10 de octubre 2012    /   CREATIVIDAD
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Un raro visitante que aterrizó en una España cañí

10 de octubre 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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Ha llegado inesperadamente un personaje misterioso a una España cañí y ciertamente acalorada. Es “un raro visitante”. Ese es su nombre. El mismo que el de la muestra colectiva comisariada por Blinky R. Rodríguez que se exhibe en la actualidad en Twin Studio & Gallery.

Esta es la primera fase. En ella intervienen Yani Alonso, Oscar Seco, Samuel Salcedo, Marina Núñez, Jordi Ribes, Momu&No es, Enrique Marty, Guillermo Peñalver, José Luis Serzo y Gonzalo Rueda.

La segunda comienza el 17 de enero. Y ambas quedan unidas por el argumento (la historia de Un raro visitante) y “una estética general, con tendencias hacia el género fantástico, lo misterioso, la ciencia ficción, la novela negra o incluso el terror”.

“La idea es montar un gabinete fantástico, bizarro, con tintes expresionistas de principios de siglo XX incluso, que articulen el relato que se terminará de escribir con las propias obras presentadas”, dice el creador del concepto, Blinky R. Rodríguez, en la presentación del proyecto.

Ese relato se publicará en un fanzine que contará la historia de Un raro visitante. Este es el comienzo:

Sin duda vivíamos tiempos intempestivos, alocados, acalorados, retorcidos y algo más que dificultosos. Creía que todo eso iba a resultar como un gran parto, donde el histriónico dolor (y en ocasiones inaguantable, si has tenido la mala suerte de que te pongan doble ración de oxitocina) llega a nublarte el verdadero motivo por el que se sufre.

Confieso que quería creer contodas mis fuerzas, todos los días engrasaba mi motor de esperanza para que “todo aquello” fuera por algo maravilloso.

Y el caso es que de algún modo, todos sabíamos ya que lo que estaba ocurriendo no solo sucedía como consecuencia de una era absurda que había enfermado, sino por la necesaria trasmutación hacia un gran cambio de paradigma”.España (ese país tan característico), con esos “nuevos” tiempos que corrían, parecía (también) tener una estrambótica tendencia que lo llevaban hacia sus orígenes más bizarros.

Las carencias hacían volver a sacar la esencia cañí de nuestro carácter (¿acaso llegamos a escapar alguna vez de ello?). Todo hubiera ido bien en este sentido, de no ser por el polvo y el olor a rancio que el traje y la peineta estaban sacando del viejo baúl.

–Todo parecía un déjà-vu a nivel cósmico (¡provincialmente hablando, entiéndame!), de un gran carácter esperpéntico y muy teatral–, me dijo aquella señora en la frutería tras mi llegada del extranjero después de 14 años fuera. Las tiendas del barrio parecían tener la misma clientela prácticamente, pero de aquella señora que afirmaba conocerme, no me acordaba en absoluto.

–(..)Y por fin algo apareció sigilosamente en algunos periódicos–, prosiguió levantando una ceja y cambiando el tono cual maruja misteriosa. –Ninguno se atrevió a sacarlo en primera plana los primeros días, y créame, tuvieron que pasar varias semanas hasta caer en la cuenta de que las distintas noticias apuntaban al mismo individuo. ¡Yo creo que fue el que me ayudó el otro día con las bolsas de la compra!– exclamó excitada.

La cuestión es que aquel escurridizo personaje había perfumado misteriosamente el barrio, la ciudad y todo el país. Algunos decían haberlo visto parando el tráfico en plena Castellana, otros se contradecían en describir su estatura: unos que medía más de dos metros, otros que tenía la altura de un españolito medio.

Vestía una gabardina y un sombrero, afirmaban varios; otros llegaron a elucubrar que aquel raro visitante usurpaba los periódicos mimetizándose con políticos y empresarios para colar su mensaje y su esencia en todas y cada una de las importantes negociaciones.

Unos lo llamaban artista, los más supersticiosos lo relacionaban como el mismo demonio. Lo que estaba siendo claro es que tenía varias caras. También se aventuraron a afirmar que era una mujer travestida. Otros que evidentemente era una suerte de andrógino.

Conocí a un importante ex directivo octogenario de hacienda, que me afirmó con total convicción que una noche, en uno de los aparcamientos cerca del parque del oeste, lo vio subir a una especie de nave espacial y esfumarse fugazmente entre los árboles, volando a un metro de altura aproximadamente (…).

