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18 de mayo 2015    /   IDEAS
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Qué puede hacer un lobby urbano por una ciudad como Valencia

18 de mayo 2015    /   IDEAS     por          
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Ya lo decía la canción: «Y otra vez alerta, ¿qué es ese silencio? No se oyen latidos, no se oye la vibra, nadie dice nada que se salte la norma ni se escucha el rumor de la gente silenciada, cansada, sometida y saturada de que el dedo colectivo tenga para todos un mismo patrón». Tras años de silencio algunas ciudades intentan retomar el pulso. Y la ‘vibra’, en Valencia, se llama València Vibrant.
Si te gusta el fútbol y eres de un equipo pequeño, conocerás la sensación: haces una buena temporada, con algunos buenos jugadores, y llegan los grandes, los fichan y se van. Bajón. Para más inri, la prensa deportiva, esa que a veces hay que leer a metros de distancia, ha pasado de colocarte en la cabeza de la liga a profetizar que bajarás a segunda la temporada que viene. Del optimismo desaforado a la tristeza insondable. Y así no hay quien planifique una temporada.
Algo así es lo que le pasaba a Valencia, la tercera ciudad más importante del país en economía y habitantes, sobre la que pesa un halo de tristeza y choteo imparable. Que si es la cuna de la corrupción, que si no hay negocio que prospere allí, que si cómo puede ser que hayan callado tanto durante tanto tiempo y sigan votando a los mismos, que si obras con presupuestos multiplicados que ahora se caen a trozos, que si muere casi medio centenar de personas en un accidente de Metro y nadie dice nada.
Valencia ha sido una ciudad que tenía todo para estar en Champions y ha acabado con una esquizofrenia digna de estudio: o los forofos desaforados que identifican cualquier crítica con «los mesetarios que vienen a decirnos lo que hay que hacer» o los deprimidos que no ven ningún futuro en una plaza tan saqueada como endeudada.
Y no.
Así que un grupo de jóvenes, de esos que la crisis y la mala gestión ha dejado en un entorno más que complicado, decidió pasar a la acción. Crearon una especie de plataforma cultural, un ‘lobby ciudadano’ que llaman, para tener «esa conversación que teníamos pendiente». València Vibrant («Valencia vibrante») quiere hacer justo lo que no se ha hecho durante mucho tiempo: ser críticos con lo mal que se han hecho las cosas, pero acompañando la crítica con propuestas de mejora y con reconocimiento a lo que sí se ha hecho bien.
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«Los valencianos hacemos cosas y tiramos petardos», dicen en uno de los eslóganes de su web, en la que explican precisamente que su objetivo es «superar la dicotomía entre la euforia irracional y el falso victimismo mediante la colaboración y la conversación». Y eso lo acompañan de proclamas que en una pancarta quedarían como muy de izquierdas: «La calle es el mejor escenario para un terremoto ciudadano». «Basta ya de hablar, pasemos a la acción».
Pero no, esto no va de política, ni de ideología. Va de sentarse a hacer terapia. Algunas barbas, algunas gafas de pasta, mucha gente joven y grandes ideas emergiendo ¿Cómo reactivar una ciudad muerta? Primero, asumiendo que no está muerta, sino inactiva.
“La idea es empezar una gran conversación que supere los discursos sementados entre los eufóricos irracionales, y los que dicen que esto es el peor sitio del mundo, y encontrar un puente; queremos construir hechos, pero no tenemos aún muy claro cómo hacerlo”. Lo decía Ramón Marrades, uno de los padres de la idea, en una conversación con un medio regional hace cosa de un año. Entonces preparaban su primer gran acto: un evento central en el que, reunidos en conversaciones, establecer puntos de encuentro.
La cosa entonces fue bien: 300 personas asistieron para escuchar a 25 profesionales de variada procedencia en una especie de aquelarre a modo de terapia. Y, efectivamente, la ciudad no es la que era: adormecida por la resaca de la fiesta del ladrillo, pequeños espacios urbanos y grandes ideas nacen en los resquicios de un lugar que lo tendría todo para ser mejor. Buen clima, buena orografía, buen mar, buenos profesionales, buena inversión económica, buenas comunicaciones, buen catálogo de empresas y servicios. Algo ha fallado, y la cuestión es saber conjurarlo.
Por eso tras el evento, que tuvo lugar en el Espai Rambleta -uno de los centros de pensamiento más activos del momento en la ciudad-, pusieron en marcha acciones constantes, llamados ‘Encontres vibrants’, centrados en aspectos concretos como la educación o el medio ambiente.
Y ahora llega el encuentro de este año. Será el 19 de junio, menos de un mes después de las elecciones municipales y autonómicas que condicionarán el futuro inmediato de la ciudad dormida. Para entonces preparan su propio sondeo, pero no electoral, sino social: una enorme encuesta urbana sobre los tres temas que más peso tendrán en el despertar de Valencia: el empleo, la vivienda y el liderazgo.
‘Valencia, trabajando en ello’, ‘Valencia, ¿qué urbe te espera?’, ‘¿Y quién lidera esta ciudad?’ e ‘Irse de Valencia… y volver’ son los títulos de algunas de las charlas que tendrán lugar, un año después, para tomar el pulso a la enferma a través de algo que debería haberse hecho durante estos años: hablar y, sobre todo, escuchar.
A veces la cuestión no pasa por hacer cosas, sino por pensar qué hay que hacer.

