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19 de noviembre 2015    /   CREATIVIDAD
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Las pelis de tu infancia en versión gótica

19 de noviembre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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El mago de Oz, El gran hotel Budapest, El ejército de las tinieblas, Pulp fiction… Estos títulos tienen pocas cosas en común. No comparten estética, ni estilo, ni siquiera hacen referencia a una época concreta. Pero son las películas que les gustan a Marco y Stefano, o lo que es lo mismo, a los gemelos Van Orton. Las que han pasado por su mesa de trabajo y se han convertido en coloridos pósters, un puñetazo visual homogéneo que nos remite a vidrieras de templos pretéritos. Puede que su estilo recuerde al de los maestros góticos, pero su sensibilidad tiene alma pop.

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El jovencito Frankenstein

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El mago de Oz

Hace un año, estos ilustradores italianos comentaban a Yorokobu que había dos cosas increíbles en su trabajo. «Una, que adquieres un estilo artístico y lo haces tuyo. Es tu firma, es tu marca. Dos, que la creación es ilimitada». La primera de estas cosas increíbles ya la consiguieron. Su estilo, esquemático en su trazo, lisérgico en su colorido, es ya marca de la casa. La segunda la están llevando a cabo día a día.

Nos dejamos inspirar por el momento, y si no, repescamos ideas de nuestra infancia. 


Desde aquella entrevista, estos hermanos italianos han seguido creando a un ritmo frenético, ampliando sus referencias sin abandonar su sello, ese que los ha llevado a exponer en galerías estadounidenses y a granjearse un pequeño sitio en el complicado mundo de la ilustración.
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«Nos dejamos inspirar por el momento, y si no, repescamos ideas de nuestra infancia», comentan sobre su trabajo. Esa inspiración nostálgica se deja ver en los títulos de las películas y videojuegos que retratan, muchos de ellos de los últimos ochenta y primeros noventa. Y en sus zapatillas. «De pequeños, cuando teníamos ocho años o así, dibujabamos muchísimas zapatillas, y de hecho sigue siendo una de nuestras grandes pasiones».
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El ejercito de las tinieblas

Su aventura comenzó con un póster de Regreso al futuro, una ironía teniendo en cuenta que su trabajo los lleva de vuelta diariamente al pasado, a las películas de su infancia. A cuando eran niños y pintar era un juego. En su caso lo sigue siendo.
Los Van Orton dibujan como cuando eran pequeños, aunque la presión y el resultado de su trabajo sea bien distintos. No tienen tiempos de creación, no tienen un esquema claro de qué títulos van a adaptar. Podría decirse que lo suyo es una organización caótica. Y sorprendentemente eficiente. Lo que les sobra son las ganas y la ilusión, aquella que, en el dibujo, suelen tener los niños y que se pierde con el paso de los años.
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Indiana Jones y la última cruzada

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El resplandor

Marco pinta y Stefano colorea, una división de trabajo que han hecho con el tiempo y por una cuestión práctica. Dibujar a cuatro manos puede parecer complicado, más cuando dos de esas manos son las de un familiar. Pero en su pequeño taller las peleas son una excepción.
«La relación que se ha creado entre nosotros funciona y nuestra actitud en el trabajo es de lo más natural», aseguran. Compartir vivencias aúna criterios, y quizá el hecho de que sean gemelos ayuda. «Muchas veces nos sucede que cogemos la inspiración de diversas cosas que vemos juntos, y empezamos a discutir sobre nuevas ideas de trabajo», aseguran. Como ellos dicen, la creación es ilimitada. Y la inspiración, como la verdad, está ahí fuera.
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The legend of Zelda

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2001, una odisea en el espacio

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Life aquatic

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El gran hotel Budapest

El mago de Oz, El gran hotel Budapest, El ejército de las tinieblas, Pulp fiction… Estos títulos tienen pocas cosas en común. No comparten estética, ni estilo, ni siquiera hacen referencia a una época concreta. Pero son las películas que les gustan a Marco y Stefano, o lo que es lo mismo, a los gemelos Van Orton. Las que han pasado por su mesa de trabajo y se han convertido en coloridos pósters, un puñetazo visual homogéneo que nos remite a vidrieras de templos pretéritos. Puede que su estilo recuerde al de los maestros góticos, pero su sensibilidad tiene alma pop.

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El jovencito Frankenstein

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El mago de Oz

Hace un año, estos ilustradores italianos comentaban a Yorokobu que había dos cosas increíbles en su trabajo. «Una, que adquieres un estilo artístico y lo haces tuyo. Es tu firma, es tu marca. Dos, que la creación es ilimitada». La primera de estas cosas increíbles ya la consiguieron. Su estilo, esquemático en su trazo, lisérgico en su colorido, es ya marca de la casa. La segunda la están llevando a cabo día a día.

Nos dejamos inspirar por el momento, y si no, repescamos ideas de nuestra infancia. 


Desde aquella entrevista, estos hermanos italianos han seguido creando a un ritmo frenético, ampliando sus referencias sin abandonar su sello, ese que los ha llevado a exponer en galerías estadounidenses y a granjearse un pequeño sitio en el complicado mundo de la ilustración.
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«Nos dejamos inspirar por el momento, y si no, repescamos ideas de nuestra infancia», comentan sobre su trabajo. Esa inspiración nostálgica se deja ver en los títulos de las películas y videojuegos que retratan, muchos de ellos de los últimos ochenta y primeros noventa. Y en sus zapatillas. «De pequeños, cuando teníamos ocho años o así, dibujabamos muchísimas zapatillas, y de hecho sigue siendo una de nuestras grandes pasiones».
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El ejercito de las tinieblas

Su aventura comenzó con un póster de Regreso al futuro, una ironía teniendo en cuenta que su trabajo los lleva de vuelta diariamente al pasado, a las películas de su infancia. A cuando eran niños y pintar era un juego. En su caso lo sigue siendo.
Los Van Orton dibujan como cuando eran pequeños, aunque la presión y el resultado de su trabajo sea bien distintos. No tienen tiempos de creación, no tienen un esquema claro de qué títulos van a adaptar. Podría decirse que lo suyo es una organización caótica. Y sorprendentemente eficiente. Lo que les sobra son las ganas y la ilusión, aquella que, en el dibujo, suelen tener los niños y que se pierde con el paso de los años.
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Indiana Jones y la última cruzada

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El resplandor

Marco pinta y Stefano colorea, una división de trabajo que han hecho con el tiempo y por una cuestión práctica. Dibujar a cuatro manos puede parecer complicado, más cuando dos de esas manos son las de un familiar. Pero en su pequeño taller las peleas son una excepción.
«La relación que se ha creado entre nosotros funciona y nuestra actitud en el trabajo es de lo más natural», aseguran. Compartir vivencias aúna criterios, y quizá el hecho de que sean gemelos ayuda. «Muchas veces nos sucede que cogemos la inspiración de diversas cosas que vemos juntos, y empezamos a discutir sobre nuevas ideas de trabajo», aseguran. Como ellos dicen, la creación es ilimitada. Y la inspiración, como la verdad, está ahí fuera.
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The legend of Zelda

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2001, una odisea en el espacio

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Life aquatic

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El gran hotel Budapest

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