13 de diciembre 2019    /   IDEAS
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¿Puede el turismo del siglo XXI remediar la despoblación rural?

13 de diciembre 2019    /   IDEAS     por          
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Tecnológico, conectado, solitario –o single, que parece que suena mejor–, simultáneo, sostenible, colaborativo, experiencial, itinerante… Todos estos conceptos son los que definen el turismo del siglo XXI, el sector que más riqueza aporta a la economía española en la actualidad.

Ahora bien, en una España que, durante décadas, ha sido el edén del turismo masificado de sol y playa y donde gran parte del territorio se encuentra polarizado entre núcleos urbanos hiperpoblados y grandes espacios rurales deshabitados, la pregunta que surge es: ¿puede el turismo ayudar a hacer frente al problema de la despoblación rural?

La nueva ruralidad apuesta por el sí, pero redefiniendo por completo el producto turístico.

LA NUEVA RURALIDAD

Es un hecho: la España vacía ya no aguanta más. Por no aguantar, no aguanta ni el adjetivo: de vacía a vaciada. Ese fue el cambio de lema de la manifestación que el 31 de marzo de 2019 reunió en Madrid a miles de defensores del rural español convocados por Soria ¡Ya! y la recién entrada al Congreso Teruel Existe. Pero esa manifestación solo fue la parte visible de un temblor que está sacudiendo muchos cimientos y que se puede resumir en un concepto: nueva ruralidad, la búsqueda de la identidad rural del siglo XXI.

Virginia Mendoza, en su necesario Quién te cerrará los ojos, de Libros del K.O., escribió: «Asfalto y tierra compiten por la verdad. Cada uno tiene la suya y es preciso separarlas para mantener el decoro». Ese decoro es una de las empalizadas que la nueva ruralidad se ha llevado por delante en los últimos meses. Antes, el rural ejercía un rol sumiso, ahora abarrota el paseo de la Castellana de Madrid, entra en el Congreso de los Diputados y crea su propio G20 multiplicándolo por cinco: el G100.

El G100 es un conjunto de 50 hombres y 50 mujeres de toda España que participan en el proyecto Terris, Territorios e Innovación Social, llevado a cabo por El Hueco, la primera iniciativa de coworking para el fomento de emprendimientos de la ciudad de Soria. Según explicaba el director de El Hueco, Joaquín Alcalde, para eldiario.es, Terris es «un proceso de cocreación de una identidad rural, basado en la gestión de la inteligencia colectiva, con el que pretendemos alumbrar las líneas estratégicas de cómo ha de evolucionar la relación del ser humano con el medio rural y buscar soluciones innovadoras y sostenibles a los principales problemas que atenazan a las zonas rurales».

Aparte del proyecto Terris, El Hueco también es el responsable de Presura, la Feria Nacional para la Repoblación de la España Rural, celebrada en Soria y cuya tercera edición tuvo lugar el pasado noviembre. Con el objetivo de servir como muestrario y punto de encuentro para los emprendedores rurales, los tres días que duró Presura sirvieron para reunir propuestas de todos los ámbitos: comunicación, tecnología, transporte, energía, educación, salud, vivienda, economía… Y, por supuesto, turismo.

Siguiendo la línea del prototipo diseñado por el G100 para el ámbito turístico, el concepto de turismo que se vio en Presura tenía una clave maestra: la comunidad local como protagonista de la gestión y comunicación de su propio patrimonio. En este nuevo modelo, el producto turístico no tiene que ser para los turistas, sino para la comunidad local, donde el viajero participa como invitado. Esta es, precisamente, una de las claves del proyecto que ganó en Presura el Premio a la mejor emprendedora rural en zonas escasamente pobladas. Su nombre es vanwoow, y aglutina bajo la misma idea varios conceptos que definen al turista del siglo XXI.

