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16 de abril 2015    /   IDEAS
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Un futuro solo para ti

16 de abril 2015    /   IDEAS     por          
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Hay algo seguro. Todos hemos jugado alguna vez a imaginar cómo será el futuro. A la literatura le sobran ejemplos apocalípticos en los que las sociedades luchan por sobrevivir organizadas en comunidades uniformes y casi sectarias. Sin embargo, lo más plausible es que todo se desarrolle de otra manera. Los dispositivos, los objetos, los servicios que usaremos serán capaces de aprender de nuestro comportamiento y adaptarse perfectamente a nuestra realidad en cada instante. Los living services serán como la mantita de la sobremesa de los domingos: práctica, eficiente y en perfecta simbiosis con cada individuo.

Olof Schybergson, fundador y CEO de la consultora de diseño e innovación Fjord, piensa que los living services son «una nueva ola de transformación tecnológica que ofrece una dimensión de la tecnología más humana centrada en el individuo».

El finlandés cree que es un error concebir el futuro conectado y el internet de las cosas con el objetivo de crear productos vendibles, que inventen necesidades artificiales en los ciudadanos. Dice que la mayor parte de su trabajo se basa en la observación del entorno. «Pasamos mucho tiempo, por ejemplo, observando a la gente en su vida cotidiana. Partimos de ahí. A menudo las mejores oportunidades llegan cuando te apoyas en hábitos ya existentes en lugar de intentar cambiar las costumbres de las personas», asegura.

Para Schybergson, esta en la manera de abordar un futuro repleto de dispositivos conectados. «Veremos cómo los servicios están vivos, respirando y tomando forma en torno a las personas. Además, irán aprendiendo de ellas», afirma. «La nomenclatura alrededor del concepto de ‘internet de las cosas’ se centra demasiado en los objetos y no tanto en los beneficios o la experiencia».

Olof Schybergson visto por el ilustrador Dimas Fernández.

Olof Schybergson visto por el ilustrador Dimas Fernández.

Según eso, aspectos capitales de la vida como la asistencia sanitaria, experimentarán transformaciones sustanciales. «Ahora, cuando vas al médico, te examinan, pueden hacerte algún análisis y al final te dan una respuesta, una hipótesis, a pesar de que todos tengamos cuerpos, estilos de vida o hábitos diferentes. Sin embargo —dispositivos como el Healthkit de Apple ya ha comenzado a hacerlo—, diferentes living services recogerán datos relacionados, por ejemplo, con el deporte que haces, con lo que comes o con otro tipo de actividad. Todos esos datos pasan a formar parte de esa hipótesis y la relación con el médico podría tener más sentido, si los datos se utilizan mejor», declara el fundador de la consultora.

En campos como la educación, las metodologías y los ritmos podrían ajustarse específicamente a cada alumno. Schybergson afirma que con la tecnología y el uso de datos se podrán crear caminos de aprendizaje personalizados donde las personas pasen menos tiempo aprendiendo, pero aprendan más rápidamente.

El desafío no es baladí y, hasta donde sabemos, diseñar el futuro de la humanidad plantea también incógnitas incómodas. Por una lado, están las meramente técnicas, como mover una vida conectada de un lugar a otro. Con múltiples sensores y dispositivos conectados en un hogar, el simple hecho de mudarse de vivienda puede resultar un auténtico incordio. «Antes, simplemente cogías las cosas, las metías en el coche y te ibas. Ahora necesitas wifi para que funcionen; o necesitas conectar los dispositivos a una serie de protocolos. Hace falta un apoyo tecnológico para aquellas personas que ven cómo, de repente, sus vidas conectadas están desconectadas», dice el finlandés.

Hay más. ¿Cómo afrontaremos el cotidiano reto de alargar la vida de las numerosas baterías que tendrán los dispositivos? ¿Cómo se utilizará la ingente cantidad de datos que producirán todos esos living services? ¿O cómo desaparecer de un mundo lleno de sensores, objetos y pantallas que monitorizan todo lo que cada uno hace?

Esa es, probablemente, la cara oscura de un futuro personalizado para cada ciudadano. Ya no hay que diseñar un futuro común para todos, sino millones de futuros individuales. La segmentación, los targets, están muertos y enterrados. «Ya no nos encontramos ante 5 segmentos de un millón de personas en cada uno; quizás se trate más de que haya cinco millones de segmentos formados cada uno por una sola persona».

Los diseñadores tienen ese crucial reto por delante. «En vez de diseñar un objeto concreto se trata de diseñar un sistema que evolucione en torno a un individuo según los datos que se incluyen en el mismo y los que aprende del usuario. Los diseñadores deben ser pensadores de sistemas más que pensadores de objetos».

Bola extra: Puedes consultar el informe anual de tendencias de Fjord en este enlace o verlo justo aquí debajo.