Continuará…

Ha llegado inesperadamente un personaje misterioso a una España cañí y ciertamente acalorada. Es “un raro visitante”. Ese es su nombre. El mismo que el de la muestra colectiva comisariada por Blinky R. Rodríguez que se exhibe en la actualidad en Twin Studio & Gallery.

Esta es la primera fase. En ella intervienen Yani Alonso, Oscar Seco, Samuel Salcedo, Marina Núñez, Jordi Ribes, Momu&No es, Enrique Marty, Guillermo Peñalver, José Luis Serzo y Gonzalo Rueda.

La segunda comienza el 17 de enero. Y ambas quedan unidas por el argumento (la historia de Un raro visitante) y “una estética general, con tendencias hacia el género fantástico, lo misterioso, la ciencia ficción, la novela negra o incluso el terror”.

“La idea es montar un gabinete fantástico, bizarro, con tintes expresionistas de principios de siglo XX incluso, que articulen el relato que se terminará de escribir con las propias obras presentadas”, dice el creador del concepto, Blinky R. Rodríguez, en la presentación del proyecto.

Ese relato se publicará en un fanzine que contará la historia de Un raro visitante. Este es el comienzo:

Sin duda vivíamos tiempos intempestivos, alocados, acalorados, retorcidos y algo más que dificultosos. Creía que todo eso iba a resultar como un gran parto, donde el histriónico dolor (y en ocasiones inaguantable, si has tenido la mala suerte de que te pongan doble ración de oxitocina) llega a nublarte el verdadero motivo por el que se sufre.

Confieso que quería creer contodas mis fuerzas, todos los días engrasaba mi motor de esperanza para que “todo aquello” fuera por algo maravilloso.

Y el caso es que de algún modo, todos sabíamos ya que lo que estaba ocurriendo no solo sucedía como consecuencia de una era absurda que había enfermado, sino por la necesaria trasmutación hacia un gran cambio de paradigma”.España (ese país tan característico), con esos “nuevos” tiempos que corrían, parecía (también) tener una estrambótica tendencia que lo llevaban hacia sus orígenes más bizarros.

Las carencias hacían volver a sacar la esencia cañí de nuestro carácter (¿acaso llegamos a escapar alguna vez de ello?). Todo hubiera ido bien en este sentido, de no ser por el polvo y el olor a rancio que el traje y la peineta estaban sacando del viejo baúl.

–Todo parecía un déjà-vu a nivel cósmico (¡provincialmente hablando, entiéndame!), de un gran carácter esperpéntico y muy teatral–, me dijo aquella señora en la frutería tras mi llegada del extranjero después de 14 años fuera. Las tiendas del barrio parecían tener la misma clientela prácticamente, pero de aquella señora que afirmaba conocerme, no me acordaba en absoluto.

–(..)Y por fin algo apareció sigilosamente en algunos periódicos–, prosiguió levantando una ceja y cambiando el tono cual maruja misteriosa. –Ninguno se atrevió a sacarlo en primera plana los primeros días, y créame, tuvieron que pasar varias semanas hasta caer en la cuenta de que las distintas noticias apuntaban al mismo individuo. ¡Yo creo que fue el que me ayudó el otro día con las bolsas de la compra!– exclamó excitada.

La cuestión es que aquel escurridizo personaje había perfumado misteriosamente el barrio, la ciudad y todo el país. Algunos decían haberlo visto parando el tráfico en plena Castellana, otros se contradecían en describir su estatura: unos que medía más de dos metros, otros que tenía la altura de un españolito medio.

Vestía una gabardina y un sombrero, afirmaban varios; otros llegaron a elucubrar que aquel raro visitante usurpaba los periódicos mimetizándose con políticos y empresarios para colar su mensaje y su esencia en todas y cada una de las importantes negociaciones.

Unos lo llamaban artista, los más supersticiosos lo relacionaban como el mismo demonio. Lo que estaba siendo claro es que tenía varias caras. También se aventuraron a afirmar que era una mujer travestida. Otros que evidentemente era una suerte de andrógino.

Conocí a un importante ex directivo octogenario de hacienda, que me afirmó con total convicción que una noche, en uno de los aparcamientos cerca del parque del oeste, lo vio subir a una especie de nave espacial y esfumarse fugazmente entre los árboles, volando a un metro de altura aproximadamente (…).

Continuará…

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