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28 de febrero 2014    /   CINE/TV
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HBO es una religión y True Detective su último texto canónico

28 de febrero 2014    /   CINE/TV     por          
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El guionista Nic Pizzolatto retoma con True Detective la senda abierta por Chase y Simon en HBO a principios del s. XXI. Por esto, True Detective despierta en el público entusiasmo y rechazo a partes iguales. Los fieles de HBO son reconocibles por decir: «Espera, ten paciencia; no te arrepentirás». Una auténtica fe catódica.

Aviso: Contiene trazas de spoilers.

En True Detective, el nihilista detective Cohle (McConaughey) describe el «mecanismo» de una religión y cómo afecta al cerebro. Su compañero, el detective Hart (Woody Harrelson) —creyente no practicante— escucha y replica. La escena se desarrolla bajo la carpa de un predicador de Luisiana al que deben interrogar en un caso de asesinato. Las palabras de Cohle subrayan imágenes de hombres y mujeres caracterizados como campesinos pobres e ignorantes de la América Profunda.

«… Tienen unas ganas enormes de cuentos de hadas», dice Cohle de los campesinos. «¿Qué puede decirse de una vida… que necesita reunirse y contarse historias que violan las leyes del universo solo para superar cada maldito día?».

De esta manera, Cohle crea una paradoja: la fe popular que cuestiona es la que Pizzolatto pide a los espectadores no convertidos a HBO. Es pronto para situar a True Detective junto a «las grandes», pero sigue el canon: un comienzo árido, elipsis depuradas, minimalismo dramático y morosidad del relato. Una obra para creyentes en HBO.

Los espectadores de HBO buscan cuentos de hadas para adultos (relatos grises). Después, difunden fragmentos de texto e imágenes como verdades; se reúnen en espacios físicos y virtuales para hablar sobre lo que han visto o han creído ver. Los fieles a HBO son conocidos por decir: «Espera al capítulo cuatro (o cinco), no te arrepentirás». Incluso una obra alejada del canon como Juego de Tronos tiene el estigma del cuarto o quinto capítulo.

El detective Cohle, el chamán, el cuentacuentos

Cohle es el chamán que concita la atención del seguidor catódico con el único recurso de la palabra. Chamán como antes Tony Soprano y el detective McNulty. (Tony nos hipnotiza mientras se expone con su discurso a la psicóloga). De modo que Cohle no habla a los jóvenes detectives, nos habla a nosotros, los espectadores. Picamos con sus primeras palabras y su primer cigarrillo. El detective Hart, el otro narrador de la historia, es el invitado que habla en una ceremonia, el telonero.

La «experiencia mística» llega con el cuarto capítulo —siguiendo los cánones—: una escena de violencia en las horas más bajas de los protagonistas. Un espectador que llega a este punto, que ha atravesado el desierto, no abandona el relato.

Cohle (alter ego de Pizzolatto) sabe cuándo hacer avanzar la historia y cuándo dejarla en suspenso. El maná con el que Cohle alimenta en la aridez está formado por pequeñas narraciones. El detective sabe cuándo retomar el interés: «¿Queréis saber la verdad?», «¿Queréis que os hable de…?». El tabaco, la cerveza y los muñecos que Cohle hace recortando latas con la navaja forman parte de la ceremonia. El chamán mueve el palo y Cohle hace figuras de latón.

Cohle y Hart

Los fieles a HBO saben esperar. Conocen el corpus teórico de David Simon (materializado en The Wire), partiendo de Los Soprano de Chase. (Algún día se dirá en televisión, año antes y después de Los Soprano). Simon concibió The Wire como una novela total, y como toda novela, morosa. La novela comienza con una promesa, continua con la colocación de las piezas y avanza sin prisas y sin meta definida. Finalmente, aparece una situación que precisa una decisión drástica; por ejemplo, una escena de violencia, que marca un nuevo rumbo. Por esto, una serie canónica HBO es más cercana a la vida —sin rumbo aparente— que a una serie convencional. Cohle se encarga de recordarlo: no hay un hilo como en las películas; recopila pruebas y habla con la gente hasta que las piezas encajan.

