con cualquier otra persona (ya sea amigo, familiar o celebrity) y no se te ocurre pie de foto, no te preocupes. Siempre te quedará la opción de escribir, simplemente, «en buena compañía». No serás el primero.

– ¿Quieres alardear de un detalle que alguien ha tenido contigo? Opta por «regalos que te alegran el día», que así das imagen de persona agradecida. Y nunca nadie lo ha puesto antes.

– A una construcción se le puede reconocer una cierta originalidad hasta que la repiten millones de personas antes. Eso ha pasado con aquello de «tonto no, lo siguiente» (cámbiese «tonto» por cualquier otra palabra). Si alguna vez fue ingenioso utilizarlo, ya no lo es.

– Hay otros muchos lugares comunes que deberíamos sustituir por otras expresiones siempre que podamos si queremos demostrar un léxico rico: «me parto», «darlo todo»…

COMODINES, REPETICIONES Y MULETILLAS

Las palabras comodín son aquellas que, por tener varias acepciones, utilizamos demasiado, a pesar de que en muchos contextos podrían ser sustituidas por otras más exactas. Un ejemplo es la palabra «cosa»: abarca demasiado, y casi siempre que la utilizamos en una frase podríamos en realidad usar otra más concreta.

Te tengo que hablar de una cosa. –> Te tengo que hablar de un asunto.

Han traído una cosa para ti. –> Han traído un paquete para ti.

En el curso nos enseñaron muchas cosas para gestionar mejor las redes sociales. –> En el curso nos enseñaron muchas técnicas para gestionar mejor las redes sociales.

Un verbo comodín es, por ejemplo, el verbo «poner». A menudo puede sustituirse por otro más exacto:

¿Me pones una copa? –> ¿Me sirves una copa?

Pon las pelucas en sus bolsas. –> Coloca/guarda las pelucas en sus bolsas.

Las repeticiones son a veces necesarias para que un texto se entienda, pero en el caso de los textos digitales, que se caracterizan por su brevedad, conviene evitarlas. Para ello, hay que repasar los textos y sustituir las palabras repetidas por sinónimos.

Por último, las muletillas son expresiones que nos sirven para apoyarnos en ellas a la hora de elaborar nuestro discurso. A veces son útiles, sobre todo en el lenguaje oral, pero deberíamos evitarlas en la medida de lo posible en el lenguaje escrito. Dos muy frecuentes son «¿sabes?» y «¿no?» Las muletillas varían según la época. Algunas que están muy de moda en la actualidad son «en plan» o «¿Soy yo, o…?»

– Me miró muy seria. En plan «como no me hagas caso, te enteras».

– ¿Soy yo, o esa actriz se ha hecho algo en la cara?

Hay una gran cantidad de marcadores textuales que podemos elegir para enlazar las ideas de nuestra narración (además, bueno, por tanto, claro, luego, es decir, mira, por otro lado…). Tienen distintos usos (adición, aprobación, llamada…) y, si los variamos en lugar de caer siempre en los mismos, no se convertirán en muletillas.

¿Quién sería el primero que escribió «un marco incomparable»? Seguro que le pareció una elección acertada, con buena sonoridad y un significado tajante. Cómo iba él a suponer que el abuso de esta expresión terminaría anulando su significado.

Utilizar un tópico, también llamado lugar común, al escribir o hablar equivale a no decir nada, o a decir muy poco en el mejor de los casos. Los ojos de los lectores y los oídos de los oyentes pasan de largo por estas construcciones demasiado trilladas. Frases como «solo se vive una vez» o «rectificar es de sabios» y asociaciones lingüísticas como «claro exponente», «oportunidad única» o «estrecha colaboración» demuestran la pobreza léxica de quien las utiliza.

En el lenguaje digital utilizado por las marcas y los particulares en las redes sociales y otros entornos web (blogs, foros…) podemos encontrar una gran cantidad de nuevos lugares comunes que se han sumado a los tradicionales.

TÓPICOS DE LAS MARCAS EN REDES SOCIALES

– Una marca comparte un evento en Facebook. ¿Qué frase no puede faltar al final de la descripción del mismo? ¡Bingo! El muy manido «¿te lo vas a perder?» o alguna de sus versiones («no te lo pierdas», «que no te lo cuenten»…)

– También es muy frecuente que las marcas apremien a sus seguidores con locuciones del tipo «¿a qué esperas para apuntarte?», «¡no esperes más!», «¿todavía no te has apuntado?», «¿ya te has registrado?» ¡Qué estrés! Profesionales del marketing: ¿de verdad pensáis que a las personas les gusta sentirse presionadas?

