28 de noviembre 2017    /   ENTRETENIMIENTO
por
 

Tupés, tatuajes y chupas de cuero: así es la vida ‘rocker’

28 de noviembre 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista de Back to haciendo clic aquí.

Escribe Antonio Alay que tiene suerte de apuntarse a cualquier bombardeo. Quizás por eso, dice, se lanzó a la odisea de Rockin’ Spain, una enciclopedia textual y fotográfica del rock and roll universal publicada por Lunwerg. En realidad, más que su facilidad de persuasión, al fotógrafo le empujó su obstinada empresa, extendida a lo largo del tiempo: después de años retratando a «la vieja guardia» y los jóvenes que se congregaban en festivales rockers, acumuló hasta 500 páginas de relatos, ilustraciones e imágenes originales que constituyen una auténtica historia sobre esta cultura. Fotos tiradas en camerinos, aparcamientos o bares que documentan la aportación nacional a esta forma de vida.

Donde recibe es en su estudio. Con un pañuelo al cuello y Boogie-woogie sonando en el ordenador. Ecos de pertenecer a la cuerda. Los focos que se descuelgan del techo han sido cómplices de esta historia de amor entre el rock and roll y su objetivo. De formación audiovisual, Alay (Barcelona, 1964) trabajó en la televisión y ha intercalado periodos de docencia. Pero lo que nunca ha abandonado ha sido su mirada a través de la cámara, generalmente frente a alguno de estos protagonistas alocados de tupé, tatuajes y chupas de cuero.

alaychicocalleok

«He compartido, y comparto, grandes momentos con músicos, djs, bailarinas, bikers…», cuenta sirviéndose un ron con hielo. Su intención: desarrollar creatividad en el planeta rockabilly. Para eso, tenemos que retroceder unos años. A lo que Alay llama rock and roll clásico. «Así se engloba toda una cultura, desde los años 30 y 40 hasta ahora, con nuevos estilos y figuras que mantienen el espíritu original. Por no decir oldies o fifties, que se refieren más a una década, a una época dorada», aclara. Hace bien: en el gremio, cualquier detalle es importante. No solo en cuanto a la imagen, sino a defender sus propios criterios.

A veces, se produce incluso cierto dogmatismo que acaba con la exclusión del que no es de raza. «De todos es conocida la fama de pendencieros de los seguidores del rock´n´roll. Sin embargo, los tiempos cambiaron y la sociedad también. Ya quedaron atrás las peleas. Lo que prima ahora es la diversión. Disfrutar de la música y los amigos. Y para que eso se produzca ha de haber público en los festivales. Cuanta más gente, mejor para las bandas y mejor para las cuentas del bar», apunta quien nunca ha exigido pedigrí a sus modelos.

No le importa que no conozcan a los inventores de este tinglado de caderas libres y actitud rebelde. Ni que la chupa que calzan sea de Zara o de una second hand store de Nashville. El quid de sus fotos es que la gente sea natural o que se enfrente desafiante a su objetivo. Que, en suma, formen parte del grupo. Que les apetezca estar rodeado de música y buen rollo. Quizás con el añadido de que esa música sea rock’n’roll o alguno de sus subgéneros: el rockabilly, por ejemplo, fue una mezcla de este con el hillbilly, variación del folk acuñada a los que vivían en la montaña (estos campesinos, relata Jim Goad en su Manifiesto Redneck, serán denostados por las élites, viéndoles como la basura blanca rural y analfabeta que no alcanza la sofisticación  de clase media).

alaychicococheok

Ritmos punzantes, de punteos endiablados que emulan los solos del blues y acompañados del característico contrabajo. Hipidos extravagantes o modulaciones de voz ronca. En un principio, el rockabilly era una olla en ebullición a la que echar los ingredientes libremente, con un maridaje propio, exclusivo, que hacía mover la columna como un muelle y las caderas como un pato. Su apogeo se da en la década de los cincuenta. Un tipo de Misisipi se muda a Memphis y agarra una guitarra. La cercanía de Sun Records y de compañeros del momento como Carl Perkins, Johnny Cash o Jerry Lee Lewis extiende este burbujeo generacional.

Pero quien destaca es el pequeño Aaron. Mejor dicho, Elvis Aaron Presley. El rey del rock´n´roll. Sin heredero de tal corona, su forma de cantar y bailar (junto con la de otros como Chuck Berry o Little Richard) marca todo un fenómeno social y, en consecuencia, cultural. Películas como Rebelde sin causa y ese James Dean de botas ribeteadas o aquel Marlon Brando de cuero sobre una moto expanden la actitud a las masas.

El look distintivo se traspasa a ambos sexos. Ellas, adoptando la estética de cantantes o actrices y con Betty Page en el horizonte, encabezan lo pin-up: curvas peligrosas, vestidos sugerentes y peinados aristados que inundaban publicaciones y que mantienen a día de hoy toda vigencia de una erótica inconfundible.

alaypinup2

«Aquí no llegó realmente hasta los ochenta», comenta Alay. La moral conservadora frenó el que se divulgase tan hedonista, arrogante y diabólica música. Se suavizaron voces, ritmos y letras en contraste con la actitud indómita y violenta que se le atribuía al rock and roll. Pero tras el revival británico en los 70, con los teddy boys, llega el turno en nuestro país.

