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16 de noviembre 2010    /   CREATIVIDAD
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Unos Tipos Duros, fanáticos de la tipografía

16 de noviembre 2010    /   CREATIVIDAD     por          
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Un grupo de fanáticos de la tipografía componen Unos Tipos Duros, el único colectivo tipográfico en España que se dedica a difundir las buenas prácticas en esta disciplina. Su fetichismo llega a tal punto que, cuando visitan una ciudad nueva, se dedican a recorrerla en busca de los parajes donde vivieron los grandes mitos de la tipografía. “Tienes que empaparte de eso si quieres establecer una relación de complicidad con ella”, explican.

Cuando ves una tipografía, ¿qué ves? ¿un texto? ¿un elenco de opciones en tu procesador de texto o algo más? Cuando José Ramón Penela contempla una tipografía se le abre un mundo. “Veo una preciosa historia, moda, música, expresiones de su tiempo… Tienes que empaparte de eso si quieres establecer una relación de complicidad con la tipografía. Si no, serás un usuario de ella y nada más”.

Penela es cofundador de Unos Tipos Duros, el único colectivo tipográfico de España. Defiende que, para trabajar con ella, hace falta conocerla a fondo. Para guiarle en su cometido de difundir este arte, él y sus compañeros han creado a un ilustrado filosofó tipográfico llamado Maximilian Gromenaguer. “La tipografía alimenta el espíritu, pero no el estómago”, es una de sus grandes máximas.

El proyecto nació en 2000. Poco a poco se fueron uniendo otros fanáticos de esta disciplina como Pep Patau y, posteriormente, Dimas Garcia y Marc Salinas. Cada uno cuenta con sus propios trabajos y negocios para ganarse la vida. Pero la tipografía proporciona esa fuente de alimentación espiritual que tanto persigue el ser humano. “Es algo más que poner capas encima de capas. Tiene una sintaxis, una forma de expresarse. Tiene un bagaje cultural enorme. Es un pequeño artefacto cultural a fin de cuentas”, comenta.

Tras la era de la deconstrucción, que pegó fuerte en los años 80 y 90, hay una vuelta al pragmatismo con el uso de la tipografía, según Penela. “Con esto no quiero decir que seamos más conservadores que antes. Simplemente los diseñadores se dan cuenta de la importancia de escoger la tipografía más apta para el uso que le quieras dar: ¿Quieres que te lean o estás haciendo una tipografía puntual para hacer un guiño? La gente se ha dado cuenta de que, si usa bien la tipografía, sube su nivel de expresión y aumenta su nivel global como comunicador”.

¿Las empresas son conscientes de la importancia de una buena tipografía?

Pocas, demasiado pocas. Se encuentran multitud de ejemplos de trabajos mal planteados y mal finalizados. La educación en diseño en este país sigue siendo deficiente. Muchas veces donde hay una buena tipografía también hay un buen cliente detrás. Mira el ejemplo del Naranjito del mundial del 82. Fue un mal diseño y un buen diseño a la vez, si lo comparas, por ejemplo, con Cobi. Fue una ruptura brutal. Pero detrás de Cobi no está sólo Mariscal. Está también un buen cliente.
Cuando hacemos conferencias me harto de poner ejemplos horrorosos. Sin ir más lejos, la portada de la última novela de Perez Reverte, E L A S E D I O. Ocupa toda la página. Los espacios entre las letras son kilométricos. Deja de ser una palabra. Eso era una E, una L, una A… El ritmo estaba completamente roto, abierto. Eso no era una palabra. Allí hay una ausencia evidente de conocimientos tipográficos.

Pero habrá muchos diseñadores que dirán: Me paso por el forro las reglas…

Sí, yo estoy de acuerdo. No solo puedes hacer palabras. Eric Gill decía “las letras son cosas, no imágenes de cosas”. Puedo sacarle mil matices expresivos a la tipografía. No es solamente para que te lean. Yo no estoy diciendo que hagamos textos como en el siglo 18, pero, en fin, que no dificulte la lectura si eso es lo que persigues. Que quiera hacerte un guiño. Saber lo que haces. La puedo romper, rasgar, difuminar, ser ambiguo.

