14 de septiembre 2014    /   IDEAS
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Un centro comercial iluminado por lechugas podridas

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Según datos de las Naciones Unidas, un tercio de todos los alimentos producidos se desperdicia. Los grandes supermercados, en particular, aplican dentro de su política de escaparate no solo que se tiren a la basura los alimentos caducados, sino también los que no luzcan estéticamente atractivos deben ser retirados de las estanterías.
Un gigante como la cadena británica Sainsbury`s, tan solo en sus tiendas de Escocia, genera semanalmente 42 toneladas de residuos orgánicos. Conocer esas cifras impulsó a los directivos de la compañía a probar qué ocurriría si en uno de sus macrocentros, el de Cannock (Staffordshire, West Midlands), destinasen todo ese sobrante para generar biocombustible en vez de enviarlo al vertedero.
El resultado se puede analizar por partida doble: su planta de Cannock nunca más pagará el recibo de la compañía eléctrica, porque ella misma generan su luz; y segundo, puede presumir de ser el primer centro comercial de Escocia que genera basura 0.
«Estábamos buscando nuevas maneras de reutilizar y reciclar todos esos alimentos que no se consumen», afirmaba durante la presentación de la idea a la BBC Paul Crewe, jefe de la sostenibilidad en Sainbury’s. «y ahora estamos encantados de ser el primer supermercado que hace uso de esta tecnología Link-Up, que además nos ahorra el gasto eléctrico».
En colaboración con la empresa de reciclaje de residuos Biffa, la empresa ha desarrollado una instalación cerca de su tienda a la que sus propios camiones llevan el producto sobrante del Sainbury’s. Allí, esa basura orgánica recibe un tratamiento de digestión anaeróbica que convierten esos residuos en energía eléctrica, que va de regreso al establecimiento a través de un cable de un kilómetro y medio de largo que ha instalado la empresa hasta la planta de reciclaje para recibir sus lechugas podridas de vuelta en forma de vatios. La energía generada, según afirma Biffa, «sería suficiente para abastecer mil viviendas durante dos años y medio».
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Aunque el modelo no es asumible para los pequeños comercios, Sainsbury’s dice querer crear un ejemplo entre otros gigantes de la alimentación. Ellos necesitaron dos años para poder sacar adelante este proyecto, pero tienen la intención de seguir replicando el modelo.
Richard Swannell, director de Wrap, la institución oficial encargada de promover el reciclaje y la economía sostenible en Reino Unido -en declaraciones a la cadena británica-, asegura que «la planta de digestión anaerobia de Cannock es parte de una revolución silenciosa que está en marcha en el Reino Unido, donde en la actualidad hay 60 plantas de reciclaje de residuos de alimentos que pueden procesar hasta dos millones y medio de toneladas al año, lo que generaría electricidad suficiente para abastecer a una ciudad de tres veces el tamaño de Cannock».
Mientras llega el día en el que nadie tenga que pagar su recibo,  los cannockienses, al menos, ya tienen un centro comercial donde los tomates podridos iluminan el ambiente.
(* Y como en cuestión de marketing todo vale, hasta tienen videoclip de su aplicación): 

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Un gigante como la cadena británica Sainsbury`s, tan solo en sus tiendas de Escocia, genera semanalmente 42 toneladas de residuos orgánicos. Conocer esas cifras impulsó a los directivos de la compañía a probar qué ocurriría si en uno de sus macrocentros, el de Cannock (Staffordshire, West Midlands), destinasen todo ese sobrante para generar biocombustible en vez de enviarlo al vertedero.
El resultado se puede analizar por partida doble: su planta de Cannock nunca más pagará el recibo de la compañía eléctrica, porque ella misma generan su luz; y segundo, puede presumir de ser el primer centro comercial de Escocia que genera basura 0.
«Estábamos buscando nuevas maneras de reutilizar y reciclar todos esos alimentos que no se consumen», afirmaba durante la presentación de la idea a la BBC Paul Crewe, jefe de la sostenibilidad en Sainbury’s. «y ahora estamos encantados de ser el primer supermercado que hace uso de esta tecnología Link-Up, que además nos ahorra el gasto eléctrico».
En colaboración con la empresa de reciclaje de residuos Biffa, la empresa ha desarrollado una instalación cerca de su tienda a la que sus propios camiones llevan el producto sobrante del Sainbury’s. Allí, esa basura orgánica recibe un tratamiento de digestión anaeróbica que convierten esos residuos en energía eléctrica, que va de regreso al establecimiento a través de un cable de un kilómetro y medio de largo que ha instalado la empresa hasta la planta de reciclaje para recibir sus lechugas podridas de vuelta en forma de vatios. La energía generada, según afirma Biffa, «sería suficiente para abastecer mil viviendas durante dos años y medio».
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Aunque el modelo no es asumible para los pequeños comercios, Sainsbury’s dice querer crear un ejemplo entre otros gigantes de la alimentación. Ellos necesitaron dos años para poder sacar adelante este proyecto, pero tienen la intención de seguir replicando el modelo.
Richard Swannell, director de Wrap, la institución oficial encargada de promover el reciclaje y la economía sostenible en Reino Unido -en declaraciones a la cadena británica-, asegura que «la planta de digestión anaerobia de Cannock es parte de una revolución silenciosa que está en marcha en el Reino Unido, donde en la actualidad hay 60 plantas de reciclaje de residuos de alimentos que pueden procesar hasta dos millones y medio de toneladas al año, lo que generaría electricidad suficiente para abastecer a una ciudad de tres veces el tamaño de Cannock».
Mientras llega el día en el que nadie tenga que pagar su recibo,  los cannockienses, al menos, ya tienen un centro comercial donde los tomates podridos iluminan el ambiente.
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