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7 de septiembre 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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Atlas del cine rumano a base de collages

7 de septiembre 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Están ahí pero en realidad no pertenecen a ese lugar. Alicia J. Lobato «secuestra» personajes de películas rumanas para transportarlos a su propio universo. «Los collages me permiten establecer una ruptura con el espacio geográfico y cultural existente entre los dos mundos: el suyo y el mío». De este modo, asegura, «construyo nuevos paradigmas de identidad, de verdad y realidad».
Alicia lleva realizando estos collages desde 2013 cuando arrancó su proyecto de investigación sobre la Imagen Cinematográfica del Cine Rumano en su Transición Política: desde la Dictadura hasta la Democracia para la Facultad de Bellas Artes. «Todo comenzó con mi inquietud por el cine europeo y su estética. Analizando qué tipo de cine me resultaba más irreconocible llegué a la conclusión de que el rumano era inédito para mí».
Hasta entonces, apenas conocía nada de aquellas películas. Pero tampoco del país de donde procedían. Ni de sus gentes. «Según el censo del Ministerio del Interior, el mayor número de inmigrantes en España en 2013 era de origen rumano y yo, al igual que muchos otros, convivía en un mismo espacio desconociéndolos».
Las investigaciones de Alicia ganaban transversalidad. «Empecé a analizar y a trabajar con imágenes de su historia más reciente y posteriormente, de su cine, haciendo más atractivo el tema a medida que iba profundizando en él».
Después llegaron los contactos y las entrevistas con directores de cine del país como Andrei Ujica, Cristi Puiu, Tudor Giurgiu, Alexandru Maftei, Adrian Sitaru, Tudor Cristian Jurgiu, Iulia Rugina, Cristian Iacob o Calin Peter Netzer. Alicia les pidió permiso para utilizar imágenes de sus films y crear con ellas su propio Atlas del Cine Rumano. Y todos accedieron.
De sus charlas con ellos lo primero que descubrió es la falta de unanimidad que sigue existiendo cuando se habla de ‘nueva ola’ de cine rumano. «Para algunos directores de cine, críticos y prensa del país fue Cristi Puiu con Marfa si banii, en 2001, el artífice de este cambio histórico en su cine. Para otros, el precursor fue Cristian Nemescu con 4 meses, 3 semanas y 2 días, en 2007».
Sea uno u otro el mesías del nuevo cine rumano, lo cierto es que han sido las películas de la última década las que han comenzado a destacar en los principales festivales internacionales: Cannes, Berlinale, Toronto, Gijón, Sarajevo, Chicago…
«Podría decirse que es un cine de bajo presupuesto, pero de gran calidad artística y estética. En los últimos años, y con tanto premio ganado han comenzado a prodigarse las coproducciones con Alemania, Francia, Serbia, así como con otros directores de cine europeos».
Aunque lo que realmente atrae a Alicia es «su cercanía, su ironía… Es un cine fresco que versa sobre lo local y lo cotidiano, con sus tensiones humanas, culturales y sociales que ayudan a reconocer muchas escenas vividas en nuestro país no hace tanto tiempo».
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En los collages de Alicia, algunas de esas escenas se han recontextualizado en imágenes que la propia fotógrafa ha extraído de Internet. Los rostros de personajes de estas películas se trasladan ahora a otros espacios: edificios abandonados, vías de tren, autopistas…
Y, sobre todo, se llenan de color. Aunque el tono fauvista del que Lobato dota a sus fotomontajes no siempre resulta tan evidente como ella misma desearía: «El uso tan llamativo del color en los personajes es visible para mí cuando trabajo con él, y para otros cuando ven las impresiones de las fotos que yo he hecho. Pero en el 90% de los casos, cuando veo esas mismas imágenes que he construido en otro ordenador, tablet o móvil, esos colores que yo he fabricado exclusivamente para esas fotos, pierden información (la gama de color es demasiado alta y no es reconocida por esos otros aparatos), perdiendo intensidad, y por lo tanto, deformando lo que yo he hecho».
Algo que a Alicia le lleva a cuestionar la realidad que vivimos: «Se deforma sin más. Hoy en día, creemos que podemos verlo todo a través de internet, pero en realidad, se invisibilizan miles de cosas».
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Alicia confía en que sus fotomontajes (que pueden verse in situ en la Sala Paloma -C/Toledo, 108, Madrid-) enciendan el interés del público neófito por el cine rumano o, al menos, «ayude a desterrar viejos estereotipos sobre quién es el otro».
