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4 de noviembre 2021    /   CREATIVIDAD
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La búsqueda de las ciudades del futuro empieza con este festival

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El próximo 5 de noviembre abre sus puertas la 10ª edición del URBANBATfest en Bilbao. Un año más, el festival invitará a sus asistentes a reflexionar y compartir sobre la relación entre las personas y las estructuras. Lo hará desde su triple foco en la arquitectura, el urbanismo y la innovación social.

La edición de este año llega bajo el sugerente título de La ciudad (es) casa. Y lo hace en un momento medio pospandémico en el que la arquitectura y el urbanismo se enfrentan a dos nuevas revoluciones al mismo tiempo. Por un lado, a la del cambio de hábitos y costumbres motivado por un virus que nos obligó a pasar casi un año entero más dentro que fuera. Por otro, a la obligada por nuestra falta de tacto para con el planeta que pisamos. «La ciudad que hemos heredado, la ciudad que está planificada oficialmente, la ciudad que experimentamos en el día a día, la ciudad que se proyecta en el futuro… sufre innegables carencias ante los retos, las desigualdades y las inevitables incertidumbres contemporáneas», reza la web del festival.

La necesidad de repensar las ciudades es cada vez más clara. Lo cierto es que no hay más que preguntar a diestro y siniestro para ver cómo las ciudades son cada vez más un lugar de tránsito —el que ejecutamos de la cama a la mesa de la oficina, el colegio o el supermercado— y  menos un trozo de tierra que habitar. Y menudo camino hemos recorrido desde los pueblos que acogían a nuestras abuelas y bisabuelas. Desde que la norma era conocer a los vecinos y pasar la vida en la calle. Es ese contexto el que obligará a las ciudades a reinventarse como espacio para la vida.

Pero no solo. Los retos que enfrentamos como especie tampoco pueden encararse si no es desde una perspectiva urbana y local, aquella de la cercanía, el entorno. Como escribe David Bravo, arquitecto y comisario de la exposición POLIS que se inaugura en el marco del URBABAT, el cambio climático no se revertirá sin una vuelta a «la proximidad y la circularidad» que hagan «posible la soberanía energética o la descarbonización de la economía».

En su caso, entiende que la escasez que nos sobreviene será juez y parte de la planificación urbana del futuro. «Las ciudades deben revertir el error cometido» porque no tiene sentido jugarlo todo a las cartas que tenemos ahora mismo, las que fían el abastecimiento a una producción que se desarrolla a miles de kilómetros. «Es mucho más sabio confiar en la escasez para hacer de las ciudades lugares más justos, sostenibles e incluso agradables. La escasez, esa gran urbanista».

Y si la tendencia es la de seguir acumulándonos en torno a los mismos trozos de tierra y dentro de las mismas estructuras de hormigón, lo lógico es que repensemos lo que debe ser una ciudad. Porque el modelo actual le debe demasiado a las ansias de producción y demasiado poco a las de habitación. Desde la consultora y think tank N’UNDO lo ponen de la siguiente manera: «Este modelo de ciudad incívica es quizá el máximo exponente de un patrón no solo poco equitativo, sino absolutamente insostenible». En ese conflicto abierto se enraíza el sentido de la ciudad (es) casa, porque, hasta el momento, «la casa es casa y es ciudad, porque no existe nada más, quizá una barbacoa, una piscina, un riego automático». Y así ha sido, todavía más durante el último año y medio.

En torno a la crisis coronavírica, la vida se empaquetó en 50 metros cuadrados. Como si eso fuera remotamente suficiente. Como si la existencia cubiculizada pudiese dar respuesta a necesidades humanas más allá del cobijo. Entonces, los balcones y ventanas se convirtieron en las únicas vías de escape de una realidad que se estrechaba allí donde se levantaban los tabiques. Después, la única mejora consistió en un kilómetro a la redonda donde poder estirar las piernas. «Durante un tiempo, 1 kilómetro a la redonda fue la ciudad de cada uno y cada uno tuvo ciudades diferentes».

Por eso es importante repensar las ciudades. Porque son (deben ser) casa cuando la casa se quede corta. Y para ello, es necesario, quizá, lo que propugnan desde N’UNDO: No hacer, reHacer y desHacer. Porque no tiene sentido que nuestra concepción de nuestro propio hábitat se mantenga inalterable ante los cambios y los desafíos. Y ahí, el último año y medio podrían ser el jarro de agua fría que necesitamos para abrir los ojos.

URBANBATfest empieza el día 5 de noviembre pero se extenderá hasta el 20. Entre esos casi 15 días, en la ciudad de Bilbao la programación del festival acogerá actividades que van desde la exposición POLIS a un concierto de Ama Say, pero, sobre todo ideas, muchas ideas.

