8 de octubre 2014    /   DIGITAL
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¿Estás bien? Hace días que no te veo por Facebook

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–Estás bien??? no sé nada de ti, no te veo por la red, me preocupas…
– ja, ja, son las fiestas locales de Gandia, ayer fue el tío de la porra y hoy está aquí todo cerrado
Conversación de mensaje privado en Facebook, y nada de adolescentes: dos amigas cuarentonas. A esto estamos llegando, a extrañar a alguien porque no se comunique por las redes. Resulta que la susodicha había desaparecido durante dos días completos. Ni correo electrónico, ni Twitter, ni Facebook, ni WhastApp… Es para preocuparse ¿o no?, y más en una persona socialmente activa en redes.
El cambio provocado por la tecnología en nuestras relaciones sociales es brutal. Hace cinco años ni imaginábamos lo que podía afectarnos no estar conectados. Porque, admitámoslo, si no tienes móvil, no eres nadie. Y pobre del que no tenga cuenta en Facebook: se pierde todos los chismes, avisos de cumpleaños y noticias importantes. Si no lo frecuentas, no te enteras de nada.
Hay gente que nunca se comunica, está en las redes como alma en pena. No comunican, no participan, pero están y lo sabemos. Por un lado, no agobian, pero por otro, el efecto voyeur da un poco de yuyu. Saber que hay alguien que siempre te lee y no te pone ni un mísero ‘Me gusta’ es como el vecino que mira por la ventana y no saluda. ¡Qué mal rollo! Me molesta cuando te ven por la calle y te comentan algo que pusiste en tu muro, y piensas: «¡Ah!, ¿lo leíste? Como no dijiste nada…». Pues que sepáis que hay aplicaciones que te permiten ver quién entra en tu página, cada cuánto y qué ven… Atención, voyeurs, antiguos novios, novias y enemigos.
También existen los incomunicados. Esos que por no tener, no tienen ni WhatsApp. Esos que nunca se enteran de qué va su círculo social porque no tienen cuenta en ninguna red social. Esos a los que todavía hoy en día hay que enviarles un sms o, peor aún, llamarles al teléfono de la oficina porque, por no tener, no tienen ni móvil… Increíble pero cierto. Existen. Yo conozco a uno. Debe ser el único del país que sigue usando las cabinas telefónicas.

Da igual la red social, hay gente recién llegada que entra como elefante en una cacharrería, sin respetar las normas no escritas


En el lado opuesto, el que está siempre, 24 horas, cuenta todo, megustea todo y opina en todos los muros, propios, ajenos y desconocidos. Tampoco es necesaria tanta interacción, luego que no se queje si los demás sospechan que no trabaja. Una cosa es ser muy amigo de tus amigos y comentarles todo, pero de ahí a comentar a cualquier hijo de vecino es otra historia.
No hay que olvidar a los novatos. Da igual la red social, hay gente recién llegada que entra como elefante en una cacharrería, sin respetar las normas no escritas. Te ponen comentarios privados en tu muro, te etiquetan en una foto fuera de tono o te hacen una recomendación jocosa en tu perfil profesional de Linkedin… Señores, atención, que hay que conocer cómo moverse en cada red. Que aunque no hay normas escritas de educación, existen, haberlas haylas, hay que traerlas de casa, y si no las conocemos, primero observar, luego preguntar y finalmente actuar.
¿Y los que viven al borde de lo público? Aquellos que son activos en redes, pero siempre desde las opciones de privacidad. Escriben en grupos privados, usan DM en Twitter, chatean por Facebook, en Instagram tienen la cuenta privada y cuelgan fotos en Facebook solo para los elegidos. Están ahí, no se hacen notar en público, pero en privado sabes que puedes contar con ellos. Son de la familia de los voyeurs, pero algo participativos en su círculo más íntimo. Para pertenecer a este grupo hay que estudiar, hay que dominar las especificaciones de seguridad de cada canal, y eso tiene tela. Además, cuando ya te lo sabes, te lo cambian. Sobre todo, Facebook.
Ya no hay distancias, los amigos conectados están ahí. Es importante conocer sus costumbres en redes, más que nada por estar al tanto, y saber que si no les ves, quizás les pase algo. A lo mejor, alguna vez, tienen vida social fuera de la red 🙂
Foto de portada: Quka / Shutterstock.com

