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4 de abril 2022    /   BRANDED CONTENT
 

El arte del trampantojo: vamos a pintar mentiras

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Engañar a la vista, hacer pasar lo falso por real. Esa es la finalidad de un trampantojo, vocablo de origen francés que señala una trampa o ilusión. Hoy lo podemos ver en las medianeras de los edificios, donde falsas ventanas y puertas decoran muros ciegos, haciéndolos pasar por una casita más. Pero los trampantojos no son nada nuevo. Antes de parchear nuestras calles se podían ver en los museos. 

Y aún se puede. El Thyssen-Bornemisza hace una retrospectiva de este género en la exposición Hiperreal. El arte del trampantojo, que se puede visitar hasta el 22 de mayo en Madrid. A través de un centenar de obras, la muestra recorre la historia de un género considerado durante años menor, un juego para espectadores poco elevados. Pero que ha permeado modas desde la cultura clásica hasta el Renacimiento, el Barroco, momento de su auge, o el arte contemporáneo.

El trampantojo, para ser efectivo y engañar al espectador, no solo tiene que jugar con las perspectivas y las luces. Debe partir de un hiperrealismo capaz de hacer pasar lo pintado por algo físico. Ha habido tiempo para perfeccionarla; esta técnica tiene sus primeros ejemplos en la antigüedad de Grecia y Roma, en mosaicos y murales. De aquel tiempo, lo que nos ha llegado no es un cuadro, sino una historia, narrada por Plinio el viejo.

Contaba este que los pintores Zeuxis y Parrasio participaron en una competición para ver quién pintaba el cuadro más realista. El primero pintó unas uvas que parecían tan reales que incluso los pájaros se acercaban para comerlas, mientras que Parrasio pintó sobre un lienzo una cortina.

Su colega le acabó pidiendo que retirara la tela para poder admirar bien sus uvas y cuando se dio cuenta de su error claudicó con una frase que resuena hasta nuestros días: «Yo he engañado a los pájaros, pero Parrasio me ha engañado a mí». La historia se hizo tremendamente popular durante el Renacimiento y fueron muchos los que quisieron imitar a Zeuxis y Parrasio. El trampantojo cobró renovada importancia.

Hiperreal. El arte del trampantojo abarca obras desde el siglo XV hasta el XXI, pero estas se presentan ordenadas por materias y escenarios, independientemente de su fecha de ejecución. Se crea así un collage de estilos que se superponen, mezclando nombres dispares como Dalí, Antonio López o Van Eyck, lo que hace la muestra más sorprendente y fluida. Así podemos encontrar secciones dedicadas al bodegón, a los pintores que usaron los marcos como artificio del que valerse para crear un efecto óptico o a los renovadores americanos, pues este género, una vez denostado en Europa, saltó con vigor a EEUU. 

La muestra termina con una obra del artista Isidro Blasco, encargada ex profeso para cerrar el recorrido. Es una forma de aportar novedad a una colección con más de un centenar de obras de alta calidad, procedentes de museos y colecciones particulares de todo el mundo. Pero también de reivindicar que es un género que sigue vivo, 2.500 años después de que Parrasio venciera a Zeuxis  y pusieran de moda el engaño en el mundo de la pintura. 

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Engañar a la vista, hacer pasar lo falso por real. Esa es la finalidad de un trampantojo, vocablo de origen francés que señala una trampa o ilusión. Hoy lo podemos ver en las medianeras de los edificios, donde falsas ventanas y puertas decoran muros ciegos, haciéndolos pasar por una casita más. Pero los trampantojos no son nada nuevo. Antes de parchear nuestras calles se podían ver en los museos. 

Y aún se puede. El Thyssen-Bornemisza hace una retrospectiva de este género en la exposición Hiperreal. El arte del trampantojo, que se puede visitar hasta el 22 de mayo en Madrid. A través de un centenar de obras, la muestra recorre la historia de un género considerado durante años menor, un juego para espectadores poco elevados. Pero que ha permeado modas desde la cultura clásica hasta el Renacimiento, el Barroco, momento de su auge, o el arte contemporáneo.

El trampantojo, para ser efectivo y engañar al espectador, no solo tiene que jugar con las perspectivas y las luces. Debe partir de un hiperrealismo capaz de hacer pasar lo pintado por algo físico. Ha habido tiempo para perfeccionarla; esta técnica tiene sus primeros ejemplos en la antigüedad de Grecia y Roma, en mosaicos y murales. De aquel tiempo, lo que nos ha llegado no es un cuadro, sino una historia, narrada por Plinio el viejo.

Contaba este que los pintores Zeuxis y Parrasio participaron en una competición para ver quién pintaba el cuadro más realista. El primero pintó unas uvas que parecían tan reales que incluso los pájaros se acercaban para comerlas, mientras que Parrasio pintó sobre un lienzo una cortina.

Su colega le acabó pidiendo que retirara la tela para poder admirar bien sus uvas y cuando se dio cuenta de su error claudicó con una frase que resuena hasta nuestros días: «Yo he engañado a los pájaros, pero Parrasio me ha engañado a mí». La historia se hizo tremendamente popular durante el Renacimiento y fueron muchos los que quisieron imitar a Zeuxis y Parrasio. El trampantojo cobró renovada importancia.

Hiperreal. El arte del trampantojo abarca obras desde el siglo XV hasta el XXI, pero estas se presentan ordenadas por materias y escenarios, independientemente de su fecha de ejecución. Se crea así un collage de estilos que se superponen, mezclando nombres dispares como Dalí, Antonio López o Van Eyck, lo que hace la muestra más sorprendente y fluida. Así podemos encontrar secciones dedicadas al bodegón, a los pintores que usaron los marcos como artificio del que valerse para crear un efecto óptico o a los renovadores americanos, pues este género, una vez denostado en Europa, saltó con vigor a EEUU. 

La muestra termina con una obra del artista Isidro Blasco, encargada ex profeso para cerrar el recorrido. Es una forma de aportar novedad a una colección con más de un centenar de obras de alta calidad, procedentes de museos y colecciones particulares de todo el mundo. Pero también de reivindicar que es un género que sigue vivo, 2.500 años después de que Parrasio venciera a Zeuxis  y pusieran de moda el engaño en el mundo de la pintura. 

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