24 de enero 2013    /   IDEAS
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Un hogar entre las ramas

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Los niños de los cuentos y películas sí que saben. Salvaguardar sus tesoros de cromos y tirachinas y mantener reuniones secretas con amigos o archienemigos requiere de un rincón camuflado y a poder ser elevado para controlar la presencia de intrusos (esto es, mayores) por las inmediaciones. Una casa en un árbol es la solución perfecta. Algunos de los adultos que crecieron con historias protagonizadas por niños que disponían de una vivienda propia de este tipo siguen pensando que las casas arbóreas son el inmueble ideal. Incluso, muchos de los que no tuvieron como referencia a ninguno de estos personajes en su niñez llegaron también a esa conclusión.
Fijadas al suelo mediante troncos que hacen las veces de pilares pero a la vez suspendidas en el aire, las casas arbóreas se convierten en atalayas habitables desde la que contemplarlo todo desde una posición privilegiada. Por eso estas construcciones existen desde los albores de la arquitectura. De hecho, hay quien las considera el paradigma de esta disciplina.
Algunos profesionales del sector ven en ellas el símbolo definitivo de esa vida en simbiosis con la naturaleza que claman las corrientes ecologistas actuales. Y otros, simplemente, las conciben como el sueño infantil que el adulto no se resiste a dejar de cumplir.
Philipe Jodidio ha recorrido el mundo con la mirada puesta en las copas de los árboles. No buscaba nidos ni casetas para pájaros sino construcciones algo más grandes y complejas, capaces de albergar el día a día de un humano medio. Las que encontraba las fotografiaba y después indagaba acerca de la biografía de su constructor. Jodidio compiló todas esas imágenes, información, así como las ilustraciones de Patrick Hruby, en un libro titulado Tree Houses. Fairiy Tale Castles in the Air que Taschen acaba de publicar.
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Los niños de los cuentos y películas sí que saben. Salvaguardar sus tesoros de cromos y tirachinas y mantener reuniones secretas con amigos o archienemigos requiere de un rincón camuflado y a poder ser elevado para controlar la presencia de intrusos (esto es, mayores) por las inmediaciones. Una casa en un árbol es la solución perfecta. Algunos de los adultos que crecieron con historias protagonizadas por niños que disponían de una vivienda propia de este tipo siguen pensando que las casas arbóreas son el inmueble ideal. Incluso, muchos de los que no tuvieron como referencia a ninguno de estos personajes en su niñez llegaron también a esa conclusión.
Fijadas al suelo mediante troncos que hacen las veces de pilares pero a la vez suspendidas en el aire, las casas arbóreas se convierten en atalayas habitables desde la que contemplarlo todo desde una posición privilegiada. Por eso estas construcciones existen desde los albores de la arquitectura. De hecho, hay quien las considera el paradigma de esta disciplina.
Algunos profesionales del sector ven en ellas el símbolo definitivo de esa vida en simbiosis con la naturaleza que claman las corrientes ecologistas actuales. Y otros, simplemente, las conciben como el sueño infantil que el adulto no se resiste a dejar de cumplir.
Philipe Jodidio ha recorrido el mundo con la mirada puesta en las copas de los árboles. No buscaba nidos ni casetas para pájaros sino construcciones algo más grandes y complejas, capaces de albergar el día a día de un humano medio. Las que encontraba las fotografiaba y después indagaba acerca de la biografía de su constructor. Jodidio compiló todas esas imágenes, información, así como las ilustraciones de Patrick Hruby, en un libro titulado Tree Houses. Fairiy Tale Castles in the Air que Taschen acaba de publicar.
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