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24 de julio 2018    /   CIENCIA
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Los trastornos mentales surgidos por y para el arte

24 de julio 2018    /   CIENCIA     por          
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Algunas sustancias químicas del cerebro, en proporciones anormales, generan estados de ánimo poco convencionales. Los autores que padecen algún desarreglo neuroquímico pueden catalizar un tipo de arte que, de otra forma, probablemente, nunca se hubiese alumbrado. Hablamos de la locura como fuente de inspiración del arte de forma bidireccional, no solo para producirlo, sino para fomentar, popularizar y compartimentar la locura.

Algunos expertos, como Thomas Armstrong, autor del libro El poder de la neurodiversidad, llegan a sostener con argumentos de connotaciones fáusticas que el desarrollo de fármacos para curar dichos trastornos ha tenido necesariamente que reducir la creatividad en el campo del arte.

Según científicos de la Universidad de Oxford, por ejemplo, los cómicos suelen presentar rasgos similares a los de las personas diagnosticadas de esquizofrenia o trastorno bipolar. El psicólogo Gordon Claridge ha llegado a escribir: «La psicosis, en su forma más leve, podría aumentar la capacidad de asociar ideas raras y conexiones originales propias de los cerebros más creativos».

Por ejemplo, cuando en 1967 llegó el primer auténtico estabilizador del estado de ánimo, el litio, una sal capaz de controlar el reloj interno del cuerpo, probablemente redujo las posibilidades de muchos poetas que abrevaban en el pozo de la locura para escribir, tal y como sugieren Sam Kean en La cuchara menguante:

Muchos artistas dicen sentirse aplacados o tranquilizados con el litio. (…) No cabe duda de que su poesía cambió después de 1967, que se tornó más áspera e intencionadamente menos trabajada.

De igual modo, el arte es también un generador de trastornos, y una rica fuente de términos para bautizar estos y otros ámbitos de la psicología. Veamos unos cuantos ejemplos llamativos.

Efecto Pollyanna

Cuando se le solicita a una persona que produzca palabras espontáneamente, tenderá a decantarse por palabras positivas y menos por negativas. Es un efecto psicológico ampliamente estudiado, y que recibió este nombre por una novela de Eleanor H. Porter publicada en el año 1913. La protagonista, llamada Pollyanna, es una niña que siempre ve el lado positivo de las cosas. De hecho, las primeras palabras que menciona en el libro son: «Estoy tan, pero tan contenta de verte».

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Síndrome de Peter Pan

Peter Pan se refugió en el País de Nunca Jamás para no crecer, según cuenta James Matthew Barrie. Por ello, el doctor Dan Kiley recurrió a este nombre para explicar el comportamiento de las personas mentalmente inmaduras.

Efecto Macbeth

Este efecto psicológico describe cómo la gente, en general, se siente literalmente sucia después de haber cometido una transgresión moral. Un estudio realizado por Katie Liljenquist, de la Universidad Brigham Young (Utah), sugería que las personas que recordaban haber cometido alguna fechoría en el pasado tendían a elegir una toallita antiséptica como regalo después del estudio.

En el año 2011, otro estudio de Erik Helzer y David Pizarro sugería que la gente a la que se le recordaba la limpieza física se mostraba posteriormente más severa en sus juicios morales.

El origen del término procede de la obra de Shakespeare, Macbeth: el sentimiento de culpa del protagonista tras asesinar al rey es tan profundo que, a pesar de lavar la sangre de sus manos, seguía viéndolas ensangrentadas.

Síndrome del Dr. Strangelove

Este raro trastorno neurológico provoca que una de las dos manos del paciente funcione por libre, anárquicamente, como si tuviera vida propia. La enfermedad fue descrita por primera vez en 1908 en un paciente que había sufrido un infarto cerebral en el hemisferio derecho.

En realidad, el paciente sí que tiene control de su mano, pero él percibe que no es así y que esa mano le es ajena, lo que complica considerablemente cualquier acto cotidiano, como desabotonar una camisa.

En ocasiones, la mano puede obrar de formas que el propio paciente ignora. El nombre del trastorno procede de la película ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de Stanley Kubrick, en la que el doctor Strangelove, interpretado por un histriónico Peter Sellers, tenía un brazo protésico que tendía a ejecutar el saludo nazi motu proprio.

