19 de mayo 2015    /   IDEAS
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Un día de campaña de un político que no se considera político

19 de mayo 2015    /   IDEAS     por          
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Es el último lunes de campaña. Once en punto de la mañana. En una oficina de la calle Princesa de Madrid hay seis personas trabajando en una sala con dos mesas grandes blancas llenas de papeles y cables de internet para sus ordenadores portátiles. Cada uno trae el suyo. Ninguno va mucho más lejos de los treinta años. Hablan de enviar sillas a un evento, cerrar una reunión con una ONG y también del calor.
–Es polvo africano –asegura una joven.
Los demás sonríen y ella justifica su afirmación.
–Sí. Me lo dijeron en la frutería.
Es el único comentario que no tiene que ver con la organización de la campaña. En la oficina de Podemos el ritmo de trabajo es intenso. Hace seis meses establecieron ahí su sede. Están en tres plantas, aunque funcionan como un único espacio unido por muchos viajes en ascensor. «Aquí antes había una empresa fotovoltaica», enfatiza orgulloso el candidato a la presidencia por la Comunidad de Madrid, José Manuel López, como si ese lugar fuese más digno por un pasado asociado a la energía renovable.
En la oficina de Podemos no hay recepción ni secretarias. Parece que hubieran entrado ahí el día anterior. No hay un solo objeto de decoración. Las paredes permanecen intactas y lo único que rompe el blanco es otro blanco de una hoja inmensa que muestra un calendario dibujado a mano con la planificación de esa semana.
–Cuando entramos a las oficinas, alguien dijo: «Hay que decorar esto» –relata el candidato mientras hace el gesto de estar muy atareado tecleando un ordenador. Levanta la cabeza de la pantalla imaginaria y dice:
–Todos contestamos: Sí –y vuelve a girar su cara hacia el ordenador invisible sin parar de teclear.
En esa sede nada huele a rutina o burocracia. Al contrario. Tiene un aire de lugar en construcción. «No tenemos despachos ni sitios fijos. Es la mentalidad de Silicon Valley», explica el candidato, que junto a la mayoría de sus compañeros y ayudantes, se estrena en las elecciones a la Asamblea de Madrid. Después de un paseo por todas las salas, el visitante podría pensar que, efectivamente, es una startup y situaría la media de edad en la chavalada. Pero el candidato aclara que no es así. «Aquí viene gente de todas las edades. Hay muchas personas de 60 años. Muchos tienen mi edad, entre 45 y 50. Y también hay muchos jóvenes pero, sobre todo, hay mucho talento».
Esa mañana se levantó temprano para ir a Telemadrid. Después tuvo otra entrevista en TVE. Esa será la única vez que el candidato aparezca en el medio público. «Me han dado tres minutos, a las 8.10 de la mañana del martes», contó después, como una hazaña y con cierta ironía, en un acto organizado por el Círculo de Periodistas de Podemos.
A las doce menos diez llega a la quinta planta del cuartel general. Es un hombre menudo con cara de niño. Viste impecable, como el que sabe que tiene que ponerse guapo por si, en cualquier momento, una televisión le mete un canutazo. Lleva una chaqueta azul, una camisa blanca, unos pantalones azules de tela con unos puntos blancos diminutos y una mochila negra. Al verlo, todos los que están en la sala, que a diferencia del candidato, visten vaqueros, lo saludan efusivamente.
–¡Estás moreno! –le dice una chica.
–Es moreno-mitin –contesta López.
Le preguntan por el encuentro del día anterior en Vallecas. «Estuvo muy bien», responde contento el candidato. Va a toda prisa y, al momento, gira la conversación a los temas pendientes para ese día.
A las 12.00 comienza una reunión con el comité de empresa de IFEMA en la planta 3. Vienen a hablar de la situación actual de esta institución y de sus propuestas para gestionarlo de un modo que ellos consideran más adecuado. José Manuel López escucha, toma notas en un folio blanco y después les explica que ellos proponen un cambio de modelo económico. Al candidato le gusta decir: «No tenemos un proyecto de partido. Tenemos un proyecto de país» y ese plan, explica a menudo, supone «acabar con la lógica del ladrillo y entrar en la lógica de rehabilitar». «Tenemos que hacer una renovación tecnológica de los edificios. Hay una pintura fotocatalítica que reduce la contaminación y tenemos que instalar placas solares en las viviendas. Esta renovación genera empleo y revitaliza la economía. Todas las actividades que hagamos tienen que contribuir a la innovación».
