Publicado: 20 de febrero 2013 02:24  /   CREATIVIDAD
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Un mundo de papel y acuarela

Publicado: 20 de febrero 2013 02:24  /   CREATIVIDAD     por          
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Cuando se habla de Do It Yourself, de hacer cosas con las propias manos, la idea es que la proyección de todo sea real, es decir, que cualquiera pueda replicar el proceso. Está muy bien saber cómo se fabrica un satélite de comunicaciones pero, quizás, es un tipo de conocimiento que queda algo lejano para el mortal medio. Serena Olivieri eligió trabajar con papel. Empezó con un material cotidiano y accesible, de manera casi casual. Su horizonte artesano se ha ido ampliando de manera irrefrenable. Se empieza con un pliego de papel pinocho y se termina… Bueno, por suerte, no se termina nunca.
La creatividad, mejor o peor canalizada, surca la mente de cada persona y solo necesita encontrar una vía de salida. La italiana Serena Olivieri se convirtió, desde que estaba en el colegio, en una esponja que absorbía todo lo que tenía que ver con la cultura, el arte o la restauración. En 2005, el año en que llegó a España, terminó un máster que tenía que ver con el diseño de exposiciones. Es decir, trabajaba en entornos en los que fluía la creación y la imaginación pero, en la mayor parte de casos, eran de otros.
Su vida comenzó a cambiar en el año 2010. Un viaje a Asia sirvió de detonante para comenzar a ser ella la que inventase desde cero. “Cuando te vas para allá, te separas de toda la realidad que queda aquí”, dice. “En aquel momento, España era un agujero negro a causa de la crisis. Ahora es todavía mucho peor”. Comenzó a verlo todo de otra manera y las circunstancias se conjugaron de forma que conformaron una especie de proceso de aprendizaje enfocado al trabajo manual.
Su madre necesitaba una web para un nuevo proyecto y lo de los objetos de papel era un recurso publicitario con un coste y una dificultad de ejecución asumible. “Comencé a empaparme en internet de todo lo que se podía hacer y de cómo hacerlo. Empecé con unos pop-ups. En internet está todo lo que necesitas saber”, explica la italiana de San Benedetto del Tronto.
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En su profesión, relacionada con las exposiciones y la gestión cultural, todo pintaba cada vez peor. Muchos de los trabajos tenían como destino final centros como La Casa Encendida o el Conde Duque, en Madrid, que han visto su actividad inevitablemente reducida por las circunstancias que cada día pueblan los telediarios. “Empezaba a oler a fracaso. Veía que se iba a hacer muy complicado trabajar”. Optó entonces por realizar un máster de diseño y se inscribió en un curso de encuadernación japonesa con una encuadernadora de la Biblioteca Nacional. “Tenía sueltos todos los dibujos que había hecho durante el viaje a Asia y quería publicarlos. Comencé a encuadernar por propia necesidad”. Cuerda, cartulina, cúter y adelante.
A partir de ahí, el proceso de aprendizaje pasaba de desmontar volúmenes “para ver cómo funcionaban” a seguir trillando la red en busca de más y más información. Comenzó a hacer pruebas y a experimentar con el color y con distintos tipos de papel y descubrió el mundo de los blogs especializados. “Había que preguntar a los que sabían”, se repetía. Creó su propio blog y comenzó a ver la posibilidad de vender sus creaciones a través de la red.
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Olivieri asistió atónita al reconocimiento de lo que hacía como hobby con la publicación de su trabajo en blogs de todo el mundo. Le parecía curioso ese fenómeno mediante el cual alguien encuentra lo que hacía y, de esa manera, es descubierto por mucha gente. Le empezaron a llegar más pedidos y con ellos una pequeña crisis, más de gestión que de creatividad. “Me vi en un conflicto que tenía que ver con la difícil relación entre producción y comunicación”, señala. Al fin y al cabo, todo esto no era más que un hobby —trabaja en una compañía de asistencia de viajes—, y tener que estar pendiente de tantas facetas le sobrepasaba. “No entendía aún la dirección que quería tomar. Si tienes un poco de creatividad, quieres desarrollar una línea de productos”.
Ese es el nuevo rumbo de la italiana en la actualidad. Ha optado por volcarse en la ilustración sobre los diseños de papel que ya hacía y abrir el espectro creativo con otro tipo de objetos. “Ahora estoy centrada en diseños con un estilo claro que se basa en el dibujo con acuarela”, explica. Es también, una cuestión casual, como cuando comenzó a trabajar con el papel. “Tengo una caja de acuarelas que uso desde los 17 años y quiero crear diseños con ella para estampar también bolsos, camisetas, etc”.
