23 de enero 2013    /   CINE/TV
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Hay orgullo en la calle Bourbon

23 de enero 2013    /   CINE/TV     por          
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Treme
«Hay orgullo en la calle Bourbon» (en el barrio francés de Nueva Orleans) dice un negro en cada esquina en la serie Treme de David Simon.

Katrina destrozó casas y negocios,
pero los sueños quedan,
aunque el fango quiera enterrarlos.
Las paredes están oscurecidas por lo que pasó,
el ejército está en las calles,
los turistas miran Nueva Orleans
como un circo de monstruos.
“Tócame When The Saints Go Marching In», dicen los turistas a los músicos callejeros. «Queremos sentir que estamos en Nueva Orleans. ¿Cuánto pedís?”.
Y los músicos juran que tocarán el “go marching in” más auténtico, como acabado de macerar en las entrañas de Nueva Orleans. Música para turistas.  La clase turista que viaja para conocer cosas nuevas, y acaba comiendo exactamente los mismos platos que puede prepararse en casa o pedir por teléfono o escucha lo machacado por el cine y la publicidad.
Unos dólares por unos acordes, pero hay orgullo en la calle Bourbon del barrio francés; hay orgullo en Treme, otro barrio castigado —centro de la narración de Simon—, hay orgullo en Nueva Orleans. La tragedia castiga a los pobres por igual.
Hay quienes escriben en Internet lo importante es levantarse después de una caída. En la serie Treme no lo cuentan: los personajes cogen las escobas y retiran escombros. Reinventan los sueños. David Simon es el mago de todo esto. Un mago que no muestra sus trucos. Permanece escondido tras los personajes. Parece decirnos: Así son en Treme: ni buenos ni malos, músicos, escritores, mujeres que reconstruyen negocios aún con tejados destrozados, practicantes de ritos ancestrales africanos para la buena suerte, vividores, soñadores, pecadores, santos, supervivientes, cigarras y hormigas a la vez, ejemplo sin querer ser ejemplo de cómo seguir adelante. Y todo ello sin aspavientos, sin lágrimas baratas, sin tiros, sin piruetas escénicas, sin cliffhangers baratos (oh, qué pasará), con jazz, jazz del bueno. Treme es un sistema de voluntades en marcha.
David Simon con su ficción se comporta como un camarógrafo. Quizá en en Treme muestre la realidad mejor que los telediarios.
Hay orgullo en Nueva Orleans porque sus inquilinos vuelven a levantarse, porque no son culpables de sus casas baratas, no son culpables de la devastación creada por Katrina.
Los políticos no son culpables, por esta vez, pero han sido negligentes. Las obras públicas para contener en lo posible las fuerzas de la naturaleza no llegaron. La clase política es así: legisla, decreta, ordena construir a golpe de desgracia, en un momento sentimental (cámara por delante), encuestas de popularidad en horas bajas (detrás de las cámaras).
Políticos que mantiene el ejército en las calles (para contribuir al orden), que mantiene en las calles una policía que encarcela sin misericordia a un tipo por ser el último en dar una calada a un porro compartido en grupo, por ser negro, por ser trompetista, por ser hijo de Treme. Detenciones para la galería.
Hay orgullo, dicen en Nueva Orleans los que se quedan porque quieren o porque no pueden ir a otra parte, pero aún así, se autoconvencen de que hay que levantarse. Los cobardes, los indolentes se marchan.
Se queda Creighton Bernette escritor que guarda en un cajón una novela sobre la otra gran inundación. Estamos a tiempos para que se evite una nueva desgracia, dice a quién quiera escucharle.
Ladonna
Se quedan mujeres emprendedoras como la hermosa y serena LaDonna Batiste-Williams, dueña de una taberna medio destrozada, o Janette Desautel dueña de un restaurante. Resulta curioso que las mujeres escogen levantar sus negocios, levantar la ciudad, mientras los hombres siguen con sus sueños.
Se queda Albert Lambreaux, medio chamán, uno de los pilares de la comunidad cuando la comunidad no puede confiar en los que mandan oficialmente.
Se queda Antoine Batiste, ex marido de Ladonna, amante de Ladonna, mujeriego, juerguista, músico magistral («No te fíes de los músicos», dice Tony Curtis a Marilyn Monroe en Con faldas y a lo loco). Personaje redondo: cliché de la imagen distorsionada que parte del público tiene de los músicos y a la vez humano, demasiado humano.
Se queda David Simon una temporada más, sin hacer ruido. Faltas tú, si no has tomado el tren a Nueva Orleans.
Cuando la Treme de ficción desaparezca tomará cuerpo como The Wire, conocerá tesis doctorales. Cuando los zombis, los monstruos y los caballeros medievales de mentira sean poco menos que un vago recuerdo, Treme seguirá ganándose a la gente, con jazz y personajes voluntariosos, emprendedores con la calle como maestra.
——————————————————————————————–
Fe de errores: Una inteligente lectora me hace ver por correo electrónico mis olvidos con Treme. Gracias, Marien López.
1. Javier, acabo de leer tu artículo da a entender que la calle Bourbon está en Treme, pero está en el barrio francés, Treme es otro barrio diferente.
2. Creighton Bernette no era un escritor inédito, ya le habían publicado otra novela, la de la gran inundación sería su segunda.

