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19 de septiembre 2016    /   CREATIVIDAD
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Diseño intencionadamente incómodo como medio de control social

19 de septiembre 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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«No hay un diseño que sea cómodo para todos. Todas las sillas y todos los sofás pueden ser cómodos un día e incómodos al otro. La cuestión es averiguar si hay o no diseños cómodos y para quiénes», explica Selena Savic, una de las responsables junto a Gordan Savicic de Unpleasant design, proyecto que analiza cómo los gobiernos e instituciones desarrollan diseños conscientemente incómodos como medio de control social, y cuyas investigaciones se han recopilado en un libro.

«Mientras vivíamos en Rotterdam, empezamos a ser conscientes de ese diseño desagradable. Fue una época en la que viajábamos mucho y comenzamos a ver más ejemplos de ello en otros lugares, hasta darnos cuenta de que era un fenómeno global. Queríamos entender qué finalidad tenía, quién lo hacía, qué es lo que piensa la gente de ello, si es o no útil. Así que comenzamos a recopilar materiales, incluso organizamos un concurso de diseño incómodo y, poco a poco, se fue convirtiendo en un libro.

En 1955, el diseñador Henry Dreyfuss escribió Designing for People. Un texto de referencia en el que repasaba su carera, explicaba su filosofía como profesional, sus principios éticos y estéticos y desarrollaba su teoría de Joe y Josephine, dos modelos de hombre y mujer que pretendían servir de guía para conseguir que el diseño de cualquier producto fuera cómodo y ergonómico.

«El problema es que el diseño no se desarrolla siguiendo una única dimensión o un único modelo. Por tanto, no hay una guía eficaz que permita hacer un buen diseño cómodo para todo el mundo», comenta Savic. Sin embargo, mientras no hay recetas que garanticen un buen diseño que sea cómodo, sí parece factible hacer un buen diseño intencionadamente incómodo.

Este es el caso de, por ejemplo, el Camden bench, un banco de uso público encargado por el Camden London Borough Council con la premisa de que no se pudiera dormir sobre él, no se pudiera hacer skate, dificultase el tráfico de drogas y los grafiteros no pudieran hacer sus dibujos en su superficie.

«El diseño desagradable aparece en muy diferentes niveles. Los ayuntamientos lo usan para prevenir comportamientos humanos y animales que consideran indeseables. Pero también lo hacen los ciudadanos para luchar contra comportamientos que les molestan, como tener un grupo de adolescentes merodeando debajo de sus ventanas. Incluso las empresas consideran este tipo de diseño una medida preventiva antes incluso de que el comportamiento indeseado se llegue a producir».

A lo largo de la historia, casi todos los gobiernos o instituciones han utilizado el diseño incómodo sin ningún complejo, lo que ha generado una importante contradicción: el diseño que debería ser para el beneficio de los ciudadanos, se emplea abiertamente en su contra.

«Solo cuando el uso del diseño incómodo es muy flagrante y llamativo, se habla de él. Por ejemplo, el empleo de rocas en superficies lisas para impedir que la gente pueda dormir sobre ellas pude disfrazarse de elemento ornamental y no causa escándalo. Cuando se colocan, por ejemplo, puntales, entonces sí, aunque la finalidad de una y otra intervención sea la misma».


Las formas en que puede aparecer el diseño incómodo son muchas y muy variadas. Algunas más sutiles, otras más burdas. Como explica Savic, «abarca mucho más que el tratamiento de superficies u objetos. Es algo que se puede manifestar en las luces de la ciudad, según tengan un color u otro, o una mayor o menor intensidad, e incluso en el uso de ultrasonidos que solo pueden ser percibidos por una parte de la sociedad».

Muchas de esas estrategias están tan incorporadas en la comunidad, que en ocasiones resultan muy complicadas de detectar por los propios ciudadanos. En ese sentido, el trabajo de Unpleasant design es una mezcla de servicio público y de acción política, que se canaliza a través de una web y de talleres en los que se explica a los asistentes cómo funcionan estas políticas de control.

«La mejor forma de cambiar esto es conocer cómo funciona y cómo se implementa. Son conceptos muy básicos y que siempre se repiten, porque una de las características del diseño incómodo es que es fácil de desarrollar y está muy enfocado en aquellos a los que se quiere controlar. Tan solo es necesario que haya un espacio común que sea accesible para los ciudadanos. Posteriormente se busca un comportamiento indeseado que se produzca en ese lugar, se identifica al grupo social que lo lleva a cabo y se actúa sobre él. Hay gente que, por ejemplo, desarrolla este tipo de diseño incómodo para controlar a las madres con carritos de bebé, porque consideran que los bebés lloran y molestan a los demás, olvidando que probablemente a las madres también les molesta y no es algo que ellas deseen que se produzca».

