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8 de enero 2014    /   DIGITAL
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El pequeño mundo de MakaiStorm, los dos rombos, el abuelo en París

8 de enero 2014    /   DIGITAL     por          
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Internet: A unos golpes de clicks, la inmensidad, todo; ¿por qué encerrarnos en una parcelita con nuestros prejucios y limitaciones?

1637 Descartes y los viajes

Han pasado diecinueve años desde que Descartes abandonara Francia para recorrer Europa. Diecinueve años que resume así en las primeras páginas del «Discurso del Método»:

Casi lo mismo conversar con gentes de otros siglos, que viajar por extrañas tierras. Bueno es saber algo de las costumbres de otros pueblos, para juzgar las del propio con mejor acierto, y no creer que todo lo que sea contrario a nuestras modas es ridículo y opuesto a la razón, como suelen hacer los que no han visto nada.

Con estas palabras Descartes coloca a la misma altura la lectura y los viajes para acabar con la ignorancia y los aires de superioridad.

2014 El pequeño mundo de MakaiStorm

—Mira qué dibujo he hecho —dice MakaiStorm por Skype.
—A ver, a ver… —EdoKatsumi, mirando impaciente el icono de notificación—. Ya.

Las dos estallan en risas.

—¡Lolyway! —EdoKatsumi casi no puede hablar de la risa.
—¿Qué pasa? —el hermano de EdoKatsumi asoma la cabeza en el dormitorio.
—¡Lolyway con un gato en la cabeza!
—¿…?

EdoKatsumi se levanta y cierra la puerta de golpe.

—¿Quién era? —dice MakaiStorm.
—El idiota de mi hermano.

Sólo ellas pueden apreciar el chiste sobre un personaje de un manga que sólo se publica en PDF en un blog de un artista de Kioto. Cada semana, una tira, que es seguida por menos de tres mil personas en todo el mundo.

—Pues yo estoy por dejar de seguirlo —dice EdoKatsumi—. Se está haciendo muy conocido.

No es la primera vez que MakaiStorm y EdoKatsumi dejan de seguir a un cantante o una publicación de manga cuando estos alcanzan la fama.

Un silbido metálico.

—¡Qué pasada mi madre! —MakaiStorm mira el mensaje recibido en el móvil—. Te tengo que dejar, voy a hacer los deberes.

MakaiStorm es ahora Nuria R.

—El agua “hierve”… “hierbe”… ¿Papá cómo se escribe hierve?
—Míralo en Internet que para eso lo tienes —la voz del padre.

Juan R., el padre de MakaiStorm, cierra el ejercicio contable de una de las pequeñas empresas que atiende en la gestoría. Se premia a sí mismo con café y un donut, y cambia el despacho por el salón. Zapea por los canales de televisión, pica noticias de unos y otros; enfrentamientos entre jóvenes fascistas y radicales; todo comenzó con el intercambio de lemas creados por sus abuelos; unos canales dicen que empezaron unos, y otros que empezaron otros.

Juan acaba viendo el canal de Youtube incorporado en la consola. Ha realizado una lista de videoclips de los 80 y los 90.

1983 El año de Sandra Sutherland

Juan recuerda que «Red, Red Wine» de UB40 es la canción del mismo año que se enamoró de Sandra Sutherland, aunque él sólo tomaba refrescos. Comenzó a levantarse temprano cuando supo que la presentadora cambió el programa juvenil de los sábados por el primer telediarios del día. Una hora antes por Sandra Sutherland. Nunca estuvo tan atento a los telediarios. En el recreo supo que otros compañeros seguían las noticias de la mañana.

«Qué niños tan raros», pensó.

Recordó que los niños comentaban en el patio lo mismo las piernas de las azafatas de «1, 2, 3 responda otra vez», que  la evolución de «Yo, Claudio» o las películas de Tarzan los sábados por la tarde. Tiempos en los que «dos rombos» provocó que  los adolescentes se pegaran a la televisión para ver «La gata sobre el tejado de zinc», «Bus Stop» o «De repente el último verano».

