1 de agosto 2016    /   CREATIVIDAD
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La salud y la enfermedad explicadas a través del arte en el Japón del siglo XIX

1 de agosto 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Cuando Japón comenzó a liberarse del aislamiento autoimpuesto durante siglos, nació un interés por conocer el cuerpo. El arte fue el canal por el que se difundieron los mensajes que pretendían instruir a la población en anatomía y también en las formas de prevenir y curar la enfermedad. Los japoneses, asediados por la viruela el sarampión y el cólera, aprendían a guardarse de contraer las más temidas enfermedades del siglo XIX a través de tablillas de madera con ilustraciones impresas.

medical_print_9

La Universidad de California en San Francisco (UCSF) dispone de una colección de 400 de estas xilografías, probablemente la más amplia del mundo, puesto que solían acabar en la basura cuando desaparecía la enfermedad de moda o cuando caía en el olvido el actor o la geisha más aclamados del momento, que eran quienes protagonizaban las ilustraciones.

cum_6_1_00034659a, 4/30/04, 4:49 PM, 8C, 3808x7998 (1174+2), 100%, Repro 2.2 v2, 1/60 s, R74.2, G60.7, B68.9

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El laborioso proceso por el que se realizaban las impresiones ukiyo-e, como se conocía esta técnica, pasaba por publicistas, diseñadores, maestros grabadores e impresores. El precio era tan reducido, a pesar del esfuerzo que suponía elaborarlas, que no resulta extraño que la gente acabara deshaciéndose de ellas.

La colección de la UCSF está dividida en cuatro partes, que se corresponden con las principales temáticas de este tipo de arte: las enfermedades contagiosas, la salud femenina y el embarazo, el papel de los dioses (causantes o salvadores) en la enfermedad, el extranjero como fuente de contagio y un conjunto de anuncios que igual recomendaban medicinas como advertían del peligro de consumir algunas drogas.

cum_6_1_00034430a, 6/23/04, 3:11 PM, 8C, 3316x5978 (1875+893), 100%, Repro 2.2 v2, 1/40 s, R61.6, G48.8, B57.6

Uno de los mayores representantes del arte ukiyo-e, también conocido como ‘imágenes del mundo flotante’, fue Utagawa Kuniyoshi. Al ser uno de los últimos maestros del ukiyo-e tan típico en la Era Edo, la mayoría de las xilografías que se han conservado fueron realizadas por sus discípulos Yoshitora, Yoshifuji, Yoshimori y Yoshitoshi.

cum_6_1_00034446a, 5/26/04, 1:24 PM, 8C, 4324x6958 (820+327), 100%, 052604, 1/40 s, R77.6, G63.1, B72.1

En aquella época, lo habitual era que los actores kaburi de moda y las geishas protagonizaran las obras de arte. Pero el paisaje, con el monte Fuji al fondo, y las imágenes alegóricas, históricas y legendarias los sustituyeron a mediados del siglo XIX. Al fin y al cabo, su expresividad era casi la misma y tanto los actores como el paisaje servían para la finalidad de las impresiones ukiyo-e: informar, persuadir y entretener.

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La presencia del monte no era casual, como no lo eran los colores. El monte Fuji se había convertido en un amuleto y su presencia podría ayudar, según la creencia de la época, a prevenir el contagio de enfermedades. Del mismo modo, el rojo se convirtió en un símbolo, puesto que se había convertido en una especie de amuleto que alejaba del mal. Por eso los protagonistas también visten ropas rojas: vestir de rojo había adquirido nuevas connotaciones y alejaba de la enfermedad. Estas pinturas en las que predominaba el rojo eran conocidas como aka-e y la tablilla en sí constituía un fetiche contra el mal.

Los dioses aparecen en estas xilografías tanto como generadores de la enfermedad como guerreros que luchaban contra ella. Sólo algunas deidades sintoístas y budistas aparecen como salvadoras en escasos ejemplares.

Los extranjeros, portadores del mal

Pero los paisajes no tardaron en volver a un segundo plano cuando, en 1854, Matthew C. Perry hizo que Japón abriera sus puertas a americanos y europeos. Fue entonces cuando los extranjeros y sus costumbres se convirtieron en los protagonistas del ukiyo-e. No ocurrió por un interés inocente, sino para hacer saber a la población cómo aquellos demonios llegados desde lejos con sus barcos podían contagiarles las peores enfermedades de la época.

cum_6_1_00033906a, 10/6/04, 10:53 AM, 8C, 4084x7608 (1490+81), 100%, Repro 2.2 v2, 1/60 s, R63.1, G48.1, B56.8

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«La ansiedad ante las influencias malignas de los extranjeros era uno de los factores imperantes entre los shoguns de Tokugawa, en el siglo XVII, en un Japón aislado por unas políticas que restringían el contacto con el mundo exterior. Al parecer, el cólera habría llegado a Japón a través de los barcos que llegaron a Nagasaki, así que estos miedos no eran del todo infundados», escribe Laura W. Allen en la página web de la colección.

Fue Tokugawa Iemitsu quien a mediados del siglo XVII se encargó de cerrar el país mediante decretos de exclusión. «Desde entonces y hasta el siglo XIX, a muchos japoneses se les prohibió abandonar el país y un reducido número de alemanes y chinos que habían sido confinados en la isla de Dejima, en la Vahía de Nagasaki eran los comerciantes extranjeros que tenían permiso para llevar un negocio en Japón», escribe Allen.

