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23 de noviembre 2015    /   CREATIVIDAD
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El hombre que recicla vallas publicitarias de la M-40

23 de noviembre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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El artista Toño Merinero lleva años recogiendo carteles. En su estudio se amontonan desde afiches de míticos conciertos del Rock-Ola hasta restos de anuncios de las tres últimas décadas.
A través de ese improvisado archivo se podría reconstruir los avatares de la sociedad española desde el fin de la dictadura hasta la actualidad. Sin embargo, él prefiere intervenirlos, recortarlos y convertirlos en obras de arte que también tiene mucho de vivencias personales.
«Todos mis collages están hechos todos de recuerdos. No cojo cualquier revista y la recorto. Mis materiales son trozos de cajas de cerillas, de envoltorios de té, octavillas, anuncios que encuentro a lo largo de mis viajes», indica.

Toño Merinero ha viajado y trabajado en lugares tan remotos como India o Tailandia, pero para su nueva exposición no ha necesitado irse tan lejos. Tan solo ha tenido que subirse a su moto, acercarse a las orillas de Madrid, concretamente a las inmediaciones de la M-40, y reciclar el material que allí ha encontrado.
«Bajo las vallas de publicidad de la autopista se acumulan pilas y pilas de papel que se va cayendo o que arrojan ahí cuando cambian unos anuncios por otros. Ese es el lugar donde busco. Arranco bloques y me los llevo al taller. Los meto en agua, los desencolo y en ocasiones con más suerte y en otras con menos, obtengo cosas muy interesantes».

Entre esas cosas se encuentran tramas de cuatricromía, detalles de objetos irreconocibles, fragmentos de rostros y otras piezas minúsculas de papel en comparación con el tamaño original del lugar donde proceden. Unos restos que para muchos no son más que basura pero que en manos de Merinero han dado lugar a una decena de piezas de un formato cercano al 70×100 cm a las que se suma una gran pieza modular, semejante a una valla publicitaria, que permite diferentes lecturas según las posiciones en que se coloque.
«El material con el que trabajo suelen ser tramas de puntos, letras o trozos incompletos de los mensajes que forman parte de esos enormes anuncios que están pensados para destacar entre las demás vallas y que se queden marcados en el inconsciente de unos conductores que casi no pueden fijar la atención en ese tipo de mensajes».

Una vez despegadas las diferentes capas, Merinero las contracola sobre un soporte más rígido y comienza a desarrollar diferentes paletas de color con las que poder seguir trabajando.
«Es algo muy complicado porque la gama de color no es algo que se pueda elegir, hay que ir encontrándola y creándola a medida que vas consiguiendo nuevos fragmentos. Hay que buscar y buscar hasta dar con ella».
En las ocasiones en las que la constancia y el empeño no son capaces de resolver esos problemas, entra en juego entonces uno de los cómplices habituales de Merinero a la hora de trabajar: el azar.

«Cuando me pongo a trabajar tengo una idea en la cabeza pero en el desarrollo siempre interviene el azar y, lo más curioso, es que el resultado suele ser mejor que lo que yo había imaginado. Por ejemplo, al plantearme esta nueva exposición quería trabajar la belleza de los rasgados de los papeles de las vallas de autopista pero, en lugar de hacer decollages como los que hacía Nino Rotela, mi idea era arrancar para después reconstruir porque, a diferencia de Rotela, yo lo que hago son collages. Cuando empecé a trabajar en ello me di cuenta de que surgían muchas otras posibilidades con las que no había contado».

En esta ocasión el azar descubrió que uno de los elementos más potentes desde el punto de vista gráfico de esas vallas publicitarias eran las gigantescas letras que conformaban los mensajes comerciales.
«Decidí utilizar solo las letras que encontraba, sin recrear ninguna y jugar con esos mensajes para darle una lectura diferente a la publicidad. A medida que iba trabajando con ello comprobé que también por azar se iban creando palabras que tenían sentido y que, además, estaban muy relacionadas con los temas que han marcado mi vida, por ejemplo, el viaje, lo efímero, el paso del tiempo».

Esa idea de relectura de los mensajes publicitarios ha sido justamente la que ha acabado dando título a En otras palabras, la exposición de Toño Merinero que se inaugurará en la galería Kike Keller de Madrid el próximo jueves 26 de noviembre.
Inspirado en Fly me to the moon, el tema de Bart Howard que popularizara Frank Sinatra, Merinero ha reciclado esos antiguos mensajes comerciales para crear otros nuevos cercanos a su experiencia y que, en otras palabras, digan otras cosas.