VANWOOW, TURISMO ITINERANTE Y COLABORATIVO CONTRA LA DESPOBLACIÓN RURAL

«Un viaje para rescatar 5.600 micropueblos del olvido». Ese es el eslogan de la campaña de Goteo que están llevando a cabo Auxi Piñero, Ana Galindo y Manuel y Javier Guisado, los cuatro integrantes del equipo de trabajo de vanwoow, la primera plataforma colaborativa de turismo responsable contra la despoblación rural.

vanwoow

Como explica Piñero, la idea surgió en 2017 «en un viaje en autocaravana por Teruel. Era temporada alta y nos encontramos que todos los lugares que visitábamos estaban vacíos. Esto chocaba con algo que suele suceder en el colectivo de autocaravanas, que se queja de que en temporada alta no nos acogen, no hay sitio para colocarse». Según comenta Piñero, durante su viaje descubrieron que en muchos de los pueblos que visitaban había numerosas actividades totalmente desconocidas y con un gran potencial turístico.

Tras un período de incubación de la idea y un viaje de 5 meses por España para comprobar en primera persona la viabilidad de su proyecto, vanwoow nació en forma de cooperativa integral dirigida al colectivo de turismo itinerante. «El sistema de cooperativa integral aglutina, a su vez, tres tipos de cooperativas –explica Piñero–: cooperativa de trabajo, formada por nosotros cuatro; cooperativa de socios usuarios, formada por los viajeros en autocaravana; y cooperativa de socios colaboradores, formada por los habitantes de pueblos que ofrecen experiencias».

La aparición de vanwoow no es azarosa. En España, el turismo camperizado ha crecido de forma exponencial en los últimos años, alcanzando cifras pico de alquileres y matriculaciones durante el verano de 2019. El éxito ha sido tan grande que provocó un efecto llamada para Camplify, la empresa líder de alquileres de vehículos camperizados en Australia y Reino Unido, la cual comenzó a operar en España desde el pasado octubre.

En el proyecto de vanwoow, la parte experiencial –otro término definitorio del turismo actual– es la clave a través de la cual se quiere atacar de forma directa al problema de la despoblación. Siguiendo su objetivo de crear una comunidad colaborativa que conecte micropueblos y autocaravanistas, la aplicación busca visibilizar lugares en los que vivir experiencias y pernoctas únicas y seguras en el mundo rural. Como explica Manu Guisado, «en cada lugar habrá ligado un espacio de pernocta y se colgaran todas la actividades y eventos que el pueblo quiera que dinamicemos».

Dentro de su proyecto, los cuatro integrantes del grupo de trabajo de vanwoow tienen también en cuenta otra de las limitaciones que existen en España frente al reciente bum del turismo itinerante: la escasez de instalaciones para autocaravanas. «Hemos llegado ya a acuerdos con veintitrés poblaciones para que adecuen su espacio, algunas de ellas lo están gestionando a través de la solicitud de subvenciones», explica Guisado.

De esta forma se consigue un objetivo fundamental para vanwoow, que «la zona de pernocta esté en el pueblo, para integrarse y tener la experiencia dentro del mismo. No queremos que la zona de autocaravanas sea un área de servicio, sino un espacio más del pueblo que sirva de residencia para visitantes itinerantes, facilitando así un turismo de tipo más inclusivo».

Estos acuerdos con las poblaciones forman parte de lo que ellos llaman la «fase de asesoramiento estratégico», a través de la cual se reúnen con habitantes e instituciones para conocer sus impresiones y capacidades y, en el caso de necesitarlo, llevar a cabo distintos talleres como empoderamiento digital o copywriting.

En cuanto al tema económico, Guisado explica que vanwoow es un proyecto «sin ánimo de lucro, un lugar de encuentro para socializar con otros viajeros, de unión entre productores locales que tengan un problema común en diferentes provincias y un espacio de toma de decisiones dentro de la plataforma». Respecto a esto último, Guisado añade que con «los excedentes, cuando los haya, se destinarán a sufragar un proyecto social o ambiental que haya en un micropueblo, el cual se someterá a votación por parte de la comunidad».

