27 de agosto 2012    /   BUSINESS
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Un encendido elogio de la “frialdad” japonesa

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En el momento en el que escribo estas líneas parece que el sol ha estallado y que nubes de fuego se aproximan a nuestro querido planeta azul abrasando todo a su paso. Mi portátil está tan caliente que cada vez que toco la barra espaciadora temo que me salga una ampolla.

La ola de calor está aplastando España, hace tanto calor que fijo que esto tiene impacto en el PIB. Para colmo, se me ha acabado el agua fría y no puedo levantarme a por más porque definitivamente me he quedado pegado a la silla. Miro al ventilador, que se esfuerza por darme un respiro, entonces supongo que pierdo la conciencia y el ventilador cobra vida. «Juanjo, ponme al 3, tío, no seas rata».

Mecánicamente le hago caso, aunque no me acaba de gustar ese tonito, soy su dueño, joder. «Gracias, por la sugerencia, ventilador”, le respondo tranquilamente como si mis conversaciones con los electrodomésticos fueran algo normal, “Pocas veces nos habíamos visto ante un calor como este, ¿no?»

«Como sabes, carezco de termostato», me contesta, «pero la verdad es que viendo tu cara derretirse como la del nazi al final de En busca del arca perdida, tengo que darte la razón». Habla de una manera fría, insensible, pero como persona curiosa y preguntona que soy, hago un intento con el ventilador, no tengo nada que perder. «Ventilador, se supone que eres un experto en ventilación, en refrigeración a la vieja usanza. ¿Tienes algún consejo de esos de abuela que pueda hacer bajar la temperatura de la habitación?».

«Bueno, no sé», duda un momento. «Se me ocurre una cosa. No sé si te has fijado que, en lo que podríamos llamar mi culo, un pequeño texto declara que fui fabricado en Japón. Oh, tío, esa gente sí que sabe lo que se hace. ¿Por qué no te pones a buscar lo que ese glorioso pueblo ha ideado para cuando aprieta el calor? Tú siempre estás mirando pijadas en internet, así que igual hasta echas la tarde la mar de entretenido».

El sonido de mi teléfono me saca de este ensueño y me reconduce de nuevo a la cordura. Es mi hermana para felicitarme, hoy es mi cumpleaños. Pero la verdad es que, una vez felicitado, duchado y vuelto en lo posible a un estado mental normal, decido hacerle un poco de caso al ventilador aunque prometo no contarle a nadie la razón de escribir este artículo. Diré que lo he copiado del blog de un quinceañero panameño.

Introducirse en el mundo de los productos refrescantes japoneses es un viaje solo de ida. A partir de que se conoce su existencia, uno ya no deja de sopesar los gastos de envío de las tiendas en línea del país nipón intentando decidir la conveniencia o no de afrontarlos.

Lo primero que asombra es la superabundancia de parches refrescantes de todo tipo para la frente o el cuello. Por la enorme cantidad de versiones y marcas de este producto que se encuentran en la red, está clarísimo que no hay nada más efectivo contra el calor que pegarse en la frente una toallita refrescante. En ellos, el mentol se encarga de provocar una sensación de frescor quizá engañosa, pero que por lo visto ayuda a superar el terrible verano japonés.

Ya veis como respira el señor del paquete aliviado por poder seguir sin problemas su probablemente interminable jornada laboral.

Más tarde, en casa, el mismo señor se dispone a dormir, no sin antes colocar una especie de toalla refrescante en su cama, para ayudarle a dormir sin problemas las 8 horas de rigor sin necesidad de quitarse su recatado pijama ni sus gubernamentales gafas.

Otro invento químico para mandar el calor a las montañas del olvido es OXY, un spray que refresca el cuerpo para poder aguantar las temperaturas del atestado metro de Tokio, tal y como podéis ver en este anuncio que no deja lugar a dudas.

Si el problema es un recalentamiento excesivo de la cabeza, no hay problema, este específico problema también tiene su solución gracias al producto cuyo nombre Google translator traduce como “Cabeza Fría” (ヘッドクール), un nombre más claro imposible que posee la propiedad no tan evidente de esparcir por el cuero cabelludo un gas refrigerante que según las ilustraciones del producto te congela la cabeza como el tejado del Kremlin en pleno mes de enero.

El producto Ice Spark de la marca Sexy Boy es una espuma que produce un efecto refrigerante al aplicarlo a TODO el cuerpo. Lo he incluido sobre todo por las imágenes que en su web ilustran su utilización y sus propiedades. Realmente parece que los diseñadores gráficos estén pensando en que frikis occidentales que no hablan y sobre todo no leen ni una letra de japonés van a entrar a sus webs a husmear por los callejones más angostos de su cultura.