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Según indican desde la UCSF, estas tablas impresas «ofrecen una explicación visual del conocimiento médico japonés durante el final de la era Edo y el periodo Meijí. La mayoría de estas impresiones datan de mediados del siglo XIX, cuando Japón estaba abriéndose a Occidente». La colección al completo se puede visitar online en su página web.

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Cuando Japón comenzó a liberarse del aislamiento autoimpuesto durante siglos, nació un interés por conocer el cuerpo. El arte fue el canal por el que se difundieron los mensajes que pretendían instruir a la población en anatomía y también en las formas de prevenir y curar la enfermedad. Los japoneses, asediados por la viruela el sarampión y el cólera, aprendían a guardarse de contraer las más temidas enfermedades del siglo XIX a través de tablillas de madera con ilustraciones impresas.

medical_print_9

La Universidad de California en San Francisco (UCSF) dispone de una colección de 400 de estas xilografías, probablemente la más amplia del mundo, puesto que solían acabar en la basura cuando desaparecía la enfermedad de moda o cuando caía en el olvido el actor o la geisha más aclamados del momento, que eran quienes protagonizaban las ilustraciones.

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El laborioso proceso por el que se realizaban las impresiones ukiyo-e, como se conocía esta técnica, pasaba por publicistas, diseñadores, maestros grabadores e impresores. El precio era tan reducido, a pesar del esfuerzo que suponía elaborarlas, que no resulta extraño que la gente acabara deshaciéndose de ellas.

La colección de la UCSF está dividida en cuatro partes, que se corresponden con las principales temáticas de este tipo de arte: las enfermedades contagiosas, la salud femenina y el embarazo, el papel de los dioses (causantes o salvadores) en la enfermedad, el extranjero como fuente de contagio y un conjunto de anuncios que igual recomendaban medicinas como advertían del peligro de consumir algunas drogas.

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Uno de los mayores representantes del arte ukiyo-e, también conocido como ‘imágenes del mundo flotante’, fue Utagawa Kuniyoshi. Al ser uno de los últimos maestros del ukiyo-e tan típico en la Era Edo, la mayoría de las xilografías que se han conservado fueron realizadas por sus discípulos Yoshitora, Yoshifuji, Yoshimori y Yoshitoshi.

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En aquella época, lo habitual era que los actores kaburi de moda y las geishas protagonizaran las obras de arte. Pero el paisaje, con el monte Fuji al fondo, y las imágenes alegóricas, históricas y legendarias los sustituyeron a mediados del siglo XIX. Al fin y al cabo, su expresividad era casi la misma y tanto los actores como el paisaje servían para la finalidad de las impresiones ukiyo-e: informar, persuadir y entretener.

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La presencia del monte no era casual, como no lo eran los colores. El monte Fuji se había convertido en un amuleto y su presencia podría ayudar, según la creencia de la época, a prevenir el contagio de enfermedades. Del mismo modo, el rojo se convirtió en un símbolo, puesto que se había convertido en una especie de amuleto que alejaba del mal. Por eso los protagonistas también visten ropas rojas: vestir de rojo había adquirido nuevas connotaciones y alejaba de la enfermedad. Estas pinturas en las que predominaba el rojo eran conocidas como aka-e y la tablilla en sí constituía un fetiche contra el mal.

Los dioses aparecen en estas xilografías tanto como generadores de la enfermedad como guerreros que luchaban contra ella. Sólo algunas deidades sintoístas y budistas aparecen como salvadoras en escasos ejemplares.

Los extranjeros, portadores del mal

Pero los paisajes no tardaron en volver a un segundo plano cuando, en 1854, Matthew C. Perry hizo que Japón abriera sus puertas a americanos y europeos. Fue entonces cuando los extranjeros y sus costumbres se convirtieron en los protagonistas del ukiyo-e. No ocurrió por un interés inocente, sino para hacer saber a la población cómo aquellos demonios llegados desde lejos con sus barcos podían contagiarles las peores enfermedades de la época.

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«La ansiedad ante las influencias malignas de los extranjeros era uno de los factores imperantes entre los shoguns de Tokugawa, en el siglo XVII, en un Japón aislado por unas políticas que restringían el contacto con el mundo exterior. Al parecer, el cólera habría llegado a Japón a través de los barcos que llegaron a Nagasaki, así que estos miedos no eran del todo infundados», escribe Laura W. Allen en la página web de la colección.

Fue Tokugawa Iemitsu quien a mediados del siglo XVII se encargó de cerrar el país mediante decretos de exclusión. «Desde entonces y hasta el siglo XIX, a muchos japoneses se les prohibió abandonar el país y un reducido número de alemanes y chinos que habían sido confinados en la isla de Dejima, en la Vahía de Nagasaki eran los comerciantes extranjeros que tenían permiso para llevar un negocio en Japón», escribe Allen.

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Según indican desde la UCSF, estas tablas impresas «ofrecen una explicación visual del conocimiento médico japonés durante el final de la era Edo y el periodo Meijí. La mayoría de estas impresiones datan de mediados del siglo XIX, cuando Japón estaba abriéndose a Occidente». La colección al completo se puede visitar online en su página web.

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