4 de marzo 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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Palabras con mucho cuento: Vanessa

4 de marzo 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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¿Qué sabemos de algunos nombres? Nombres propios, queremos decir. Esa palabra que nos identifica en todos los documentos, que nos distingue de los otros y que puede marcar nuestra infancia, si hemos tenido la mala suerte de tener unos progenitores con un humor peculiar o un sentido de la tradición familiar que podían haberse ahorrado en nuestro caso.
Algunos tienen un origen etimológico curioso. Otros, sin embargo, son inventados. Inventados, sí. Tal es el caso de Vanessa. Y su creador fue el escritor irlandés Jonathan Swift, el autor de Los viajes de Gulliver.
Swift se ordenó sacerdote hacia 1694, mientras estaba al servicio de un famoso político inglés de aquella época, sir William Temple. Como su carrera como secretario de Temple no progresaba, decidió probar suerte como eclesiástico. Por lo que podemos deducir que de vocación, lo que se dice vocación, andaba justo. Pasó por distintas parroquias hasta que en 1713 fue nombrado decano (deán) de la Catedral de St. Patrick de Dublín.
Por el camino había conocido a un par de mujeres. Lo que le unía a ellas no queda claro. Mejor dejarlo a merced de vuestra imaginación. Una de sus pupilas fue Esther Vanhomrigh, la hija de una importante familia anglo-irlandesa, con quien se trasladó a vivir a Dublín definitivamente un año después de su nombramiento como decano.
No debía ser muy inocente, en cualquier caso, esa relación cuando el propio Swift decidió esconder el nombre de su compañera de piso en un largo poema que tituló Cadenus and Vanessa. Fue publicado en 1726, tres años después de la muerte de Esther. La razón estaba ya clara: los versos que contiene describen el intenso amor que sentía por Vanhomrigh.
Cadenus es el anagrama de ‘decano’ (o sea, él) y Vanessa es el nombre que inventó para la joven Esther, formado por las primeras letras de su apellido (Van-) y las primeras de su nombre (Essa, que es el hipocorístico de Esther en los países anglosajones).
La reputación de la pupila quedaba así salvaguardada. Además de nombrar a una especie de mariposa, es también uno de los nombres más comunes en Estados Unidos (según la Wikipedia).
 
Imagen de portada: Borislav Bajkic/Shutterstock

¿Qué sabemos de algunos nombres? Nombres propios, queremos decir. Esa palabra que nos identifica en todos los documentos, que nos distingue de los otros y que puede marcar nuestra infancia, si hemos tenido la mala suerte de tener unos progenitores con un humor peculiar o un sentido de la tradición familiar que podían haberse ahorrado en nuestro caso.
Algunos tienen un origen etimológico curioso. Otros, sin embargo, son inventados. Inventados, sí. Tal es el caso de Vanessa. Y su creador fue el escritor irlandés Jonathan Swift, el autor de Los viajes de Gulliver.
Swift se ordenó sacerdote hacia 1694, mientras estaba al servicio de un famoso político inglés de aquella época, sir William Temple. Como su carrera como secretario de Temple no progresaba, decidió probar suerte como eclesiástico. Por lo que podemos deducir que de vocación, lo que se dice vocación, andaba justo. Pasó por distintas parroquias hasta que en 1713 fue nombrado decano (deán) de la Catedral de St. Patrick de Dublín.
Por el camino había conocido a un par de mujeres. Lo que le unía a ellas no queda claro. Mejor dejarlo a merced de vuestra imaginación. Una de sus pupilas fue Esther Vanhomrigh, la hija de una importante familia anglo-irlandesa, con quien se trasladó a vivir a Dublín definitivamente un año después de su nombramiento como decano.
No debía ser muy inocente, en cualquier caso, esa relación cuando el propio Swift decidió esconder el nombre de su compañera de piso en un largo poema que tituló Cadenus and Vanessa. Fue publicado en 1726, tres años después de la muerte de Esther. La razón estaba ya clara: los versos que contiene describen el intenso amor que sentía por Vanhomrigh.
Cadenus es el anagrama de ‘decano’ (o sea, él) y Vanessa es el nombre que inventó para la joven Esther, formado por las primeras letras de su apellido (Van-) y las primeras de su nombre (Essa, que es el hipocorístico de Esther en los países anglosajones).
La reputación de la pupila quedaba así salvaguardada. Además de nombrar a una especie de mariposa, es también uno de los nombres más comunes en Estados Unidos (según la Wikipedia).
 
Imagen de portada: Borislav Bajkic/Shutterstock

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