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Están ahí pero en realidad no pertenecen a ese lugar. Alicia J. Lobato «secuestra» personajes de películas rumanas para transportarlos a su propio universo. «Los collages me permiten establecer una ruptura con el espacio geográfico y cultural existente entre los dos mundos: el suyo y el mío». De este modo, asegura, «construyo nuevos paradigmas de identidad, de verdad y realidad».
Alicia lleva realizando estos collages desde 2013 cuando arrancó su proyecto de investigación sobre la Imagen Cinematográfica del Cine Rumano en su Transición Política: desde la Dictadura hasta la Democracia para la Facultad de Bellas Artes. «Todo comenzó con mi inquietud por el cine europeo y su estética. Analizando qué tipo de cine me resultaba más irreconocible llegué a la conclusión de que el rumano era inédito para mí».
Hasta entonces, apenas conocía nada de aquellas películas. Pero tampoco del país de donde procedían. Ni de sus gentes. «Según el censo del Ministerio del Interior, el mayor número de inmigrantes en España en 2013 era de origen rumano y yo, al igual que muchos otros, convivía en un mismo espacio desconociéndolos».
Las investigaciones de Alicia ganaban transversalidad. «Empecé a analizar y a trabajar con imágenes de su historia más reciente y posteriormente, de su cine, haciendo más atractivo el tema a medida que iba profundizando en él».
Después llegaron los contactos y las entrevistas con directores de cine del país como Andrei Ujica, Cristi Puiu, Tudor Giurgiu, Alexandru Maftei, Adrian Sitaru, Tudor Cristian Jurgiu, Iulia Rugina, Cristian Iacob o Calin Peter Netzer. Alicia les pidió permiso para utilizar imágenes de sus films y crear con ellas su propio Atlas del Cine Rumano. Y todos accedieron.
De sus charlas con ellos lo primero que descubrió es la falta de unanimidad que sigue existiendo cuando se habla de ‘nueva ola’ de cine rumano. «Para algunos directores de cine, críticos y prensa del país fue Cristi Puiu con Marfa si banii, en 2001, el artífice de este cambio histórico en su cine. Para otros, el precursor fue Cristian Nemescu con 4 meses, 3 semanas y 2 días, en 2007».
Sea uno u otro el mesías del nuevo cine rumano, lo cierto es que han sido las películas de la última década las que han comenzado a destacar en los principales festivales internacionales: Cannes, Berlinale, Toronto, Gijón, Sarajevo, Chicago…
«Podría decirse que es un cine de bajo presupuesto, pero de gran calidad artística y estética. En los últimos años, y con tanto premio ganado han comenzado a prodigarse las coproducciones con Alemania, Francia, Serbia, así como con otros directores de cine europeos».
Aunque lo que realmente atrae a Alicia es «su cercanía, su ironía… Es un cine fresco que versa sobre lo local y lo cotidiano, con sus tensiones humanas, culturales y sociales que ayudan a reconocer muchas escenas vividas en nuestro país no hace tanto tiempo».
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En los collages de Alicia, algunas de esas escenas se han recontextualizado en imágenes que la propia fotógrafa ha extraído de Internet. Los rostros de personajes de estas películas se trasladan ahora a otros espacios: edificios abandonados, vías de tren, autopistas…
Y, sobre todo, se llenan de color. Aunque el tono fauvista del que Lobato dota a sus fotomontajes no siempre resulta tan evidente como ella misma desearía: «El uso tan llamativo del color en los personajes es visible para mí cuando trabajo con él, y para otros cuando ven las impresiones de las fotos que yo he hecho. Pero en el 90% de los casos, cuando veo esas mismas imágenes que he construido en otro ordenador, tablet o móvil, esos colores que yo he fabricado exclusivamente para esas fotos, pierden información (la gama de color es demasiado alta y no es reconocida por esos otros aparatos), perdiendo intensidad, y por lo tanto, deformando lo que yo he hecho».
Algo que a Alicia le lleva a cuestionar la realidad que vivimos: «Se deforma sin más. Hoy en día, creemos que podemos verlo todo a través de internet, pero en realidad, se invisibilizan miles de cosas».
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Alicia confía en que sus fotomontajes (que pueden verse in situ en la Sala Paloma -C/Toledo, 108, Madrid-) enciendan el interés del público neófito por el cine rumano o, al menos, «ayude a desterrar viejos estereotipos sobre quién es el otro».
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