fbpx
27 de junio 2018    /   BUSINESS
por
 

¿Es el transporte público gratuito una opción para las grandes ciudades?

27 de junio 2018    /   BUSINESS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Ya se eriza el vello del cuerpo al pensar en lo que viene. Falta un año para las elecciones municipales y bastante menos para que comiencen las boutades de campaña y las promesas tragicómicas.

Es inexplicable cómo pudo caer en saco roto una propuesta como la de Antonio Miguel Carmona (candidato a la alcaldía por el PSM), que soñaba con prístina clarividencia con el madrileño común pasando los domingos en el lago de la Casa de Campo jaleando batallas navales. ¿Cómo es posible que no arrasara en las urnas?

Por mucho que lo de las naumaquias pudiera parecer un pasaporte perpetuo a la alcaldía de Madrid, hay propuestas mucho mejores. La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, se está pensando muy seriamente la gratuidad del transporte público. ¿Una locura? Quizás no.

Como cuenta Citylab, el Ayuntamiento de París ha comenzado a estudiar la viabilidad económica de la medida. El coste anual del servicio es de 6.000 millones de euros anuales, pero desde la institución, afirman que los beneficios podrían ser mayores: un aire más limpio, una amplia reducción del gasto sanitario causado por problemas derivados de la contaminación o un posible aumento de la inversión causada por el atractivo de una ciudad tan apacible.

Esos 6.000 millones de euros, en cualquier caso, tienen que ser pagados por alguien. Una posibilidad sería la de adoptar un sistema similar al londinense, que cobra una cuota a cada vehículo con motor que quiera acceder a las zonas congestionadas.

El experimento ha funcionado en otras ciudades. El problema es que ninguna de esas ciudades tenía el tamaño y la densidad de París. De hecho, la mayor ciudad que lo ha conseguido es Tallin, la capital de Estonia, que lo ha hecho en parte debido a una transferencia de impuestos nacionales a las arcas municipales.

Parece claro, en cualquier caso, que quien tiene que pagar la fiesta es aquel que, disponiendo de transporte público gratuito, decide adoptar un medio contaminante. Los resultados del estudio del Ayuntamiento de París se conocerán a fin de año. En ese momento, sabremos si la idea de Hidalgo y su equipo es una alternativa viable o una cortina de humo para tapar otros problemas, como asegura la oposición.

Ya se eriza el vello del cuerpo al pensar en lo que viene. Falta un año para las elecciones municipales y bastante menos para que comiencen las boutades de campaña y las promesas tragicómicas.

Es inexplicable cómo pudo caer en saco roto una propuesta como la de Antonio Miguel Carmona (candidato a la alcaldía por el PSM), que soñaba con prístina clarividencia con el madrileño común pasando los domingos en el lago de la Casa de Campo jaleando batallas navales. ¿Cómo es posible que no arrasara en las urnas?

Por mucho que lo de las naumaquias pudiera parecer un pasaporte perpetuo a la alcaldía de Madrid, hay propuestas mucho mejores. La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, se está pensando muy seriamente la gratuidad del transporte público. ¿Una locura? Quizás no.

Como cuenta Citylab, el Ayuntamiento de París ha comenzado a estudiar la viabilidad económica de la medida. El coste anual del servicio es de 6.000 millones de euros anuales, pero desde la institución, afirman que los beneficios podrían ser mayores: un aire más limpio, una amplia reducción del gasto sanitario causado por problemas derivados de la contaminación o un posible aumento de la inversión causada por el atractivo de una ciudad tan apacible.

Esos 6.000 millones de euros, en cualquier caso, tienen que ser pagados por alguien. Una posibilidad sería la de adoptar un sistema similar al londinense, que cobra una cuota a cada vehículo con motor que quiera acceder a las zonas congestionadas.

El experimento ha funcionado en otras ciudades. El problema es que ninguna de esas ciudades tenía el tamaño y la densidad de París. De hecho, la mayor ciudad que lo ha conseguido es Tallin, la capital de Estonia, que lo ha hecho en parte debido a una transferencia de impuestos nacionales a las arcas municipales.

Parece claro, en cualquier caso, que quien tiene que pagar la fiesta es aquel que, disponiendo de transporte público gratuito, decide adoptar un medio contaminante. Los resultados del estudio del Ayuntamiento de París se conocerán a fin de año. En ese momento, sabremos si la idea de Hidalgo y su equipo es una alternativa viable o una cortina de humo para tapar otros problemas, como asegura la oposición.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Empleados sobrecualificados, ¿bendición o lastre para las empresas?
Cuando el sadomasoquismo es sostenible
Slavoj Zizek: «El matrimonio entre capitalismo y democracia se está acabando»
El lore: las historias escondidas en los videojuegos
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 4
  • También hay que contabilizar todos los costes derivados de los controles que supone un sistema de pago: billetes, vendedores, controladores para evitar a los que se cuelan…

    Es como lo del copago de las recetas, que los sistemas de control costaban tanto como lo que se iba a recaudar…

  • Esa es la question….todos piensan, que lo pague el otro. Siempre hay quien pudiese pagar con mas facilidad que uno porque nadie piensa el o ella es rico. No se enganen. No hay tantos ricos. Finalmente el procesamiento de los costos benefician a los que controlan el proceso. Y si son de los protegidos por los contratos de gremios, peor todavia.

  • Si bien no es gratuito porque lo pagamos con nuestros impuestos, tambien depende de la educación de la población, quizás en algunos países funcione perfectamente, en otros como , desgraciadamente pasa en España, hay demasiado desagradecido que se dedica a dañar sin motivo todo lo publico. y lo privado. posiblemente con un cambio en la educacion esto pueda ser posible para la proxima generacion pero aqui como a cada momento que cambia el partido que nos gobiernan cambia el sistema educativo a beneficio de sus ideales, de momento es algo que parece inalcanzable.

  • Me temo que la solución no es tan evidente, y aún menos para el caso de megaurbes como París o Madrid, que además son ciudades muy turísticas, por lo que quizá sólo podrían ser gratis para los residentes; el tamaño importa pues implica mucha complejidad. Para empezar, el transporte público, incluso si éste es eléctrico, también emite partículas; aparte de las micropartículas y el NOx del gasoil están las micropartículas producidas por el desgaste de neumáticos y frenos. Pero el principal escollo que cabe adivinar es que la gratuidad impulsaría un uso mayor del trasnporte público, como si tuviera lugar una manifestación de la Paradoja de Jeavons, la que explica que durante la revolución industrial, al mejorarse sustancialmente la eficiencia (y fiabilidad) de las primitivas máquinas de vapor, gracias sobre todo al regulador centrífugo, el consumo de carbón se disparó (en lugar de reducirse), pues al disponerse de una tecnología más eficiente (y rentable), los usos potenciales de la misma se disparan.
    Con el transporte gratis podría pasar algo parecido; este uso más intensivo (previsiblemetne para desplazamientos muchas veces totalmente evitables) dará lugar a un encarecimeinto progresivo y una pérdida de calidad del servicio, por lo que muchos ciudadanos empezarían a dejar de usarlo (a menos que se elimine la posibilidad de otras opciones, lo cual resultaría mucho más impopular que ofrecer algo gratis. En fin, que no es una cuestión simple, en absoluto. Sin embargo, creo adivinar algunas alternativas realmente más eficaces y ecológicas, como la reducción de las necesidades de transporte gracias a nuevas tecnologías.
    En mi blog ( https://eidonxplorer.blogspot.com/ ) lo explico un poco más.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *