5 de mayo 2016    /   IDEAS
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Cuando usar el condicional no es nada educado

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El traqueteo del tren le había provocado una somnolencia tan profunda que, cuando despertó, hacía rato que se había pasado de estación. Sin una noción clara de dónde estaba, decidió bajarse en la siguiente parada, fuera cual fuera, y ver la manera de llegar desde allí a su destino original. Ya en la estación, buscó a alguien que pudiera ayudarle. «Buenos días, ¿puede decirme cuándo pasa el próximo tren en dirección contraria?», preguntó al hombre de detrás de la ventanilla de venta de billetes. «No pasaría hasta mañana, señor», contestó. «¿Y de qué depende de que pase o no? Necesito volver a casa, me esperan», respondió el viajero. «Ya se lo diría, hasta mañana no pasaría». Temeroso de enrocarse en una conversación sin sentido y sin final, se dirigió al bar de la estación y pidió un café. «¿Cuánto es?», preguntó al camarero. «Serían dos euros, señor». El viajero abrió los ojos como platos. ¿Pero es que no había nada definitivo en esa ciudad? ¿Es que todo dependía de algún extraño factor determinante que nadie era capaz de explicar?

Se sentó desconcertado en un banco del andén a esperar ese tren que quizá pasara o quizá no al día siguiente y para entretenerse fue a comprar alguna revista. No se atrevió a preguntar el precio. Miró el que marcaba la portada y entregó el dinero a la dependienta. «¿De qué sabores tienes los chicles?», preguntó finalmente, olvidándose de dónde estaba. «Los tendría de fresa y menta, caballero». La observó fijamente y sin apartar la mirada de la chica cogió el primer paquete que tenía a mano. «¿Me cobrarías esto también?». La joven sonrió. El viajero empezó a sopesar la posibilidad de quedarse para siempre en aquel hipotético lugar de cuya existencia nunca antes escuchó hablar.

El condicional suena bien, qué duda cabe. Usando esas expresiones, seguro que más de uno se siente muy educado y muy amable por suavizar la rotundidad de un precio, que eso de pagar nos cuesta y está feo decir las cosas como son. Pero no debemos olvidar que su uso queda reservado para expresar una duda, una hipótesis o una condición. Sin embargo, cada vez es más común escuchar expresiones como «serían 50€», cuando preguntamos por el valor de un producto, «estaría listo para la semana que viene», cuando dejamos el coche en el taller o que el envío «llegaría mañana» cuando preguntamos en Correos cuándo recibirá nuestro cliente el pedido. Lo suyo es usar el indicativo: «son 50€», «estará listo para la semana que viene» o «llegará mañana». ¡Nada de dudas, fuera contemplaciones! La vida es así de dura (y de cara).

 

El traqueteo del tren le había provocado una somnolencia tan profunda que, cuando despertó, hacía rato que se había pasado de estación. Sin una noción clara de dónde estaba, decidió bajarse en la siguiente parada, fuera cual fuera, y ver la manera de llegar desde allí a su destino original. Ya en la estación, buscó a alguien que pudiera ayudarle. «Buenos días, ¿puede decirme cuándo pasa el próximo tren en dirección contraria?», preguntó al hombre de detrás de la ventanilla de venta de billetes. «No pasaría hasta mañana, señor», contestó. «¿Y de qué depende de que pase o no? Necesito volver a casa, me esperan», respondió el viajero. «Ya se lo diría, hasta mañana no pasaría». Temeroso de enrocarse en una conversación sin sentido y sin final, se dirigió al bar de la estación y pidió un café. «¿Cuánto es?», preguntó al camarero. «Serían dos euros, señor». El viajero abrió los ojos como platos. ¿Pero es que no había nada definitivo en esa ciudad? ¿Es que todo dependía de algún extraño factor determinante que nadie era capaz de explicar?

Se sentó desconcertado en un banco del andén a esperar ese tren que quizá pasara o quizá no al día siguiente y para entretenerse fue a comprar alguna revista. No se atrevió a preguntar el precio. Miró el que marcaba la portada y entregó el dinero a la dependienta. «¿De qué sabores tienes los chicles?», preguntó finalmente, olvidándose de dónde estaba. «Los tendría de fresa y menta, caballero». La observó fijamente y sin apartar la mirada de la chica cogió el primer paquete que tenía a mano. «¿Me cobrarías esto también?». La joven sonrió. El viajero empezó a sopesar la posibilidad de quedarse para siempre en aquel hipotético lugar de cuya existencia nunca antes escuchó hablar.