Su proceso de trabajo comienza bien temprano, por la mañana, en una buhardilla de Malasaña. Antes de nada, breve repaso a internet para encontrar inspiración, información y contacto a través de las redes sociales. Necesita autolimitarse porque este paso en el mecanismo de puesta en marcha tiene un alto potencial de absorción de tiempo. Lo considera adictivo.
Siempre trabaja con música y, además, la utiliza como acelerador creativo. “Pongo a gente como Django Reinhardt, Ella Fitzgerald o algo de bossanova y dejo que la ilustración brote automáticamente”. Mediante este ritual desarrolla patrones geométricos que luego trasplanta a cualquier producto. Complementa todo este trabajo con más formación —ahora está con un curso de costura que le ayuda a ampliar el abanico creativo—.
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Entre sus influencias, cita como las principales a la ilustradora californiana Lisa Congdon, con la que comparte el gusto por la ilustración de bicicletas entre otros muchos motivos; o Design Love Fest, el sitio web de la diseñadora Bri Emery en el que recopila inspiración procedente de muy diferentes lugares y disciplinas.
A estas alturas de la vida, la italiana sigue buscando su camino. En realidad, cuando uno vive inmerso en procesos creativos, ¿deja de buscarlo alguna vez? “Estoy esperando el momento para dar el salto definitivo, dejarlo todo y dedicarme en exclusiva a mi proyecto”, confiesa. No quiere quemar su mejor idea en un escenario poco propicio, así que es paciente con los tiempos. “Mis amigos y yo le damos vueltas a más cosas, como cursos que puedan ayudar a la gente a desarrollar la creatividad y poder poner en marcha formas de ganarse la vida con ella”, declara.
Si hay que sacar una moraleja de todo lo que hace la diseñadora, la cosa está clara. Necesitaba expresar algo. Comenzó a hacerlo con el papel y los cuadernos. Sigue con la ilustración sobre ese mismo papel y ahora va a por más formatos, más superficies y más diseños. Más de uno mataría por hacer de su hobby algo de lo que vivir. Serena Olivieri está a punto de conseguirlo.
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Cuando se habla de Do It Yourself, de hacer cosas con las propias manos, la idea es que la proyección de todo sea real, es decir, que cualquiera pueda replicar el proceso. Está muy bien saber cómo se fabrica un satélite de comunicaciones pero, quizás, es un tipo de conocimiento que queda algo lejano para el mortal medio. Serena Olivieri eligió trabajar con papel. Empezó con un material cotidiano y accesible, de manera casi casual. Su horizonte artesano se ha ido ampliando de manera irrefrenable. Se empieza con un pliego de papel pinocho y se termina… Bueno, por suerte, no se termina nunca.
La creatividad, mejor o peor canalizada, surca la mente de cada persona y solo necesita encontrar una vía de salida. La italiana Serena Olivieri se convirtió, desde que estaba en el colegio, en una esponja que absorbía todo lo que tenía que ver con la cultura, el arte o la restauración. En 2005, el año en que llegó a España, terminó un máster que tenía que ver con el diseño de exposiciones. Es decir, trabajaba en entornos en los que fluía la creación y la imaginación pero, en la mayor parte de casos, eran de otros.
Su vida comenzó a cambiar en el año 2010. Un viaje a Asia sirvió de detonante para comenzar a ser ella la que inventase desde cero. “Cuando te vas para allá, te separas de toda la realidad que queda aquí”, dice. “En aquel momento, España era un agujero negro a causa de la crisis. Ahora es todavía mucho peor”. Comenzó a verlo todo de otra manera y las circunstancias se conjugaron de forma que conformaron una especie de proceso de aprendizaje enfocado al trabajo manual.
Su madre necesitaba una web para un nuevo proyecto y lo de los objetos de papel era un recurso publicitario con un coste y una dificultad de ejecución asumible. “Comencé a empaparme en internet de todo lo que se podía hacer y de cómo hacerlo. Empecé con unos pop-ups. En internet está todo lo que necesitas saber”, explica la italiana de San Benedetto del Tronto.
