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19 de marzo 2019    /   IDEAS
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¿Por qué triunfan los mediocres?

19 de marzo 2019    /   IDEAS     por          
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La mediocridad es un arte. Al menos, eso piensan los mediocres. Un arte cuyo único objetivo es la supervivencia. Ya sea esta laboral, emocional o social.

«En el país de los ciegos, el tuerto es el rey». Una frase que hemos escuchado toda la vida y que representa el máximo exponente de la mediocridad. Porque en esta filosofía, el éxito reside en la habilidad de deshacerte de las personas que puedan delatar tus carencias, rodeándote, en cambio, de esas otras que las encubren.

Una de las características que identifica al mediocre es su facilidad para alegrarse ante la desgracia ajena. Esa es la razón por la que ese tipo de personas pasan más tiempo mirando hacia afuera que hacia adentro. Y también, del enorme éxito de muchas noticias sensacionalistas en las que se celebran los fracasos de demás porque sirven para acallar los propios.

Hay otras dos características más que también identifican al mediocre. La primera es su capacidad de camuflaje. Cuando existía el servicio militar obligatorio en España, el primer consejo que te daban al incorporarte a filas era que no fueras «ni el más listo ni el más tonto». Es decir, que estuvieras en «la mitad de la montaña», que es el sentido original que le da el latín a esta palabra.

La segunda característica es su habilidad para no implicarse. Es lo que Karel Kosik, en su libro El hombre nuevo, llamaba «el alma bella». El alma bella es aquella persona que, al no tomar decisión alguna, está exenta de cometer errores. Lo cual le permite, al mismo tiempo, poder criticar a cualquier otra que los cometa.

Por eso la mediocridad ha terminado convirtiéndose en una forma de éxito. Somerset Maugham decía que «solo una persona mediocre está siempre en su mejor momento». Jamás triunfa, pero jamás fracasa. Y eso le permite, especialmente en épocas de crisis donde los errores tienen mayores consecuencias, ser valorada como alguien menos brillante, pero más controlable.

En el mundo empresarial y político es donde los mediocres mejor se desenvuelven. Porque en ellos, su labor no consiste tanto en prosperar como en evitar que otros prosperen. Una estrategia que le puede permitir incluso llegar a algún puesto de responsabilidad. Y una vez en el mismo, todo le resultará más fácil. Ya solo tiene crear un equipo formado por personas jamás le hagan sombra.

Los norteamericanos tienen una forma jocosa de describir este escenario: «¿Sabes cuál es el secreto del éxito? Busca una persona ambiciosa, inteligente, trabajadora, capaz de sustituirte… y despídela».

Esta obsesión puede alcanzar tal nivel de vileza que, en algunos casos, cuando dejan su puesto y eligen a un sucesor, aterrados ante la idea de que su mediocridad pueda quedar desenmascarada ante los aciertos del mismo, suelen nombrar a alguien más mediocre todavía. Ejemplos tenemos muchos y seguro que ahora mismo se te ocurren unos cuantos.

El problema es que tanto los partidos políticos como las empresas pueden soportar un número determinado de mediocres. Sobrepasado el mismo, esas instituciones inevitablemente se colapsan. Pero para entonces, el mediocre que dio origen a todo ello ya no se siente responsable. Más aun, para su satisfacción personal, lo normal es que llegue a creerse que eso ha sucedido precisamente porque él ya no está en el cargo.

Ese es el último pecado del mediocre. El intentar persistir en la memoria de los demás a partir de la hecatombe que se produce tras su ausencia. Y todo porque en su miserable vida jamás tuvo en cuenta lo que su día nos anunciara Borges: «Todos caminamos hacia el anonimato, solo que los mediocres llegan un poco antes».

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Una de las características que identifica al mediocre es su facilidad para alegrarse ante la desgracia ajena. Esa es la razón por la que ese tipo de personas pasan más tiempo mirando hacia afuera que hacia adentro. Y también, del enorme éxito de muchas noticias sensacionalistas en las que se celebran los fracasos de demás porque sirven para acallar los propios.

