9 de junio 2014    /   CREATIVIDAD
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Cómo contar un cuento como Tyrion Lannister

9 de junio 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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El cuento de Orson, el mataescarabajos, por Tyrion Lannister es, para este que escribe, el mejor relato oral de los últimos años. Un relato que apenas dura cinco minutos y es un ejemplo a seguir a la hora de contar una historia a un grupo de personas.

En este artículo tan solo hay fragmentos. El cuento debe ser escuchado en su contexto, en episodio La Víbora y la Montaña (4×08) de Juego de Tronos, en inglés o en la voz del doblador Carlos del Pino que sabe cómo usar la voz apropiada al relato.

El secuestro del arte de contar cuentos

Una búsqueda en Google de «cómo contar cuentos» remite a páginas que pretenden enseñar a narrar historias infantiles. Una búsqueda de «cómo contar historias» devuelve enlaces con títulos como «emocionar para vender», «emociona y vende más», «emociona y hazte rico»… Por esto, cuando alguien dice en una conferencia o taller de creatividad:
—Os voy a contar un cuento…
La respuesta general es la desconfianza: un asistente comenta a otro el último capítulo de Mad Men; otro consulta su correo electrónico; otro escribe en Twitter que esperaba otra cosa de las charlas… El cuento está asociado a los niños (con moraleja final) o al buhonero de Mississippi con chistera raída que vende tónicos curalotodo y crecepelos por un dólar el frasco. Sin embargo, cuando alguien dice, en cualquier contexto:
—Un chiste, un chiste…
Uno aplica el oído, está atento a quien lo cuenta. El chiste puede ser largo o puede ser breve, pero no intenta vender: espera carcajadas. Los chistes no acaban así: «Para no tener problemas de dinero, lo mejor es solicitar un préstamo rápido de…»

Un cuento, un contexto

Decir «os voy a contar un cuento» no predispone, desalienta. Así que una «regla» será: no digas a tu audiencia que vas a contar un cuento. No hay que espantarla porque, aunque esté cautiva en un recinto, puede evadirse con la mente. (Aquí también conviene mencionar la distancia entre el cuentacuentos y los oyentes. Una mesa llena de micrófonos y botellitas de agua no ayuda mucho. Los asistentes ven las infografías detrás).

Un cuento a traición

La sesión de cuentacuentos improvisados que mejor recuerdo ocurrió en un cumpleaños a las dos de la mañana, niebla y cubatas en la mano. Cuentos «verdaderos» de terror que comenzaban así: «Esto me pasó hace muchos años…» o «Habéis ido a… Estuve hace meses y me contaron…»

Una pregunta corriente sobre algo corriente

Los cuentos que se cuentan en las conferencias no son atractivos porque hablan de monjes budistas, de enanos, de peregrinos… Cuentos impersonales.  Es mejor que el cuentacuentos lance una pregunta sobre alguien o algo que conozca el oyente.
—¿Te acuerdas del primo Orson? —dice Tyrion— ¿Orson Lannister?
—Por supuesto —dice Jamie, el hermano de Tyrion—. A la nodriza se le cayó de cabeza contra el suelo. Se quedó retrasado.
Tyrion atrapa el interés de su hermano con una pregunta corriente sobre algo corriente.

Una duda que resolver

Los cuentos en las conferencias rara vez tienen recorrido: hay una propuesta y una conclusión. No hay que tomarlos como referentes.  (Hay chistes con desarrollo dramático más elaborado). Tyrion expone una anécdota extravagante sobre el primo:
—Solía pasarse el día sentado en el jardín. Aplastando escarabajos con un pedrusco.
Tyrion imita al primo aplastando escarabajos:
—Kum, Kum, Kum… Nada le hacía más feliz.
La dramatización del relato funciona.
Lo importante es lo que viene a continuación… Tyrion cuenta cómo le fascinaba ver a Orson aplastando escarabajos y quiso saber el porqué. A continuación relata su investigación: preguntó a Orson, a un hombre sabio, y cuando no tuvo respuestas observó a su primo «como los hombres observan a los animales». El proceso es arduo y parece sin solución…

A la mitad del relato, una razón

A la mitad del relato, Tyrion sugiere que estaba cerca hallar una respuesta:
—Y, cuanto más lo observaba —dice Tyrion—, más y más seguro estaba de ello: definitivamente, ahí estaba pasando algo.
Aquí crece el ansia del oyente por conocer la respuesta. Con esto Tyrion indica una dirección a seguir… (¡Sigue conmigo!) Sabe cómo demorar la respuesta… (¡Te tengo atrapado!) Es posible que la observación le sirviera para comprobar en sus carnes cuánta intriga puede soportar una persona. Y da media vuelta de tuerca: habla de desasosiego y de pesadillas con escarabajos…
El oyente sigue el proceso con la imaginación excitada. Las historias de vendemotos, de coaches de vida y cuentacuentos infantiles tienen finales previsibles. Por ejemplo: un hombre huye de la muerte y se la encuentra en otra ciudad, o una mujer llora y no ve las estrellas… El final del cuento de Orson es imprevisible.

