16 de junio 2015    /   IDEAS
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Turismo indígena: la alternativa comunitaria al resort de pulserita

16 de junio 2015    /   IDEAS     por          
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Llegar a un resort de piscina y todo incluido en plena Riviera Maya mexicana, propiedad de una multinacional cualquiera, puede situar al visitante en el lugar que perteneció a los pueblos indígenas autóctonos de América, pero no le ayudará a aprender absolutamente nada de su legado.
Ricardo Campos es presidente y uno de los fundadores de la Red Indígena de Turismo de México (RITA), una asociación civil sin ánimo de lucro creada en 2002 en la que 32 emprendedores indígenas proponían ofertar experiencias turísticas desarrolladas en las propias comunidades y sin intermediarios. Una invitación «no masiva» a adentrarse en la cultura autóctona de la mano de los propios originarios.
«Ahora ya son 120 las microempresas ubicadas en comunidades de 16 estados del país las que conforman esta plataforma de organizaciones comunitarias con identidad indígena», explica Campos a Yorokobu. Juntos, hacen un llamamiento a este tipo de turismo alternativo. El lema de su plan: «ecología, cultura y desarrollo con identidad».
La idea es buscar a esos viajeros que en vez de estar interesados en hamaca y discoteca, les apetezca vivir experiencias singulares o en paquetes como hospedase en una comunidad, someterse a tratamientos naturales o chamánicos, realizar actividades al aire libre integradas en la naturaleza mexicana, aprender a hacer artesanías locales, practicar sus danzas o degustar comida precolombina, entre otras muchas. «En definitiva, fortalecer y detonar procesos de desarrollo a través del turismo indígena, donde nuestras tradiciones, cultura y usos y costumbres forman parte de la experiencia», define el vocero.
Cada una de estas 120 empresas está manejada por hombres y mujeres de pueblos y comunidades oriundos, donde también se sitúan. Según explica Campos, «en este tipo de turismo los anfitriones comparten con el visitante la riqueza natural y cultural a través de actividades de recreación, esparcimiento y descanso».
acciones
Promocionarse no es fácil, por eso ahora tratan de recolectar fondos a través de crowdfunding que les permitan seguir desarrollando su campaña de publicidad, apoyo, asesoramiento y capacitación para estos nuevos emprendedores. «Las touroperadoras buscan un turismo de masas porque para ellas el dinero siempre está por delante», se opone el portavoz a la tendencia generalizada por los promotores turísticos. «Lo que ofertamos nosotros es algo distinto; no nos importa tanto la calidad de las camas cuando alguien va a dormir a una comunidad, sino que quien llegue viva una experiencia y se lleve un aprendizaje».
Sus ejes de trabajo, que se dividen en «desarrollo comunitario, biodiversidad y participación intercultural», están trazados «no como bases de un proyecto solidario ni de una ONG», sino de un negocio serio. En palabras de Campos, «en gran parte se trata de acabar con la idea de que el indígena está atrasado y que no puede romper la barrera del progreso y montar su propia empresa. Somos una red de empresas turísticas, no se trata de gente manifestándose por sus derechos ni un proyecto de ayuda», esgrime.
No quiere decir esto que hayan dejado la lucha de lado. Simplemente son conscientes de que la existencia de empresas turísticas en sus comunidades puede ser una palanca perfecta para impulsar su objetivo último, que es «ayudar al desarrollo comunitario, preservar y aprovechar la biodiversidad en los territorios, y fomentar el dialogo intercultural con perspectiva de género y generacional, que permita una relación con el Estado de respeto con los derechos humanos, muy en especial con los específicos de la ciudadanía indígena».
Contado de otro modo, que vengan los turistas y que se hable de ellos, por el tipo de turismo que ofrecen, «que nos sirve de vitrina para situarnos en la agenda pública nacional», afirma el presidente de RITA; «es decir, hacer visible nuestra presencia y nuestras problemáticas, y también las cosas beneficiosas que podemos aportar, como puede ser demostrar que las actividades cotidianas de nuestras comunidades contribuyen al mejoramiento de la calidad de vida de nuestras familias, que reduce el impacto migratorio, que genera empleo, o que coadyuva a la articulación de la economía local aprovechando los vastos recursos naturales que se encuentran en nuestros territorios».
«Es una estrategia de fortalecimiento humano, social, económico y productivo», resume Campos el significado múltiple de la plataforma. «Tanto para nosotros como para los turistas, sin necesidad de copiar el modelo de turismo masivo, lo que nosotros proponemos es desarrollo».