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Síndrome Huckelberry Finn

Este síndrome se caracteriza porque el niño evade sus responsabilidades, optando por seguir haciendo siempre travesuras sin síntoma de cambio o evolución. El nombre se inspiró en el personaje de Mark Twain, un niño que no puede encajar en la sociedad.

Efecto Baskerville

En uno de los relatos de Arthur Conan Doyle protagonizado por Sherlock Holmes, El sabueso de los Baskerville, un personaje sufre un ataque al corazón y fallece tras la visión de un perro demoníaco.

El efecto Baskerville fue bautizado así por David Phillips, un sociólogo de la Universidad de California, en San Diego, al descubrir que el cuarto día de cada mes moría mucha más gente en Estados Unidos con antepasados japoneses y chinos.

La razón, al parecer, era solo el miedo, el yuyu, pues la cifra cuatro tiene connotaciones funestas en dichas culturas. De hecho, en mandarín, en cantonés y en japonés las palabras que se usan para decir cuatro y muerte son casi idénticas. Actualmente, el término técnico para designar la muerte por miedo o por estrés del efecto Baskerville es muerte psicofisiológica.

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Complejo de Edipo

El origen de este complejo, caracterizado por la atracción incestuosa del niño hacia su padre o madre, es impreciso. Sin embargo, se conviene que Sigmund Freud tomó la idea de bautizar así el complejo de la tragedia griega Edipo, de Sófocles, donde este rey de Tebas, sin saberlo, mató a su propio padre y desposó a su madre.

Síndrome de Münchhausen

Con aires quijotescos, Karl Friedrich Hieronymus Freiherr von Münchhausen, más conocido por Barón von Münchhausen, fue un militar alemán que vivió en el siglo XVIII conocido por sus excentricidades y su fanfarronería a la hora de contar sus gestas, que aderezaba con diversos detalles inverosímiles.

La gente que sufre síndrome de Münchausen se inventa padecimientos propios o ajenos para ganar protagonismo frente a médicos y allegados. A diferencia del hipocondriaco, los enfermos con síndrome de Münchausen saben que no están enfermos, y su intención reside en llamar la atención.

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Síndrome de Stendhal

Quienes sufren taquicardias, confusión y mareos frente a la exposición de una obra de arte o una profusión de piezas maestras en un mismo lugar pueden ser víctimas de este síndrome.

La psiquiatra Graziella Magherini halló este delirio en turistas que al contemplar Florencia experimentaban una crisis de pánico semejante a la que sufrió el escritor Stendhal al visitar la basílica de la Santa Cruz: «La vida estaba agotada en mí».

Síndrome de Otelo

En la tragedia de Shakespeare, Otelo es el único que ha logrado conquistar a Desdémona, pero los rumores deslizados por Yago y Casio hacen que desconfíe de su mujer y acabe por quitarle la vida. Por consiguiente, este síndrome caracteriza a personas que son extremadamente celosas.

Síndrome de Rapunzel

Es una rara obsesión que consiste en comerse el propio cabello, por ello este nombre procede de un cuento de los hermanos Grimm de connotaciones capilares, en el que Rapunzel es una princesa que usa su larga caballera para que su príncipe rescatador pueda trepar por ella y salvarla de su encierro en una alta torre.

Científicamente hablando, la enfermedad se conoce como tricofagia. Aparece descrita en la literatura médica por primera vez en 1889.

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Síndrome de Pickwick

En la novela de Charles Dickens Los papeles póstumos del Club Pickwick, el escritor describe cómo siempre se queda dormido un niño obeso, por lo que los especialistas empezaron a llamar así al síndrome caracterizado por una profunda somnolencia que aqueja a los pacientes con obesidad.

Complejo de Cenicienta

Fue el doctor Peter K. Lewin, quien, en 1976, estableció el trastorno que aparece en algunos niños que aseguran que sus padres adoptivos les maltratan a pesar de ser mentira. Para ello se inspiró en el cuento de los hermanos Grimm, donde Cenicienta vive bajo el yugo de su madrastra y sus hermanastras.

Síndrome Madame Bovary

Quienes viven crónicamente insatisfechos con sus vidas, con independencia de la suerte que corran estas, pueden estar padeciendo este síndrome cuyo nombre se inspiró en la novela de Gustave Flaubert, Madame Bovary.

