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26 de diciembre 2017    /   CREATIVIDAD
por
ilustracion  Juan Carreño de Miranda

¿Cómo ser una persona menos creativa?

26 de diciembre 2017    /   CREATIVIDAD     por        ilustracion  Juan Carreño de Miranda
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Es muy complicado vivir en la dictadura de la creatividad. Ni imaginan lo difícil que es, además, ser un gañán y trabajar en una revista como esta, que enarbola la bandera de la difusión de las ideas que merecen la pena.

Estamos acostumbrados a leer historias inspiradoras, consejos para estimular nuestro yo creativo o proyectos tan talentosos que parecen imposibles. Pero ya está bien. Los vendedores de seguros, los funcionarios del Ministerio de Industria y Comercio, los redactores de Yorokobu o Melendi también son personas con los mismos derechos que Toni Segarra, Margaret Atwood, Stefan Sagmeister o PJ Harvey. Y todo el mundo quiere parecerse a los segundos y no a los primeros. Es algo que se ve como normal y, por eso, no será complicado encontrar en internet o en bibliotecas de cualquier lugar cientos de maneras de acercarse a esos procesos de creación.

Lo que ya no es tan normal es escuchar, ver o leer maneras de bajar el cuentarrevoluciones creativo. Los que lo tenemos en niveles abisales no contamos con ese problema. Ser un tarugo te hace la vida más fácil, pero hay otras personas que necesitan apaciguar el torrente creativo y relajarse en la gris marea de lo anodino. ¿Cómo conseguirlo?

Aquí van unos cuantos consejos para eliminar la tentación de destacar, que ya sabemos lo mal que le ha ido en la vida a aquellos que quisieron hacerlo por encima de los mediocres.

Hazte la siguiente pregunta: ¿qué haría mi cuñado ante esta situación?

Ya sabemos que alguien creativo identifica un problema, reflexiona y piensa en situaciones que aúnen astucia, eficiencia y economía. Tu cuñado, sin embargo, conoce a alguien que es capaz de arreglarlo todo por cuatro perras. Se llama Manolo, hizo la mili con él en Ceuta y «tú déjame a mí que le llame, que es como un hermano para mí».

Si el plan falla, siempre podrá decir que la culpa es de Manolo, que se ha echado a perder y que no le hizo caso en lo que le pidió. Los 500 euros los has perdido, claro.

Opta por La Solución Ockham

La navaja de Ockham (a veces escrito Occam u Ockam), principio de economía o principio de parsimonia (lex parsimoniae), es un principio metodológico y filosófico atribuido al fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico Guillermo de Ockham (12801349), según el cual: En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Esto implica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.

Por supuesto, el párrafo de la definición lo hemos copiado de Wikipedia, que es más rápido y sencillo.

La aplicación de la navaja de Ockham a la creatividad sería el siguiente corolario: tira siempre por la solución más sencilla, que lo otro cansa mucho y las cervezas del bar no se van a beber solas.

Si hay una solución sencilla, siempre hay una mínima posibilidad de que funcione. Casi nunca lo hace. Es más: sería mucha casualidad que la vida fuera así de sencilla, pero ¿qué más da? Nosotros lo hemos intentado y, a partir de este punto, ya podemos decirle a otra persona que se encargue del tema, que nosotros no sabemos. Y que las cervezas no se van a beber solas, como decíamos.

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La indolencia vital descrita en una sola frase

No inventes algo que puedas robar, no copies algo que puedas calcar y no calques algo que puedas fotocopiar. Eso sería de listos y a los listos les pegan en el patio del colegio.

Siempre hay alguien mejor

¿De qué sirve esforzarse por ser creativo si siempre hay alguien que es mejor? Trata de calzarle el mochuelo a esa otra persona, que para eso sabe más. Si sabes lo suficientemente poco, nadie te encomendará demasiadas tareas para resolver. Ser alguien gris y sin ganas de aprender es un cúmulo de ventajas y triunfos. Que los listos no hubieran aprendido tanto.

Mantente ocupado

Cuando el diablo se aburre, mata moscas con el rabo. No te aburras. El aburrimiento empuja a la reflexión y al ingenio para tratar de salir de ese letargo emocional e intelectual. Busca entretenimientos que no te estimulen en absoluto. Hay un montón de material de Operación Triunfo, de la etapa de Telecinco, que es un bochorno tanto en concepción como en ejecución. El catálogo de la extinta disquera Vale Music es también un valor seguro en estos términos.

Limpiar las juntas de los azulejos de la cocina o repasar los DVD con las rondas intermedias de la Copa del Rey de fútbol entre los años 2000 y 2010 también ayudará a que tu inquietud creativa quede anulada como un agorafóbico con Trankimazin.

Rodéate de personas peores que tú

Intenta encontrar a gente peor aún que tu cuñado. Los reyes españoles (y no solo los españoles) de siglos anteriores llenaban la corte de idiotas, personas con todo tipo de afecciones físicas y estéticas y seres de todo calado capaces de hacerles pasar por genios y prohombres. Eso es algo que siempre ha funcionado. Te hace parecer listo y no tiene la exigencia cotidiana de tener que esforzarte para ser mejor y aprender de los que están a tu alrededor.