Disclaimer: La organización ha tenido la idea de invitar al autor de este artículo, valenciano él, a una de las mesas. Intentará no hablar del que es -quizá- el artículo más exitoso que ha tenido nunca en Yorokobu, aunque será difícil contenerse.

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Imagen portada: Shutterstock
Imágenes interior: València Vibrant

Ya lo decía la canción: «Y otra vez alerta, ¿qué es ese silencio? No se oyen latidos, no se oye la vibra, nadie dice nada que se salte la norma ni se escucha el rumor de la gente silenciada, cansada, sometida y saturada de que el dedo colectivo tenga para todos un mismo patrón». Tras años de silencio algunas ciudades intentan retomar el pulso. Y la ‘vibra’, en Valencia, se llama València Vibrant.
Si te gusta el fútbol y eres de un equipo pequeño, conocerás la sensación: haces una buena temporada, con algunos buenos jugadores, y llegan los grandes, los fichan y se van. Bajón. Para más inri, la prensa deportiva, esa que a veces hay que leer a metros de distancia, ha pasado de colocarte en la cabeza de la liga a profetizar que bajarás a segunda la temporada que viene. Del optimismo desaforado a la tristeza insondable. Y así no hay quien planifique una temporada.
Algo así es lo que le pasaba a Valencia, la tercera ciudad más importante del país en economía y habitantes, sobre la que pesa un halo de tristeza y choteo imparable. Que si es la cuna de la corrupción, que si no hay negocio que prospere allí, que si cómo puede ser que hayan callado tanto durante tanto tiempo y sigan votando a los mismos, que si obras con presupuestos multiplicados que ahora se caen a trozos, que si muere casi medio centenar de personas en un accidente de Metro y nadie dice nada.
Valencia ha sido una ciudad que tenía todo para estar en Champions y ha acabado con una esquizofrenia digna de estudio: o los forofos desaforados que identifican cualquier crítica con «los mesetarios que vienen a decirnos lo que hay que hacer» o los deprimidos que no ven ningún futuro en una plaza tan saqueada como endeudada.
Y no.
Así que un grupo de jóvenes, de esos que la crisis y la mala gestión ha dejado en un entorno más que complicado, decidió pasar a la acción. Crearon una especie de plataforma cultural, un ‘lobby ciudadano’ que llaman, para tener «esa conversación que teníamos pendiente». València Vibrant («Valencia vibrante») quiere hacer justo lo que no se ha hecho durante mucho tiempo: ser críticos con lo mal que se han hecho las cosas, pero acompañando la crítica con propuestas de mejora y con reconocimiento a lo que sí se ha hecho bien.
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«Los valencianos hacemos cosas y tiramos petardos», dicen en uno de los eslóganes de su web, en la que explican precisamente que su objetivo es «superar la dicotomía entre la euforia irracional y el falso victimismo mediante la colaboración y la conversación». Y eso lo acompañan de proclamas que en una pancarta quedarían como muy de izquierdas: «La calle es el mejor escenario para un terremoto ciudadano». «Basta ya de hablar, pasemos a la acción».
Pero no, esto no va de política, ni de ideología. Va de sentarse a hacer terapia. Algunas barbas, algunas gafas de pasta, mucha gente joven y grandes ideas emergiendo ¿Cómo reactivar una ciudad muerta? Primero, asumiendo que no está muerta, sino inactiva.
“La idea es empezar una gran conversación que supere los discursos sementados entre los eufóricos irracionales, y los que dicen que esto es el peor sitio del mundo, y encontrar un puente; queremos construir hechos, pero no tenemos aún muy claro cómo hacerlo”. Lo decía Ramón Marrades, uno de los padres de la idea, en una conversación con un medio regional hace cosa de un año. Entonces preparaban su primer gran acto: un evento central en el que, reunidos en conversaciones, establecer puntos de encuentro.
La cosa entonces fue bien: 300 personas asistieron para escuchar a 25 profesionales de variada procedencia en una especie de aquelarre a modo de terapia. Y, efectivamente, la ciudad no es la que era: adormecida por la resaca de la fiesta del ladrillo, pequeños espacios urbanos y grandes ideas nacen en los resquicios de un lugar que lo tendría todo para ser mejor. Buen clima, buena orografía, buen mar, buenos profesionales, buena inversión económica, buenas comunicaciones, buen catálogo de empresas y servicios. Algo ha fallado, y la cuestión es saber conjurarlo.
Por eso tras el evento, que tuvo lugar en el Espai Rambleta -uno de los centros de pensamiento más activos del momento en la ciudad-, pusieron en marcha acciones constantes, llamados ‘Encontres vibrants’, centrados en aspectos concretos como la educación o el medio ambiente.
Y ahora llega el encuentro de este año. Será el 19 de junio, menos de un mes después de las elecciones municipales y autonómicas que condicionarán el futuro inmediato de la ciudad dormida. Para entonces preparan su propio sondeo, pero no electoral, sino social: una enorme encuesta urbana sobre los tres temas que más peso tendrán en el despertar de Valencia: el empleo, la vivienda y el liderazgo.
‘Valencia, trabajando en ello’, ‘Valencia, ¿qué urbe te espera?’, ‘¿Y quién lidera esta ciudad?’ e ‘Irse de Valencia… y volver’ son los títulos de algunas de las charlas que tendrán lugar, un año después, para tomar el pulso a la enferma a través de algo que debería haberse hecho durante estos años: hablar y, sobre todo, escuchar.
A veces la cuestión no pasa por hacer cosas, sino por pensar qué hay que hacer.