Una conclusión que apela a la inteligencia del oyente

Tyrion concluye con la duda sobre las intenciones de Orson. Apela a la inteligencia de quién escucha. Con este relato Tyrion no vende cursos online para hacerse rico (qué paradoja que quien los vende no lo es), ni talleres para hacer vídeos virales ni píldoras de información a 1,99 euros. Tyrion comparte sensaciones, observaciones, conocimientos… Una historia personal. Por esto cala. Es difícil de olvidar el cuento del primo Orson, el mataescarabajos.

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El cuento de Orson, el mataescarabajos, por Tyrion Lannister es, para este que escribe, el mejor relato oral de los últimos años. Un relato que apenas dura cinco minutos y es un ejemplo a seguir a la hora de contar una historia a un grupo de personas.

En este artículo tan solo hay fragmentos. El cuento debe ser escuchado en su contexto, en episodio La Víbora y la Montaña (4×08) de Juego de Tronos, en inglés o en la voz del doblador Carlos del Pino que sabe cómo usar la voz apropiada al relato.

El secuestro del arte de contar cuentos

Una búsqueda en Google de «cómo contar cuentos» remite a páginas que pretenden enseñar a narrar historias infantiles. Una búsqueda de «cómo contar historias» devuelve enlaces con títulos como «emocionar para vender», «emociona y vende más», «emociona y hazte rico»… Por esto, cuando alguien dice en una conferencia o taller de creatividad:
—Os voy a contar un cuento…
La respuesta general es la desconfianza: un asistente comenta a otro el último capítulo de Mad Men; otro consulta su correo electrónico; otro escribe en Twitter que esperaba otra cosa de las charlas… El cuento está asociado a los niños (con moraleja final) o al buhonero de Mississippi con chistera raída que vende tónicos curalotodo y crecepelos por un dólar el frasco. Sin embargo, cuando alguien dice, en cualquier contexto:
—Un chiste, un chiste…
Uno aplica el oído, está atento a quien lo cuenta. El chiste puede ser largo o puede ser breve, pero no intenta vender: espera carcajadas. Los chistes no acaban así: «Para no tener problemas de dinero, lo mejor es solicitar un préstamo rápido de…»

Un cuento, un contexto

Decir «os voy a contar un cuento» no predispone, desalienta. Así que una «regla» será: no digas a tu audiencia que vas a contar un cuento. No hay que espantarla porque, aunque esté cautiva en un recinto, puede evadirse con la mente. (Aquí también conviene mencionar la distancia entre el cuentacuentos y los oyentes. Una mesa llena de micrófonos y botellitas de agua no ayuda mucho. Los asistentes ven las infografías detrás).

Un cuento a traición

La sesión de cuentacuentos improvisados que mejor recuerdo ocurrió en un cumpleaños a las dos de la mañana, niebla y cubatas en la mano. Cuentos «verdaderos» de terror que comenzaban así: «Esto me pasó hace muchos años…» o «Habéis ido a… Estuve hace meses y me contaron…»

Una pregunta corriente sobre algo corriente

Los cuentos que se cuentan en las conferencias no son atractivos porque hablan de monjes budistas, de enanos, de peregrinos… Cuentos impersonales.  Es mejor que el cuentacuentos lance una pregunta sobre alguien o algo que conozca el oyente.
—¿Te acuerdas del primo Orson? —dice Tyrion— ¿Orson Lannister?
—Por supuesto —dice Jamie, el hermano de Tyrion—. A la nodriza se le cayó de cabeza contra el suelo. Se quedó retrasado.
Tyrion atrapa el interés de su hermano con una pregunta corriente sobre algo corriente.