Es la 1.00. Espera otra reunión en la planta 5. Al llegar mira el correo postal y encuentra una carta dirigida a «Pablo Iglesias, Secretario general de Podemos, Palacio de la Moncloa». El cartero ha buscado la dirección correcta y la ha entregado en la calle Princesa. El candidato se ríe y lo ve como una muestra de simpatía hacia Podemos. «Esto hay que tuitearlo», indica.
López habla con su equipo de campaña sobre su estrategia de prensa, el calendario de actos de la semana y el día de las elecciones. «Venga, vamos», dice cuando una conversación se alarga un segundo de más. «Hay que dar un empujón, porque yo creo que vamos bien».
La sala empieza a oler a galleta. Alguien ha sacado una bolsa de minipretzels. Esos panecillos que inventaron unos monjes alemanes en la edad media acaban entrometiéndose en una reunión en la que no bajan la guardia ideológica. Hasta a puerta cerrada el jefe de campaña de las autonómicas, Pablo Padilla, hace referencia a «los candidatos y las candidatas» en ese énfasis de incluir a las mujeres que se ha impuesto como una norma de corrección política en la izquierda.
El candidato se levanta varias veces a revisar su Google Calendar en un PC portátil. En distintos calendarios compartidos gestionan los más de 370 actos que tienen en estos 15 días de campaña. Utilizan herramientas tecnológicas gratuitas como Google o Telegram. «Si estás en Podemos, estás en Telegram. Yo era feliz con mi Blackberry, pero tuve que cambiarme a este teléfono para poder utilizar la aplicación», dirá más tarde de camino a un acto a la vez que enseña un móvil de gama media y sistema operativo Android. «Todos estamos constantemente conectados».
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A las 2.00 tiene una comida. Vuelve a las 3.15. A las 4.00 ha de asistir a un encuentro con la Asociación de directores de centros de adultos de la Comunidad de Madrid (ADECAM). Va en coche con un compañero de Podemos. El verano se ha impuesto a la primavera y el calor aprieta, pero el coche no tiene aire acondicionado. Hace calor. El automóvil es aún de más gama media que el smartphone.
La reunión es en Hortaleza, su barrio de siempre, donde vivió de pequeño y donde reside hoy con su mujer y sus dos hijas. El edificio está al lado de un parque. Lo señala y dice: «Aquí es donde salgo a correr». José Manuel López es corredor de maratón, según cuenta después uno de sus colaboradores de campaña, Víctor Sampedro. «Por eso aguanta este ritmo. Míralo. Ahí está como si nada con todo lo que lleva».
El ingeniero agrónomo entra en el colegio y saluda a los que están esperándole. Una profesora, después de hablar un rato, le cuenta que es sobrina de Manuela Carmena. La candidata a la alcaldía por Ahora Madrid también vive en esa zona y en la conversación empieza a salir el orgullo de barrio. José Manuel López, en el trayecto a la reunión, había estado haciendo de guía del lugar. Hablaba de las casas, de la torre de control que construyó Franco, del golpe que pegó la droga a sus vecinos en la década de los 80.
La sala donde va a celebrarse la reunión está ocupada. Mientras esperan en el pasillo pasa una profesora y, mientras camina, pregunta:
–Vosotros sois de un grupo político, ¿no? ¿De Izquierda Unida?
–De Podemos –contesta López.
–Uy, no. A mí no me gusta ese.
–De todo tiene que haber –responde con una sonrisa.
La reunión es en el interior de un aula con una pizarra verde de tiza y un mapa en la pared. Los directores les cuentan sus quejas. Muchas y muy amargas. Dicen que hablaron con una persona de la Consejería de Educación para exponerles que se estaban quedando sin recursos para dar clases de español para extranjeros y les contestaron: «Pues que aprendan leyendo los carteles del metro».
Los directores se quejan de que cada vez hay menos profesores en sus centros y que ahora dan las clases personas voluntarias. «No son docentes. El que sabe informática, enseña informática. El que sabe inglés, enseña inglés. Lo que nos han quitado, lo estamos autogestionando».
