28 de septiembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO
por
 Buba Viedma

Fortuna, el matador que toreó de imprevisto en la Gran Vía

28 de septiembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          Buba Viedma
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No esperaba el 23 de enero de 1928 convertirse en día de lidia. Pero pronto en la mañana, pelando aún de frío, habrán de improvisar faena torera y acabarán cantando «vivas» y «oles» en plena Gran Vía.

En su camino hacia el matadero, un toro sensacional huye de su suerte. Arranca la res, que no parece gato, zumbando paseo abajo. El pavor se alza en vuelo por las calles. Gritos, espanto, aspavientos. Por la cuesta de San Vicente avanza un miura de magnífica embestida. Los tomates y las lechugas de los puestos del Mercado de San Ildefonso saltan disparados por los pitonazos del animal.

El astado voltea a una señora. A un hombre mete un puntazo en el trasero y prende a otro hasta dejarlo en «pronóstico reservado».

Ahora se dirige a la recta final con absoluta torería. Poniendo burbujas, corre, bravo, por la Gran Vía y quiere la suerte cruzarlo a su paso con Diego Mazquiarán. Al maestro de la estocada y el volapié lo llaman Fortuna porque esquivó la muerte en un catastrófico accidente ferroviario en Valladolid.

torero fortuna

El matador de Sestao camina con su esposa, gallardo, pinturero, hacia casa de sus suegros cuando aparece, iracundo, el animal.

—¡Traedme un estoque! —grita a pecho descubierto.

Fortuna hace de su abrigo un capote y emprende la faena. Del Casino Militar le traen un sable, pero eso no es toreo de ley y pide a un mozo que corra a su casa a por una espada.

Lancea, mientras, al astado, y la Gran Vía se hace ruedo. Vítores, ovaciones, serpentinas… Ahí está Fortuna haciendo pases de do de pecho. El matador va a por todas cuando, por fin, llega el mozo con la espada. Un envite… y tan solo uno más para reducir al miura que quiso escapar de una suerte que ya estaba echada.

—¡Maestro! ¡Que le den las dos orejas! —grita el público espontáneo.

Las modistas, salerosas, agitan sus pañuelos. Y unos hombres, en volandas, llevan al diestro a un café de la calle Alcalá, por amo y señor, en este día de sainete.

Fuente:
Periódicos de 1928
(Hecho real ocurrido en Madrid).

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No esperaba el 23 de enero de 1928 convertirse en día de lidia. Pero pronto en la mañana, pelando aún de frío, habrán de improvisar faena torera y acabarán cantando «vivas» y «oles» en plena Gran Vía.

En su camino hacia el matadero, un toro sensacional huye de su suerte. Arranca la res, que no parece gato, zumbando paseo abajo. El pavor se alza en vuelo por las calles. Gritos, espanto, aspavientos. Por la cuesta de San Vicente avanza un miura de magnífica embestida. Los tomates y las lechugas de los puestos del Mercado de San Ildefonso saltan disparados por los pitonazos del animal.

El astado voltea a una señora. A un hombre mete un puntazo en el trasero y prende a otro hasta dejarlo en «pronóstico reservado».

Ahora se dirige a la recta final con absoluta torería. Poniendo burbujas, corre, bravo, por la Gran Vía y quiere la suerte cruzarlo a su paso con Diego Mazquiarán. Al maestro de la estocada y el volapié lo llaman Fortuna porque esquivó la muerte en un catastrófico accidente ferroviario en Valladolid.

torero fortuna

El matador de Sestao camina con su esposa, gallardo, pinturero, hacia casa de sus suegros cuando aparece, iracundo, el animal.

—¡Traedme un estoque! —grita a pecho descubierto.

Fortuna hace de su abrigo un capote y emprende la faena. Del Casino Militar le traen un sable, pero eso no es toreo de ley y pide a un mozo que corra a su casa a por una espada.

Lancea, mientras, al astado, y la Gran Vía se hace ruedo. Vítores, ovaciones, serpentinas… Ahí está Fortuna haciendo pases de do de pecho. El matador va a por todas cuando, por fin, llega el mozo con la espada. Un envite… y tan solo uno más para reducir al miura que quiso escapar de una suerte que ya estaba echada.

—¡Maestro! ¡Que le den las dos orejas! —grita el público espontáneo.

Las modistas, salerosas, agitan sus pañuelos. Y unos hombres, en volandas, llevan al diestro a un café de la calle Alcalá, por amo y señor, en este día de sainete.

Fuente:
Periódicos de 1928
(Hecho real ocurrido en Madrid).

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