Una duda que resolver

Los cuentos en las conferencias rara vez tienen recorrido: hay una propuesta y una conclusión. No hay que tomarlos como referentes.  (Hay chistes con desarrollo dramático más elaborado). Tyrion expone una anécdota extravagante sobre el primo:
—Solía pasarse el día sentado en el jardín. Aplastando escarabajos con un pedrusco.
Tyrion imita al primo aplastando escarabajos:
—Kum, Kum, Kum… Nada le hacía más feliz.
La dramatización del relato funciona.
Lo importante es lo que viene a continuación… Tyrion cuenta cómo le fascinaba ver a Orson aplastando escarabajos y quiso saber el porqué. A continuación relata su investigación: preguntó a Orson, a un hombre sabio, y cuando no tuvo respuestas observó a su primo «como los hombres observan a los animales». El proceso es arduo y parece sin solución…

A la mitad del relato, una razón

A la mitad del relato, Tyrion sugiere que estaba cerca hallar una respuesta:
—Y, cuanto más lo observaba —dice Tyrion—, más y más seguro estaba de ello: definitivamente, ahí estaba pasando algo.
Aquí crece el ansia del oyente por conocer la respuesta. Con esto Tyrion indica una dirección a seguir… (¡Sigue conmigo!) Sabe cómo demorar la respuesta… (¡Te tengo atrapado!) Es posible que la observación le sirviera para comprobar en sus carnes cuánta intriga puede soportar una persona. Y da media vuelta de tuerca: habla de desasosiego y de pesadillas con escarabajos…
El oyente sigue el proceso con la imaginación excitada. Las historias de vendemotos, de coaches de vida y cuentacuentos infantiles tienen finales previsibles. Por ejemplo: un hombre huye de la muerte y se la encuentra en otra ciudad, o una mujer llora y no ve las estrellas… El final del cuento de Orson es imprevisible.

Una conclusión que apela a la inteligencia del oyente

Tyrion concluye con la duda sobre las intenciones de Orson. Apela a la inteligencia de quién escucha. Con este relato Tyrion no vende cursos online para hacerse rico (qué paradoja que quien los vende no lo es), ni talleres para hacer vídeos virales ni píldoras de información a 1,99 euros. Tyrion comparte sensaciones, observaciones, conocimientos… Una historia personal. Por esto cala. Es difícil de olvidar el cuento del primo Orson, el mataescarabajos.

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Opiniones 26
  • Ciertamente la vida a veces no tiene moraleja como en el caso del cuento del primo Orson… ( por cierto.. curioso nombre…).

    • Pasan los años y sigo sin comprender estas censuras absolutas a los doblajes españoles (bueno… salvo a alguno de Verónica Forqué). Solamente se me ocurren motivos de «postureo» (¿se dice así?) y/o irritaciones personales de quien emite la opinión. No planteo que sea precisamente tu caso -no tengo el gusto de conocerte- sino de una mayoría estadística (en sentido laxo) de los «jéiters».
      Total: a quienes les desagrada el refresco de limón, lo beben de naranja; o directamente agua clara, la versión original del líquido para combatir la sed. Análogamente, si tienes la fortuna de captar matices en las inflexiones sonoras del inglés y no te gustan las versiones dobladas, puedes ver las originales.
      Pero dejadnos a los demás que disfrutemos con el buen (gran) trabajo de los actores de doblaje en la lengua de nuestra infancia.

      • Has acertado: soy partidario del doblaje (aunque no me opongo al subtitulado): me permite estar atento a cada detalle de la historia.

  • El propio Tyrion se responde a su pregunta sin saberlo siquiera.
    Cuando Jaime le pregunta por qué él mismo (Tyrion) se reía del primo Orson cuando lo normal es que al haberlo sufrido también estuviera más inclinado a la compasión.
    Los escarabajos son a Orson lo que Orson era a Tyrion

    • Es un relato que plantea dudas. Lo que dices es una de las posibles interpretaciones, pero recuerda que «la broma ya cansaba», que reírse de Orson sólo porque éste era simplón no satisfacía a Tyrion.
      Para mi el relato habla del poder: quien lo tiene puede permitirse la crueldad gratuita, sólo porque está en posición de serlo… En esta teoría, el escarabajo es Tyrion y Orson es Tywin Lannister.
      Gracias por tu comentario, Charly.

      • Creo que eso es lo genial del relato. Las múltiples interpretaciones posibles. Es un relato abierto en todo el sentido. Yo vi el capítulo con mi esposa y ambos tuvimos conclusiones diferentes. La mía era que el relato hablaba de la curiosidad insaciable de Tyrion, y lo que se encuentra al final de ella: Nada. Tyrion ha dedicado parte de su vida a distinguirse de los que le rodean, y el conocimiento le ha sido vital para este distanciamiento; pero aun así el final del camino está desolado. El mundo en que le ha tocado vivir a Tyrion es Orson, un retrasado que repite sin objetivo aparente una masacre. Pero ese mundo no puede ser comprendido desde adentro. Tyrion es un paria y Orson es el recuerdo de eso: no puede formar parte de ese mundo, pero tampoco puede comprenderlo.

  • Esta pasada noche he visto casualmente el primer capítulo de Juego de Tronos y hoy y ahora me encuentro en esta perla de análisis inteligente: un cuento como mandan los cánones. ¡Gracias Javier!
    Me espera diversión (y falta de tiempo) 😉

  • Como ya es viernes, os envío esto. Un abrazo.

