23 de noviembre 2015    /   BUSINESS
por
 

Un sátiro es la versión masculina de una ninfómana

23 de noviembre 2015    /   BUSINESS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

La palabra «ninfómana» sí tiene masculino, aunque no se recoja como tal en el diccionario de la RAE, y tenga ciertas diferencias etimológicas. El concepto o la idea viene a ser la misma variando solo el género. Llamamos «sátiros» a los hombres con insaciable apetito sexual.
La imagen de los sátiros mezcla elementos humanos y animales: los cuernos no faltan, las extremidades inferiores son siempre del animal, tienen cola de cabra y sobre todo y fundamentalmente persiguen con ganas de sexo a las ninfas, mujeres con un atractivo demoledor. Por cierto, lo de las ganas de sexo tampoco es una suposición mía: se les representa con priapismo, que no es otra cosa que el estado permanente de erección.
Dejan claro qué quieren. De ahí que hayan pasado a ser considerados la viva representación de la lujuria y que merezcan mención especial. No solo por los golpes recibidos por obviarlos, lo juro.
La terminología sobre el deseo sexual exacerbado, sin mesura y que lleva al que la padece a buscar tener relaciones continuamente, es llamado por los psicólogos y  sexólogos  HIPERSEXUALIDAD, un término aplicable a ambos sexos, tanto masculino como femenino. Si hablamos del trastorno en sí, y única y exclusivamente cuando afecta a un hombre, es satiarisis; palabra que de nuevo nos lleva al principio: al sátiro. Centrémonos pues en ellos. En esos hombres cuyo apetito sexual es exacerbado e intentan por todos los medios tener relaciones sexuales.
Por lo pronto el diccionario de la RAE señala como primera definición de «sátiro» a alguien «mordaz», aunque ya avisa de que es un término poco usado. (Curioso que sea la primera definición). En Costa Rica, los sátiros son los seductores de menores (sin hacer referencia al sexo del enfermo que intenta seducirlos) y en Uruguay sí son más contundentes: hombre violador de mujeres.
satiro-interior
Fácil que nos hagamos un lío. Pero haberlos, haylos.
Por mucho que agradeceríamos que todos los sátiros fueran mitad cabrito, mitad hombre, con cuernos y priapismo para que pudiéramos localizarlos rapidito, estos hombres tienen una apariencia absolutamente normal con impulsos sexuales excesivos y en los que confluyen los siguientes parámetros:
1.- Falta de control sobre la conducta sexual inapropiada.
2.- Comportamientos sexuales con características autodestructivas.
3.- Incapacidad para evitar y reprimir dicha conducta.
4.- Cambios severos de humor intrínsecos a la actividad sexual. Los adictos al sexo pasan de la depresión a la euforia en cuestión de segundos.
5.- Búsqueda constante de relaciones sexuales en sus relaciones personales.
Si pasados seis meses, la persona en cuestión no puede variar su comportamiento y esto le lleva a tener problemas en su entorno más inmediato: familia, amigas y trabajo, llamen a un especialista; hipersexualidad y un 6% de la población mundial está en su misma situación.
Cabe destacar que esta patología sin embargo no ha sido recogida en la última versión del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, por sus siglas en inglés) y eso a pesar de que llevaba décadas sin que se renovara la famosa biblia de los psiquiatras y que en los últimos años es cuando más le hemos puesto cara y nombre a muchos de los tienen hipersexualidad. ¿Por qué no está recogida? Porque los expertos no se ponen de acuerdo en que efectivamente haya adicción al sexo sino comportamientos sexuales obsesivos, compulsivos o ambos.
Los  expertos afirman que la hipersexualidad no es un trastorno mental porque no es necesario medicalizar a los afectados, sino que es un trastorno de conducta. Pero también hay quien cree que de esta forma el tratamiento y lucha por controlarlo puede ser menos doloroso: cambiar las conductas que provocan esa exaltación por el sexo son fructíferas y los afectados no se sienten estigmatizados, algo primordial para el tratamiento.
 

La palabra «ninfómana» sí tiene masculino, aunque no se recoja como tal en el diccionario de la RAE, y tenga ciertas diferencias etimológicas. El concepto o la idea viene a ser la misma variando solo el género. Llamamos «sátiros» a los hombres con insaciable apetito sexual.
La imagen de los sátiros mezcla elementos humanos y animales: los cuernos no faltan, las extremidades inferiores son siempre del animal, tienen cola de cabra y sobre todo y fundamentalmente persiguen con ganas de sexo a las ninfas, mujeres con un atractivo demoledor. Por cierto, lo de las ganas de sexo tampoco es una suposición mía: se les representa con priapismo, que no es otra cosa que el estado permanente de erección.
Dejan claro qué quieren. De ahí que hayan pasado a ser considerados la viva representación de la lujuria y que merezcan mención especial. No solo por los golpes recibidos por obviarlos, lo juro.
La terminología sobre el deseo sexual exacerbado, sin mesura y que lleva al que la padece a buscar tener relaciones continuamente, es llamado por los psicólogos y  sexólogos  HIPERSEXUALIDAD, un término aplicable a ambos sexos, tanto masculino como femenino. Si hablamos del trastorno en sí, y única y exclusivamente cuando afecta a un hombre, es satiarisis; palabra que de nuevo nos lleva al principio: al sátiro. Centrémonos pues en ellos. En esos hombres cuyo apetito sexual es exacerbado e intentan por todos los medios tener relaciones sexuales.
Por lo pronto el diccionario de la RAE señala como primera definición de «sátiro» a alguien «mordaz», aunque ya avisa de que es un término poco usado. (Curioso que sea la primera definición). En Costa Rica, los sátiros son los seductores de menores (sin hacer referencia al sexo del enfermo que intenta seducirlos) y en Uruguay sí son más contundentes: hombre violador de mujeres.
satiro-interior
Fácil que nos hagamos un lío. Pero haberlos, haylos.
Por mucho que agradeceríamos que todos los sátiros fueran mitad cabrito, mitad hombre, con cuernos y priapismo para que pudiéramos localizarlos rapidito, estos hombres tienen una apariencia absolutamente normal con impulsos sexuales excesivos y en los que confluyen los siguientes parámetros:
1.- Falta de control sobre la conducta sexual inapropiada.
2.- Comportamientos sexuales con características autodestructivas.
3.- Incapacidad para evitar y reprimir dicha conducta.
4.- Cambios severos de humor intrínsecos a la actividad sexual. Los adictos al sexo pasan de la depresión a la euforia en cuestión de segundos.
5.- Búsqueda constante de relaciones sexuales en sus relaciones personales.
Si pasados seis meses, la persona en cuestión no puede variar su comportamiento y esto le lleva a tener problemas en su entorno más inmediato: familia, amigas y trabajo, llamen a un especialista; hipersexualidad y un 6% de la población mundial está en su misma situación.
Cabe destacar que esta patología sin embargo no ha sido recogida en la última versión del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, por sus siglas en inglés) y eso a pesar de que llevaba décadas sin que se renovara la famosa biblia de los psiquiatras y que en los últimos años es cuando más le hemos puesto cara y nombre a muchos de los tienen hipersexualidad. ¿Por qué no está recogida? Porque los expertos no se ponen de acuerdo en que efectivamente haya adicción al sexo sino comportamientos sexuales obsesivos, compulsivos o ambos.
Los  expertos afirman que la hipersexualidad no es un trastorno mental porque no es necesario medicalizar a los afectados, sino que es un trastorno de conducta. Pero también hay quien cree que de esta forma el tratamiento y lucha por controlarlo puede ser menos doloroso: cambiar las conductas que provocan esa exaltación por el sexo son fructíferas y los afectados no se sienten estigmatizados, algo primordial para el tratamiento.
 

Compártelo twitter facebook whatsapp
Los soportes publicitarios se transforman en bibliotecas libres
La revancha del coche eléctrico
#IGERSNYC
Si quieres dominar el mundo, empieza por los oleoductos
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
El rollo legal de las cookies

La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Publicidad