El turista del siglo XXI, camperizado, conectado a mil redes sociales y hastiado del estrés urbano, parece ser un perfil ideal para ocupar un hueco y generar una nueva fuente de riqueza –económica y social– en la España despoblada. Sin embargo, como recalcaba Guisado en un momento de la entrevista, la realidad del problema rural abarca muchos más aspectos como «la conexión a internet, la permanencia de servicios básicos como tienda, supermercado, farmacia, escuela… y, sobre todo, la motivación de los habitantes y gobernante por no dejar morir su pueblo».

El mundo rural ya no es solo agrícola, ganadero o forestal tradicional, es un espacio en el que han surgido numerosas iniciativas de carácter cultural, educativo, sociosanitario o energético y, por tanto, el abordaje debe ser multidisciplinar. Que el turismo del siglo XXI haga crecer las economías y el poblamiento rural dependerá de que estos lugares actualicen sus espacios y proyectos a los requerimientos de las nuevas tendencias –como los espacios de pernocta de vanwoow– de que se genere una unión en red entre ellos y, sobre todo, de que se deje de mirar al mundo rural como el lugar polvoriento y retrasado que comienza donde acaba el asfalto.

En el congreso Despoblación: un reto político (y poético) celebrado en Sigüenza a finales de noviembre, la revista Salvaje tuiteó las declaraciones del escritor Rafa Navarro durante una de las mesas redondas: «En 200 años con nuestra sabiduría vamos a destruir lo que nuestros antepasados mantuvieron durante 10.000 años con su analfabetismo. No hay que volver a vivir, trabajando de sol a sol, como nuestros abuelos, pero sí a vivir y sentir como ellos».

Quizá en eso consista la nueva ruralidad: repensar el campo desde el siglo XXI con la emoción y coherencia de nuestros abuelos.

Tecnológico, conectado, solitario –o single, que parece que suena mejor–, simultáneo, sostenible, colaborativo, experiencial, itinerante… Todos estos conceptos son los que definen el turismo del siglo XXI, el sector que más riqueza aporta a la economía española en la actualidad.

Ahora bien, en una España que, durante décadas, ha sido el edén del turismo masificado de sol y playa y donde gran parte del territorio se encuentra polarizado entre núcleos urbanos hiperpoblados y grandes espacios rurales deshabitados, la pregunta que surge es: ¿puede el turismo ayudar a hacer frente al problema de la despoblación rural?

La nueva ruralidad apuesta por el sí, pero redefiniendo por completo el producto turístico.

LA NUEVA RURALIDAD

Es un hecho: la España vacía ya no aguanta más. Por no aguantar, no aguanta ni el adjetivo: de vacía a vaciada. Ese fue el cambio de lema de la manifestación que el 31 de marzo de 2019 reunió en Madrid a miles de defensores del rural español convocados por Soria ¡Ya! y la recién entrada al Congreso Teruel Existe. Pero esa manifestación solo fue la parte visible de un temblor que está sacudiendo muchos cimientos y que se puede resumir en un concepto: nueva ruralidad, la búsqueda de la identidad rural del siglo XXI.

Virginia Mendoza, en su necesario Quién te cerrará los ojos, de Libros del K.O., escribió: «Asfalto y tierra compiten por la verdad. Cada uno tiene la suya y es preciso separarlas para mantener el decoro». Ese decoro es una de las empalizadas que la nueva ruralidad se ha llevado por delante en los últimos meses. Antes, el rural ejercía un rol sumiso, ahora abarrota el paseo de la Castellana de Madrid, entra en el Congreso de los Diputados y crea su propio G20 multiplicándolo por cinco: el G100.