– Sabemos lo que es un enlace y sabemos cómo funciona. Por lo tanto, sobran frases como «descúbrelo aquí» o «toda la información a solo un clic». Una frase pertinente y llamativa seguida del enlace sería más directo y eficaz.

TÓPICOS DE LOS USUARIOS PARTICULARES EN REDES SOCIALES

– Alguien sube una foto a Instagram en la que aparece descansando, y tiene la brillante idea de titularla «el descanso del guerrero». ¡Qué original! Casi tanto como los que, ante una foto en la que salen abrigados, recurren al siempre socorrido «winter is coming».

«El gran día» deja de ser grande cuando empieza a darse cada dos por tres. «Ya queda poco para el gran día», «llegó el gran día», «mañana es el gran día»… ¿Os suena?

– Algunas de las frases exponentes del postureo son «viviendo bien», «no me puedo quejar» o «qué bien me lo monto». También está la opción de, en un alarde de ironía, poner justo lo contario: «vivo fatal», «qué mal me lo monto» o «qué vida más dura».

– Si subes una foto en la que salgas con cualquier otra persona (ya sea amigo, familiar o celebrity) y no se te ocurre pie de foto, no te preocupes. Siempre te quedará la opción de escribir, simplemente, «en buena compañía». No serás el primero.

– ¿Quieres alardear de un detalle que alguien ha tenido contigo? Opta por «regalos que te alegran el día», que así das imagen de persona agradecida. Y nunca nadie lo ha puesto antes.

– A una construcción se le puede reconocer una cierta originalidad hasta que la repiten millones de personas antes. Eso ha pasado con aquello de «tonto no, lo siguiente» (cámbiese «tonto» por cualquier otra palabra). Si alguna vez fue ingenioso utilizarlo, ya no lo es.

– Hay otros muchos lugares comunes que deberíamos sustituir por otras expresiones siempre que podamos si queremos demostrar un léxico rico: «me parto», «darlo todo»…

COMODINES, REPETICIONES Y MULETILLAS

Las palabras comodín son aquellas que, por tener varias acepciones, utilizamos demasiado, a pesar de que en muchos contextos podrían ser sustituidas por otras más exactas. Un ejemplo es la palabra «cosa»: abarca demasiado, y casi siempre que la utilizamos en una frase podríamos en realidad usar otra más concreta.

Te tengo que hablar de una cosa. –> Te tengo que hablar de un asunto.

Han traído una cosa para ti. –> Han traído un paquete para ti.

En el curso nos enseñaron muchas cosas para gestionar mejor las redes sociales. –> En el curso nos enseñaron muchas técnicas para gestionar mejor las redes sociales.

Un verbo comodín es, por ejemplo, el verbo «poner». A menudo puede sustituirse por otro más exacto:

¿Me pones una copa? –> ¿Me sirves una copa?

Pon las pelucas en sus bolsas. –> Coloca/guarda las pelucas en sus bolsas.

Las repeticiones son a veces necesarias para que un texto se entienda, pero en el caso de los textos digitales, que se caracterizan por su brevedad, conviene evitarlas. Para ello, hay que repasar los textos y sustituir las palabras repetidas por sinónimos.

Por último, las muletillas son expresiones que nos sirven para apoyarnos en ellas a la hora de elaborar nuestro discurso. A veces son útiles, sobre todo en el lenguaje oral, pero deberíamos evitarlas en la medida de lo posible en el lenguaje escrito. Dos muy frecuentes son «¿sabes?» y «¿no?» Las muletillas varían según la época. Algunas que están muy de moda en la actualidad son «en plan» o «¿Soy yo, o…?»

– Me miró muy seria. En plan «como no me hagas caso, te enteras».

– ¿Soy yo, o esa actriz se ha hecho algo en la cara?

Hay una gran cantidad de marcadores textuales que podemos elegir para enlazar las ideas de nuestra narración (además, bueno, por tanto, claro, luego, es decir, mira, por otro lado…). Tienen distintos usos (adición, aprobación, llamada…) y, si los variamos en lugar de caer siempre en los mismos, no se convertirán en muletillas.

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Opiniones 47
  • Muy buen artículo!
    Y lo malo es que creo que el trasfondo en muchos de esos pies de foto o comentarios poco originales hay más aún de postureo que de ignorancia (que también). Es decir, me da la impresión de que quien usa esas expresiones se siente más cool por hacerlo. Como más «en la onda».
    Yo también soy una original impenitente. Qué se le va a hacer 😉

    • ¡Hola! Estoy de acuerdo en que, con algunos de los ejemplos, pasa lo que dices. Por ejemplo, con frases como «qué mal vivo» o «regalos que me alegran el día». Pero, en el caso de los tópicos de las marcas («¿te lo vas a perder?») parece más falta de originalidad… ¿No crees?
      ¡Gracias por dejarnos tu opinión!