Llegar a un resort de piscina y todo incluido en plena Riviera Maya mexicana, propiedad de una multinacional cualquiera, puede situar al visitante en el lugar que perteneció a los pueblos indígenas autóctonos de América, pero no le ayudará a aprender absolutamente nada de su legado.
Ricardo Campos es presidente y uno de los fundadores de la Red Indígena de Turismo de México (RITA), una asociación civil sin ánimo de lucro creada en 2002 en la que 32 emprendedores indígenas proponían ofertar experiencias turísticas desarrolladas en las propias comunidades y sin intermediarios. Una invitación «no masiva» a adentrarse en la cultura autóctona de la mano de los propios originarios.
«Ahora ya son 120 las microempresas ubicadas en comunidades de 16 estados del país las que conforman esta plataforma de organizaciones comunitarias con identidad indígena», explica Campos a Yorokobu. Juntos, hacen un llamamiento a este tipo de turismo alternativo. El lema de su plan: «ecología, cultura y desarrollo con identidad».
La idea es buscar a esos viajeros que en vez de estar interesados en hamaca y discoteca, les apetezca vivir experiencias singulares o en paquetes como hospedase en una comunidad, someterse a tratamientos naturales o chamánicos, realizar actividades al aire libre integradas en la naturaleza mexicana, aprender a hacer artesanías locales, practicar sus danzas o degustar comida precolombina, entre otras muchas. «En definitiva, fortalecer y detonar procesos de desarrollo a través del turismo indígena, donde nuestras tradiciones, cultura y usos y costumbres forman parte de la experiencia», define el vocero.
Cada una de estas 120 empresas está manejada por hombres y mujeres de pueblos y comunidades oriundos, donde también se sitúan. Según explica Campos, «en este tipo de turismo los anfitriones comparten con el visitante la riqueza natural y cultural a través de actividades de recreación, esparcimiento y descanso».
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Promocionarse no es fácil, por eso ahora tratan de recolectar fondos a través de crowdfunding que les permitan seguir desarrollando su campaña de publicidad, apoyo, asesoramiento y capacitación para estos nuevos emprendedores. «Las touroperadoras buscan un turismo de masas porque para ellas el dinero siempre está por delante», se opone el portavoz a la tendencia generalizada por los promotores turísticos. «Lo que ofertamos nosotros es algo distinto; no nos importa tanto la calidad de las camas cuando alguien va a dormir a una comunidad, sino que quien llegue viva una experiencia y se lleve un aprendizaje».
Sus ejes de trabajo, que se dividen en «desarrollo comunitario, biodiversidad y participación intercultural», están trazados «no como bases de un proyecto solidario ni de una ONG», sino de un negocio serio. En palabras de Campos, «en gran parte se trata de acabar con la idea de que el indígena está atrasado y que no puede romper la barrera del progreso y montar su propia empresa. Somos una red de empresas turísticas, no se trata de gente manifestándose por sus derechos ni un proyecto de ayuda», esgrime.
No quiere decir esto que hayan dejado la lucha de lado. Simplemente son conscientes de que la existencia de empresas turísticas en sus comunidades puede ser una palanca perfecta para impulsar su objetivo último, que es «ayudar al desarrollo comunitario, preservar y aprovechar la biodiversidad en los territorios, y fomentar el dialogo intercultural con perspectiva de género y generacional, que permita una relación con el Estado de respeto con los derechos humanos, muy en especial con los específicos de la ciudadanía indígena».
Contado de otro modo, que vengan los turistas y que se hable de ellos, por el tipo de turismo que ofrecen, «que nos sirve de vitrina para situarnos en la agenda pública nacional», afirma el presidente de RITA; «es decir, hacer visible nuestra presencia y nuestras problemáticas, y también las cosas beneficiosas que podemos aportar, como puede ser demostrar que las actividades cotidianas de nuestras comunidades contribuyen al mejoramiento de la calidad de vida de nuestras familias, que reduce el impacto migratorio, que genera empleo, o que coadyuva a la articulación de la economía local aprovechando los vastos recursos naturales que se encuentran en nuestros territorios».
«Es una estrategia de fortalecimiento humano, social, económico y productivo», resume Campos el significado múltiple de la plataforma. «Tanto para nosotros como para los turistas, sin necesidad de copiar el modelo de turismo masivo, lo que nosotros proponemos es desarrollo».

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Opiniones 1
  • Interesante y alentador lo que aqui se expone. Solo asi se consigue el respeto y preservacion de los sitios naturales y una manera de fomentar las tradiciones y cultura indigenas. Ademas, el turismo representa fuentes de empleo y sustento economico.

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