Entonces los verdaderos pioneros, ¿son los que utilizan y reinterpretan las reglas establecidas o los que rompen con el pasado? ¿En qué quedamos?

Simplemente los que eligen el medio adecuado. Que tu arco de trabajo sea suficientemente amplio para saber cuándo hacer algo serio. La tipografía de edición es aquella para ser leída. Tipografía expresiva para jugar con la multitud de recursos que nos ofrece. Si tú hablas en inglés, intenta hablar en inglés; si hablas en castellano, pues en castellano. Una revista de tendencias no te va a hablar como el New Yorker.

¿Cómo ha sido el traslado de la tipografía del mundo del papel al mundo online?

Evidentemente el campo se abrió. Antes era un coto cerrado. Era un lugar al que pocos llegaban y muy especializado. Abrimos otras barreras y otras nuevas vías de comunicación hasta donde podía estirar lo que antes era una pieza de plomo y no podía hacer nada con él, salvo fundirlo. Ahora se puede y entonces mola. Todo el tema de la deconstrucción vino por la posibilidad de hacer cosas que antes no se podían hacer. Y tipos que tuvieron, se encararon en fotocomposición y pasaron a digital con mejor o peor fortuna. Se crearon unas nuevas reglas de juego. Tienes que saber cómo funciona la pantalla para saber qué tipografía puedes utilizar. Me vienen a la cabeza los títulos de crédito de Mar Adentro. Era un tipo moderno, pero ¡cómo se perdía! Solo se leía “ar aentro”. Como estaban contrastados contra un fondo con un mar, los perfiles finos se fundían. Los títulos de crédito de Ally Mcbeal, en cambio, son un buen ejemplo de un trabajo bien hecho. Tiene un contraste evidente entre blanco y negro.

¿Qué piensas sobre la utilización de tipografía de las grandes empresas españolas? ¿Que opinión te merecen las del IBEX 35, por ejemplo? ¿Qué te transmiten?

Cada uno intenta transmitir los ideales de su corporación. Ahora mismo hay algunos con más fortuna que otros. El de Telefónica antiguo siempre me pareció un poco triste. No es lo que me esperaría de una empresa de telefonía del siglo 21. Es concienciación, saber qué quieres expresar, rodearte de buenos profesionales y querer invertir. Es difícil plantarte y decir: Esta tipografía vale no sé cuánto. Pagar por una foto aún lo entienden, pero no por una tipo. Tienes que venderlo muy bien.

También hay un problema: Diseñar una buena tipografía puede llevarte hasta 2 años. ¿Cómo se convence a alguien invertir en un mercado donde todo se mueve tan rápido?

Con calidad y argumentos. Con una exposición que explique el valor añadido de una buena tipografía. Gente como Tobias Frere Jones lo saben hacer muy bien. Crean un paquete y cuentan la historia de esa tipografía: su porqué, lo que aporta esta nueva versión digital con respecto a lo que había antes. La mejor forma es explicar. La tipografía que utilizas ahora tiene este problema. Te proponemos ésta y además tiene estos valores añadidos.

¿La tecnología ha ayudado a que este proceso sea mucho más rápido?

Evidentemente es mucho más rápido que en la era del plomo y la fotocomposición. Hay muchas rutinas que te ayudan a echar menos tiempo. Pero la calidad siempre lleva tiempo. Pero tampoco siempre es necesario crear una tipografía específica. Simplemente escoger la más apta de las necesidades para el proyecto en cuestión.

En los últimos años también han surgido multitud de blogs que hablan sobre la tipografía. ¿El estudio de este tema está viviendo un momento dulce?

A mí me gusta llamarlo la dignidad del párrafo, interés por él; conciencia de que estás trabajando con una herramienta básica, y que es importante evitar lo que pasa mucho, ocuparse de la maqueta y la portada, pero a la hora de meter el texto, lo meto a capón.

¿Qué periodo es el que más te fascina?