True Detective es el último texto canónico de HBO. Cada capítulo constituye una ceremonia que comienza con la pantalla nevada. Así se coloca a los creyentes en disposición de aceptar una pieza visual «distinta»; al menos, así lo espera el seguidor. («Ver la intro de HBO y darme un subidón; ver que es un episodio de Sexo en Nueva York y venirme abajo», escribió alguien en Twitter).

A continuación, los créditos de True Detective traen a la memoria películas de asesinos paletos, carreteras por el desierto y burdeles en el bosque. Sabor a películas de los 80 y 90 interpretadas por Dennis Hooper con canciones de Chris Isaak. (La sombra de David Lynch es alargada).

True detective, una introducción, una promesa

… Una introducción que es una promesa: «Veréis todo, si seguís con nosotros».

Continúa la narración, morosa, como no podía ser de otra manera. En lugar de las peripecias, True Detective prefiere mostrar las vidas privadas de los personajes. Cómo Marty sobrelleva una doble vida (esposa y amante), y cómo Cohle soporta el día a día con la culpa de la muerte de su hija. A True Detective le interesante más una cena familiar —bastante reveladora— que ver cómo Cohle contacta con un posible testigo, jefe de moteros. «Voy a tener que ir allí y ser visto, establecer contacto», dice el detective Cohle a Marty. A continuación, se suceden escenas domésticas y escenas de oficina antes de que Cohle diga: «La gente me ha estado viendo por ahí durante una semana». Y llega el momento de la acción…

Nic Pizzolatto sabe dónde cortar y pegar, y dónde poner el acelerador y dónde demorarse. Y también cuándo conviene sacarse a Cohle de la chistera para que siga seduciendo con su palabra a la parroquia.

Cuando aparece la violencia no es un espectáculo gratuito. La violencia es grotesca y pretende que el espectador tema por Cohle y por Marty, dos tipos a los que es difícil querer de buenas a primeras.

Cohle dice que los creyentes transfieren el miedo a un recipiente de autoridad superior que absorbe los temores con un discurso y ofrece una catarsis. De la misma manera, los espectadores transfieren sus miedos a HBO, esta los absorbe y los ofrece en forma de series provocando una catarsis.

«Algunos antropólogos de la lingüística creen que la religión es un virus del lenguaje que reescribe las conexiones cerebrales y hace difícil el razonamiento crítico», dice Cohle.

HBO podría ser considerado un virus catódico que reescribe las conexiones cerebrales y hace difícil el razonamiento crítico. Esto explicaría que los seguidores de True Detective no critiquen ciertas incongruencias. Por ejemplo, momentos fuera de los puntos de vista de Cohle y Hart (que los detectives no conocerían); o cómo Hart detalla con apenas pudor la intimidad con su esposa y su amante. Los fieles a HBO quieren cuentos de hadas y cierran los ojos a las fisuras en el relato.

Es pronto para aventurar si True Detective entrará en la Historia de la televisión (como afirman los seguidores más entregados). Lo que sí podemos asegurar es que es la última obra canónica de HBO y que ella le hará ganar nuevos fieles.

El guionista Nic Pizzolatto retoma con True Detective la senda abierta por Chase y Simon en HBO a principios del s. XXI. Por esto, True Detective despierta en el público entusiasmo y rechazo a partes iguales. Los fieles de HBO son reconocibles por decir: «Espera, ten paciencia; no te arrepentirás». Una auténtica fe catódica.

Aviso: Contiene trazas de spoilers.

En True Detective, el nihilista detective Cohle (McConaughey) describe el «mecanismo» de una religión y cómo afecta al cerebro. Su compañero, el detective Hart (Woody Harrelson) —creyente no practicante— escucha y replica. La escena se desarrolla bajo la carpa de un predicador de Luisiana al que deben interrogar en un caso de asesinato. Las palabras de Cohle subrayan imágenes de hombres y mujeres caracterizados como campesinos pobres e ignorantes de la América Profunda.

