28 de marzo 2017    /   IDEAS
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Un millón de años: un tratado gráfico de la hijoputez

28 de marzo 2017    /   IDEAS     por          
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Se desconoce si David Sánchez viajó un millón de años hacia adelante, un millón de años hacia atrás o un millón de años en dirección a uno de los universos paralelos que podrían, o no, existir a la vez que este que habitamos. Sí es una certeza que en ese tiempo y en ese lugar imaginario, la existencia es tan cabrona como cualquier escenario real y presente.

Sánchez cuenta que todo el proyecto comenzó a gestarse en la almohada. Hasta ese momento, lo último que había coeditado era Con dos huevos y Cagando leches, ambos con Astiberri y en coautoría con Héloïse Guerrier. Un millón de años (Astiberri, 2017) llegó a través de un sueño. «A partir de ese sueño salió el resto en poco más de un año», señala.

Lo que salió fue un compendio de hijoputez humana –o no humana, porque los seres que habitan el universo que dibuja Sánchez son antropomórficos pero mutantes en muchos detalles–. Sánchez ataca al egoísmo que albergan las personas, a la esclavitud ante el instinto de supervivencia o, directamente, a la elección de la solución más sencilla para uno. El ilustrador afirma que es consciente de que «el cómic encierra muchas lecturas», pero asegura que «la mayoría no estaban en mi cabeza cuando lo estaba dibujando».

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Creo que es precisamente ser racional lo que lleva al ser humano a los peores actos

En la perspectiva de David Sánchez hay una aceptación clara de la realidad. Él se ve a sí mismo como una persona «optimista, alegre y llena de amor», pero a la vez afirma que «la naturaleza humana es como es» y que esperar que las cosas resultasen de otra manera sería «como tener la esperanza de que un león no se va a comer a una gacela. La muerte y la violencia forman parte de la vida. No queremos aceptarlo pero así es», cuenta.

Un millón de años ni siquiera cuestiona la miseria moral humana. La muestra —se regodea en ella— ilustra a entidades divinas hechas a semejanza (en mala uva y crueldad, que no en imagen) de los sádicos seres más o menos humanos y explica que los dioses tiene planes para nosotros y no siempre acaban bien.

Si eres de los que piensa que el universo es un lugar hermoso lleno de belleza y buenos sentimientos, si sonríes a cada momento es una constante búsqueda de la felicidad, si la taza de tu desayuno es de Mr. Wonderful, búscate otra historia.

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Dentro de un millón de años seguiremos siendo ruines, seguiremos proyectando las culpas en entes exógenos, pasándonos la moral por el forro cuando tratamos de sobrevivir y, en definitiva, alimentando al dios de la hijoputez que ha estado presente en el universo desde el Big Bang. «Nos negamos a aceptar todo lo que catalogamos como ‘malo”, sin darnos cuenta que forma parte de la experiencia con la misma importancia que lo ‘bueno’», concluye David Sánchez.

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Se desconoce si David Sánchez viajó un millón de años hacia adelante, un millón de años hacia atrás o un millón de años en dirección a uno de los universos paralelos que podrían, o no, existir a la vez que este que habitamos. Sí es una certeza que en ese tiempo y en ese lugar imaginario, la existencia es tan cabrona como cualquier escenario real y presente.

Sánchez cuenta que todo el proyecto comenzó a gestarse en la almohada. Hasta ese momento, lo último que había coeditado era Con dos huevos y Cagando leches, ambos con Astiberri y en coautoría con Héloïse Guerrier. Un millón de años (Astiberri, 2017) llegó a través de un sueño. «A partir de ese sueño salió el resto en poco más de un año», señala.

Lo que salió fue un compendio de hijoputez humana –o no humana, porque los seres que habitan el universo que dibuja Sánchez son antropomórficos pero mutantes en muchos detalles–. Sánchez ataca al egoísmo que albergan las personas, a la esclavitud ante el instinto de supervivencia o, directamente, a la elección de la solución más sencilla para uno. El ilustrador afirma que es consciente de que «el cómic encierra muchas lecturas», pero asegura que «la mayoría no estaban en mi cabeza cuando lo estaba dibujando».

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Creo que es precisamente ser racional lo que lleva al ser humano a los peores actos

En la perspectiva de David Sánchez hay una aceptación clara de la realidad. Él se ve a sí mismo como una persona «optimista, alegre y llena de amor», pero a la vez afirma que «la naturaleza humana es como es» y que esperar que las cosas resultasen de otra manera sería «como tener la esperanza de que un león no se va a comer a una gacela. La muerte y la violencia forman parte de la vida. No queremos aceptarlo pero así es», cuenta.

En la perspectiva de David Sánchez hay una aceptación clara de la realidad. Él se ve a sí mismo como una persona «optimista, alegre y llena de amor», pero a la vez afirma que «la naturaleza humana es como es» y que esperar que las cosas resultasen de otra manera sería «como tener la esperanza de que un león no se va a comer a una gacela. La muerte y la violencia forman parte de la vida. No queremos aceptarlo pero así es», cuenta.

Un millón de años ni siquiera cuestiona la miseria moral humana. La muestra —se regodea en ella— ilustra a entidades divinas hechas a semejanza (en mala uva y crueldad, que no en imagen) de los sádicos seres más o menos humanos y explica que los dioses tiene planes para nosotros y no siempre acaban bien.

Si eres de los que piensa que el universo es un lugar hermoso lleno de belleza y buenos sentimientos, si sonríes a cada momento es una constante búsqueda de la felicidad, si la taza de tu desayuno es de Mr. Wonderful, búscate otra historia.

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Dentro de un millón de años seguiremos siendo ruines, seguiremos proyectando las culpas en entes exógenos, pasándonos la moral por el forro cuando tratamos de sobrevivir y, en definitiva, alimentando al dios de la hijoputez que ha estado presente en el universo desde el Big Bang. «Nos negamos a aceptar todo lo que catalogamos como ‘malo”, sin darnos cuenta que forma parte de la experiencia con la misma importancia que lo ‘bueno’», concluye David Sánchez.

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Opiniones 2
  • Muy buena nota la de hoy David, recien me conecto a Yorokubu y me e pegado bastante, leo casi todos los artículos, saludos desde Lima Perú

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