La historia es larga y prolija. Tiene desde los tipos renacentistas hasta la tipografía de la revolución industrial y sus tipos maquineros con remates gruesos. A mí me gustan mucho las tipos barrocas y holandesas del 17.

En paralelo al avance tecnológico, parece que también se está redescubriendo las tipografías hechas a mano…

Tienen un campo de acción limitado. Para un apoyo, un guiño, para algo concreto. Por otro lado, están las tipografías caligráficas. Eso sí está pegando muy fuerte. Unas tipos con unos rasgos preciosos de acabados. Marian Bantjes hace unas cosas preciosas. Ella es muy detallista. Como todo, se debería utilizar con restricción. No llenar todas las páginas de virutas. Cuando tienes una cordillera delante, como los Alpes, no dice cuál es la montaña más grande. Utilizas contraste en determinados puntos porque, si no, aplastas todo.

Entres diseñadores sois conocidos por vuestro fetichismo a la tipografía. ¿Hasta qué punto llega vuestra afición a las tipos?

La tipografía tiene una mochila de no menos de 5 siglos. ¿Qué menos que buscar en la Historia? Es una buena puerta de entrada para disfrutar de ella. Yo me voy a Londres y lo primero que hago es ir a la tumba de William Castle. Visitar los santos lugares del private press o los lugares donde deambulaba William Morris. Eso lo vives, es como una pátina de pintura. Ves la tipografía con una óptica distinta. En donde tú ves letras, yo veo una preciosa historia. Cuando tú ves un libro de William Morris, yo veo a su mujer posando (su mujer servía de modelo para el artista Gabriele Rosetti).

Tienes que empaparte de eso si quieres establecer una relación de complicidad con la tipografía. Si no, serás un mero usuario. Luego ya ponemos nuestro punto de fetichismo: Buscando donde enterraron a Baskerville en Birmingham o explorando a fondo los lugares con carga simbólica, como Fleet Street. Ese ya es el toque friki que nos gusta compartir.

Imágenes de Axis Maps

Este artículo fue publicado en la revista impresa de Yorokobu del mes de octubre.

Un grupo de fanáticos de la tipografía componen Unos Tipos Duros, el único colectivo tipográfico en España que se dedica a difundir las buenas prácticas en esta disciplina. Su fetichismo llega a tal punto que, cuando visitan una ciudad nueva, se dedican a recorrerla en busca de los parajes donde vivieron los grandes mitos de la tipografía. “Tienes que empaparte de eso si quieres establecer una relación de complicidad con ella”, explican.

Cuando ves una tipografía, ¿qué ves? ¿un texto? ¿un elenco de opciones en tu procesador de texto o algo más? Cuando José Ramón Penela contempla una tipografía se le abre un mundo. “Veo una preciosa historia, moda, música, expresiones de su tiempo… Tienes que empaparte de eso si quieres establecer una relación de complicidad con la tipografía. Si no, serás un usuario de ella y nada más”.

Penela es cofundador de Unos Tipos Duros, el único colectivo tipográfico de España. Defiende que, para trabajar con ella, hace falta conocerla a fondo. Para guiarle en su cometido de difundir este arte, él y sus compañeros han creado a un ilustrado filosofó tipográfico llamado Maximilian Gromenaguer. “La tipografía alimenta el espíritu, pero no el estómago”, es una de sus grandes máximas.

El proyecto nació en 2000. Poco a poco se fueron uniendo otros fanáticos de esta disciplina como Pep Patau y, posteriormente, Dimas Garcia y Marc Salinas. Cada uno cuenta con sus propios trabajos y negocios para ganarse la vida. Pero la tipografía proporciona esa fuente de alimentación espiritual que tanto persigue el ser humano. “Es algo más que poner capas encima de capas. Tiene una sintaxis, una forma de expresarse. Tiene un bagaje cultural enorme. Es un pequeño artefacto cultural a fin de cuentas”, comenta.