El artista Toño Merinero lleva años recogiendo carteles. En su estudio se amontonan desde afiches de míticos conciertos del Rock-Ola hasta restos de anuncios de las tres últimas décadas.
A través de ese improvisado archivo se podría reconstruir los avatares de la sociedad española desde el fin de la dictadura hasta la actualidad. Sin embargo, él prefiere intervenirlos, recortarlos y convertirlos en obras de arte que también tiene mucho de vivencias personales.
«Todos mis collages están hechos todos de recuerdos. No cojo cualquier revista y la recorto. Mis materiales son trozos de cajas de cerillas, de envoltorios de té, octavillas, anuncios que encuentro a lo largo de mis viajes», indica.

Toño Merinero ha viajado y trabajado en lugares tan remotos como India o Tailandia, pero para su nueva exposición no ha necesitado irse tan lejos. Tan solo ha tenido que subirse a su moto, acercarse a las orillas de Madrid, concretamente a las inmediaciones de la M-40, y reciclar el material que allí ha encontrado.
«Bajo las vallas de publicidad de la autopista se acumulan pilas y pilas de papel que se va cayendo o que arrojan ahí cuando cambian unos anuncios por otros. Ese es el lugar donde busco. Arranco bloques y me los llevo al taller. Los meto en agua, los desencolo y en ocasiones con más suerte y en otras con menos, obtengo cosas muy interesantes».

Entre esas cosas se encuentran tramas de cuatricromía, detalles de objetos irreconocibles, fragmentos de rostros y otras piezas minúsculas de papel en comparación con el tamaño original del lugar donde proceden. Unos restos que para muchos no son más que basura pero que en manos de Merinero han dado lugar a una decena de piezas de un formato cercano al 70×100 cm a las que se suma una gran pieza modular, semejante a una valla publicitaria, que permite diferentes lecturas según las posiciones en que se coloque.
«El material con el que trabajo suelen ser tramas de puntos, letras o trozos incompletos de los mensajes que forman parte de esos enormes anuncios que están pensados para destacar entre las demás vallas y que se queden marcados en el inconsciente de unos conductores que casi no pueden fijar la atención en ese tipo de mensajes».

Una vez despegadas las diferentes capas, Merinero las contracola sobre un soporte más rígido y comienza a desarrollar diferentes paletas de color con las que poder seguir trabajando.
«Es algo muy complicado porque la gama de color no es algo que se pueda elegir, hay que ir encontrándola y creándola a medida que vas consiguiendo nuevos fragmentos. Hay que buscar y buscar hasta dar con ella».
En las ocasiones en las que la constancia y el empeño no son capaces de resolver esos problemas, entra en juego entonces uno de los cómplices habituales de Merinero a la hora de trabajar: el azar.

«Cuando me pongo a trabajar tengo una idea en la cabeza pero en el desarrollo siempre interviene el azar y, lo más curioso, es que el resultado suele ser mejor que lo que yo había imaginado. Por ejemplo, al plantearme esta nueva exposición quería trabajar la belleza de los rasgados de los papeles de las vallas de autopista pero, en lugar de hacer decollages como los que hacía Nino Rotela, mi idea era arrancar para después reconstruir porque, a diferencia de Rotela, yo lo que hago son collages. Cuando empecé a trabajar en ello me di cuenta de que surgían muchas otras posibilidades con las que no había contado».

En esta ocasión el azar descubrió que uno de los elementos más potentes desde el punto de vista gráfico de esas vallas publicitarias eran las gigantescas letras que conformaban los mensajes comerciales.
«Decidí utilizar solo las letras que encontraba, sin recrear ninguna y jugar con esos mensajes para darle una lectura diferente a la publicidad. A medida que iba trabajando con ello comprobé que también por azar se iban creando palabras que tenían sentido y que, además, estaban muy relacionadas con los temas que han marcado mi vida, por ejemplo, el viaje, lo efímero, el paso del tiempo».

Esa idea de relectura de los mensajes publicitarios ha sido justamente la que ha acabado dando título a En otras palabras, la exposición de Toño Merinero que se inaugurará en la galería Kike Keller de Madrid el próximo jueves 26 de noviembre.
Inspirado en Fly me to the moon, el tema de Bart Howard que popularizara Frank Sinatra, Merinero ha reciclado esos antiguos mensajes comerciales para crear otros nuevos cercanos a su experiencia y que, en otras palabras, digan otras cosas.

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