  • Interesante artículo. Yo intento huir de los topicazos y de los lugares comunes a toda costa, pero te dejo un apunte simplemente a modo ilustrativo: Yo gestiono un perfil profesional en Facebook dirigido a mujeres 45+ y el ratio de clicks en los links se duplicó cuando empecé a añadir frases como «haz click en este link para saber más». Creo que con las señoras, toda explicación es poca. Y es más, les encantan los topicazos!!
    Un abrazo

    • Muy interesante la excepción que comentas, Carla. Es verdad que en el mundo digital hay que ser explicativo, y quizá a veces damos por hecho que el usuario tiene los mismos conocimientos que nosotros, cuando quizá no está tan acostumbrado al uso de estos canales. ¡Gracias!

  • Me ha encantado el artículo. No sabría decirte cuanto he criticado esto mismo… Lo comparto en mi muro; tenéis un nuevo lector 🙂

  • Yo hay una que odio que es «mundo mundial».
    O poner «muero» cuando hago te hace mucha gracia o te sorprende mucho

  • Me ha encantado el artículo, me ha parecido muy útil. Sobre todo porque las personas que no estamos acostumbradas a escribir metemos la gamba con estas cosas, muchas veces sin darnos cuenta, y acaba repercutiendo en lo que realmente quieres vender o mostrar (en mi caso trabajo visual).

  • Llevas mucha razón en casi todo lo que dices, Isabel.
    Con todo, en nuestras conversaciones privadas con gente de confianza a través de chat es muy difícil y a veces resulta hasta impertinente guardar las correcciones lingüísticas que otros contextos requieren. Y el problema es precisamente el contexto, pues en el mundo digital todo se mezcla, a tal punto que acabas poniéndole un emoticono y sonando distante con tu mejor amigo.
    En fin, supongo que todos nos enfrentamos a este reto que sólo puede afrontarse con paciencia e interés por el lenguaje; razón de más para felicitarte por este artículo, Isabel, y animarte en que divulgues todo lo que puedas tus conocimientos sobre estos temas.
    Un saludo.

    • Muchas gracias por tu amable respuesta, Miguel. Por supuesto, somos libres de escribir como nos plazca en el ámbito privado. El problema es que, a veces, no es fácil «cambiar el chip» y escribir de otra forma en el laboral, aunque creamos que sí. ¡Saludos!

    • ¡Buen ejemplo, Alfredo! También se ve la versión de terminarlas en «eo»: «un poquito de Malasañeo no hace daño a nadie». Je.

  • Muy buen artículo.
    Pienso que es importante, además, no caer en la tentación de adaptarnos al (me vais a perdonar) «chorra-lenguaje» que se está generando a través de los medios. Entiendo, y acepto, el axioma (o lugar común, si preferís) que utilizamos los informáticos: «Actualizarte o muere»; sin embargo eso no significa que menospreciemos nuestro rico idioma con este abuso que comentas ni con la invención de cosas … Y en este caso utilizo muy a conciencia el término «cosas», puesto que no quiero dar ninguna relevancia a dichas invenciones utilizando palabras como vocablo, palabra o término.
    Saludos,
    Víctor

  • Hablando de frases gastadas, el «no se vayan todavía, aún hay más…» del final del artículo, jeje, aunque a muchos jóvenes no les sonará a nada conocido.
    Una expresión que me da mucha rabia es el «a muerte», que creo que también se usa en muchas ocasiones (ejemplo: «Estamos a muerte con nuestro amigo Carlos»).

    • Ese «a muerte» y «venga bicho» son muy empleados en escalada deportiva y bloque (escalar o hacer «pequeñas» rocas sin cuerda).
      Dejé de escalar por un accidente hace 5 más o menos y recuerdo que unos cuantos años antes, un escalador famoso español aparecía en los videos diciendo esas expresiones que no tardaron en extenderse entre la comunidad de escaladores de toda España. A día de hoy se sigue utilizando y desgraciadamente me cae fatal esa expresión.
      Igual me pasó mucho antes con «tiene tablas» desde que la empecé a escuchar tras la primera edición de Operación Triunfo. La gente empezaba a comentar sobre el programa y no paraban de incluir ese «tiene tablas» del participante al que apoyaban.
      Cuando las personas van por primera vez al psicólogo, en función de la ayuda que necesiten, suelen emplear mucho los términos que se aprenden como puede ser «asertividad» y pasan un temporada «asertivándolo» todo.
      Otra es «soy muy fan de…», «y lo sabes» o los que creo que ya han desaparecido «juas»
      Un ejemplo que sufro mucho es entre mis amistades es el uso infinito de «bio», «eco», «orgánico», «sano». Si ya tengo claro que se alimentan de productos que llevan esas etiquetas ¿es necesario estar usándolo en todo momento? :
      -Tengo que comprar arroz ecológico-
      -¿Es bio ese té?-