Hay otras dos características más que también identifican al mediocre. La primera es su capacidad de camuflaje. Cuando existía el servicio militar obligatorio en España, el primer consejo que te daban al incorporarte a filas era que no fueras «ni el más listo ni el más tonto». Es decir, que estuvieras en «la mitad de la montaña», que es el sentido original que le da el latín a esta palabra.

La segunda característica es su habilidad para no implicarse. Es lo que Karel Kosik, en su libro El hombre nuevo, llamaba «el alma bella». El alma bella es aquella persona que, al no tomar decisión alguna, está exenta de cometer errores. Lo cual le permite, al mismo tiempo, poder criticar a cualquier otra que los cometa.

Por eso la mediocridad ha terminado convirtiéndose en una forma de éxito. Somerset Maugham decía que «solo una persona mediocre está siempre en su mejor momento». Jamás triunfa, pero jamás fracasa. Y eso le permite, especialmente en épocas de crisis donde los errores tienen mayores consecuencias, ser valorada como alguien menos brillante, pero más controlable.

En el mundo empresarial y político es donde los mediocres mejor se desenvuelven. Porque en ellos, su labor no consiste tanto en prosperar como en evitar que otros prosperen. Una estrategia que le puede permitir incluso llegar a algún puesto de responsabilidad. Y una vez en el mismo, todo le resultará más fácil. Ya solo tiene crear un equipo formado por personas jamás le hagan sombra.

Los norteamericanos tienen una forma jocosa de describir este escenario: «¿Sabes cuál es el secreto del éxito? Busca una persona ambiciosa, inteligente, trabajadora, capaz de sustituirte… y despídela».

Esta obsesión puede alcanzar tal nivel de vileza que, en algunos casos, cuando dejan su puesto y eligen a un sucesor, aterrados ante la idea de que su mediocridad pueda quedar desenmascarada ante los aciertos del mismo, suelen nombrar a alguien más mediocre todavía. Ejemplos tenemos muchos y seguro que ahora mismo se te ocurren unos cuantos.

El problema es que tanto los partidos políticos como las empresas pueden soportar un número determinado de mediocres. Sobrepasado el mismo, esas instituciones inevitablemente se colapsan. Pero para entonces, el mediocre que dio origen a todo ello ya no se siente responsable. Más aun, para su satisfacción personal, lo normal es que llegue a creerse que eso ha sucedido precisamente porque él ya no está en el cargo.

Ese es el último pecado del mediocre. El intentar persistir en la memoria de los demás a partir de la hecatombe que se produce tras su ausencia. Y todo porque en su miserable vida jamás tuvo en cuenta lo que su día nos anunciara Borges: «Todos caminamos hacia el anonimato, solo que los mediocres llegan un poco antes».

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Opiniones 27
  • Mediocres somos todos, salvo Einstein, Chaplin, Jesucristo, Darwin, Galileo, Gandhi, Hawking, Mari Curie, y alguno más. El resto, es decir el 99% de la población somos mediocres.

    • No creo que todo el mundo sea mediocre. De hecho, la gente más brillante que conozco tiene algo en común: prefieren el anonimato. Basta con pasar por la planta de oncología de un hospital y descubrir la cantidad de hombres y mujeres sabios que habitan por metro cuadrado. Marie Curie y los demás que citas, jugaban en otra liga 🙂 pero por fortuna, sigue habiendo investigadores recluidos en sus laboratorios, de vez en cuando aparecen en alguna revista científica pero eso no aparece ni en YouTube ni en Twitter.

    • muy venerables señores todos ellos. Sobre si eran «mediocres» o no, quizá solo el tiempo diga. No todo estaba en sus descubrimientos. Como cualquier sabe a día de hoy, hay científicos y científicas en la sombra desde hace ya mucho. Eso de la mediocridad, está por encima de todos. O más bien por debajo.

  • ES muy interesante este artículo porque yo siempre me he preguntado por qué todas habían tenido mejor suerte que yo, o sea, que se encuentren con el típico apadrinador y ese igual a mí ni me ayude. Te preguntas: ¿ He hecho algo mal? ¿Debería dar coba màs a menudo? ¿ Convertirme en una interesada? Y no tenía la respuesta, solo una sensación de fracaso. Un gran articulo que puede ayudar a mucha gente a ver las cosas de otro modo.