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Conversación de mensaje privado en Facebook, y nada de adolescentes: dos amigas cuarentonas. A esto estamos llegando, a extrañar a alguien porque no se comunique por las redes. Resulta que la susodicha había desaparecido durante dos días completos. Ni correo electrónico, ni Twitter, ni Facebook, ni WhastApp… Es para preocuparse ¿o no?, y más en una persona socialmente activa en redes.
El cambio provocado por la tecnología en nuestras relaciones sociales es brutal. Hace cinco años ni imaginábamos lo que podía afectarnos no estar conectados. Porque, admitámoslo, si no tienes móvil, no eres nadie. Y pobre del que no tenga cuenta en Facebook: se pierde todos los chismes, avisos de cumpleaños y noticias importantes. Si no lo frecuentas, no te enteras de nada.
Hay gente que nunca se comunica, está en las redes como alma en pena. No comunican, no participan, pero están y lo sabemos. Por un lado, no agobian, pero por otro, el efecto voyeur da un poco de yuyu. Saber que hay alguien que siempre te lee y no te pone ni un mísero ‘Me gusta’ es como el vecino que mira por la ventana y no saluda. ¡Qué mal rollo! Me molesta cuando te ven por la calle y te comentan algo que pusiste en tu muro, y piensas: «¡Ah!, ¿lo leíste? Como no dijiste nada…». Pues que sepáis que hay aplicaciones que te permiten ver quién entra en tu página, cada cuánto y qué ven… Atención, voyeurs, antiguos novios, novias y enemigos.
También existen los incomunicados. Esos que por no tener, no tienen ni WhatsApp. Esos que nunca se enteran de qué va su círculo social porque no tienen cuenta en ninguna red social. Esos a los que todavía hoy en día hay que enviarles un sms o, peor aún, llamarles al teléfono de la oficina porque, por no tener, no tienen ni móvil… Increíble pero cierto. Existen. Yo conozco a uno. Debe ser el único del país que sigue usando las cabinas telefónicas.

Da igual la red social, hay gente recién llegada que entra como elefante en una cacharrería, sin respetar las normas no escritas


En el lado opuesto, el que está siempre, 24 horas, cuenta todo, megustea todo y opina en todos los muros, propios, ajenos y desconocidos. Tampoco es necesaria tanta interacción, luego que no se queje si los demás sospechan que no trabaja. Una cosa es ser muy amigo de tus amigos y comentarles todo, pero de ahí a comentar a cualquier hijo de vecino es otra historia.
No hay que olvidar a los novatos. Da igual la red social, hay gente recién llegada que entra como elefante en una cacharrería, sin respetar las normas no escritas. Te ponen comentarios privados en tu muro, te etiquetan en una foto fuera de tono o te hacen una recomendación jocosa en tu perfil profesional de Linkedin… Señores, atención, que hay que conocer cómo moverse en cada red. Que aunque no hay normas escritas de educación, existen, haberlas haylas, hay que traerlas de casa, y si no las conocemos, primero observar, luego preguntar y finalmente actuar.
¿Y los que viven al borde de lo público? Aquellos que son activos en redes, pero siempre desde las opciones de privacidad. Escriben en grupos privados, usan DM en Twitter, chatean por Facebook, en Instagram tienen la cuenta privada y cuelgan fotos en Facebook solo para los elegidos. Están ahí, no se hacen notar en público, pero en privado sabes que puedes contar con ellos. Son de la familia de los voyeurs, pero algo participativos en su círculo más íntimo. Para pertenecer a este grupo hay que estudiar, hay que dominar las especificaciones de seguridad de cada canal, y eso tiene tela. Además, cuando ya te lo sabes, te lo cambian. Sobre todo, Facebook.
Ya no hay distancias, los amigos conectados están ahí. Es importante conocer sus costumbres en redes, más que nada por estar al tanto, y saber que si no les ves, quizás les pase algo. A lo mejor, alguna vez, tienen vida social fuera de la red 🙂
Foto de portada: Quka / Shutterstock.com

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