 

 

Hay algo seguro. Todos hemos jugado alguna vez a imaginar cómo será el futuro. A la literatura le sobran ejemplos apocalípticos en los que las sociedades luchan por sobrevivir organizadas en comunidades uniformes y casi sectarias. Sin embargo, lo más plausible es que todo se desarrolle de otra manera. Los dispositivos, los objetos, los servicios que usaremos serán capaces de aprender de nuestro comportamiento y adaptarse perfectamente a nuestra realidad en cada instante. Los living services serán como la mantita de la sobremesa de los domingos: práctica, eficiente y en perfecta simbiosis con cada individuo.

Olof Schybergson, fundador y CEO de la consultora de diseño e innovación Fjord, piensa que los living services son «una nueva ola de transformación tecnológica que ofrece una dimensión de la tecnología más humana centrada en el individuo».

El finlandés cree que es un error concebir el futuro conectado y el internet de las cosas con el objetivo de crear productos vendibles, que inventen necesidades artificiales en los ciudadanos. Dice que la mayor parte de su trabajo se basa en la observación del entorno. «Pasamos mucho tiempo, por ejemplo, observando a la gente en su vida cotidiana. Partimos de ahí. A menudo las mejores oportunidades llegan cuando te apoyas en hábitos ya existentes en lugar de intentar cambiar las costumbres de las personas», asegura.

Para Schybergson, esta en la manera de abordar un futuro repleto de dispositivos conectados. «Veremos cómo los servicios están vivos, respirando y tomando forma en torno a las personas. Además, irán aprendiendo de ellas», afirma. «La nomenclatura alrededor del concepto de ‘internet de las cosas’ se centra demasiado en los objetos y no tanto en los beneficios o la experiencia».

Olof Schybergson visto por el ilustrador Dimas Fernández.

Olof Schybergson visto por el ilustrador Dimas Fernández.

Según eso, aspectos capitales de la vida como la asistencia sanitaria, experimentarán transformaciones sustanciales. «Ahora, cuando vas al médico, te examinan, pueden hacerte algún análisis y al final te dan una respuesta, una hipótesis, a pesar de que todos tengamos cuerpos, estilos de vida o hábitos diferentes. Sin embargo —dispositivos como el Healthkit de Apple ya ha comenzado a hacerlo—, diferentes living services recogerán datos relacionados, por ejemplo, con el deporte que haces, con lo que comes o con otro tipo de actividad. Todos esos datos pasan a formar parte de esa hipótesis y la relación con el médico podría tener más sentido, si los datos se utilizan mejor», declara el fundador de la consultora.

En campos como la educación, las metodologías y los ritmos podrían ajustarse específicamente a cada alumno. Schybergson afirma que con la tecnología y el uso de datos se podrán crear caminos de aprendizaje personalizados donde las personas pasen menos tiempo aprendiendo, pero aprendan más rápidamente.

El desafío no es baladí y, hasta donde sabemos, diseñar el futuro de la humanidad plantea también incógnitas incómodas. Por una lado, están las meramente técnicas, como mover una vida conectada de un lugar a otro. Con múltiples sensores y dispositivos conectados en un hogar, el simple hecho de mudarse de vivienda puede resultar un auténtico incordio. «Antes, simplemente cogías las cosas, las metías en el coche y te ibas. Ahora necesitas wifi para que funcionen; o necesitas conectar los dispositivos a una serie de protocolos. Hace falta un apoyo tecnológico para aquellas personas que ven cómo, de repente, sus vidas conectadas están desconectadas», dice el finlandés.

Hay más. ¿Cómo afrontaremos el cotidiano reto de alargar la vida de las numerosas baterías que tendrán los dispositivos? ¿Cómo se utilizará la ingente cantidad de datos que producirán todos esos living services? ¿O cómo desaparecer de un mundo lleno de sensores, objetos y pantallas que monitorizan todo lo que cada uno hace?

Esa es, probablemente, la cara oscura de un futuro personalizado para cada ciudadano. Ya no hay que diseñar un futuro común para todos, sino millones de futuros individuales. La segmentación, los targets, están muertos y enterrados. «Ya no nos encontramos ante 5 segmentos de un millón de personas en cada uno; quizás se trate más de que haya cinco millones de segmentos formados cada uno por una sola persona».

Los diseñadores tienen ese crucial reto por delante. «En vez de diseñar un objeto concreto se trata de diseñar un sistema que evolucione en torno a un individuo según los datos que se incluyen en el mismo y los que aprende del usuario. Los diseñadores deben ser pensadores de sistemas más que pensadores de objetos».

Bola extra: Puedes consultar el informe anual de tendencias de Fjord en este enlace o verlo justo aquí debajo.

 

 

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