  • Os invito a leer el microrrelato En defensa de la pragmàtica para que me voteis si os ha gustado. Es el concurso que convoca mensualmente Signo Editores.

  • el mediocre no tiene etica solo deseo y miente si hace falta
    el poder le corrompe cada vez mas

    pero tbn hay gente honesta y valida qe triunfa tal vez no tanto socialmente pero si en su peq proyecto

  • Me encanta…tenéis pluma de oro. Poder reír a primera hora de la mañana con vuestro periodico, y coincida revisando los trocentos mediocres emails, no se puede pedir más…Os felicito.

  • ¿Qué es mediocridad?, dices mientras tuerces el morro cuando te cuento mi alegría. ¿Qué es mediocridad? ¿Y tú me lo preguntas mientras te chispean los ojos de ilusión cuando te cuento mi desgracia? Mediocridad… eres tú. Hasta luego Lucas, te he pillado por los gestos y no por los hechos, porque sencillamente, y espero que no te siente mal… eres cobarde porque eres mediocre.

  • Vaya. !!!
    Gran artículo para reflexionar, especialmente la frase «Busca una persona ambiciosa, inteligente, trabajadora, capaz de sustituirle, … y despídela».

    Pues yo de mediocre no tengo nada y mis capacidades y logros … sólo a base de esfuerzo. Jamás se me ha ocurrido practicar el camuflaje ni el postureo.
    FELICIDADES por el post.

  • Más que un artículo, parece una carta de desahogo sobre un mediocre que el autor no se traga.

    Y como dice el otro comentario, mediocres somos todos, pero eso no significa que también seamos todos pisa-cabezas.

    En cuanto a indirecta, muy buen trabajo.

  • Excelente artículo muy preciso y deja expresado los niveles en los que hombre busca mérito a través de su ignorancia. Hay que concientizar más para no ser tan mediocre, en cierta medida todos tenemos está semilla, al cultivar otros valores está queda ahí pero seca. Gracias por hacernos consciente.

  • Pautas para descubrir a un mediocre: emplea frases que encuentra en páginas donde escriben bonito. Emplea reflexiones que en su día atribuyeron (o no) a personajes ilustres de los que no conoce nada (el nombre, sí), emplea anglicismos pero no podría mantener una conversación en inglés y así hasta el infinito y más allá. Apostar por la humildad y tratar de mejorar día a día debería ser el mantra de cualquier persona normal. Bonito artículo 🙂

  • ¿Por qué triunfan los mediocres?… Por la misma razón que los llevó a abandonar la excelencia en todos los pasos de Yorokobu cuando abandonaron el diseño que tenían hasta hace poco.

    Era un medio que buscaba, y encontraba, la excelencia en todas sus partes; editorial con el excelso contenido de sus redactores/autores/periodistas y diseño con un montaje en la web elegante, práctico, incisivo, diferente y eficaz. Ahora la parte visual y funcional se fue al traste en aras de una mayor eficiencia en buscadores, robots y demás menjurjes pseudo técnicos y virtuales de las redes y eternas vicisitudes de los mundos webianos.

    Es una verdadera lástima que el leer y el ver que se buscan desde las eternidades del tiempo, desde antes de la misma escritura para alcanzar inclusive crearla, se hallan disociados en vuestro otrora apasionante medio.

    Fausto es un pésimo consejero del cual es imposible disociarse una vez entregada el alma.

  • ¿ acaso fue mediocre «La Marsellesa» ….?, o fue el «insigne» Luis, quien con la mediocridad de su saga, propagó a su inacabable prole el espíritu garrapata de aquellos detestables godos, expulsados de por vida de Europa, y que para desgracia de todos, recalaron al sur,muy al Sur, en los confines de occidente…….?.
    El último párrafo del artículo lo considero plenamente acertado

  • Jesucristo! Me hubiera gustado conocer a Jesucristo, para saber, si realmente era especial, por creer realmente lo que predicaba, o era un político mediocre, que decía, lo que la gente necesitaba oír.

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