El G100 es un conjunto de 50 hombres y 50 mujeres de toda España que participan en el proyecto Terris, Territorios e Innovación Social, llevado a cabo por El Hueco, la primera iniciativa de coworking para el fomento de emprendimientos de la ciudad de Soria. Según explicaba el director de El Hueco, Joaquín Alcalde, para eldiario.es, Terris es «un proceso de cocreación de una identidad rural, basado en la gestión de la inteligencia colectiva, con el que pretendemos alumbrar las líneas estratégicas de cómo ha de evolucionar la relación del ser humano con el medio rural y buscar soluciones innovadoras y sostenibles a los principales problemas que atenazan a las zonas rurales».

Aparte del proyecto Terris, El Hueco también es el responsable de Presura, la Feria Nacional para la Repoblación de la España Rural, celebrada en Soria y cuya tercera edición tuvo lugar el pasado noviembre. Con el objetivo de servir como muestrario y punto de encuentro para los emprendedores rurales, los tres días que duró Presura sirvieron para reunir propuestas de todos los ámbitos: comunicación, tecnología, transporte, energía, educación, salud, vivienda, economía… Y, por supuesto, turismo.

Siguiendo la línea del prototipo diseñado por el G100 para el ámbito turístico, el concepto de turismo que se vio en Presura tenía una clave maestra: la comunidad local como protagonista de la gestión y comunicación de su propio patrimonio. En este nuevo modelo, el producto turístico no tiene que ser para los turistas, sino para la comunidad local, donde el viajero participa como invitado. Esta es, precisamente, una de las claves del proyecto que ganó en Presura el Premio a la mejor emprendedora rural en zonas escasamente pobladas. Su nombre es vanwoow, y aglutina bajo la misma idea varios conceptos que definen al turista del siglo XXI.

VANWOOW, TURISMO ITINERANTE Y COLABORATIVO CONTRA LA DESPOBLACIÓN RURAL

«Un viaje para rescatar 5.600 micropueblos del olvido». Ese es el eslogan de la campaña de Goteo que están llevando a cabo Auxi Piñero, Ana Galindo y Manuel y Javier Guisado, los cuatro integrantes del equipo de trabajo de vanwoow, la primera plataforma colaborativa de turismo responsable contra la despoblación rural.

vanwoow

Como explica Piñero, la idea surgió en 2017 «en un viaje en autocaravana por Teruel. Era temporada alta y nos encontramos que todos los lugares que visitábamos estaban vacíos. Esto chocaba con algo que suele suceder en el colectivo de autocaravanas, que se queja de que en temporada alta no nos acogen, no hay sitio para colocarse». Según comenta Piñero, durante su viaje descubrieron que en muchos de los pueblos que visitaban había numerosas actividades totalmente desconocidas y con un gran potencial turístico.

Tras un período de incubación de la idea y un viaje de 5 meses por España para comprobar en primera persona la viabilidad de su proyecto, vanwoow nació en forma de cooperativa integral dirigida al colectivo de turismo itinerante. «El sistema de cooperativa integral aglutina, a su vez, tres tipos de cooperativas –explica Piñero–: cooperativa de trabajo, formada por nosotros cuatro; cooperativa de socios usuarios, formada por los viajeros en autocaravana; y cooperativa de socios colaboradores, formada por los habitantes de pueblos que ofrecen experiencias».

La aparición de vanwoow no es azarosa. En España, el turismo camperizado ha crecido de forma exponencial en los últimos años, alcanzando cifras pico de alquileres y matriculaciones durante el verano de 2019. El éxito ha sido tan grande que provocó un efecto llamada para Camplify, la empresa líder de alquileres de vehículos camperizados en Australia y Reino Unido, la cual comenzó a operar en España desde el pasado octubre.

En el proyecto de vanwoow, la parte experiencial –otro término definitorio del turismo actual– es la clave a través de la cual se quiere atacar de forma directa al problema de la despoblación. Siguiendo su objetivo de crear una comunidad colaborativa que conecte micropueblos y autocaravanistas, la aplicación busca visibilizar lugares en los que vivir experiencias y pernoctas únicas y seguras en el mundo rural. Como explica Manu Guisado, «en cada lugar habrá ligado un espacio de pernocta y se colgaran todas la actividades y eventos que el pueblo quiera que dinamicemos».

