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Relatos ortográficos: Matrimonio entre sustantivos: un guion para unirlos ¿a todos?

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Se conocieron en un laboratorio de investigación, se enamoraron entre probetas y tubos de ensayo, se casaron usando de testigos y padrinos de boda a los miembros del tribunal de sus respectivas tesis y ahora tocaba ampliar la familia. Pero ellos eran científicos, no podían reproducirse siguiendo el método tradicional.

Tampoco querían que en aquel engendramiento de su hijo los genes de uno pesaran más que los del otro, porque estaban muy comprometidos con la igualdad y la llevaban hasta el extremo en todas las facetas de su vida. Así que buscaron una manera diferente de procrear, una que permitiera unir sus ADN para que dieran paso a una nueva vida sin que ninguno de los dos progenitores aportara más que el otro.

Según los datos de la Universidad Pastafari de Soria, la pareja de científicos sigue encerrada en su laboratorio sin dar con la solución reproductiva igualitaria, pero hay datos que parecen confirmar que, entre ensayo clínico y ensayo clínico, algún polvo tradicional ya va cayendo.

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Una manera simbiótica que tiene una lengua de crear unidades léxicas es unir dos sustantivos, y esa unión suele estar marcada por un guion, aunque no siempre. Si forman unidades léxicas ya asentadas (hombre rana, cartón piedra, sofá cama) el orden es inalterable y no necesitan ningún nexo de unión.

¿Cuándo se debe utilizar el guion, pues?, te preguntarás. Y aquí va la respuesta. Si esa unión entre sustantivos es, digamos, temporal u ocasional, y está sujeta a un contexto concreto, entonces necesitaremos un guion: hombre-caballo. Claro que, si acaba lexicalizándose con el tiempo de tanto usarla, el guion desaparece, que fue lo que le pasó a carril bici.

También es obligatorio cuando los dos sustantivos forman una unidad compleja en la que ambos están al mismo nivel (directora-presentadora). Aquí solo se puede sustituir el guion por una conjunción (directora y presentadora).

Y por último, para sustituir preposiciones y conjunciones que actúen como conectores: amistoso España-Argentina, relación Iglesia-Estado, binomio espacio-tiempo.

Eso sí, en este último caso el resultado de la unión no puede considerarse una unidad léxica con entidad propia y nuevo significado porque sus elementos mantienen independencia prosódica, referencial, semántica y morfológica. O lo que es lo mismo, que no todo quiqui acaba en matrimonio.

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Se conocieron en un laboratorio de investigación, se enamoraron entre probetas y tubos de ensayo, se casaron usando de testigos y padrinos de boda a los miembros del tribunal de sus respectivas tesis y ahora tocaba ampliar la familia. Pero ellos eran científicos, no podían reproducirse siguiendo el método tradicional.

Tampoco querían que en aquel engendramiento de su hijo los genes de uno pesaran más que los del otro, porque estaban muy comprometidos con la igualdad y la llevaban hasta el extremo en todas las facetas de su vida. Así que buscaron una manera diferente de procrear, una que permitiera unir sus ADN para que dieran paso a una nueva vida sin que ninguno de los dos progenitores aportara más que el otro.

Según los datos de la Universidad Pastafari de Soria, la pareja de científicos sigue encerrada en su laboratorio sin dar con la solución reproductiva igualitaria, pero hay datos que parecen confirmar que, entre ensayo clínico y ensayo clínico, algún polvo tradicional ya va cayendo.

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