Olga M., la esposa de Juan, llega a casa después de cerrar la copistería y tienda de regalos montada con el despido.

—El sábado viene mi padre a comer —dice Olga.
—Estupendo —dijo Juan con absoluta sinceridad. Le gustaba hablar con Pepín, su suegro.

1967 Pepín, de Marchena a París

Pepín, el abuelo de MakaiStorm, dejó Marchena, Sevilla, con veinticinco años y, sin estudios y sin saber francés, emigró a Francia. Trabajó como empleado de la limpieza en un hospital y como ayudante en una pastelería. Se casó con Mercedes, su novia de toda la vida, a la que se la llevó a París. Tuvieron dos hijos. Entraron y salieron de España.

1987 Pepín, de vuelta a España

Pepín y su esposa se instalaron en un barrio de la periferia de Sevilla. Para disgusto de sus hijas, que se vieron obligadas a trasladarse. Pepín montó una pastelería en un pequeño local. A veces, tomaba una cerveza en un bar a la salida del trabajo, y comentaba con los parroquianos la diferencia entre entre España y Francia.

—En Francia todas las mujeres son tratadas con respeto, todas son madame. Lo mismo una rica que una pescadera.

Cuando en el barrio corrían chismes, Pepín no prestaba atención. Si oía que dos hombres vivían juntos, no se preguntaba si eran heteros que compartían gastos o novios. No le importaba.

—Cuando te pasas media vida fuera ves que hay gente que piensa de manera diferente, que hace otras cosas y ninguna persona te parece rara —decía Pepín.

2014 Pepín, de la literatura de cordel a la tablet

Pepín se había aficionado a los ordenadores tardíamente.

—Le das a unos botones y ahí está todo —dijo a su yerno—. Da hasta miedo.

Pepín se había aficionado a la lectura esperando autobuses, trenes y aviones. Literatura de cordel.

—Abuelo, ¿esta tarde llueve?
—¿No tienes Internet? Espera que te lo miro.

Internet: A unos golpes de clicks, la inmensidad, todo; ¿por qué encerrarnos en una parcelita con nuestros prejucios y limitaciones?

1637 Descartes y los viajes

Han pasado diecinueve años desde que Descartes abandonara Francia para recorrer Europa. Diecinueve años que resume así en las primeras páginas del «Discurso del Método»:

Casi lo mismo conversar con gentes de otros siglos, que viajar por extrañas tierras. Bueno es saber algo de las costumbres de otros pueblos, para juzgar las del propio con mejor acierto, y no creer que todo lo que sea contrario a nuestras modas es ridículo y opuesto a la razón, como suelen hacer los que no han visto nada.

Con estas palabras Descartes coloca a la misma altura la lectura y los viajes para acabar con la ignorancia y los aires de superioridad.

2014 El pequeño mundo de MakaiStorm

—Mira qué dibujo he hecho —dice MakaiStorm por Skype.
—A ver, a ver… —EdoKatsumi, mirando impaciente el icono de notificación—. Ya.

Las dos estallan en risas.

—¡Lolyway! —EdoKatsumi casi no puede hablar de la risa.
—¿Qué pasa? —el hermano de EdoKatsumi asoma la cabeza en el dormitorio.
—¡Lolyway con un gato en la cabeza!
—¿…?

EdoKatsumi se levanta y cierra la puerta de golpe.

—¿Quién era? —dice MakaiStorm.
—El idiota de mi hermano.

Sólo ellas pueden apreciar el chiste sobre un personaje de un manga que sólo se publica en PDF en un blog de un artista de Kioto. Cada semana, una tira, que es seguida por menos de tres mil personas en todo el mundo.

—Pues yo estoy por dejar de seguirlo —dice EdoKatsumi—. Se está haciendo muy conocido.

No es la primera vez que MakaiStorm y EdoKatsumi dejan de seguir a un cantante o una publicación de manga cuando estos alcanzan la fama.

