23 de junio 2010    /   CREATIVIDAD
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Un manifiesto en favor del ‘Slow work’

23 de junio 2010    /   CREATIVIDAD     por          
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slow

Algunos acontecimientos de la vida, por buenos o malos que sean, parecen ejercer un poder especial. El tiempo se detiene. En esos momentos cristalizados surge una inocente pero desestabilizadora pregunta: “¿Qué es realmente lo que cuenta de verdad?”. De repente nos invade un estado de miedo, un vacío. Lo más fácil es hacer todo lo posible para eludir cualquier tentativa de respuesta. Deseamos solo arreglar el reloj, reactivar el tiempo apaciguador y volver a nuestro trabajo.

Pero el miedo… ¡Qué gran oportunidad! A lo largo de toda la evolución el miedo siempre ha sido una señal de peligro, de algo que no va bien. ¿Acaso las cosas han cambiado? Ahora controlamos todo y aquellas señales nos resultan solo unas pequeñas interferencias. Y sin embargo, cuanto más estrés vivimos más interferencias sufrimos.

Sin darnos cuenta, acabamos creyendo erróneamente que el trabajo, o el miedo a perderlo, es el verdadero problema. Pero olvidamos que a través del trabajo satisfacemos nuestras necesidades materiales y creativas. Olvidamos que alrededor del trabajo construimos nuestras existencias. Aunque, evidentemente, esta construcción se manifiesta bajo diferentes formas: un reto, una ilusión, un proyecto, un compromiso, una carrera, etc.

Slowwork tal vez podría ser el árbitro del partido entre el trabajo y la vida, entre el impulso y la pausa. Para que disfrutemos del juego siempre serán necesarios los dos equipos. Slowwork es una inquietud, una responsabilidad, transmitir genética y socialmente un modelo de vida sana a las generaciones futuras. Los niños no escuchan, nos miran.

Slowwork es una búsqueda constante. Una tensión sana entre rendimiento y humanidad. Un globo que ejerce su rol, desarrolla su función, expresa su belleza sin explotar. Está ampliamente demostrado que un ambiente laboral contaminado y malsano nos convierte en personas mezquinas y en pésimos trabajadores. Sostenibilidad y decrecimiento no son parámetros exclusivos de macrosistemas como la ecología y la economía. Son necesarios también para proteger el microsistema interior de cada uno de nosotros.

En el mundo del marketing y de la publicidad, el enfoque Slowwork quizás resulte inconciliable con elementos como creatividad, productividad, eficacia, timing, etc.

Sin embargo, este manifiesto incompleto nace de unas pausas, unas reflexiones, frutos de la atención, del cuidado, del análisis de lo que está ocurriendo alrededor y dentro de nosotros. Lo interesante es el punto de partida, más que el resultado.

Miedos, crisis, cambios… son términos que nos piden nuevas formulaciones y perspectivas. Es un buen momento para detenerse y escuchar. Mientras la Economía y la Política desde arriba luchan como titanes o como títeres, la comunicación publicitaria, desde abajo, vive una gran oportunidad. Es un buen momento para pensar en Ética y Comunicación. Una marca puede crear y ofrecer un espacio comunicativo virtual o real, donde ella misma se hace cargo, amplifica y se hace eco de las necesidades materiales y creativas de las personas.

En fin, Slowwork es una pequeña ilusión. Una ilusión de revolución. Una de aquellas que arranca desde dentro.

La aventura Slowwork ha sido posible hasta ahora gracias a Tomas Valle, Alberto Benavente, Olga Sequera, Marcello Russo, Joaquin Alonso, Isabella Sbrocchi, Pau Montanaro, Richard Wakefield, Tomás Plottier, Matias Roson, Pochi y Baltz.

Francesco Marisei es profesor de IED Barcelona y thinking partner


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Algunos acontecimientos de la vida, por buenos o malos que sean, parecen ejercer un poder especial. El tiempo se detiene. En esos momentos cristalizados surge una inocente pero desestabilizadora pregunta: “¿Qué es realmente lo que cuenta de verdad?”. De repente nos invade un estado de miedo, un vacío. Lo más fácil es hacer todo lo posible para eludir cualquier tentativa de respuesta. Deseamos solo arreglar el reloj, reactivar el tiempo apaciguador y volver a nuestro trabajo.