Y en Madrid, concretamente, hubo algunos ejemplos de esas plazas donde sedimentó el movimiento rocker. «El King Creole era el templo», recuerda. El Mala Fama, la alternativa. Y el Rock Ola, ese antro de moda en el que también se juntaban las tribus y el que más apareció en los panegíricos de La Movida. «Yo no viví aquella efervescencia, pero se ha escrito mucho sobre ello y los amigos, que son veteranos y los mayores activistas, me lo han contado casi todo», concreta.

Él recuerda estos 10 años de trabajo por etapas. Cada una ligada a una forma de experimentar y vivir la cultura del rock and roll.  La frescura de los primeros años, en 35mm.  Luego, una etapa en estudio. Poco después,  otra vez a la carretera para buscar la instantánea. Y una década más adelante concluye con retratos en blanco y negro. «Lo importante», anota, «es el encuentro». «La música y los músicos, los pasillos, la conversación, el viaje». Igual que se forjó el libro: un viaje de cinco años y en el que «lo más enriquecedor, además del descubrimiento de esta cultura, fue recibir de primera mano el apoyo de todos los que escribieron para construir la historia».

FOTÓGRAFO ROCK

Alberto García-Alix entre ellos, que confiesa: «Yo era experto en nada y sabía aún menos, pero me tenía a mí miso en alta estima. Era vehemente, alocado, idealista. Un muchacho rana. Soberbia a raudales». Junto a García Alix, decenas de involucrados en el rollo: el periodista Diego A. Manrique, los músicos Victor Coyote, Miguel Ríos o Sabino Méndez y el locutor Diego R. J. «Cuando me lancé no sabía hacia donde ir. Al final hicimos hasta un disco», remata mostrando instantáneas de gente anónima o de caras más conocidas, como las de la actriz Teté Delgado o la cantante Vinila Von Bismarck.

Todo el universo rocker dentro de nuestras fronteras. Con sus pros y sus contras. «Pueden llegar a ser muy puristas», sostiene, «pero, en cierto modo, de eso se trata: de preservar los principios».

FOTÓGRAFO ROCK

antonioalay6-portada

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista de Back to haciendo clic aquí.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista de Back to haciendo clic aquí.

Escribe Antonio Alay que tiene suerte de apuntarse a cualquier bombardeo. Quizás por eso, dice, se lanzó a la odisea de Rockin’ Spain, una enciclopedia textual y fotográfica del rock and roll universal publicada por Lunwerg. En realidad, más que su facilidad de persuasión, al fotógrafo le empujó su obstinada empresa, extendida a lo largo del tiempo: después de años retratando a «la vieja guardia» y los jóvenes que se congregaban en festivales rockers, acumuló hasta 500 páginas de relatos, ilustraciones e imágenes originales que constituyen una auténtica historia sobre esta cultura. Fotos tiradas en camerinos, aparcamientos o bares que documentan la aportación nacional a esta forma de vida.

Donde recibe es en su estudio. Con un pañuelo al cuello y Boogie-woogie sonando en el ordenador. Ecos de pertenecer a la cuerda. Los focos que se descuelgan del techo han sido cómplices de esta historia de amor entre el rock and roll y su objetivo. De formación audiovisual, Alay (Barcelona, 1964) trabajó en la televisión y ha intercalado periodos de docencia. Pero lo que nunca ha abandonado ha sido su mirada a través de la cámara, generalmente frente a alguno de estos protagonistas alocados de tupé, tatuajes y chupas de cuero.

alaychicocalleok

«He compartido, y comparto, grandes momentos con músicos, djs, bailarinas, bikers…», cuenta sirviéndose un ron con hielo. Su intención: desarrollar creatividad en el planeta rockabilly. Para eso, tenemos que retroceder unos años. A lo que Alay llama rock and roll clásico. «Así se engloba toda una cultura, desde los años 30 y 40 hasta ahora, con nuevos estilos y figuras que mantienen el espíritu original. Por no decir oldies o fifties, que se refieren más a una década, a una época dorada», aclara. Hace bien: en el gremio, cualquier detalle es importante. No solo en cuanto a la imagen, sino a defender sus propios criterios.

A veces, se produce incluso cierto dogmatismo que acaba con la exclusión del que no es de raza. «De todos es conocida la fama de pendencieros de los seguidores del rock´n´roll. Sin embargo, los tiempos cambiaron y la sociedad también. Ya quedaron atrás las peleas. Lo que prima ahora es la diversión. Disfrutar de la música y los amigos. Y para que eso se produzca ha de haber público en los festivales. Cuanta más gente, mejor para las bandas y mejor para las cuentas del bar», apunta quien nunca ha exigido pedigrí a sus modelos.