En ella, se nos presenta una mujer que no ceja en el empeño de escapar de su matrimonio persiguiendo un amor ideal ilusorio.

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Algunas sustancias químicas del cerebro, en proporciones anormales, generan estados de ánimo poco convencionales. Los autores que padecen algún desarreglo neuroquímico pueden catalizar un tipo de arte que, de otra forma, probablemente, nunca se hubiese alumbrado. Hablamos de la locura como fuente de inspiración del arte de forma bidireccional, no solo para producirlo, sino para fomentar, popularizar y compartimentar la locura.

Algunos expertos, como Thomas Armstrong, autor del libro El poder de la neurodiversidad, llegan a sostener con argumentos de connotaciones fáusticas que el desarrollo de fármacos para curar dichos trastornos ha tenido necesariamente que reducir la creatividad en el campo del arte.

Según científicos de la Universidad de Oxford, por ejemplo, los cómicos suelen presentar rasgos similares a los de las personas diagnosticadas de esquizofrenia o trastorno bipolar. El psicólogo Gordon Claridge ha llegado a escribir: «La psicosis, en su forma más leve, podría aumentar la capacidad de asociar ideas raras y conexiones originales propias de los cerebros más creativos».

Por ejemplo, cuando en 1967 llegó el primer auténtico estabilizador del estado de ánimo, el litio, una sal capaz de controlar el reloj interno del cuerpo, probablemente redujo las posibilidades de muchos poetas que abrevaban en el pozo de la locura para escribir, tal y como sugieren Sam Kean en La cuchara menguante:

Muchos artistas dicen sentirse aplacados o tranquilizados con el litio. (…) No cabe duda de que su poesía cambió después de 1967, que se tornó más áspera e intencionadamente menos trabajada.

De igual modo, el arte es también un generador de trastornos, y una rica fuente de términos para bautizar estos y otros ámbitos de la psicología. Veamos unos cuantos ejemplos llamativos.

Efecto Pollyanna

Cuando se le solicita a una persona que produzca palabras espontáneamente, tenderá a decantarse por palabras positivas y menos por negativas. Es un efecto psicológico ampliamente estudiado, y que recibió este nombre por una novela de Eleanor H. Porter publicada en el año 1913. La protagonista, llamada Pollyanna, es una niña que siempre ve el lado positivo de las cosas. De hecho, las primeras palabras que menciona en el libro son: «Estoy tan, pero tan contenta de verte».

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Síndrome de Peter Pan

Peter Pan se refugió en el País de Nunca Jamás para no crecer, según cuenta James Matthew Barrie. Por ello, el doctor Dan Kiley recurrió a este nombre para explicar el comportamiento de las personas mentalmente inmaduras.

Efecto Macbeth

Este efecto psicológico describe cómo la gente, en general, se siente literalmente sucia después de haber cometido una transgresión moral. Un estudio realizado por Katie Liljenquist, de la Universidad Brigham Young (Utah), sugería que las personas que recordaban haber cometido alguna fechoría en el pasado tendían a elegir una toallita antiséptica como regalo después del estudio.

En el año 2011, otro estudio de Erik Helzer y David Pizarro sugería que la gente a la que se le recordaba la limpieza física se mostraba posteriormente más severa en sus juicios morales.

El origen del término procede de la obra de Shakespeare, Macbeth: el sentimiento de culpa del protagonista tras asesinar al rey es tan profundo que, a pesar de lavar la sangre de sus manos, seguía viéndolas ensangrentadas.

Síndrome del Dr. Strangelove

Este raro trastorno neurológico provoca que una de las dos manos del paciente funcione por libre, anárquicamente, como si tuviera vida propia. La enfermedad fue descrita por primera vez en 1908 en un paciente que había sufrido un infarto cerebral en el hemisferio derecho.

En realidad, el paciente sí que tiene control de su mano, pero él percibe que no es así y que esa mano le es ajena, lo que complica considerablemente cualquier acto cotidiano, como desabotonar una camisa.

En ocasiones, la mano puede obrar de formas que el propio paciente ignora. El nombre del trastorno procede de la película ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de Stanley Kubrick, en la que el doctor Strangelove, interpretado por un histriónico Peter Sellers, tenía un brazo protésico que tendía a ejecutar el saludo nazi motu proprio.