Pero el miedo… ¡Qué gran oportunidad! A lo largo de toda la evolución el miedo siempre ha sido una señal de peligro, de algo que no va bien. ¿Acaso las cosas han cambiado? Ahora controlamos todo y aquellas señales nos resultan solo unas pequeñas interferencias. Y sin embargo, cuanto más estrés vivimos más interferencias sufrimos.

Sin darnos cuenta, acabamos creyendo erróneamente que el trabajo, o el miedo a perderlo, es el verdadero problema. Pero olvidamos que a través del trabajo satisfacemos nuestras necesidades materiales y creativas. Olvidamos que alrededor del trabajo construimos nuestras existencias. Aunque, evidentemente, esta construcción se manifiesta bajo diferentes formas: un reto, una ilusión, un proyecto, un compromiso, una carrera, etc.

Slowwork tal vez podría ser el árbitro del partido entre el trabajo y la vida, entre el impulso y la pausa. Para que disfrutemos del juego siempre serán necesarios los dos equipos. Slowwork es una inquietud, una responsabilidad, transmitir genética y socialmente un modelo de vida sana a las generaciones futuras. Los niños no escuchan, nos miran.

Slowwork es una búsqueda constante. Una tensión sana entre rendimiento y humanidad. Un globo que ejerce su rol, desarrolla su función, expresa su belleza sin explotar. Está ampliamente demostrado que un ambiente laboral contaminado y malsano nos convierte en personas mezquinas y en pésimos trabajadores. Sostenibilidad y decrecimiento no son parámetros exclusivos de macrosistemas como la ecología y la economía. Son necesarios también para proteger el microsistema interior de cada uno de nosotros.

En el mundo del marketing y de la publicidad, el enfoque Slowwork quizás resulte inconciliable con elementos como creatividad, productividad, eficacia, timing, etc.

Sin embargo, este manifiesto incompleto nace de unas pausas, unas reflexiones, frutos de la atención, del cuidado, del análisis de lo que está ocurriendo alrededor y dentro de nosotros. Lo interesante es el punto de partida, más que el resultado.

Miedos, crisis, cambios… son términos que nos piden nuevas formulaciones y perspectivas. Es un buen momento para detenerse y escuchar. Mientras la Economía y la Política desde arriba luchan como titanes o como títeres, la comunicación publicitaria, desde abajo, vive una gran oportunidad. Es un buen momento para pensar en Ética y Comunicación. Una marca puede crear y ofrecer un espacio comunicativo virtual o real, donde ella misma se hace cargo, amplifica y se hace eco de las necesidades materiales y creativas de las personas.

En fin, Slowwork es una pequeña ilusión. Una ilusión de revolución. Una de aquellas que arranca desde dentro.

La aventura Slowwork ha sido posible hasta ahora gracias a Tomas Valle, Alberto Benavente, Olga Sequera, Marcello Russo, Joaquin Alonso, Isabella Sbrocchi, Pau Montanaro, Richard Wakefield, Tomás Plottier, Matias Roson, Pochi y Baltz.

Francesco Marisei es profesor de IED Barcelona y thinking partner


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Opiniones 6
  • Cuanta verdad y que bien dicha. En muchos países es un realidad, aquí, en España, debemos aceptarlo como una utopía y aspirar a que algún día podamos asimilar unas pocas de estas ideas. Aquí no hay ni siquiera cultura del «fastwork» por llamarlo de algún modo, sino la del «exprimidor-de-recursos», la de la «explotación», o la del «vago» o «escaqueo».

    Una cultura del trabajo tan esquitada como la nuestra (sean multinacionales o empresas locales) será difícil cambiarla.

    Los que mandan (con su látigo), todavía no entienden que nuestra felicidad (en el trabajo y fuera) se verá reflejada en nuestro trabajo (feliz).

    Enhorabuena por la iniciativa

    Un saludo

    Pablo
    http://www.thinkinprogress.com

  • Vale, estupendo, ya había gente dentro del diseño, por ejemplo, con planteamientos cercanos desde hace bastantes años cuando todo el mundo se subía al carro del fundamentalismo monetario.

    Y el segundo paso? creo que hay una necesidad de plantear la siguiente fase, aunque en el mundo de la comunicación muchas personas parecen disfrutar de un empleo esclavista como tributo a «la gran agencia».

    Ante todo, el hecho de aunar personas bajo unos principios renovadores como estos me parece magnífico.

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