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14 de junio 2016    /   CREATIVIDAD
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Unos piensan con los pies y Michelle Vandy diseña con la nariz

14 de junio 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Michelle Vandy es una diseñadora gráfica e ilustradora finlandesa que tiene un método creativo distinto de lo habitual. Mientras que el resto de sus colegas emplea las manos para trabajar, ella se ve obligada a hacerlo con la nariz.

La historia comienza cuando, a los 20 años, Vandy fue aceptada en un estudio de arquitectura para trabajar durante el verano. Además, aprovechaba sus ratos libres para ilustrar un libro infantil. La carga laboral hizo que las jornadas alcanzasen más de quince horas y el estrés no tardó en hacer mella en ella. Lo que comenzó como un leve cosquilleo en los brazos, acabó derivando en grandes dolores que le impedían manejar las extremidades superiores.

«Creo que fue un tema de naturaleza psicosomática. Según el libro del doctor Sarno, The Mindbody Prescription, a mi problema se le conoce como TMS. En un primer momento pensé que que era una lesión por un entorno laboral no ergonómico, pero al final se acabó convirtiendo en un TMS. Durante cuatro años tuve dolores crónicos en mis brazos que sólo desaparecieron cuando comencé a hacer los ejercicios que recomendaba el doctor Sarno en su libro».

Durante todo ese tiempo, Michelle Vandy se vio obligada a buscar una solución que le permitiera continuar con sus estudios de diseño y los trabajos relacionados con esa disciplina sin utilizar sus brazos. La parte de los estudios la resolvió matriculándose únicamente en las materias teóricas. La parte práctica fue más laboriosa. Sus manos eran incapaces de agarrar un lápiz o de manejar un ratón.

«Hice un montón de experimentos. Para ello me sumergí en la escena tecnológica de Finlandia con objeto de encontrar aquellos nuevos aparatos que me ayudasen a superar mis dificultades. Intenté emplear sistemas de reconocimiento de voz, detectores del movimiento ocular, probé a crear un mecanismo que me permitiera manejar el ordenador con los pies, incluso compré un iPad y un puntero con intención de utilizarlo con la boca, pero todo era un lío: demasiada saliva. Utilizar la nariz fue el único método que tuvo éxito».

Después de esa búsqueda por encontrar la tecnología más puntera, Vandy acabó recurriendo a accesorios cotidianos, fáciles de adquirir y muy asequibles: un track-pad y un trípode.

«Bueno, antes de eso me gasté miles de dólares en diferentes tratamientos, visitas al médico y en compra de equipo que al final resultó no ser útil. Curiosamente, el libro con el que conseguí curarme y el mecanismo que uso costaron muy poco dinero en Amazon. Está formado por tres partes: un trípode Manfrotto 493 que me debió costar unos 100 dólares, el track-pad de Apple de unos 60 y una pieza para apoyar ambas partes que me costó 20 dólares. El velcro para que no se muevan se consigue en cualquier tienda. Acostumbro a bromear con que este aparato es mi nose-pad, pero es un tanto incorrecto porque también utilizo mi boca para realizar determinados movimientos o en ocasiones las manos».

Solucionado el problema técnico, el reto era dominar la herramienta. «Mis primeros dibujos y diseños eran bastante terribles, pero con la práctica, mi precisión y rapidez mejoraron». A pesar de esos buenos resultados, en un primer momento, el pudor impedía a Vandy que explicase a sus compañeros y profesores cuál era su método de trabajo. Ahora, cuatro años después de empezar a trabajar con esta técnica, no sólo lo cuenta, sino que su experiencia ha servido para que otras personas tengan el valor de afrontar algunas de las dificultades de su vida.

«Sí, después de lanzar la web recibí cientos de correos electrónicos de gente de todo el mundo contándome su propios problemas de brazos, espalda, cuello y cómo eso les afectaba. Sin embargo, y aunque les pueda seguir pareciendo inspirador y fascinante, con el tiempo me he dado cuenta que a la gente ya no le importa tanto la forma en que dibujo o diseño, sino si el resultado es o no es bueno. A pesar de que hay determinadas técnicas que exigen mucho esfuerzo y dedicación, siempre confié en que sería capaz de desarrollar mi propio estilo utilizando la nariz».