Dentro de su proyecto, los cuatro integrantes del grupo de trabajo de vanwoow tienen también en cuenta otra de las limitaciones que existen en España frente al reciente bum del turismo itinerante: la escasez de instalaciones para autocaravanas. «Hemos llegado ya a acuerdos con veintitrés poblaciones para que adecuen su espacio, algunas de ellas lo están gestionando a través de la solicitud de subvenciones», explica Guisado.

De esta forma se consigue un objetivo fundamental para vanwoow, que «la zona de pernocta esté en el pueblo, para integrarse y tener la experiencia dentro del mismo. No queremos que la zona de autocaravanas sea un área de servicio, sino un espacio más del pueblo que sirva de residencia para visitantes itinerantes, facilitando así un turismo de tipo más inclusivo».

Estos acuerdos con las poblaciones forman parte de lo que ellos llaman la «fase de asesoramiento estratégico», a través de la cual se reúnen con habitantes e instituciones para conocer sus impresiones y capacidades y, en el caso de necesitarlo, llevar a cabo distintos talleres como empoderamiento digital o copywriting.

En cuanto al tema económico, Guisado explica que vanwoow es un proyecto «sin ánimo de lucro, un lugar de encuentro para socializar con otros viajeros, de unión entre productores locales que tengan un problema común en diferentes provincias y un espacio de toma de decisiones dentro de la plataforma». Respecto a esto último, Guisado añade que con «los excedentes, cuando los haya, se destinarán a sufragar un proyecto social o ambiental que haya en un micropueblo, el cual se someterá a votación por parte de la comunidad».

El turista del siglo XXI, camperizado, conectado a mil redes sociales y hastiado del estrés urbano, parece ser un perfil ideal para ocupar un hueco y generar una nueva fuente de riqueza –económica y social– en la España despoblada. Sin embargo, como recalcaba Guisado en un momento de la entrevista, la realidad del problema rural abarca muchos más aspectos como «la conexión a internet, la permanencia de servicios básicos como tienda, supermercado, farmacia, escuela… y, sobre todo, la motivación de los habitantes y gobernante por no dejar morir su pueblo».

El mundo rural ya no es solo agrícola, ganadero o forestal tradicional, es un espacio en el que han surgido numerosas iniciativas de carácter cultural, educativo, sociosanitario o energético y, por tanto, el abordaje debe ser multidisciplinar. Que el turismo del siglo XXI haga crecer las economías y el poblamiento rural dependerá de que estos lugares actualicen sus espacios y proyectos a los requerimientos de las nuevas tendencias –como los espacios de pernocta de vanwoow– de que se genere una unión en red entre ellos y, sobre todo, de que se deje de mirar al mundo rural como el lugar polvoriento y retrasado que comienza donde acaba el asfalto.

En el congreso Despoblación: un reto político (y poético) celebrado en Sigüenza a finales de noviembre, la revista Salvaje tuiteó las declaraciones del escritor Rafa Navarro durante una de las mesas redondas: «En 200 años con nuestra sabiduría vamos a destruir lo que nuestros antepasados mantuvieron durante 10.000 años con su analfabetismo. No hay que volver a vivir, trabajando de sol a sol, como nuestros abuelos, pero sí a vivir y sentir como ellos».

Quizá en eso consista la nueva ruralidad: repensar el campo desde el siglo XXI con la emoción y coherencia de nuestros abuelos.

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Opiniones 1
  • No, y ademas puede hodeerlo, no por masificacion solo sino pqe hay jueces que piden a favor de denucnias de hoteles
    que se cierren gallineros en ls pueblos para ls juerguistas de la ciudad qe van a hacer lo mismo al campo

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