Es muy complicado vivir en la dictadura de la creatividad. Ni imaginan lo difícil que es, además, ser un gañán y trabajar en una revista como esta, que enarbola la bandera de la difusión de las ideas que merecen la pena.

Estamos acostumbrados a leer historias inspiradoras, consejos para estimular nuestro yo creativo o proyectos tan talentosos que parecen imposibles. Pero ya está bien. Los vendedores de seguros, los funcionarios del Ministerio de Industria y Comercio, los redactores de Yorokobu o Melendi también son personas con los mismos derechos que Toni Segarra, Margaret Atwood, Stefan Sagmeister o PJ Harvey. Y todo el mundo quiere parecerse a los segundos y no a los primeros. Es algo que se ve como normal y, por eso, no será complicado encontrar en internet o en bibliotecas de cualquier lugar cientos de maneras de acercarse a esos procesos de creación.

Lo que ya no es tan normal es escuchar, ver o leer maneras de bajar el cuentarrevoluciones creativo. Los que lo tenemos en niveles abisales no contamos con ese problema. Ser un tarugo te hace la vida más fácil, pero hay otras personas que necesitan apaciguar el torrente creativo y relajarse en la gris marea de lo anodino. ¿Cómo conseguirlo?

Aquí van unos cuantos consejos para eliminar la tentación de destacar, que ya sabemos lo mal que le ha ido en la vida a aquellos que quisieron hacerlo por encima de los mediocres.

Hazte la siguiente pregunta: ¿qué haría mi cuñado ante esta situación?

Ya sabemos que alguien creativo identifica un problema, reflexiona y piensa en situaciones que aúnen astucia, eficiencia y economía. Tu cuñado, sin embargo, conoce a alguien que es capaz de arreglarlo todo por cuatro perras. Se llama Manolo, hizo la mili con él en Ceuta y «tú déjame a mí que le llame, que es como un hermano para mí».

Si el plan falla, siempre podrá decir que la culpa es de Manolo, que se ha echado a perder y que no le hizo caso en lo que le pidió. Los 500 euros los has perdido, claro.

Opta por La Solución Ockham

La navaja de Ockham (a veces escrito Occam u Ockam), principio de economía o principio de parsimonia (lex parsimoniae), es un principio metodológico y filosófico atribuido al fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico Guillermo de Ockham (12801349), según el cual: En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Esto implica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.

Por supuesto, el párrafo de la definición lo hemos copiado de Wikipedia, que es más rápido y sencillo.

La aplicación de la navaja de Ockham a la creatividad sería el siguiente corolario: tira siempre por la solución más sencilla, que lo otro cansa mucho y las cervezas del bar no se van a beber solas.

Si hay una solución sencilla, siempre hay una mínima posibilidad de que funcione. Casi nunca lo hace. Es más: sería mucha casualidad que la vida fuera así de sencilla, pero ¿qué más da? Nosotros lo hemos intentado y, a partir de este punto, ya podemos decirle a otra persona que se encargue del tema, que nosotros no sabemos. Y que las cervezas no se van a beber solas, como decíamos.

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La indolencia vital descrita en una sola frase

No inventes algo que puedas robar, no copies algo que puedas calcar y no calques algo que puedas fotocopiar. Eso sería de listos y a los listos les pegan en el patio del colegio.

Siempre hay alguien mejor

¿De qué sirve esforzarse por ser creativo si siempre hay alguien que es mejor? Trata de calzarle el mochuelo a esa otra persona, que para eso sabe más. Si sabes lo suficientemente poco, nadie te encomendará demasiadas tareas para resolver. Ser alguien gris y sin ganas de aprender es un cúmulo de ventajas y triunfos. Que los listos no hubieran aprendido tanto.

Mantente ocupado

Cuando el diablo se aburre, mata moscas con el rabo. No te aburras. El aburrimiento empuja a la reflexión y al ingenio para tratar de salir de ese letargo emocional e intelectual. Busca entretenimientos que no te estimulen en absoluto. Hay un montón de material de Operación Triunfo, de la etapa de Telecinco, que es un bochorno tanto en concepción como en ejecución. El catálogo de la extinta disquera Vale Music es también un valor seguro en estos términos.

Limpiar las juntas de los azulejos de la cocina o repasar los DVD con las rondas intermedias de la Copa del Rey de fútbol entre los años 2000 y 2010 también ayudará a que tu inquietud creativa quede anulada como un agorafóbico con Trankimazin.

Rodéate de personas peores que tú

Intenta encontrar a gente peor aún que tu cuñado. Los reyes españoles (y no solo los españoles) de siglos anteriores llenaban la corte de idiotas, personas con todo tipo de afecciones físicas y estéticas y seres de todo calado capaces de hacerles pasar por genios y prohombres. Eso es algo que siempre ha funcionado. Te hace parecer listo y no tiene la exigencia cotidiana de tener que esforzarte para ser mejor y aprender de los que están a tu alrededor.

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