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8 de enero 2013    /   BUSINESS
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Una novela de 'Elige tu propia aventura' para adultos

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Mi ejemplar de ‘La cápsula del tiempo’ yace sobre la cama, doblado, con el lomo casi partido y un par de páginas que sobresalen, medio sueltas, de su anteriormente perfecto y cuadrangular perfil. Hace solo unos días que nos encontramos, pero ya nos conocemos bien a fondo. Todas sus historias, sus intríngulis y algunos de sus secretos y enseñanzas ya forman parte de mí, me han sido revelados. O como diría el maestro Julio Iglesias, “me los he bebido yo”.
No es que haya comenzado a comer o a beber (?) papel. Todavía no. Simplemente he entrado a fondo en el juego que Miqui Otero (Barcelona, 1980) plantea en su nuevo libro ‘La cápsula del tiempo’, editado por Blackie Books, con un diseño tan interesante como a los que nos tiene acostumbrados, bajo el sello “Duda y Aventura” (que ojalá cristalizara en una serie). Un libro concebido, según el autor, en una noche de nostalgia y cervezas, que utiliza un formato que muchos de los nacidos en los 70 y los 80 conocemos muy bien, el libro de ‘Elige tu propia aventura’. Y en el que, al igual que en los libros de aquella colección, el final de la historia dependerá de lo que el lector vaya decidiendo.
El libro comienza en una estación de metro de Barcelona. Es la noche de reyes, el protagonista (o sea, el lector) se dirige a una cita con sus antiguos amigos de infancia, una cita fijada hace veinte años, pero algo pasa y todo cambia. La historia tiene nada menos que 37 finales distintos y un mapa muy útil que te permite volver fácilmente sobre tus pasos entre las páginas del libro y regresar a una situación ya leída para decidirte por el camino alternativo. El mapa, ilustrado al igual que la portada por el ilustrador Jonathan Millán (coautor del magnífico ‘Hervir un oso’ junto a Miguel Noguera) creo que aporta una mejora al formato de los antiguos libros infantiles rojos de los 80 al facilitar mucho el movimiento por las páginas.
Las historias en las que el lector se convierte en protagonista y “decididor” no se parecen mucho a las tramas juveniles de la colección ochentera de Timun Mas, sino que están dirigidas a un público más adulto, tratando temas como la crisis o la desorientación de hacerse mayor, en las que el protagonista (TÚ) afronta situaciones costumbristas entre atracadores, traficantes o revisores de metro locos y que están tan llenas de sorpresas y giros inesperados que dan muchas ganas de desvelar alguna.
Pero hay algo más. Pensando un poco, y mientras vuelvo a repasar los restos maltrechos de mi ejemplar, se me ocurre que aparte de la historia en sí, el libro tiene otra lectura. Y es que ese rosario de decisiones es rematadamente parecido a la vida misma. Suerte que Miqui ha incluido entre las páginas de ‘La cápsula…’ el Libro Negro, un libro-dentro-del-libro, bien visible ya que está escrito en letras blancas sobre fondo negro. Se titula ‘Ante la duda’ (sin rimas posteriores) y es una especie de reflejo en negativo del ‘Momentos estelares de la humanidad’, de Stefan Zweig. En este caso se nos relatan 13 instantes estrellados de la humanidad, como el error en la elección de vestimenta de los nazis invadiendo Rusia o los titubeos de Michael Jackson antes de grabar el anuncio de Pepsi que será tan determinante en su vida.
En el transcurso de las páginas del libro se nos sugiere en múltiples ocasiones que leamos un capítulo de este libro negro antes de tomar la decisión. Después podremos hacerle caso o no.
Dentro de esta metáfora de la vida que creo que es ‘La cápsula…’, el libro negro, arropado por las 37 historias, es como ese amigo al que algunos siempre piden consejo, o como la moral que rige la vida de otros o el Dios de los más suertudos.
Porque algunas veces, en cualquier situación en la vida, sabemos qué es lo que tendríamos que hacer y no lo hacemos. Sabemos que no deberíamos beber una copa más y quizá nos la bebemos, o no. Todo lo que hacemos tiene consecuencias. Cada uno tenemos nuestro libro negro más o menos presente entre las páginas de nuestra propia historia. En nuestra mano está leerlo y, si es así, hacerle caso o no.
El libro es un juego, pero en los juegos a veces te va la vida.