Disclaimer: La organización ha tenido la idea de invitar al autor de este artículo, valenciano él, a una de las mesas. Intentará no hablar del que es -quizá- el artículo más exitoso que ha tenido nunca en Yorokobu, aunque será difícil contenerse.

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Imagen portada: Shutterstock
Imágenes interior: València Vibrant

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Opiniones 1
  • Dice el artículo: «Pero no, esto no va de política, ni de ideología.» ¿De dónde nace esa alergia a identificarse política o ideológicamente?
    Por supuesto que va de política, de política hecha por ciudadanos. De lo que no va es de política hecha por partidos. Temas de interés como los que se mencionan en el artículo son temas políticos porque tratan sobre nuestras vidas, sobre cómo queremos vivirlas en sociedad y sobre el espacio público: educación, medio ambiente, empleo, vivienda…
    Resulta penoso tener que recurrir a las definiciones, pero allá vamos (de la wikipedia)
    POLÍTICA: La política (del latín politicus y ésta del griego antiguo πολιτικός ‘civil, relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano’) es una rama de la moral que se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común.
    LOBBY: Un lobby, en español, grupo de cabildeo o grupo de presión, es un colectivo con intereses comunes que realiza acciones dirigidas a influir ante la Administración Pública para promover decisiones favorables a los intereses de ese sector concreto de la sociedad. Las primeras utilizaciones políticas de este término son del siglo XIX.
    Por tanto, hagamos política desde la ciudadanía porque precisamente los males que nos aquejan son porque la ciudadanía hemos abandonado nuestra responsabilidad política y hemos delegado las decisiones en representantes corruptos y sin escrúpulos.
    Un saludo, Carlos.

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