A la hora de analizar qué es el diseño incómodo se ha hablado del papel de los gobiernos e instituciones, de los ciudadanos, de los activistas, pero ¿qué papel juegan en todo esto aquellos que crean ese diseño?

«Sinceramente no quiero decirles a los diseñadores qué es lo que deben o no deben hacer o para quién deben o no deben trabajar. Es evidente que siempre habrá alguien que aceptará desarrollar un trabajo como el de diseñar bancos en los que no se pueda tumbar una persona. Como decía al principio, los diseñadores no tienen la responsabilidad universal de hacer «buen» diseño o productos que sean cómodos para todos. La clave de todo esto no es tanto de los diseñadores sino de sus clientes. Si alguien prefiere solucionar el problema de la gente que duerme en la calle invirtiendo en pinchos de metal en lugar de albergues para indigentes, el responsable es él. Es su decisión. Por alguna extraña razón, esa gente prefiere mover el problema de sitio en lugar de enfrentarse con él y resolverlo».


«No hay un diseño que sea cómodo para todos. Todas las sillas y todos los sofás pueden ser cómodos un día e incómodos al otro. La cuestión es averiguar si hay o no diseños cómodos y para quiénes», explica Selena Savic, una de las responsables junto a Gordan Savicic de Unpleasant design, proyecto que analiza cómo los gobiernos e instituciones desarrollan diseños conscientemente incómodos como medio de control social, y cuyas investigaciones se han recopilado en un libro.

«Mientras vivíamos en Rotterdam, empezamos a ser conscientes de ese diseño desagradable. Fue una época en la que viajábamos mucho y comenzamos a ver más ejemplos de ello en otros lugares, hasta darnos cuenta de que era un fenómeno global. Queríamos entender qué finalidad tenía, quién lo hacía, qué es lo que piensa la gente de ello, si es o no útil. Así que comenzamos a recopilar materiales, incluso organizamos un concurso de diseño incómodo y, poco a poco, se fue convirtiendo en un libro.

En 1955, el diseñador Henry Dreyfuss escribió Designing for People. Un texto de referencia en el que repasaba su carera, explicaba su filosofía como profesional, sus principios éticos y estéticos y desarrollaba su teoría de Joe y Josephine, dos modelos de hombre y mujer que pretendían servir de guía para conseguir que el diseño de cualquier producto fuera cómodo y ergonómico.

«El problema es que el diseño no se desarrolla siguiendo una única dimensión o un único modelo. Por tanto, no hay una guía eficaz que permita hacer un buen diseño cómodo para todo el mundo», comenta Savic. Sin embargo, mientras no hay recetas que garanticen un buen diseño que sea cómodo, sí parece factible hacer un buen diseño intencionadamente incómodo.

Este es el caso de, por ejemplo, el Camden bench, un banco de uso público encargado por el Camden London Borough Council con la premisa de que no se pudiera dormir sobre él, no se pudiera hacer skate, dificultase el tráfico de drogas y los grafiteros no pudieran hacer sus dibujos en su superficie.

«El diseño desagradable aparece en muy diferentes niveles. Los ayuntamientos lo usan para prevenir comportamientos humanos y animales que consideran indeseables. Pero también lo hacen los ciudadanos para luchar contra comportamientos que les molestan, como tener un grupo de adolescentes merodeando debajo de sus ventanas. Incluso las empresas consideran este tipo de diseño una medida preventiva antes incluso de que el comportamiento indeseado se llegue a producir».

A lo largo de la historia, casi todos los gobiernos o instituciones han utilizado el diseño incómodo sin ningún complejo, lo que ha generado una importante contradicción: el diseño que debería ser para el beneficio de los ciudadanos, se emplea abiertamente en su contra.

«Solo cuando el uso del diseño incómodo es muy flagrante y llamativo, se habla de él. Por ejemplo, el empleo de rocas en superficies lisas para impedir que la gente pueda dormir sobre ellas pude disfrazarse de elemento ornamental y no causa escándalo. Cuando se colocan, por ejemplo, puntales, entonces sí, aunque la finalidad de una y otra intervención sea la misma».


Las formas en que puede aparecer el diseño incómodo son muchas y muy variadas. Algunas más sutiles, otras más burdas. Como explica Savic, «abarca mucho más que el tratamiento de superficies u objetos. Es algo que se puede manifestar en las luces de la ciudad, según tengan un color u otro, o una mayor o menor intensidad, e incluso en el uso de ultrasonidos que solo pueden ser percibidos por una parte de la sociedad».