«… Tienen unas ganas enormes de cuentos de hadas», dice Cohle de los campesinos. «¿Qué puede decirse de una vida… que necesita reunirse y contarse historias que violan las leyes del universo solo para superar cada maldito día?».

De esta manera, Cohle crea una paradoja: la fe popular que cuestiona es la que Pizzolatto pide a los espectadores no convertidos a HBO. Es pronto para situar a True Detective junto a «las grandes», pero sigue el canon: un comienzo árido, elipsis depuradas, minimalismo dramático y morosidad del relato. Una obra para creyentes en HBO.

Los espectadores de HBO buscan cuentos de hadas para adultos (relatos grises). Después, difunden fragmentos de texto e imágenes como verdades; se reúnen en espacios físicos y virtuales para hablar sobre lo que han visto o han creído ver. Los fieles a HBO son conocidos por decir: «Espera al capítulo cuatro (o cinco), no te arrepentirás». Incluso una obra alejada del canon como Juego de Tronos tiene el estigma del cuarto o quinto capítulo.

El detective Cohle, el chamán, el cuentacuentos

Cohle es el chamán que concita la atención del seguidor catódico con el único recurso de la palabra. Chamán como antes Tony Soprano y el detective McNulty. (Tony nos hipnotiza mientras se expone con su discurso a la psicóloga). De modo que Cohle no habla a los jóvenes detectives, nos habla a nosotros, los espectadores. Picamos con sus primeras palabras y su primer cigarrillo. El detective Hart, el otro narrador de la historia, es el invitado que habla en una ceremonia, el telonero.

La «experiencia mística» llega con el cuarto capítulo —siguiendo los cánones—: una escena de violencia en las horas más bajas de los protagonistas. Un espectador que llega a este punto, que ha atravesado el desierto, no abandona el relato.

Cohle (alter ego de Pizzolatto) sabe cuándo hacer avanzar la historia y cuándo dejarla en suspenso. El maná con el que Cohle alimenta en la aridez está formado por pequeñas narraciones. El detective sabe cuándo retomar el interés: «¿Queréis saber la verdad?», «¿Queréis que os hable de…?». El tabaco, la cerveza y los muñecos que Cohle hace recortando latas con la navaja forman parte de la ceremonia. El chamán mueve el palo y Cohle hace figuras de latón.

Cohle y Hart

Los fieles a HBO saben esperar. Conocen el corpus teórico de David Simon (materializado en The Wire), partiendo de Los Soprano de Chase. (Algún día se dirá en televisión, año antes y después de Los Soprano). Simon concibió The Wire como una novela total, y como toda novela, morosa. La novela comienza con una promesa, continua con la colocación de las piezas y avanza sin prisas y sin meta definida. Finalmente, aparece una situación que precisa una decisión drástica; por ejemplo, una escena de violencia, que marca un nuevo rumbo. Por esto, una serie canónica HBO es más cercana a la vida —sin rumbo aparente— que a una serie convencional. Cohle se encarga de recordarlo: no hay un hilo como en las películas; recopila pruebas y habla con la gente hasta que las piezas encajan.

True Detective es el último texto canónico de HBO. Cada capítulo constituye una ceremonia que comienza con la pantalla nevada. Así se coloca a los creyentes en disposición de aceptar una pieza visual «distinta»; al menos, así lo espera el seguidor. («Ver la intro de HBO y darme un subidón; ver que es un episodio de Sexo en Nueva York y venirme abajo», escribió alguien en Twitter).

A continuación, los créditos de True Detective traen a la memoria películas de asesinos paletos, carreteras por el desierto y burdeles en el bosque. Sabor a películas de los 80 y 90 interpretadas por Dennis Hooper con canciones de Chris Isaak. (La sombra de David Lynch es alargada).

