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26 de febrero 2013    /   CIENCIA
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Una araña que se pone como una moto para conquistar a las féminas

26 de febrero 2013    /   CIENCIA     por          
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(foto: Thomas Shahan en Flickr con licencia CC)
Existen comportamientos de cortejo en insectos que muchas veces parecen sacados del mundo de los humanos, donde para impresionar a las féminas se tira mucho de octanaje en el motor. Las arañas saltadoras del género Habronattus son únicas precisamente por dar mucha gasolina a sus parejas: los machos provocan un extraña vibración durante el cortejo cuyo sonido imita fielmente el motor de una motocicleta, acelerando, desacelerando y coordinando movimientos de pata y vientre con esas vibraciones para impresionar a las hembras.
Se trata de señales sísmicas de cortejo y son conocidas por ser una de las conductas de comunicación más elaboradas del reino animal. Se producen cuando el animal golpea o entra en contacto con el sustrato (tierra, hojas o una tela de araña…) y se utilizan como medio para generar información para el otro ejemplar. De hecho, esas señales sísmicas están divididas en tres grupos (“golpes”, “raspaduras” y «zumbidos») y en un máximo de 20 elementos organizados en grupos funcionales o motivos, que van cambiando a medida que el cortejo avanza.
Esta estructuración temporal es análoga a una composición musical, una extraña canción que el macho dedica a la hembra poniéndose a sus pies, mientras las señales sísmicas se coordinan con las señales visuales e incluso la aparición de un estampado de colores en el cuerpo masculino. Unos investigadores de la universidad de Berkeley, California, han documentado el proceso de cortejo:

Después de semejante despliegue de actitud, para entonces, la hembra simplemente estará obnubilada con el espectáculo y le mirará con esos ojos que solo ponen las arañas saltadoras, de las que existen más de 4.000 especies alrededor del mundo. Su campo de visión es asistido por los ocho ojos que posee; dos de ellos enormes, por lo que tienen una visión impresionante que es mejor que en cualquier otra especie de araña, lo que incluso les permite analizar formas.
Con sus ocho ojos puede ver en casi todas las direcciones a la vez, una visión panorámica de 360º con asiento en primera fila; y cuando más a oscuras es la cita, mejor se puede observar cómo agudizan las miradas uno en el otro.
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(foto: Thomas Shahan en Flickr con licencia CC)
No usan redes a la hora de cazar, sino sus largos brincos. Las arañas saltadoras pueden saltar hasta 80 veces la longitud de su cuerpo. Eso significa que si uno tuviera de altura metro y medio, podría alcanzar de un salto la azotea de un edificio de 110 metros de altura, como por ejemplo las Torres Kio de Madrid (y así ahorrarse el ascensor).
Lo hacen gracias a una especie de ‘resorte hidráulico’ que bombea hemolinfa (como la sangre en los vertebrados) por el cual la musculatura de las patas se contrae, haciéndolas que se extiendan de golpe. Justo antes de saltar, lanzan un filamento de tela arácnida para sujetarse.
En caso de caer por un motivo u otro, se suben de nuevo con la cuerda de seda, como hace el mismísimo Spiderman; no se sabe qué tipo de araña le picó a Peter Parker, pero sin duda el candidato más fiel es una araña saltadora, el mejor pretendiente que uno podría soñar para lograr sus poderes.
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Todas las fotos son de la fantástica galería de Thomas Shahan en Flickr (con licencia CC), un auténtico enamorado de mirar a los insectos a los ojos. Puedes consultar su web aquí.
Fuentes:
– Biological Journal of the Linnean Society: Orchestrating the score: complex multimodal courtship in the Habronattus coecatus group of Habronattus jumping spiders (Araneae: Salticidae). Department of Environmental Science, Policy and Management, University of California, Berkeley.
Seismic signals in a courting male jumping spider (Araneae: Salticidae). Cornell University.
 
 

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(foto: Thomas Shahan en Flickr con licencia CC)
Existen comportamientos de cortejo en insectos que muchas veces parecen sacados del mundo de los humanos, donde para impresionar a las féminas se tira mucho de octanaje en el motor. Las arañas saltadoras del género Habronattus son únicas precisamente por dar mucha gasolina a sus parejas: los machos provocan un extraña vibración durante el cortejo cuyo sonido imita fielmente el motor de una motocicleta, acelerando, desacelerando y coordinando movimientos de pata y vientre con esas vibraciones para impresionar a las hembras.
Se trata de señales sísmicas de cortejo y son conocidas por ser una de las conductas de comunicación más elaboradas del reino animal. Se producen cuando el animal golpea o entra en contacto con el sustrato (tierra, hojas o una tela de araña…) y se utilizan como medio para generar información para el otro ejemplar. De hecho, esas señales sísmicas están divididas en tres grupos (“golpes”, “raspaduras” y «zumbidos») y en un máximo de 20 elementos organizados en grupos funcionales o motivos, que van cambiando a medida que el cortejo avanza.
Esta estructuración temporal es análoga a una composición musical, una extraña canción que el macho dedica a la hembra poniéndose a sus pies, mientras las señales sísmicas se coordinan con las señales visuales e incluso la aparición de un estampado de colores en el cuerpo masculino. Unos investigadores de la universidad de Berkeley, California, han documentado el proceso de cortejo:

Después de semejante despliegue de actitud, para entonces, la hembra simplemente estará obnubilada con el espectáculo y le mirará con esos ojos que solo ponen las arañas saltadoras, de las que existen más de 4.000 especies alrededor del mundo. Su campo de visión es asistido por los ocho ojos que posee; dos de ellos enormes, por lo que tienen una visión impresionante que es mejor que en cualquier otra especie de araña, lo que incluso les permite analizar formas.
Con sus ocho ojos puede ver en casi todas las direcciones a la vez, una visión panorámica de 360º con asiento en primera fila; y cuando más a oscuras es la cita, mejor se puede observar cómo agudizan las miradas uno en el otro.
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(foto: Thomas Shahan en Flickr con licencia CC)
No usan redes a la hora de cazar, sino sus largos brincos. Las arañas saltadoras pueden saltar hasta 80 veces la longitud de su cuerpo. Eso significa que si uno tuviera de altura metro y medio, podría alcanzar de un salto la azotea de un edificio de 110 metros de altura, como por ejemplo las Torres Kio de Madrid (y así ahorrarse el ascensor).
Lo hacen gracias a una especie de ‘resorte hidráulico’ que bombea hemolinfa (como la sangre en los vertebrados) por el cual la musculatura de las patas se contrae, haciéndolas que se extiendan de golpe. Justo antes de saltar, lanzan un filamento de tela arácnida para sujetarse.
En caso de caer por un motivo u otro, se suben de nuevo con la cuerda de seda, como hace el mismísimo Spiderman; no se sabe qué tipo de araña le picó a Peter Parker, pero sin duda el candidato más fiel es una araña saltadora, el mejor pretendiente que uno podría soñar para lograr sus poderes.
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Todas las fotos son de la fantástica galería de Thomas Shahan en Flickr (con licencia CC), un auténtico enamorado de mirar a los insectos a los ojos. Puedes consultar su web aquí.
Fuentes:
– Biological Journal of the Linnean Society: Orchestrating the score: complex multimodal courtship in the Habronattus coecatus group of Habronattus jumping spiders (Araneae: Salticidae). Department of Environmental Science, Policy and Management, University of California, Berkeley.
Seismic signals in a courting male jumping spider (Araneae: Salticidae). Cornell University.
 
 

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