Muchas de esas estrategias están tan incorporadas en la comunidad, que en ocasiones resultan muy complicadas de detectar por los propios ciudadanos. En ese sentido, el trabajo de Unpleasant design es una mezcla de servicio público y de acción política, que se canaliza a través de una web y de talleres en los que se explica a los asistentes cómo funcionan estas políticas de control.

«La mejor forma de cambiar esto es conocer cómo funciona y cómo se implementa. Son conceptos muy básicos y que siempre se repiten, porque una de las características del diseño incómodo es que es fácil de desarrollar y está muy enfocado en aquellos a los que se quiere controlar. Tan solo es necesario que haya un espacio común que sea accesible para los ciudadanos. Posteriormente se busca un comportamiento indeseado que se produzca en ese lugar, se identifica al grupo social que lo lleva a cabo y se actúa sobre él. Hay gente que, por ejemplo, desarrolla este tipo de diseño incómodo para controlar a las madres con carritos de bebé, porque consideran que los bebés lloran y molestan a los demás, olvidando que probablemente a las madres también les molesta y no es algo que ellas deseen que se produzca».

A la hora de analizar qué es el diseño incómodo se ha hablado del papel de los gobiernos e instituciones, de los ciudadanos, de los activistas, pero ¿qué papel juegan en todo esto aquellos que crean ese diseño?

«Sinceramente no quiero decirles a los diseñadores qué es lo que deben o no deben hacer o para quién deben o no deben trabajar. Es evidente que siempre habrá alguien que aceptará desarrollar un trabajo como el de diseñar bancos en los que no se pueda tumbar una persona. Como decía al principio, los diseñadores no tienen la responsabilidad universal de hacer «buen» diseño o productos que sean cómodos para todos. La clave de todo esto no es tanto de los diseñadores sino de sus clientes. Si alguien prefiere solucionar el problema de la gente que duerme en la calle invirtiendo en pinchos de metal en lugar de albergues para indigentes, el responsable es él. Es su decisión. Por alguna extraña razón, esa gente prefiere mover el problema de sitio en lugar de enfrentarse con él y resolverlo».


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Opiniones 0
  • Todo el diseño urbano es un medio de control, control de circulación, control de la atención y omisión de espacios, control de los grupos que usan los diferentes espacios, incluso control del tiempo que pasamos en un lugar (creación latente de lugares de tránsito, en los que nadie repose o se reúna por demasiado tiempo…?). Muy interesante el libro. Gran artículo.

  • Me horroriza pensar lo que debe de sentir una persona sin techo,que no pueda ni dormir en un banco con el fin de alejarse de la humedad y el frío.¿De verdad ,tanto llegan a molestar los «sín techo»?.Somos la peor especie del planeta ,sin duda.

  • Es mas fácil no contemplar a los desfavorecidos en el mobiliario urbano que darles una solución estratégica viable por medio de proyectos urbanos incluyentes. Me incomoda mucho marginal + al marginado y favorecer + al favorecido.

  • ¿Es moral destruir mobiliario urbano? ¿lo es más o menos que construirlo para dañar a ciertos miembros de la Sociedad? ¿Qué es peor, un mendigo que duerme sobre un banco porque no tiene otra cosa o un político que compra bancos donde no se puede dormir? Si hay alguien deleznable y ruin no es el mendigo, es el vil político que se cree que tiene derecho a todo.
    La clase política es lo peor de la sociedad. Creo que los detesto con toda la razón.

  • En Buenos Aires han comenzado a implementar este tipo de diseños «incómodos» a las personas en situación de calle como una manera sutil de no permitir el estacionamiento de los mismos. Esto representa un cambio ya que tiempo atrás los «corrían» a palos y les quemaban sus pertenencias. Es el progreso, dicen…

  • Mis profesores de diseño urbano tanto en USA como en Holanda me hicieron ver ese detalle. Muchas veces el objetivo del unpleasant design es evitar usos prolongados permitiendo que otros ciudadanos también gocen de un descanso o una vista desde ese lugar. En otros casos se busca erradicar la presencia de personas indigentes, aún cuando esté objetivo no enfrenta ni soluciona el problema, solo lo traslada a otro lugar. Todo un tema de análisis para arquitectos, diseñadores urbanos, paisajistas y sociólogos urbanos.

  • Como bien dices Eduardo, en lugar de atacar el problema hacen estas cosas…
    Por el lado del diseñador veo una forma de trabajar diferente; supongo que los productos que diseñan siempre tienen un target, y en este caso tienen un target que no los debe usar, una forma totalmente diferente de diseñar…

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