No le importa que no conozcan a los inventores de este tinglado de caderas libres y actitud rebelde. Ni que la chupa que calzan sea de Zara o de una second hand store de Nashville. El quid de sus fotos es que la gente sea natural o que se enfrente desafiante a su objetivo. Que, en suma, formen parte del grupo. Que les apetezca estar rodeado de música y buen rollo. Quizás con el añadido de que esa música sea rock’n’roll o alguno de sus subgéneros: el rockabilly, por ejemplo, fue una mezcla de este con el hillbilly, variación del folk acuñada a los que vivían en la montaña (estos campesinos, relata Jim Goad en su Manifiesto Redneck, serán denostados por las élites, viéndoles como la basura blanca rural y analfabeta que no alcanza la sofisticación  de clase media).

alaychicococheok

Ritmos punzantes, de punteos endiablados que emulan los solos del blues y acompañados del característico contrabajo. Hipidos extravagantes o modulaciones de voz ronca. En un principio, el rockabilly era una olla en ebullición a la que echar los ingredientes libremente, con un maridaje propio, exclusivo, que hacía mover la columna como un muelle y las caderas como un pato. Su apogeo se da en la década de los cincuenta. Un tipo de Misisipi se muda a Memphis y agarra una guitarra. La cercanía de Sun Records y de compañeros del momento como Carl Perkins, Johnny Cash o Jerry Lee Lewis extiende este burbujeo generacional.

Pero quien destaca es el pequeño Aaron. Mejor dicho, Elvis Aaron Presley. El rey del rock´n´roll. Sin heredero de tal corona, su forma de cantar y bailar (junto con la de otros como Chuck Berry o Little Richard) marca todo un fenómeno social y, en consecuencia, cultural. Películas como Rebelde sin causa y ese James Dean de botas ribeteadas o aquel Marlon Brando de cuero sobre una moto expanden la actitud a las masas.

El look distintivo se traspasa a ambos sexos. Ellas, adoptando la estética de cantantes o actrices y con Betty Page en el horizonte, encabezan lo pin-up: curvas peligrosas, vestidos sugerentes y peinados aristados que inundaban publicaciones y que mantienen a día de hoy toda vigencia de una erótica inconfundible.

alaypinup2

«Aquí no llegó realmente hasta los ochenta», comenta Alay. La moral conservadora frenó el que se divulgase tan hedonista, arrogante y diabólica música. Se suavizaron voces, ritmos y letras en contraste con la actitud indómita y violenta que se le atribuía al rock and roll. Pero tras el revival británico en los 70, con los teddy boys, llega el turno en nuestro país.

Y en Madrid, concretamente, hubo algunos ejemplos de esas plazas donde sedimentó el movimiento rocker. «El King Creole era el templo», recuerda. El Mala Fama, la alternativa. Y el Rock Ola, ese antro de moda en el que también se juntaban las tribus y el que más apareció en los panegíricos de La Movida. «Yo no viví aquella efervescencia, pero se ha escrito mucho sobre ello y los amigos, que son veteranos y los mayores activistas, me lo han contado casi todo», concreta.

Él recuerda estos 10 años de trabajo por etapas. Cada una ligada a una forma de experimentar y vivir la cultura del rock and roll.  La frescura de los primeros años, en 35mm.  Luego, una etapa en estudio. Poco después,  otra vez a la carretera para buscar la instantánea. Y una década más adelante concluye con retratos en blanco y negro. «Lo importante», anota, «es el encuentro». «La música y los músicos, los pasillos, la conversación, el viaje». Igual que se forjó el libro: un viaje de cinco años y en el que «lo más enriquecedor, además del descubrimiento de esta cultura, fue recibir de primera mano el apoyo de todos los que escribieron para construir la historia».

FOTÓGRAFO ROCK

Alberto García-Alix entre ellos, que confiesa: «Yo era experto en nada y sabía aún menos, pero me tenía a mí miso en alta estima. Era vehemente, alocado, idealista. Un muchacho rana. Soberbia a raudales». Junto a García Alix, decenas de involucrados en el rollo: el periodista Diego A. Manrique, los músicos Victor Coyote, Miguel Ríos o Sabino Méndez y el locutor Diego R. J. «Cuando me lancé no sabía hacia donde ir. Al final hicimos hasta un disco», remata mostrando instantáneas de gente anónima o de caras más conocidas, como las de la actriz Teté Delgado o la cantante Vinila Von Bismarck.

Todo el universo rocker dentro de nuestras fronteras. Con sus pros y sus contras. «Pueden llegar a ser muy puristas», sostiene, «pero, en cierto modo, de eso se trata: de preservar los principios».

FOTÓGRAFO ROCK

antonioalay6-portada

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista de Back to haciendo clic aquí.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Destroyed, el álbum visual de Moby
Frida en el país de sus propias maravillas
El Ziggy Stardust de la zarzuela contemporánea
Entierran a su abuela con el móvil y reciben un mensaje de ‘ultratumba’
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp