13 de marzo 2013    /   CINE/TV
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Un vídeo explicativo del totalitarismo invertido

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Obey
El periodista y ganador de un Pullitzer Chris Hedges define en su libro Death of the Liberal Class el totalitarismo invertido como una forma de dominación política en la que, en lugar de concentrarse todo el poder en torno a un líder demagógico, es el “anonimato del estado corporativo” el que marca el ritmo. Sin remplazar “las decadentes estructuras de poder” y “honrando las elecciones, la libertad y la Constitución”, la corrupción imperante “hace imposible a la democracia” y le basta con “explotar el poder legítimo mediante la interpretación judicial y legislativa”. Y en esto se ha basado el cineasta, ilustrador y proyeccionista de cine británico Temujin Doran para su film Obey.
“La idea del totalitarismo invertido fue esbozada por primera vez por Sheldon Wolin [politólogo estadounidense de 90 añazos y destacado teórico sobre la democracia]”, cuenta desde Londrés, “y en lugar de poderosas fuerzas del Estado controlando la economía son las gigantescas empresas quienes tienen el control”. “Logran este poder mediante la presión y las contribuciones políticas”, sigue, “y promocionan un estado de apatía política”. Según los datos que presenta Hedges en su libro, el sector financiero gastó la pasada década unos 5.000 millones de dólares con los conocidos grupos de presión, y la industria farmacéutica unos 26 millones solo en 2009, año clave para la reforma del programa de cobertura sanitaria estatal que planteó el presidente de los EE UU, Barack Obama.
Obey from Studiocanoe on Vimeo.
Precisamente al político estadounidense dedica Doran unos cuantos minutos en su película, tildando su elección y reelección como “una muestra de la habilidad de los estados corporativos para la manipulación”, aportando el dato que fue nombrado en 2008 Vendedor del Año por la Association of National Advertisers de EE UU. “Parecía que era el candidato ideal para imponer una mayor regulación sobre las operaciones de bancos y firmas de inversión”, reflexiona, “pero nada más llegar al poder se vendió y buscó consejo de personas responsables de la desregulación que nos ha llevado a esta situación”. Doran se refiere en particular a la designación en su primer mandato de Timothy Geithner como Secretario del Tesoro, al que el conocido documental Inside Job acusa de bisagra entre el poder político y Wall Street, y Larry Summers, que tenía el puesto antes citado bajo la desregularizadora etapa del presidente Clinton y que Obama situó como director del consejo económico nacional de la Casa Blanca.
El resto de los 51 minutos de metraje recurre al uso de vídeos encontrados en Internet, cuyos colores son alterados para darle un aspecto de negativo fotográfico en los casos que Doran quiere realizar metafóricas predicciones sobre el futuro, admitiendo ademas el uso de técnicas propagandísticas (“la propoganda no es necesariamente malvada”) a lo largo del film. “Me gustaría remarcar que esta película está basada en un libro y que estas no son mis predicciones”, advierte; “mucha gente está feliz viendo películas sobre distopías, donde los Gobiernos son totalitarios y el medio ambiente está terriblemente degradado, pero no se dan cuenta que podría estar pasando ya” . Doran, que es consciente de que su película presenta “un futuro distópico”, asegura “que es posible” y que la gente debería plantearse desesperadamente la necesidad de evitarlo”.
La película reflexión/resumen arranca con una cita del gran maestro distópico George Orwell, de un prefacio escrito para Rebelión en la Granja titulado La Libertad de la Prensa, mientras una mujer conduce a su perro durante una serie de pruebas en un concurso canino con los fotogramas pasados a negativo. “En todo momento hay una ortodoxia que la gente bien pensante asume sin preguntarse nada. No está exactamente prohibido decir esto en lugar de aquello, pero sí mal visto, como cuando en la época victoriana no se podía mencionar los pantalones delante de una dama”.
Es la misma frase con la que abre el libro de Hedges.

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El periodista y ganador de un Pullitzer Chris Hedges define en su libro Death of the Liberal Class el totalitarismo invertido como una forma de dominación política en la que, en lugar de concentrarse todo el poder en torno a un líder demagógico, es el “anonimato del estado corporativo” el que marca el ritmo. Sin remplazar “las decadentes estructuras de poder” y “honrando las elecciones, la libertad y la Constitución”, la corrupción imperante “hace imposible a la democracia” y le basta con “explotar el poder legítimo mediante la interpretación judicial y legislativa”. Y en esto se ha basado el cineasta, ilustrador y proyeccionista de cine británico Temujin Doran para su film Obey.
“La idea del totalitarismo invertido fue esbozada por primera vez por Sheldon Wolin [politólogo estadounidense de 90 añazos y destacado teórico sobre la democracia]”, cuenta desde Londrés, “y en lugar de poderosas fuerzas del Estado controlando la economía son las gigantescas empresas quienes tienen el control”. “Logran este poder mediante la presión y las contribuciones políticas”, sigue, “y promocionan un estado de apatía política”. Según los datos que presenta Hedges en su libro, el sector financiero gastó la pasada década unos 5.000 millones de dólares con los conocidos grupos de presión, y la industria farmacéutica unos 26 millones solo en 2009, año clave para la reforma del programa de cobertura sanitaria estatal que planteó el presidente de los EE UU, Barack Obama.
Obey from Studiocanoe on Vimeo.
Precisamente al político estadounidense dedica Doran unos cuantos minutos en su película, tildando su elección y reelección como “una muestra de la habilidad de los estados corporativos para la manipulación”, aportando el dato que fue nombrado en 2008 Vendedor del Año por la Association of National Advertisers de EE UU. “Parecía que era el candidato ideal para imponer una mayor regulación sobre las operaciones de bancos y firmas de inversión”, reflexiona, “pero nada más llegar al poder se vendió y buscó consejo de personas responsables de la desregulación que nos ha llevado a esta situación”. Doran se refiere en particular a la designación en su primer mandato de Timothy Geithner como Secretario del Tesoro, al que el conocido documental Inside Job acusa de bisagra entre el poder político y Wall Street, y Larry Summers, que tenía el puesto antes citado bajo la desregularizadora etapa del presidente Clinton y que Obama situó como director del consejo económico nacional de la Casa Blanca.
El resto de los 51 minutos de metraje recurre al uso de vídeos encontrados en Internet, cuyos colores son alterados para darle un aspecto de negativo fotográfico en los casos que Doran quiere realizar metafóricas predicciones sobre el futuro, admitiendo ademas el uso de técnicas propagandísticas (“la propoganda no es necesariamente malvada”) a lo largo del film. “Me gustaría remarcar que esta película está basada en un libro y que estas no son mis predicciones”, advierte; “mucha gente está feliz viendo películas sobre distopías, donde los Gobiernos son totalitarios y el medio ambiente está terriblemente degradado, pero no se dan cuenta que podría estar pasando ya” . Doran, que es consciente de que su película presenta “un futuro distópico”, asegura “que es posible” y que la gente debería plantearse desesperadamente la necesidad de evitarlo”.
La película reflexión/resumen arranca con una cita del gran maestro distópico George Orwell, de un prefacio escrito para Rebelión en la Granja titulado La Libertad de la Prensa, mientras una mujer conduce a su perro durante una serie de pruebas en un concurso canino con los fotogramas pasados a negativo. “En todo momento hay una ortodoxia que la gente bien pensante asume sin preguntarse nada. No está exactamente prohibido decir esto en lugar de aquello, pero sí mal visto, como cuando en la época victoriana no se podía mencionar los pantalones delante de una dama”.
Es la misma frase con la que abre el libro de Hedges.

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