Tras la era de la deconstrucción, que pegó fuerte en los años 80 y 90, hay una vuelta al pragmatismo con el uso de la tipografía, según Penela. “Con esto no quiero decir que seamos más conservadores que antes. Simplemente los diseñadores se dan cuenta de la importancia de escoger la tipografía más apta para el uso que le quieras dar: ¿Quieres que te lean o estás haciendo una tipografía puntual para hacer un guiño? La gente se ha dado cuenta de que, si usa bien la tipografía, sube su nivel de expresión y aumenta su nivel global como comunicador”.

¿Las empresas son conscientes de la importancia de una buena tipografía?

Pocas, demasiado pocas. Se encuentran multitud de ejemplos de trabajos mal planteados y mal finalizados. La educación en diseño en este país sigue siendo deficiente. Muchas veces donde hay una buena tipografía también hay un buen cliente detrás. Mira el ejemplo del Naranjito del mundial del 82. Fue un mal diseño y un buen diseño a la vez, si lo comparas, por ejemplo, con Cobi. Fue una ruptura brutal. Pero detrás de Cobi no está sólo Mariscal. Está también un buen cliente.
Cuando hacemos conferencias me harto de poner ejemplos horrorosos. Sin ir más lejos, la portada de la última novela de Perez Reverte, E L A S E D I O. Ocupa toda la página. Los espacios entre las letras son kilométricos. Deja de ser una palabra. Eso era una E, una L, una A… El ritmo estaba completamente roto, abierto. Eso no era una palabra. Allí hay una ausencia evidente de conocimientos tipográficos.

Pero habrá muchos diseñadores que dirán: Me paso por el forro las reglas…

Sí, yo estoy de acuerdo. No solo puedes hacer palabras. Eric Gill decía “las letras son cosas, no imágenes de cosas”. Puedo sacarle mil matices expresivos a la tipografía. No es solamente para que te lean. Yo no estoy diciendo que hagamos textos como en el siglo 18, pero, en fin, que no dificulte la lectura si eso es lo que persigues. Que quiera hacerte un guiño. Saber lo que haces. La puedo romper, rasgar, difuminar, ser ambiguo.

Entonces los verdaderos pioneros, ¿son los que utilizan y reinterpretan las reglas establecidas o los que rompen con el pasado? ¿En qué quedamos?

Simplemente los que eligen el medio adecuado. Que tu arco de trabajo sea suficientemente amplio para saber cuándo hacer algo serio. La tipografía de edición es aquella para ser leída. Tipografía expresiva para jugar con la multitud de recursos que nos ofrece. Si tú hablas en inglés, intenta hablar en inglés; si hablas en castellano, pues en castellano. Una revista de tendencias no te va a hablar como el New Yorker.

¿Cómo ha sido el traslado de la tipografía del mundo del papel al mundo online?

Evidentemente el campo se abrió. Antes era un coto cerrado. Era un lugar al que pocos llegaban y muy especializado. Abrimos otras barreras y otras nuevas vías de comunicación hasta donde podía estirar lo que antes era una pieza de plomo y no podía hacer nada con él, salvo fundirlo. Ahora se puede y entonces mola. Todo el tema de la deconstrucción vino por la posibilidad de hacer cosas que antes no se podían hacer. Y tipos que tuvieron, se encararon en fotocomposición y pasaron a digital con mejor o peor fortuna. Se crearon unas nuevas reglas de juego. Tienes que saber cómo funciona la pantalla para saber qué tipografía puedes utilizar. Me vienen a la cabeza los títulos de crédito de Mar Adentro. Era un tipo moderno, pero ¡cómo se perdía! Solo se leía “ar aentro”. Como estaban contrastados contra un fondo con un mar, los perfiles finos se fundían. Los títulos de crédito de Ally Mcbeal, en cambio, son un buen ejemplo de un trabajo bien hecho. Tiene un contraste evidente entre blanco y negro.

¿Qué piensas sobre la utilización de tipografía de las grandes empresas españolas? ¿Que opinión te merecen las del IBEX 35, por ejemplo? ¿Qué te transmiten?