Treme
«Hay orgullo en la calle Bourbon» (en el barrio francés de Nueva Orleans) dice un negro en cada esquina en la serie Treme de David Simon.

Katrina destrozó casas y negocios,
pero los sueños quedan,
aunque el fango quiera enterrarlos.
Las paredes están oscurecidas por lo que pasó,
el ejército está en las calles,
los turistas miran Nueva Orleans
como un circo de monstruos.
“Tócame When The Saints Go Marching In», dicen los turistas a los músicos callejeros. «Queremos sentir que estamos en Nueva Orleans. ¿Cuánto pedís?”.
Y los músicos juran que tocarán el “go marching in” más auténtico, como acabado de macerar en las entrañas de Nueva Orleans. Música para turistas.  La clase turista que viaja para conocer cosas nuevas, y acaba comiendo exactamente los mismos platos que puede prepararse en casa o pedir por teléfono o escucha lo machacado por el cine y la publicidad.
Unos dólares por unos acordes, pero hay orgullo en la calle Bourbon del barrio francés; hay orgullo en Treme, otro barrio castigado —centro de la narración de Simon—, hay orgullo en Nueva Orleans. La tragedia castiga a los pobres por igual.
Hay quienes escriben en Internet lo importante es levantarse después de una caída. En la serie Treme no lo cuentan: los personajes cogen las escobas y retiran escombros. Reinventan los sueños. David Simon es el mago de todo esto. Un mago que no muestra sus trucos. Permanece escondido tras los personajes. Parece decirnos: Así son en Treme: ni buenos ni malos, músicos, escritores, mujeres que reconstruyen negocios aún con tejados destrozados, practicantes de ritos ancestrales africanos para la buena suerte, vividores, soñadores, pecadores, santos, supervivientes, cigarras y hormigas a la vez, ejemplo sin querer ser ejemplo de cómo seguir adelante. Y todo ello sin aspavientos, sin lágrimas baratas, sin tiros, sin piruetas escénicas, sin cliffhangers baratos (oh, qué pasará), con jazz, jazz del bueno. Treme es un sistema de voluntades en marcha.
David Simon con su ficción se comporta como un camarógrafo. Quizá en en Treme muestre la realidad mejor que los telediarios.
Hay orgullo en Nueva Orleans porque sus inquilinos vuelven a levantarse, porque no son culpables de sus casas baratas, no son culpables de la devastación creada por Katrina.
Los políticos no son culpables, por esta vez, pero han sido negligentes. Las obras públicas para contener en lo posible las fuerzas de la naturaleza no llegaron. La clase política es así: legisla, decreta, ordena construir a golpe de desgracia, en un momento sentimental (cámara por delante), encuestas de popularidad en horas bajas (detrás de las cámaras).
Políticos que mantiene el ejército en las calles (para contribuir al orden), que mantiene en las calles una policía que encarcela sin misericordia a un tipo por ser el último en dar una calada a un porro compartido en grupo, por ser negro, por ser trompetista, por ser hijo de Treme. Detenciones para la galería.
Hay orgullo, dicen en Nueva Orleans los que se quedan porque quieren o porque no pueden ir a otra parte, pero aún así, se autoconvencen de que hay que levantarse. Los cobardes, los indolentes se marchan.
Se queda Creighton Bernette escritor que guarda en un cajón una novela sobre la otra gran inundación. Estamos a tiempos para que se evite una nueva desgracia, dice a quién quiera escucharle.
Ladonna
Se quedan mujeres emprendedoras como la hermosa y serena LaDonna Batiste-Williams, dueña de una taberna medio destrozada, o Janette Desautel dueña de un restaurante. Resulta curioso que las mujeres escogen levantar sus negocios, levantar la ciudad, mientras los hombres siguen con sus sueños.
Se queda Albert Lambreaux, medio chamán, uno de los pilares de la comunidad cuando la comunidad no puede confiar en los que mandan oficialmente.
Se queda Antoine Batiste, ex marido de Ladonna, amante de Ladonna, mujeriego, juerguista, músico magistral («No te fíes de los músicos», dice Tony Curtis a Marilyn Monroe en Con faldas y a lo loco). Personaje redondo: cliché de la imagen distorsionada que parte del público tiene de los músicos y a la vez humano, demasiado humano.
Se queda David Simon una temporada más, sin hacer ruido. Faltas tú, si no has tomado el tren a Nueva Orleans.
Cuando la Treme de ficción desaparezca tomará cuerpo como The Wire, conocerá tesis doctorales. Cuando los zombis, los monstruos y los caballeros medievales de mentira sean poco menos que un vago recuerdo, Treme seguirá ganándose a la gente, con jazz y personajes voluntariosos, emprendedores con la calle como maestra.
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Fe de errores: Una inteligente lectora me hace ver por correo electrónico mis olvidos con Treme. Gracias, Marien López.
1. Javier, acabo de leer tu artículo da a entender que la calle Bourbon está en Treme, pero está en el barrio francés, Treme es otro barrio diferente.
2. Creighton Bernette no era un escritor inédito, ya le habían publicado otra novela, la de la gran inundación sería su segunda.

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Opiniones 4
    • No me acaba de flipar Treme. No se que es. En la segunda temporada me acabé aburriendo. Soy muy fan de Simón pero no se porque no me acaba de enganchar. Quizá necesita una segunda oportunidad o quizá tenga algo que ver que no soy especialmente fan del jazz 🙂

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