      Lo más triste es que me acaba quemando escuchar esas expresiones constantemente de mis propios amigos/as. Tal vez soy un tiquismiquis.
      A saber cuáles son las que yo uso!!

  • Si quieres más ideas para seguir con los «lugares comunes», «tópicos» o «muletillas», estas mismas valen, así como todas las palabra que utilizamos si deseas hacer más artículos igual de ridículos que este. No te lo tomes con acritud cuando digo que es ridículo, pero piensa que estás juzgando un fenómeno que es inevitable, el lenguaje se aprende por imitación, se basa en reproducir la misma secuencia de sonidos reiteradamente en ciertas situaciones concretas del acto de habla, asimilación del concepto con el fenómeno, abstracción del caso particular en una generalización. Es similar a lo que sucede cuando nos ponemos a silbar si alguien silba, o a ese momento en el que si llaman a la puerta dando golpes con una determinada frase rítmica no somos capaces de resistir a completar la estrofa musical. ¡Es algo tan profundamente primitivo!
    Si quieres profundizar en el tema del lenguaje, te recomendaría, Isabel, leer algo de/sobre Martin Heidegger. Es un filósofo que le presta un cuidado al lenguaje excepcional, y reflexiona acerca de todo lo que hay alrededor de este y muchos otros temas. Él diría que quien ideó aquello de «marco imcomparable» es un poeta, ya que un poeta es el individuo que funda el lenguaje al igual que lo hicieron los escritores de la Biblia por legarnos esa fascinante forma de expresar ciertas emociones o como Bécquer con sus oscuras golondrinas y tantos más que existieron y existirán. Cierto es que como tendemos al conservadurismo por sistema, palabras como cocreta o toballa nos dan la sensación de estar fuera de lugar, pero pasó igual con aquellos latinos y primeros castellanoparlantes. El lenguaje está vivo, por eso la RAE, un organismo que busca congelar el idioma para preservarlo del cambio tiene que recular ante sus intenciones. Lo bonito del asunto, es que todos tenemos la capacidad de ser poetas en sentido heideggeriano: «El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada. Su guarda consiste en llevar a cabo la manifestación del ser, en la medida en que, mediante su decir, ellos la llevan al lenguaje y allí la custodian»

    • ¡Hola! Tu comentario habla de muchas cosas que no tienen mucho que ver con el tema del artículo. Se agradece, igualmente, la visita. ¡Saludos!

  • Muchas gracias, encuentro muy acertado todo, aunque mi opinión difiere sutilmente en algunas cosas (¡huy!, debería decir «algunos puntos/aspectos», ¿verdad?).
    Como escritor aficionado que soy (prodigándome en inglés bastante más que en castellano), hay un abuso de ciertas figuras que son repulsivas, mostrando una inmensa carencia de virtuosismo lingüístico por parte de algún «juntapalabras». Muchas de ellas se basan en las malas traducciones de muchas películas que vienen desde EE UU; creo que acarreo problemas de sobretensión desde el día que oí a un técnico informático decir «¡maldita sea!».
    A modo de ejemplo mencionaré la hoy día omnipresente expresión, tanto en el lenguaje hablado como en la prensa, de «sí o sí», que es trivial tratada desde la lógica matemática y, desde un punto de vista sugestivo, trae a mi mente una orden autoritaria que me provoca un rechazo inmediato hacia la persona que la utiliza.
    En fin (mi coletilla favorita), creo que todo esto viene dado por las prisas en vender y el poco respeto por el consumidor. Para que me entendieran los del gremio, les dedicaría un «cúrratelo más, campeón, porque parece que busques clientes ignorantes». ¿Es así?
    ¡Saludos!

    • Muy bien explicado en tu penúltimo párrafo, Roberto. Yo también creo que el uso de ciertas construcciones por parte de algunas marcas insultan la inteligencia del consumidor. ¡Saludos!