El condicional suena bien, qué duda cabe. Usando esas expresiones, seguro que más de uno se siente muy educado y muy amable por suavizar la rotundidad de un precio, que eso de pagar nos cuesta y está feo decir las cosas como son. Pero no debemos olvidar que su uso queda reservado para expresar una duda, una hipótesis o una condición. Sin embargo, cada vez es más común escuchar expresiones como «serían 50€», cuando preguntamos por el valor de un producto, «estaría listo para la semana que viene», cuando dejamos el coche en el taller o que el envío «llegaría mañana» cuando preguntamos en Correos cuándo recibirá nuestro cliente el pedido. Lo suyo es usar el indicativo: «son 50€», «estará listo para la semana que viene» o «llegará mañana». ¡Nada de dudas, fuera contemplaciones! La vida es así de dura (y de cara).

 

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Opiniones 12
  • Tal vez el condicional, en los casos que planteas, vendría a decir que “serían 50€ (en caso de que acepte)”. ¿No?

    • No. Eso es mucho suponer. Y la realidad no da pie a tanta imaginación. La intención del que te da un precio no es sugerirte que puedas pagarlo o no. Lo tienes que pagar, y punto. Por tanto, usemos el indicativo.

      • Hola, Mariángeles. Efectivamente la intención de un buen vendedor es la de que te lleves el producto. Por lo tanto si ese vendedor te abre la puerta a que no te lo lleves usando un condicional, que denota poca hambre de ventas, el cliente es fácil que recapacite y se lo piense ya que toda venta se puede entender como visceral y si te cortan ese impulso… Malo.

    • Totalmente de acuerdo contigo Perro Problemas. El tren llegaría a tal hora, si todo va según lo previsto. Tenemos los chicles de fresa o de menta vs usted los tendría de fresa o de menta, si los compra. Se invita a comprar, sin ser agresivo. Dejan elegir al consumidor respetando su libertad. El frigorífico le podría durar tantos años, porque yo no soy adivino, no sé la vida exacta de un frigorífico, ni sé el uso y trato que usted le va a dar. No quiero engañarle. Cuestión de ética profesional, desde mi humilde opinión.

  • El uso de condicionales en ventas está ligado directamente con la expresión «me lo tendría que pensar». Cualquiera que haya vendido y tenga experiencia suficiente sabe que nada mejor que el presente o el futuro, siendo éste último el que permite anticipar la posesión de un producto.

  • Para nada de acuerdo. El condicional se usa a modo de cortesía por la elipsis de ciertas frases hechas con condicionales como:
    “(Si dios quiere…,) estaría listo para mañana”.
    “(Si todo sale bien…,) el tren estaría pasando sobre las 6”.
    “(Si no me equivoco…,) “serían 50 €”.

  • El uso del condicional también transmite falta de profesionalidad, inseguridad, imagen de mala calidad…
    Vemos unos ejemplos:
    «este frigorífico te durará muchos años» Vs «este frigorífico podría durarte muchos años»
    «este nos gustaría crecer un 5% para asentarnos en el sector» Vs «este año creceremos un 5% para asentarnos en el sector»

  • Me parece muy interesante lo que comentáis todos, pero fijaos que la pregunta del viajero es siempre en indicativo: ‘¿Cuándo pasará el tren?’, ‘¿Cuánto cuestan los chicles?’, etc. No se plantea si lo va a comprar o si quizá pase el tren. Lo da por hecho. Y la respuesta debe ser también en indicativo: ‘pasará mañana’ o ‘cuestan X €’. Es lo mismo que ocurre en muchas situaciones cotidianas, donde no pretendes negociar ni tantear precios (como creo que insinuáis vosotros en vuestra posición de vendedores). Desde el punto de vista de la norma lingüística, no es un uso muy recomendable. Desde el punto de vista del marketing y ventas, nada que reprochar y siempre en los contextos que planteáis.
    Muchas gracias a todos por plantearnos estos casos.

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