José Manuel López les dice que sabe de qué les hablan y les cuenta que él trabajó hace años en aldeas campesinas de América Latina. «Les enseñábamos cómo podían participar en sus comunidades. Nuestro objetivo era empoderarlos». El «ingeniero social», como lo describe un colaborador, trabajó después como director del área de acción social de Cáritas y como portavoz de minorías religiosas de Pluralismo y Convivencia, una fundación que depende del Ministerio de Justicia. Antes de dedicarse exclusivamente a Podemos, elaboraba estudios económicos y sociales para organismos nacionales e internacionales en la fundación Tomillo. «Teníamos el despacho en Orcasur. Es un barrio muy perjudicado. La esperanza de vida de las personas que viven ahí es siete años menos que las que viven en el barrio de Salamanca».
El candidato apunta lo que le cuentan en otro folio en blanco. Subraya, rodea palabras en cajas y después de escuchar a todos, dice: «No es verdad que no haya dinero. La Comunidad de Madrid maneja un presupuesto de 16.000 millones de euros. Lo que ocurre es que hay que tomar decisiones políticas para decidir en qué se invierte ese dinero».
5.30 de la tarde. Vuelta a la sede de operaciones. A las 7.00 tiene que participar en un encuentro organizado por el Círculo de Periodismo de Podemos. Van a presentar su propuesta para Telemadrid y Onda Madrid. La historia de José Manuel López también incluye algunas experiencias en medios de comunicación. En 1989 fundó la emisora comunitaria Radio Enlace y, unos años después, en Ecuador, montó Radio Chaguarurco junto a un grupo de campesinos.
En el recorrido hacia la calle Princesa hablan de lo que están disfrutando de esta experiencia y lo que aprenden cada día con todo lo que les cuentan. Son 15 intensas horas de trabajo al día. Hablan con la emoción del novato, como el que de pronto se ve en una fiesta a la que nunca pensó estar invitado. «La diferencia entre nosotros y otros partidos es que no somos políticos. Somos ciudadanos haciendo política», repite a menudo José Manuel López. En el asiento de atrás del coche, se dirige al copiloto, Juan Varela, responsable de temas de educación en Podemos, y le dice: «Anda que si hace cuatro años nos hubieran dicho que íbamos a estar en estas».

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Es el último lunes de campaña. Once en punto de la mañana. En una oficina de la calle Princesa de Madrid hay seis personas trabajando en una sala con dos mesas grandes blancas llenas de papeles y cables de internet para sus ordenadores portátiles. Cada uno trae el suyo. Ninguno va mucho más lejos de los treinta años. Hablan de enviar sillas a un evento, cerrar una reunión con una ONG y también del calor.
–Es polvo africano –asegura una joven.
Los demás sonríen y ella justifica su afirmación.
–Sí. Me lo dijeron en la frutería.
Es el único comentario que no tiene que ver con la organización de la campaña. En la oficina de Podemos el ritmo de trabajo es intenso. Hace seis meses establecieron ahí su sede. Están en tres plantas, aunque funcionan como un único espacio unido por muchos viajes en ascensor. «Aquí antes había una empresa fotovoltaica», enfatiza orgulloso el candidato a la presidencia por la Comunidad de Madrid, José Manuel López, como si ese lugar fuese más digno por un pasado asociado a la energía renovable.
En la oficina de Podemos no hay recepción ni secretarias. Parece que hubieran entrado ahí el día anterior. No hay un solo objeto de decoración. Las paredes permanecen intactas y lo único que rompe el blanco es otro blanco de una hoja inmensa que muestra un calendario dibujado a mano con la planificación de esa semana.
–Cuando entramos a las oficinas, alguien dijo: «Hay que decorar esto» –relata el candidato mientras hace el gesto de estar muy atareado tecleando un ordenador. Levanta la cabeza de la pantalla imaginaria y dice:
–Todos contestamos: Sí –y vuelve a girar su cara hacia el ordenador invisible sin parar de teclear.
En esa sede nada huele a rutina o burocracia. Al contrario. Tiene un aire de lugar en construcción. «No tenemos despachos ni sitios fijos. Es la mentalidad de Silicon Valley», explica el candidato, que junto a la mayoría de sus compañeros y ayudantes, se estrena en las elecciones a la Asamblea de Madrid. Después de un paseo por todas las salas, el visitante podría pensar que, efectivamente, es una startup y situaría la media de edad en la chavalada. Pero el candidato aclara que no es así. «Aquí viene gente de todas las edades. Hay muchas personas de 60 años. Muchos tienen mi edad, entre 45 y 50. Y también hay muchos jóvenes pero, sobre todo, hay mucho talento».