  • Hablando de tópicos, comodines y tal.
    «Una marca comparte un evento en Facebook. ¿Qué frase no puede faltar al final de la descripción del mismo?»
    Dice el Diccionario Panhispánico de Dudas, en en punto 3 de la entrada mismo -a:
    «A pesar de su extensión en el lenguaje administrativo y periodístico, es innecesario y desaconsejable el empleo de mismo como mero elemento anafórico, esto es, como elemento vacío de sentido cuya única función es recuperar otro elemento del discurso ya mencionado; en estos casos, siempre puede sustituirse mismo por otros elementos más propiamente anafóricos, como los demostrativos, los posesivos o los pronombres personales; así, en «Criticó al término de la asamblea las irregularidades que se habían producido durante el desarrollo de la misma» (País [Esp.] 1.6.85), pudo haberse dicho durante el desarrollo de esta o durante su desarrollo; en «Serían citados en la misma delegación a efecto de ampliar declaraciones y ratificar las mismas» (Excélsior [Méx.] 21.1.97), debería haberse dicho simplemente ratificarlas; en «El que su acción fuera efímera, innecesaria, no resta a la misma su significado» (Abc [Esp.] 29.9.74), hubiera sido mejor no le resta su significado. A menudo, su simple supresión no provoca pérdida alguna de contenido; así, en «Este año llegaremos a un billón en exportaciones, pero el 70 por ciento de las mismas se centra en el mercado europeo» (Razón [Esp.] 18.12.01), pudo decirse, simplemente, el 70 por ciento se centra…»

    • Sí es verdad que conviene evitar el abuso del uso anafórico de «el mismo». Pero, al no ser incorrecto, un uso aislado se perdona. Un uso no es abuso, je. ¡Saludos y gracias por tu aportación!

  • Me ha parecido increíble leer este artículo precisamente después de haber estado dándole vueltas esta mañana a un contacto en concreto que tengo que siempre utiliza ese tipo de llamadas a la acción en sus publicaciones personales (en las profesionales, como ha comentado más arriba una chica, entiendo que en ocasiones el público exige adaptar el mensaje a este tipo de «sencilleces»).
    En cuanto al tema pretensiones de originalidad fallidas en redes sociales, mis mayores odiadas son:
    «Aquí, sufriendo»
    «De bodorrio»
    Y, algo que me saca de quicio, contruir adjetivos supuestamente graciosos añadiendo un sufijo -il a cascoporro: internetil, vacacionil, sushilmente (!!!). YA BASTA.

    • Jajaja. ¿»Sushilmente»? Dónde iremos a parar, María Pei… ¡Gracias por compartir tan valiosa información!

  • Gracias por tus comentarios.
    Querría hacer un comentario sobre lo de bodorrio, siempre ha sido sinónomi de boda regular, las bodas buenas se decían bodazas…..enfin
    Otra cosa; se confunde mucho el verbo oir y escuchar. Escuchar es la acción voluntaria o imperativa de oir. No se puede decir: escuché un ruido…… no se si me explico.. pero creo que cada vez hablamos peor. Cuidemos el lenguaje

  • Estos son los llamados #Ranciofacts. Pedro Vera dibujante de El Jueves tiene una sección en la revista sobre ellos y proximamente va a sacar un libro con situaciones típicas donde se usan. Soy un amante de ellos , a veces me hacen reir y otras me dan » verguenza ajena » cuando los oigo/leo. Excelente articulo!!!

  • Me ha encantado el artículo. La verdad es que es muy interesante este tema. Lo malo es que a veces uno intenta darle esa vuelta de más para no insultar al lector y le obligan a escribir ese tipo de llamadas de atención. Es que, en general, el marketing se basa bastante en tratar a los consumidores como tontos…

  • Muy buen artículo, Isabel. Lo he disfrutado mucho.
    Añadiría un tópico de las redes sociales a tu lista: Hacer esto y esto otro o que te pase esto y esto otro «no tiene precio».

    • ¡Pues sí, Magda! La verdad es que estaría bien que hiciéramos una lista entre todos. Seguro que no dejaría de crecer… Saludos.

  • Muy acertado. Igual que el «ahh», el «ehh», el «pues eso», el «desto», el «un poco/poquito» (cuando no se refiere a cantidad) son usados de forma abusiva en el lenguaje oral, pero no nos atreveríamos a ponerlos por escrito…

  • Para los comentarios en blogs habría que hacer un capítulo aparte; intentar escribir sin «me ha encantado» o «estoy totalmente de acuerdo» se ha convertido en un reto.
    A mí me hacen mucha gracia los comentarios que hace la gente a las fotos de más de 2 personas en Facebook, «equipazo» o el irónico «vaya banda».
    Gracias, Isabel.

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