Miqui Otero
Mapa jpg

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Mi ejemplar de ‘La cápsula del tiempo’ yace sobre la cama, doblado, con el lomo casi partido y un par de páginas que sobresalen, medio sueltas, de su anteriormente perfecto y cuadrangular perfil. Hace solo unos días que nos encontramos, pero ya nos conocemos bien a fondo. Todas sus historias, sus intríngulis y algunos de sus secretos y enseñanzas ya forman parte de mí, me han sido revelados. O como diría el maestro Julio Iglesias, “me los he bebido yo”.
No es que haya comenzado a comer o a beber (?) papel. Todavía no. Simplemente he entrado a fondo en el juego que Miqui Otero (Barcelona, 1980) plantea en su nuevo libro ‘La cápsula del tiempo’, editado por Blackie Books, con un diseño tan interesante como a los que nos tiene acostumbrados, bajo el sello “Duda y Aventura” (que ojalá cristalizara en una serie). Un libro concebido, según el autor, en una noche de nostalgia y cervezas, que utiliza un formato que muchos de los nacidos en los 70 y los 80 conocemos muy bien, el libro de ‘Elige tu propia aventura’. Y en el que, al igual que en los libros de aquella colección, el final de la historia dependerá de lo que el lector vaya decidiendo.
El libro comienza en una estación de metro de Barcelona. Es la noche de reyes, el protagonista (o sea, el lector) se dirige a una cita con sus antiguos amigos de infancia, una cita fijada hace veinte años, pero algo pasa y todo cambia. La historia tiene nada menos que 37 finales distintos y un mapa muy útil que te permite volver fácilmente sobre tus pasos entre las páginas del libro y regresar a una situación ya leída para decidirte por el camino alternativo. El mapa, ilustrado al igual que la portada por el ilustrador Jonathan Millán (coautor del magnífico ‘Hervir un oso’ junto a Miguel Noguera) creo que aporta una mejora al formato de los antiguos libros infantiles rojos de los 80 al facilitar mucho el movimiento por las páginas.
Las historias en las que el lector se convierte en protagonista y “decididor” no se parecen mucho a las tramas juveniles de la colección ochentera de Timun Mas, sino que están dirigidas a un público más adulto, tratando temas como la crisis o la desorientación de hacerse mayor, en las que el protagonista (TÚ) afronta situaciones costumbristas entre atracadores, traficantes o revisores de metro locos y que están tan llenas de sorpresas y giros inesperados que dan muchas ganas de desvelar alguna.
Pero hay algo más. Pensando un poco, y mientras vuelvo a repasar los restos maltrechos de mi ejemplar, se me ocurre que aparte de la historia en sí, el libro tiene otra lectura. Y es que ese rosario de decisiones es rematadamente parecido a la vida misma. Suerte que Miqui ha incluido entre las páginas de ‘La cápsula…’ el Libro Negro, un libro-dentro-del-libro, bien visible ya que está escrito en letras blancas sobre fondo negro. Se titula ‘Ante la duda’ (sin rimas posteriores) y es una especie de reflejo en negativo del ‘Momentos estelares de la humanidad’, de Stefan Zweig. En este caso se nos relatan 13 instantes estrellados de la humanidad, como el error en la elección de vestimenta de los nazis invadiendo Rusia o los titubeos de Michael Jackson antes de grabar el anuncio de Pepsi que será tan determinante en su vida.
En el transcurso de las páginas del libro se nos sugiere en múltiples ocasiones que leamos un capítulo de este libro negro antes de tomar la decisión. Después podremos hacerle caso o no.
Dentro de esta metáfora de la vida que creo que es ‘La cápsula…’, el libro negro, arropado por las 37 historias, es como ese amigo al que algunos siempre piden consejo, o como la moral que rige la vida de otros o el Dios de los más suertudos.
Porque algunas veces, en cualquier situación en la vida, sabemos qué es lo que tendríamos que hacer y no lo hacemos. Sabemos que no deberíamos beber una copa más y quizá nos la bebemos, o no. Todo lo que hacemos tiene consecuencias. Cada uno tenemos nuestro libro negro más o menos presente entre las páginas de nuestra propia historia. En nuestra mano está leerlo y, si es así, hacerle caso o no.
El libro es un juego, pero en los juegos a veces te va la vida.
Miqui Otero
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