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Síndrome Huckelberry Finn

Este síndrome se caracteriza porque el niño evade sus responsabilidades, optando por seguir haciendo siempre travesuras sin síntoma de cambio o evolución. El nombre se inspiró en el personaje de Mark Twain, un niño que no puede encajar en la sociedad.

Efecto Baskerville

En uno de los relatos de Arthur Conan Doyle protagonizado por Sherlock Holmes, El sabueso de los Baskerville, un personaje sufre un ataque al corazón y fallece tras la visión de un perro demoníaco.

El efecto Baskerville fue bautizado así por David Phillips, un sociólogo de la Universidad de California, en San Diego, al descubrir que el cuarto día de cada mes moría mucha más gente en Estados Unidos con antepasados japoneses y chinos.

La razón, al parecer, era solo el miedo, el yuyu, pues la cifra cuatro tiene connotaciones funestas en dichas culturas. De hecho, en mandarín, en cantonés y en japonés las palabras que se usan para decir cuatro y muerte son casi idénticas. Actualmente, el término técnico para designar la muerte por miedo o por estrés del efecto Baskerville es muerte psicofisiológica.

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Complejo de Edipo

El origen de este complejo, caracterizado por la atracción incestuosa del niño hacia su padre o madre, es impreciso. Sin embargo, se conviene que Sigmund Freud tomó la idea de bautizar así el complejo de la tragedia griega Edipo, de Sófocles, donde este rey de Tebas, sin saberlo, mató a su propio padre y desposó a su madre.

Síndrome de Münchhausen

Con aires quijotescos, Karl Friedrich Hieronymus Freiherr von Münchhausen, más conocido por Barón von Münchhausen, fue un militar alemán que vivió en el siglo XVIII conocido por sus excentricidades y su fanfarronería a la hora de contar sus gestas, que aderezaba con diversos detalles inverosímiles.

La gente que sufre síndrome de Münchausen se inventa padecimientos propios o ajenos para ganar protagonismo frente a médicos y allegados. A diferencia del hipocondriaco, los enfermos con síndrome de Münchausen saben que no están enfermos, y su intención reside en llamar la atención.

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Síndrome de Stendhal

Quienes sufren taquicardias, confusión y mareos frente a la exposición de una obra de arte o una profusión de piezas maestras en un mismo lugar pueden ser víctimas de este síndrome.

La psiquiatra Graziella Magherini halló este delirio en turistas que al contemplar Florencia experimentaban una crisis de pánico semejante a la que sufrió el escritor Stendhal al visitar la basílica de la Santa Cruz: «La vida estaba agotada en mí».

Síndrome de Otelo

En la tragedia de Shakespeare, Otelo es el único que ha logrado conquistar a Desdémona, pero los rumores deslizados por Yago y Casio hacen que desconfíe de su mujer y acabe por quitarle la vida. Por consiguiente, este síndrome caracteriza a personas que son extremadamente celosas.

Síndrome de Rapunzel

Es una rara obsesión que consiste en comerse el propio cabello, por ello este nombre procede de un cuento de los hermanos Grimm de connotaciones capilares, en el que Rapunzel es una princesa que usa su larga caballera para que su príncipe rescatador pueda trepar por ella y salvarla de su encierro en una alta torre.

Científicamente hablando, la enfermedad se conoce como tricofagia. Aparece descrita en la literatura médica por primera vez en 1889.

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Síndrome de Pickwick

En la novela de Charles Dickens Los papeles póstumos del Club Pickwick, el escritor describe cómo siempre se queda dormido un niño obeso, por lo que los especialistas empezaron a llamar así al síndrome caracterizado por una profunda somnolencia que aqueja a los pacientes con obesidad.

Complejo de Cenicienta

Fue el doctor Peter K. Lewin, quien, en 1976, estableció el trastorno que aparece en algunos niños que aseguran que sus padres adoptivos les maltratan a pesar de ser mentira. Para ello se inspiró en el cuento de los hermanos Grimm, donde Cenicienta vive bajo el yugo de su madrastra y sus hermanastras.

Síndrome Madame Bovary

Quienes viven crónicamente insatisfechos con sus vidas, con independencia de la suerte que corran estas, pueden estar padeciendo este síndrome cuyo nombre se inspiró en la novela de Gustave Flaubert, Madame Bovary.

En ella, se nos presenta una mujer que no ceja en el empeño de escapar de su matrimonio persiguiendo un amor ideal ilusorio.

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