Incluyo una ampliación de la parte inferior derecha en la que aparecen las indicaciones de uso. No sé si es necesaria mucha explicación, pero por si acaso he intentado realizar una traducción libre de los títulos de las cuatro viñetas: “Metropolitan derretition”, “Calor que te deja a 4 patas”, “Cuando la pelota y tu cabeza son exactamente iguales” y “Jurando en hebreo mientras el sol te achicharra”.

P.D. Cuando mi tarjeta de crédito ya estaba mentalizada para afrontar los cobros de unos cuantos bancos japoneses, el hombre del tiempo anunció lluvias. Y septiembre está ya a la vuelta de la esquina, y luego llegará el invierno… ¡Y todos estos productos tienen su opción “calor”!

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La ola de calor está aplastando España, hace tanto calor que fijo que esto tiene impacto en el PIB. Para colmo, se me ha acabado el agua fría y no puedo levantarme a por más porque definitivamente me he quedado pegado a la silla. Miro al ventilador, que se esfuerza por darme un respiro, entonces supongo que pierdo la conciencia y el ventilador cobra vida. «Juanjo, ponme al 3, tío, no seas rata».

Mecánicamente le hago caso, aunque no me acaba de gustar ese tonito, soy su dueño, joder. «Gracias, por la sugerencia, ventilador”, le respondo tranquilamente como si mis conversaciones con los electrodomésticos fueran algo normal, “Pocas veces nos habíamos visto ante un calor como este, ¿no?»

«Como sabes, carezco de termostato», me contesta, «pero la verdad es que viendo tu cara derretirse como la del nazi al final de En busca del arca perdida, tengo que darte la razón». Habla de una manera fría, insensible, pero como persona curiosa y preguntona que soy, hago un intento con el ventilador, no tengo nada que perder. «Ventilador, se supone que eres un experto en ventilación, en refrigeración a la vieja usanza. ¿Tienes algún consejo de esos de abuela que pueda hacer bajar la temperatura de la habitación?».

«Bueno, no sé», duda un momento. «Se me ocurre una cosa. No sé si te has fijado que, en lo que podríamos llamar mi culo, un pequeño texto declara que fui fabricado en Japón. Oh, tío, esa gente sí que sabe lo que se hace. ¿Por qué no te pones a buscar lo que ese glorioso pueblo ha ideado para cuando aprieta el calor? Tú siempre estás mirando pijadas en internet, así que igual hasta echas la tarde la mar de entretenido».

El sonido de mi teléfono me saca de este ensueño y me reconduce de nuevo a la cordura. Es mi hermana para felicitarme, hoy es mi cumpleaños. Pero la verdad es que, una vez felicitado, duchado y vuelto en lo posible a un estado mental normal, decido hacerle un poco de caso al ventilador aunque prometo no contarle a nadie la razón de escribir este artículo. Diré que lo he copiado del blog de un quinceañero panameño.

Introducirse en el mundo de los productos refrescantes japoneses es un viaje solo de ida. A partir de que se conoce su existencia, uno ya no deja de sopesar los gastos de envío de las tiendas en línea del país nipón intentando decidir la conveniencia o no de afrontarlos.

Lo primero que asombra es la superabundancia de parches refrescantes de todo tipo para la frente o el cuello. Por la enorme cantidad de versiones y marcas de este producto que se encuentran en la red, está clarísimo que no hay nada más efectivo contra el calor que pegarse en la frente una toallita refrescante. En ellos, el mentol se encarga de provocar una sensación de frescor quizá engañosa, pero que por lo visto ayuda a superar el terrible verano japonés.

Ya veis como respira el señor del paquete aliviado por poder seguir sin problemas su probablemente interminable jornada laboral.

Más tarde, en casa, el mismo señor se dispone a dormir, no sin antes colocar una especie de toalla refrescante en su cama, para ayudarle a dormir sin problemas las 8 horas de rigor sin necesidad de quitarse su recatado pijama ni sus gubernamentales gafas.

Otro invento químico para mandar el calor a las montañas del olvido es OXY, un spray que refresca el cuerpo para poder aguantar las temperaturas del atestado metro de Tokio, tal y como podéis ver en este anuncio que no deja lugar a dudas.

Si el problema es un recalentamiento excesivo de la cabeza, no hay problema, este específico problema también tiene su solución gracias al producto cuyo nombre Google translator traduce como “Cabeza Fría” (ヘッドクール), un nombre más claro imposible que posee la propiedad no tan evidente de esparcir por el cuero cabelludo un gas refrigerante que según las ilustraciones del producto te congela la cabeza como el tejado del Kremlin en pleno mes de enero.

El producto Ice Spark de la marca Sexy Boy es una espuma que produce un efecto refrigerante al aplicarlo a TODO el cuerpo. Lo he incluido sobre todo por las imágenes que en su web ilustran su utilización y sus propiedades. Realmente parece que los diseñadores gráficos estén pensando en que frikis occidentales que no hablan y sobre todo no leen ni una letra de japonés van a entrar a sus webs a husmear por los callejones más angostos de su cultura.

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