    Viernes es ‘veneris’, el quinto día. Para algunos, primer día del resto de una vida. Porque los hay que no viven hasta que llega el fin de semana, con los cuerpos expuestos a la luz negra de un bar del centro, caducando cada hora entre copas y un humo ya inexistente que ayudaba a crear la psicodelia necesaria para fingirse interesantes y merecedores de un observador cercano.
    El viernes fue creado para alegrar al jueves, para que todo lo que aconteciera antes tuviera también cierto halo de misterio, del que se carga todo lo que precede a lo que se espera bueno.
    El viernes pasa las horas con calma valorada. Es un día de verano cargado de expectativas a final de semana. Es también padre del sábado que le sigue y al que enseñará las consecuencias del exceso y del ruido y la dudosa compañía que sale de entre las sábanas.
    No es el día menos inteligente pero hoy es viernes y, al sentirlo sobrevalorado, finjo que dejo de mirar el reloj para hacer algo mejor que volver a mirarlo el domingo.

  • ¡Buenos días, Javier! Lamento estar muy en desacuerdo con muchos aspectos de este artículo, que se refiere al arte al que me dedico, y me siento en el deber de aclarar algunas cosas. Más allá del, con perdón, cuñadismo absoluto de la introducción, que merecería comentario aparte, vamos con la historia de Tyrion. Dices que es un buen narrador porque cuenta el cuento «a traición», que es tanto como decir que un delantero es buen delantero porque anota goles a puerta vacía. La técnica del buen cuentero se definiría, si acaso, en todo lo contrario: ser capaz de colarle un cuento a quien sabe que pretendes colarle un cuento. Sigamos: todo el cuento de Tyrion se apoya en modificantes externos que facilitan enormemente su labor. Esto Tyrion lo hace bien, porque el narrador de cuentos, yo lo enseño en mis clases, debe tener la atención puesta fuera y saber aprovecharlo, pero en este caso, como en el cuento a traición, el guionista ha colocado una enorme cantidad de elementos extrínsecos que ayudan no solo a Tyrion, ayudarían a cualquiera a contar una historia, a saber: Tyrion habla con su hermano, con el que tiene un vínculo especial y que además lo acaba de abandonar, está preso y condenado a muerte… ¡Cualquiera obtendría atención en estas circunstancias, son extraordinariamente beneficiosas para contar! Una vez vi a un narrador que después de dos horas de función, cuando la cosa ya se acababa y todos nos queríamos ir, comenzó a darnos las gracias y a contar que él había sufrido mucho porque fue secuestrado por la guerrilla colombiana. Eso le dio para media hora más de atención, pero es trampa porque se apoya en generar sentimiento de culpa si no lo escuchas, y, en realidad, nos hizo sentir atrapados en el peor sentido: público cautivo. Algo parecido pasa aquí con Tyrion. Tercero, la «tortura» del interlocutor de la que hablas dura apenas dos minutos, en los que más bien Tyrion queda enredado (en una maravillosa correspondencia con su situación actual) y no sale de ahí, no hay recurso técnico, no hay «saber contar», hay simplemente planteamiento y enredo hasta donde da la cuerda, que es francamente muy poco: 2 minutos, y no aguantaría mucho más. Por último, el cuento plantea una promesa que no cumple, concluyendo no con un final imprevisible, sino precisamente con un clásico del mal narrador; hace un «Perdidos»: Orson muere y el planteamiento-enigma, que no tiene más desarrollo, se queda sin cerrar. Y además, justo después, suenan las campanas que le evitan al narrador la necesaria conclusión de un relato oral, que siempre precisa de un cierre para que no dé la sensación de un mechero que no chisca, pero de nuevo: el guionista al rescate. Sí le reconozco dos cosas buenas a Tyrion: una, limitarse a contar lo que sucede, a lo que llamaríamos mostrar el cuento. La segunda, contar con pruebas. En fin, Javier, un abrazo, seguiré leyéndote :).
    Héctor Urién, narrador oral profesional

    • De acuerdo con que la narración de Tyrion plantea una promesa que no cumple (o, visto de otro modo, precisamente por esa traición sí que la cumple) y concluye sin cerrar. Quizás por esto no merezca el nombre de «cuento» en el argot profesional… Pero desde luego que mantiene muy alto el interés de un oyente semiinstruido (al menos el mío) durante la narración y *después* de esta.
      Este cuento (o como se llame el formato de las narraciones que concluyen sin cerrar) me sigue interesando aun después de saber que no hay respuesta al enigma. Con gusto lo he escuchado, y con gusto volvería a oírlo contar… ¿no es esto lo que importa?

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