Esa mañana se levantó temprano para ir a Telemadrid. Después tuvo otra entrevista en TVE. Esa será la única vez que el candidato aparezca en el medio público. «Me han dado tres minutos, a las 8.10 de la mañana del martes», contó después, como una hazaña y con cierta ironía, en un acto organizado por el Círculo de Periodistas de Podemos.
A las doce menos diez llega a la quinta planta del cuartel general. Es un hombre menudo con cara de niño. Viste impecable, como el que sabe que tiene que ponerse guapo por si, en cualquier momento, una televisión le mete un canutazo. Lleva una chaqueta azul, una camisa blanca, unos pantalones azules de tela con unos puntos blancos diminutos y una mochila negra. Al verlo, todos los que están en la sala, que a diferencia del candidato, visten vaqueros, lo saludan efusivamente.
–¡Estás moreno! –le dice una chica.
–Es moreno-mitin –contesta López.
Le preguntan por el encuentro del día anterior en Vallecas. «Estuvo muy bien», responde contento el candidato. Va a toda prisa y, al momento, gira la conversación a los temas pendientes para ese día.
A las 12.00 comienza una reunión con el comité de empresa de IFEMA en la planta 3. Vienen a hablar de la situación actual de esta institución y de sus propuestas para gestionarlo de un modo que ellos consideran más adecuado. José Manuel López escucha, toma notas en un folio blanco y después les explica que ellos proponen un cambio de modelo económico. Al candidato le gusta decir: «No tenemos un proyecto de partido. Tenemos un proyecto de país» y ese plan, explica a menudo, supone «acabar con la lógica del ladrillo y entrar en la lógica de rehabilitar». «Tenemos que hacer una renovación tecnológica de los edificios. Hay una pintura fotocatalítica que reduce la contaminación y tenemos que instalar placas solares en las viviendas. Esta renovación genera empleo y revitaliza la economía. Todas las actividades que hagamos tienen que contribuir a la innovación».
Es la 1.00. Espera otra reunión en la planta 5. Al llegar mira el correo postal y encuentra una carta dirigida a «Pablo Iglesias, Secretario general de Podemos, Palacio de la Moncloa». El cartero ha buscado la dirección correcta y la ha entregado en la calle Princesa. El candidato se ríe y lo ve como una muestra de simpatía hacia Podemos. «Esto hay que tuitearlo», indica.
López habla con su equipo de campaña sobre su estrategia de prensa, el calendario de actos de la semana y el día de las elecciones. «Venga, vamos», dice cuando una conversación se alarga un segundo de más. «Hay que dar un empujón, porque yo creo que vamos bien».
La sala empieza a oler a galleta. Alguien ha sacado una bolsa de minipretzels. Esos panecillos que inventaron unos monjes alemanes en la edad media acaban entrometiéndose en una reunión en la que no bajan la guardia ideológica. Hasta a puerta cerrada el jefe de campaña de las autonómicas, Pablo Padilla, hace referencia a «los candidatos y las candidatas» en ese énfasis de incluir a las mujeres que se ha impuesto como una norma de corrección política en la izquierda.
El candidato se levanta varias veces a revisar su Google Calendar en un PC portátil. En distintos calendarios compartidos gestionan los más de 370 actos que tienen en estos 15 días de campaña. Utilizan herramientas tecnológicas gratuitas como Google o Telegram. «Si estás en Podemos, estás en Telegram. Yo era feliz con mi Blackberry, pero tuve que cambiarme a este teléfono para poder utilizar la aplicación», dirá más tarde de camino a un acto a la vez que enseña un móvil de gama media y sistema operativo Android. «Todos estamos constantemente conectados».
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A las 2.00 tiene una comida. Vuelve a las 3.15. A las 4.00 ha de asistir a un encuentro con la Asociación de directores de centros de adultos de la Comunidad de Madrid (ADECAM). Va en coche con un compañero de Podemos. El verano se ha impuesto a la primavera y el calor aprieta, pero el coche no tiene aire acondicionado. Hace calor. El automóvil es aún de más gama media que el smartphone.