Porque son precisamente ideas las que nos ayudarán a repensar un urbanismo que se creó para un mundo que agoniza. Y parece claro que el mundo que nos espera, el que tendrá lugar de ahora en adelante, el mismo al que hemos llegado por nuestros propios medios, tiene que ser por fuerza, diferente.

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La edición de este año llega bajo el sugerente título de La ciudad (es) casa. Y lo hace en un momento medio pospandémico en el que la arquitectura y el urbanismo se enfrentan a dos nuevas revoluciones al mismo tiempo. Por un lado, a la del cambio de hábitos y costumbres motivado por un virus que nos obligó a pasar casi un año entero más dentro que fuera. Por otro, a la obligada por nuestra falta de tacto para con el planeta que pisamos. «La ciudad que hemos heredado, la ciudad que está planificada oficialmente, la ciudad que experimentamos en el día a día, la ciudad que se proyecta en el futuro… sufre innegables carencias ante los retos, las desigualdades y las inevitables incertidumbres contemporáneas», reza la web del festival.

La necesidad de repensar las ciudades es cada vez más clara. Lo cierto es que no hay más que preguntar a diestro y siniestro para ver cómo las ciudades son cada vez más un lugar de tránsito —el que ejecutamos de la cama a la mesa de la oficina, el colegio o el supermercado— y  menos un trozo de tierra que habitar. Y menudo camino hemos recorrido desde los pueblos que acogían a nuestras abuelas y bisabuelas. Desde que la norma era conocer a los vecinos y pasar la vida en la calle. Es ese contexto el que obligará a las ciudades a reinventarse como espacio para la vida.

Pero no solo. Los retos que enfrentamos como especie tampoco pueden encararse si no es desde una perspectiva urbana y local, aquella de la cercanía, el entorno. Como escribe David Bravo, arquitecto y comisario de la exposición POLIS que se inaugura en el marco del URBABAT, el cambio climático no se revertirá sin una vuelta a «la proximidad y la circularidad» que hagan «posible la soberanía energética o la descarbonización de la economía».

En su caso, entiende que la escasez que nos sobreviene será juez y parte de la planificación urbana del futuro. «Las ciudades deben revertir el error cometido» porque no tiene sentido jugarlo todo a las cartas que tenemos ahora mismo, las que fían el abastecimiento a una producción que se desarrolla a miles de kilómetros. «Es mucho más sabio confiar en la escasez para hacer de las ciudades lugares más justos, sostenibles e incluso agradables. La escasez, esa gran urbanista».

Y si la tendencia es la de seguir acumulándonos en torno a los mismos trozos de tierra y dentro de las mismas estructuras de hormigón, lo lógico es que repensemos lo que debe ser una ciudad. Porque el modelo actual le debe demasiado a las ansias de producción y demasiado poco a las de habitación. Desde la consultora y think tank N’UNDO lo ponen de la siguiente manera: «Este modelo de ciudad incívica es quizá el máximo exponente de un patrón no solo poco equitativo, sino absolutamente insostenible». En ese conflicto abierto se enraíza el sentido de la ciudad (es) casa, porque, hasta el momento, «la casa es casa y es ciudad, porque no existe nada más, quizá una barbacoa, una piscina, un riego automático». Y así ha sido, todavía más durante el último año y medio.

En torno a la crisis coronavírica, la vida se empaquetó en 50 metros cuadrados. Como si eso fuera remotamente suficiente. Como si la existencia cubiculizada pudiese dar respuesta a necesidades humanas más allá del cobijo. Entonces, los balcones y ventanas se convirtieron en las únicas vías de escape de una realidad que se estrechaba allí donde se levantaban los tabiques. Después, la única mejora consistió en un kilómetro a la redonda donde poder estirar las piernas. «Durante un tiempo, 1 kilómetro a la redonda fue la ciudad de cada uno y cada uno tuvo ciudades diferentes».

Por eso es importante repensar las ciudades. Porque son (deben ser) casa cuando la casa se quede corta. Y para ello, es necesario, quizá, lo que propugnan desde N’UNDO: No hacer, reHacer y desHacer. Porque no tiene sentido que nuestra concepción de nuestro propio hábitat se mantenga inalterable ante los cambios y los desafíos. Y ahí, el último año y medio podrían ser el jarro de agua fría que necesitamos para abrir los ojos.

URBANBATfest empieza el día 5 de noviembre pero se extenderá hasta el 20. Entre esos casi 15 días, en la ciudad de Bilbao la programación del festival acogerá actividades que van desde la exposición POLIS a un concierto de Ama Say, pero, sobre todo ideas, muchas ideas.

Porque son precisamente ideas las que nos ayudarán a repensar un urbanismo que se creó para un mundo que agoniza. Y parece claro que el mundo que nos espera, el que tendrá lugar de ahora en adelante, el mismo al que hemos llegado por nuestros propios medios, tiene que ser por fuerza, diferente.

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