Un silbido metálico.

—¡Qué pasada mi madre! —MakaiStorm mira el mensaje recibido en el móvil—. Te tengo que dejar, voy a hacer los deberes.

MakaiStorm es ahora Nuria R.

—El agua “hierve”… “hierbe”… ¿Papá cómo se escribe hierve?
—Míralo en Internet que para eso lo tienes —la voz del padre.

Juan R., el padre de MakaiStorm, cierra el ejercicio contable de una de las pequeñas empresas que atiende en la gestoría. Se premia a sí mismo con café y un donut, y cambia el despacho por el salón. Zapea por los canales de televisión, pica noticias de unos y otros; enfrentamientos entre jóvenes fascistas y radicales; todo comenzó con el intercambio de lemas creados por sus abuelos; unos canales dicen que empezaron unos, y otros que empezaron otros.

Juan acaba viendo el canal de Youtube incorporado en la consola. Ha realizado una lista de videoclips de los 80 y los 90.

1983 El año de Sandra Sutherland

Juan recuerda que «Red, Red Wine» de UB40 es la canción del mismo año que se enamoró de Sandra Sutherland, aunque él sólo tomaba refrescos. Comenzó a levantarse temprano cuando supo que la presentadora cambió el programa juvenil de los sábados por el primer telediarios del día. Una hora antes por Sandra Sutherland. Nunca estuvo tan atento a los telediarios. En el recreo supo que otros compañeros seguían las noticias de la mañana.

«Qué niños tan raros», pensó.

Recordó que los niños comentaban en el patio lo mismo las piernas de las azafatas de «1, 2, 3 responda otra vez», que  la evolución de «Yo, Claudio» o las películas de Tarzan los sábados por la tarde. Tiempos en los que «dos rombos» provocó que  los adolescentes se pegaran a la televisión para ver «La gata sobre el tejado de zinc», «Bus Stop» o «De repente el último verano».

Olga M., la esposa de Juan, llega a casa después de cerrar la copistería y tienda de regalos montada con el despido.

—El sábado viene mi padre a comer —dice Olga.
—Estupendo —dijo Juan con absoluta sinceridad. Le gustaba hablar con Pepín, su suegro.

1967 Pepín, de Marchena a París

Pepín, el abuelo de MakaiStorm, dejó Marchena, Sevilla, con veinticinco años y, sin estudios y sin saber francés, emigró a Francia. Trabajó como empleado de la limpieza en un hospital y como ayudante en una pastelería. Se casó con Mercedes, su novia de toda la vida, a la que se la llevó a París. Tuvieron dos hijos. Entraron y salieron de España.

1987 Pepín, de vuelta a España

Pepín y su esposa se instalaron en un barrio de la periferia de Sevilla. Para disgusto de sus hijas, que se vieron obligadas a trasladarse. Pepín montó una pastelería en un pequeño local. A veces, tomaba una cerveza en un bar a la salida del trabajo, y comentaba con los parroquianos la diferencia entre entre España y Francia.

—En Francia todas las mujeres son tratadas con respeto, todas son madame. Lo mismo una rica que una pescadera.

Cuando en el barrio corrían chismes, Pepín no prestaba atención. Si oía que dos hombres vivían juntos, no se preguntaba si eran heteros que compartían gastos o novios. No le importaba.

—Cuando te pasas media vida fuera ves que hay gente que piensa de manera diferente, que hace otras cosas y ninguna persona te parece rara —decía Pepín.

2014 Pepín, de la literatura de cordel a la tablet

Pepín se había aficionado a los ordenadores tardíamente.

—Le das a unos botones y ahí está todo —dijo a su yerno—. Da hasta miedo.

Pepín se había aficionado a la lectura esperando autobuses, trenes y aviones. Literatura de cordel.

—Abuelo, ¿esta tarde llueve?
—¿No tienes Internet? Espera que te lo miro.

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