La reunión es en Hortaleza, su barrio de siempre, donde vivió de pequeño y donde reside hoy con su mujer y sus dos hijas. El edificio está al lado de un parque. Lo señala y dice: «Aquí es donde salgo a correr». José Manuel López es corredor de maratón, según cuenta después uno de sus colaboradores de campaña, Víctor Sampedro. «Por eso aguanta este ritmo. Míralo. Ahí está como si nada con todo lo que lleva».
El ingeniero agrónomo entra en el colegio y saluda a los que están esperándole. Una profesora, después de hablar un rato, le cuenta que es sobrina de Manuela Carmena. La candidata a la alcaldía por Ahora Madrid también vive en esa zona y en la conversación empieza a salir el orgullo de barrio. José Manuel López, en el trayecto a la reunión, había estado haciendo de guía del lugar. Hablaba de las casas, de la torre de control que construyó Franco, del golpe que pegó la droga a sus vecinos en la década de los 80.
La sala donde va a celebrarse la reunión está ocupada. Mientras esperan en el pasillo pasa una profesora y, mientras camina, pregunta:
–Vosotros sois de un grupo político, ¿no? ¿De Izquierda Unida?
–De Podemos –contesta López.
–Uy, no. A mí no me gusta ese.
–De todo tiene que haber –responde con una sonrisa.
La reunión es en el interior de un aula con una pizarra verde de tiza y un mapa en la pared. Los directores les cuentan sus quejas. Muchas y muy amargas. Dicen que hablaron con una persona de la Consejería de Educación para exponerles que se estaban quedando sin recursos para dar clases de español para extranjeros y les contestaron: «Pues que aprendan leyendo los carteles del metro».
Los directores se quejan de que cada vez hay menos profesores en sus centros y que ahora dan las clases personas voluntarias. «No son docentes. El que sabe informática, enseña informática. El que sabe inglés, enseña inglés. Lo que nos han quitado, lo estamos autogestionando».
José Manuel López les dice que sabe de qué les hablan y les cuenta que él trabajó hace años en aldeas campesinas de América Latina. «Les enseñábamos cómo podían participar en sus comunidades. Nuestro objetivo era empoderarlos». El «ingeniero social», como lo describe un colaborador, trabajó después como director del área de acción social de Cáritas y como portavoz de minorías religiosas de Pluralismo y Convivencia, una fundación que depende del Ministerio de Justicia. Antes de dedicarse exclusivamente a Podemos, elaboraba estudios económicos y sociales para organismos nacionales e internacionales en la fundación Tomillo. «Teníamos el despacho en Orcasur. Es un barrio muy perjudicado. La esperanza de vida de las personas que viven ahí es siete años menos que las que viven en el barrio de Salamanca».
El candidato apunta lo que le cuentan en otro folio en blanco. Subraya, rodea palabras en cajas y después de escuchar a todos, dice: «No es verdad que no haya dinero. La Comunidad de Madrid maneja un presupuesto de 16.000 millones de euros. Lo que ocurre es que hay que tomar decisiones políticas para decidir en qué se invierte ese dinero».
5.30 de la tarde. Vuelta a la sede de operaciones. A las 7.00 tiene que participar en un encuentro organizado por el Círculo de Periodismo de Podemos. Van a presentar su propuesta para Telemadrid y Onda Madrid. La historia de José Manuel López también incluye algunas experiencias en medios de comunicación. En 1989 fundó la emisora comunitaria Radio Enlace y, unos años después, en Ecuador, montó Radio Chaguarurco junto a un grupo de campesinos.
En el recorrido hacia la calle Princesa hablan de lo que están disfrutando de esta experiencia y lo que aprenden cada día con todo lo que les cuentan. Son 15 intensas horas de trabajo al día. Hablan con la emoción del novato, como el que de pronto se ve en una fiesta a la que nunca pensó estar invitado. «La diferencia entre nosotros y otros partidos es que no somos políticos. Somos ciudadanos haciendo política», repite a menudo José Manuel López. En el asiento de atrás del coche, se dirige al copiloto, Juan Varela, responsable de temas de educación en Podemos, y le dice: «Anda que si hace cuatro años nos hubieran dicho que íbamos a estar en estas».

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