Michelle Vandy es una diseñadora gráfica e ilustradora finlandesa que tiene un método creativo distinto de lo habitual. Mientras que el resto de sus colegas emplea las manos para trabajar, ella se ve obligada a hacerlo con la nariz.

La historia comienza cuando, a los 20 años, Vandy fue aceptada en un estudio de arquitectura para trabajar durante el verano. Además, aprovechaba sus ratos libres para ilustrar un libro infantil. La carga laboral hizo que las jornadas alcanzasen más de quince horas y el estrés no tardó en hacer mella en ella. Lo que comenzó como un leve cosquilleo en los brazos, acabó derivando en grandes dolores que le impedían manejar las extremidades superiores.

«Creo que fue un tema de naturaleza psicosomática. Según el libro del doctor Sarno, The Mindbody Prescription, a mi problema se le conoce como TMS. En un primer momento pensé que que era una lesión por un entorno laboral no ergonómico, pero al final se acabó convirtiendo en un TMS. Durante cuatro años tuve dolores crónicos en mis brazos que sólo desaparecieron cuando comencé a hacer los ejercicios que recomendaba el doctor Sarno en su libro».

Durante todo ese tiempo, Michelle Vandy se vio obligada a buscar una solución que le permitiera continuar con sus estudios de diseño y los trabajos relacionados con esa disciplina sin utilizar sus brazos. La parte de los estudios la resolvió matriculándose únicamente en las materias teóricas. La parte práctica fue más laboriosa. Sus manos eran incapaces de agarrar un lápiz o de manejar un ratón.

«Hice un montón de experimentos. Para ello me sumergí en la escena tecnológica de Finlandia con objeto de encontrar aquellos nuevos aparatos que me ayudasen a superar mis dificultades. Intenté emplear sistemas de reconocimiento de voz, detectores del movimiento ocular, probé a crear un mecanismo que me permitiera manejar el ordenador con los pies, incluso compré un iPad y un puntero con intención de utilizarlo con la boca, pero todo era un lío: demasiada saliva. Utilizar la nariz fue el único método que tuvo éxito».

Después de esa búsqueda por encontrar la tecnología más puntera, Vandy acabó recurriendo a accesorios cotidianos, fáciles de adquirir y muy asequibles: un track-pad y un trípode.

«Bueno, antes de eso me gasté miles de dólares en diferentes tratamientos, visitas al médico y en compra de equipo que al final resultó no ser útil. Curiosamente, el libro con el que conseguí curarme y el mecanismo que uso costaron muy poco dinero en Amazon. Está formado por tres partes: un trípode Manfrotto 493 que me debió costar unos 100 dólares, el track-pad de Apple de unos 60 y una pieza para apoyar ambas partes que me costó 20 dólares. El velcro para que no se muevan se consigue en cualquier tienda. Acostumbro a bromear con que este aparato es mi nose-pad, pero es un tanto incorrecto porque también utilizo mi boca para realizar determinados movimientos o en ocasiones las manos».

Solucionado el problema técnico, el reto era dominar la herramienta. «Mis primeros dibujos y diseños eran bastante terribles, pero con la práctica, mi precisión y rapidez mejoraron». A pesar de esos buenos resultados, en un primer momento, el pudor impedía a Vandy que explicase a sus compañeros y profesores cuál era su método de trabajo. Ahora, cuatro años después de empezar a trabajar con esta técnica, no sólo lo cuenta, sino que su experiencia ha servido para que otras personas tengan el valor de afrontar algunas de las dificultades de su vida.

«Sí, después de lanzar la web recibí cientos de correos electrónicos de gente de todo el mundo contándome su propios problemas de brazos, espalda, cuello y cómo eso les afectaba. Sin embargo, y aunque les pueda seguir pareciendo inspirador y fascinante, con el tiempo me he dado cuenta que a la gente ya no le importa tanto la forma en que dibujo o diseño, sino si el resultado es o no es bueno. A pesar de que hay determinadas técnicas que exigen mucho esfuerzo y dedicación, siempre confié en que sería capaz de desarrollar mi propio estilo utilizando la nariz».



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