True detective, una introducción, una promesa

… Una introducción que es una promesa: «Veréis todo, si seguís con nosotros».

Continúa la narración, morosa, como no podía ser de otra manera. En lugar de las peripecias, True Detective prefiere mostrar las vidas privadas de los personajes. Cómo Marty sobrelleva una doble vida (esposa y amante), y cómo Cohle soporta el día a día con la culpa de la muerte de su hija. A True Detective le interesante más una cena familiar —bastante reveladora— que ver cómo Cohle contacta con un posible testigo, jefe de moteros. «Voy a tener que ir allí y ser visto, establecer contacto», dice el detective Cohle a Marty. A continuación, se suceden escenas domésticas y escenas de oficina antes de que Cohle diga: «La gente me ha estado viendo por ahí durante una semana». Y llega el momento de la acción…

Nic Pizzolatto sabe dónde cortar y pegar, y dónde poner el acelerador y dónde demorarse. Y también cuándo conviene sacarse a Cohle de la chistera para que siga seduciendo con su palabra a la parroquia.

Cuando aparece la violencia no es un espectáculo gratuito. La violencia es grotesca y pretende que el espectador tema por Cohle y por Marty, dos tipos a los que es difícil querer de buenas a primeras.

Cohle dice que los creyentes transfieren el miedo a un recipiente de autoridad superior que absorbe los temores con un discurso y ofrece una catarsis. De la misma manera, los espectadores transfieren sus miedos a HBO, esta los absorbe y los ofrece en forma de series provocando una catarsis.

«Algunos antropólogos de la lingüística creen que la religión es un virus del lenguaje que reescribe las conexiones cerebrales y hace difícil el razonamiento crítico», dice Cohle.

HBO podría ser considerado un virus catódico que reescribe las conexiones cerebrales y hace difícil el razonamiento crítico. Esto explicaría que los seguidores de True Detective no critiquen ciertas incongruencias. Por ejemplo, momentos fuera de los puntos de vista de Cohle y Hart (que los detectives no conocerían); o cómo Hart detalla con apenas pudor la intimidad con su esposa y su amante. Los fieles a HBO quieren cuentos de hadas y cierran los ojos a las fisuras en el relato.

Es pronto para aventurar si True Detective entrará en la Historia de la televisión (como afirman los seguidores más entregados). Lo que sí podemos asegurar es que es la última obra canónica de HBO y que ella le hará ganar nuevos fieles.

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Opiniones 32
  • Bien.

    Estoy con ella. Es una buena serie pero no es The Sopranos.

    Para mí, lo que diferencia una buena serie de una que no lo sea es que no me distraigan las «incongruencias»…sé que están ahí, las veo pero no me distraen, no me sacan de la historia. En una serie «mala», tipo Homeland, las incongruencias son tan enormes, tan gratuitas, tan fáciles que me sacan de la historia, me hostilizan y me cambian la actitud visionando.

    Las grandes series como las grandes películas se visionan dejándote engañar por la perfección del engaño, disfrutando el engaño.

    Las malas hostilizan por lo burdo de la mentira, por el poco cuidado en la ficción, poque se vean tanto las costuras de la historia que se ha intentado coser.

    Para mi True Detective tiene más look a los años 70 que a los 90…

    • Estoy de acuerdo, Ana con tu frase:

      ————–

      «Las grandes series como las grandes películas se visionan dejándote engañar por la perfección del engaño, disfrutando el engaño».

      ————–

      «True Detective» es absorbente. Sin embargo, me parece gratuito, un detalle poco fino, mostrar planos y situaciones que se salen del punto de vista de los dos narradores. De hecho, Nic Pizzolatto dice que ha pretendido mostrar sólo los puntos de vistas de estos hombres. Pero como dice el refrán: el mejor escribano echa un borrón. Un borrón que quizá no sería perdonado a otros escribanos.

  • A mi me gusta y el plano secuencia del capítulo 4 fue la leche pero tampoco hay que exagerar y encumbrarla en la cúspide. Tiempo al tiempo.

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