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En su profesión, relacionada con las exposiciones y la gestión cultural, todo pintaba cada vez peor. Muchos de los trabajos tenían como destino final centros como La Casa Encendida o el Conde Duque, en Madrid, que han visto su actividad inevitablemente reducida por las circunstancias que cada día pueblan los telediarios. “Empezaba a oler a fracaso. Veía que se iba a hacer muy complicado trabajar”. Optó entonces por realizar un máster de diseño y se inscribió en un curso de encuadernación japonesa con una encuadernadora de la Biblioteca Nacional. “Tenía sueltos todos los dibujos que había hecho durante el viaje a Asia y quería publicarlos. Comencé a encuadernar por propia necesidad”. Cuerda, cartulina, cúter y adelante.
A partir de ahí, el proceso de aprendizaje pasaba de desmontar volúmenes “para ver cómo funcionaban” a seguir trillando la red en busca de más y más información. Comenzó a hacer pruebas y a experimentar con el color y con distintos tipos de papel y descubrió el mundo de los blogs especializados. “Había que preguntar a los que sabían”, se repetía. Creó su propio blog y comenzó a ver la posibilidad de vender sus creaciones a través de la red.
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Olivieri asistió atónita al reconocimiento de lo que hacía como hobby con la publicación de su trabajo en blogs de todo el mundo. Le parecía curioso ese fenómeno mediante el cual alguien encuentra lo que hacía y, de esa manera, es descubierto por mucha gente. Le empezaron a llegar más pedidos y con ellos una pequeña crisis, más de gestión que de creatividad. “Me vi en un conflicto que tenía que ver con la difícil relación entre producción y comunicación”, señala. Al fin y al cabo, todo esto no era más que un hobby —trabaja en una compañía de asistencia de viajes—, y tener que estar pendiente de tantas facetas le sobrepasaba. “No entendía aún la dirección que quería tomar. Si tienes un poco de creatividad, quieres desarrollar una línea de productos”.
Ese es el nuevo rumbo de la italiana en la actualidad. Ha optado por volcarse en la ilustración sobre los diseños de papel que ya hacía y abrir el espectro creativo con otro tipo de objetos. “Ahora estoy centrada en diseños con un estilo claro que se basa en el dibujo con acuarela”, explica. Es también, una cuestión casual, como cuando comenzó a trabajar con el papel. “Tengo una caja de acuarelas que uso desde los 17 años y quiero crear diseños con ella para estampar también bolsos, camisetas, etc”.
Su proceso de trabajo comienza bien temprano, por la mañana, en una buhardilla de Malasaña. Antes de nada, breve repaso a internet para encontrar inspiración, información y contacto a través de las redes sociales. Necesita autolimitarse porque este paso en el mecanismo de puesta en marcha tiene un alto potencial de absorción de tiempo. Lo considera adictivo.
Siempre trabaja con música y, además, la utiliza como acelerador creativo. “Pongo a gente como Django Reinhardt, Ella Fitzgerald o algo de bossanova y dejo que la ilustración brote automáticamente”. Mediante este ritual desarrolla patrones geométricos que luego trasplanta a cualquier producto. Complementa todo este trabajo con más formación —ahora está con un curso de costura que le ayuda a ampliar el abanico creativo—.
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Entre sus influencias, cita como las principales a la ilustradora californiana Lisa Congdon, con la que comparte el gusto por la ilustración de bicicletas entre otros muchos motivos; o Design Love Fest, el sitio web de la diseñadora Bri Emery en el que recopila inspiración procedente de muy diferentes lugares y disciplinas.
A estas alturas de la vida, la italiana sigue buscando su camino. En realidad, cuando uno vive inmerso en procesos creativos, ¿deja de buscarlo alguna vez? “Estoy esperando el momento para dar el salto definitivo, dejarlo todo y dedicarme en exclusiva a mi proyecto”, confiesa. No quiere quemar su mejor idea en un escenario poco propicio, así que es paciente con los tiempos. “Mis amigos y yo le damos vueltas a más cosas, como cursos que puedan ayudar a la gente a desarrollar la creatividad y poder poner en marcha formas de ganarse la vida con ella”, declara.
Si hay que sacar una moraleja de todo lo que hace la diseñadora, la cosa está clara. Necesitaba expresar algo. Comenzó a hacerlo con el papel y los cuadernos. Sigue con la ilustración sobre ese mismo papel y ahora va a por más formatos, más superficies y más diseños. Más de uno mataría por hacer de su hobby algo de lo que vivir. Serena Olivieri está a punto de conseguirlo.
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