Cada uno intenta transmitir los ideales de su corporación. Ahora mismo hay algunos con más fortuna que otros. El de Telefónica antiguo siempre me pareció un poco triste. No es lo que me esperaría de una empresa de telefonía del siglo 21. Es concienciación, saber qué quieres expresar, rodearte de buenos profesionales y querer invertir. Es difícil plantarte y decir: Esta tipografía vale no sé cuánto. Pagar por una foto aún lo entienden, pero no por una tipo. Tienes que venderlo muy bien.

También hay un problema: Diseñar una buena tipografía puede llevarte hasta 2 años. ¿Cómo se convence a alguien invertir en un mercado donde todo se mueve tan rápido?

Con calidad y argumentos. Con una exposición que explique el valor añadido de una buena tipografía. Gente como Tobias Frere Jones lo saben hacer muy bien. Crean un paquete y cuentan la historia de esa tipografía: su porqué, lo que aporta esta nueva versión digital con respecto a lo que había antes. La mejor forma es explicar. La tipografía que utilizas ahora tiene este problema. Te proponemos ésta y además tiene estos valores añadidos.

¿La tecnología ha ayudado a que este proceso sea mucho más rápido?

Evidentemente es mucho más rápido que en la era del plomo y la fotocomposición. Hay muchas rutinas que te ayudan a echar menos tiempo. Pero la calidad siempre lleva tiempo. Pero tampoco siempre es necesario crear una tipografía específica. Simplemente escoger la más apta de las necesidades para el proyecto en cuestión.

En los últimos años también han surgido multitud de blogs que hablan sobre la tipografía. ¿El estudio de este tema está viviendo un momento dulce?

A mí me gusta llamarlo la dignidad del párrafo, interés por él; conciencia de que estás trabajando con una herramienta básica, y que es importante evitar lo que pasa mucho, ocuparse de la maqueta y la portada, pero a la hora de meter el texto, lo meto a capón.

¿Qué periodo es el que más te fascina?

La historia es larga y prolija. Tiene desde los tipos renacentistas hasta la tipografía de la revolución industrial y sus tipos maquineros con remates gruesos. A mí me gustan mucho las tipos barrocas y holandesas del 17.

En paralelo al avance tecnológico, parece que también se está redescubriendo las tipografías hechas a mano…

Tienen un campo de acción limitado. Para un apoyo, un guiño, para algo concreto. Por otro lado, están las tipografías caligráficas. Eso sí está pegando muy fuerte. Unas tipos con unos rasgos preciosos de acabados. Marian Bantjes hace unas cosas preciosas. Ella es muy detallista. Como todo, se debería utilizar con restricción. No llenar todas las páginas de virutas. Cuando tienes una cordillera delante, como los Alpes, no dice cuál es la montaña más grande. Utilizas contraste en determinados puntos porque, si no, aplastas todo.

Entres diseñadores sois conocidos por vuestro fetichismo a la tipografía. ¿Hasta qué punto llega vuestra afición a las tipos?

La tipografía tiene una mochila de no menos de 5 siglos. ¿Qué menos que buscar en la Historia? Es una buena puerta de entrada para disfrutar de ella. Yo me voy a Londres y lo primero que hago es ir a la tumba de William Castle. Visitar los santos lugares del private press o los lugares donde deambulaba William Morris. Eso lo vives, es como una pátina de pintura. Ves la tipografía con una óptica distinta. En donde tú ves letras, yo veo una preciosa historia. Cuando tú ves un libro de William Morris, yo veo a su mujer posando (su mujer servía de modelo para el artista Gabriele Rosetti).

Tienes que empaparte de eso si quieres establecer una relación de complicidad con la tipografía. Si no, serás un mero usuario. Luego ya ponemos nuestro punto de fetichismo: Buscando donde enterraron a Baskerville en Birmingham o explorando a fondo los lugares con carga simbólica, como Fleet Street. Ese ya es el toque friki que nos gusta compartir.

Imágenes de Axis Maps

Este artículo fue publicado en la revista impresa de Yorokobu del mes de octubre.

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