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Publicado: 21 de marzo 2016 10:36  /   BRANDED CONTENT
 

¿Vas a esperar a que te pase algo para descubrir qué es lo realmente importante?

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¿Cuántas historias has oído de personas que redefinen sus prioridades después de pasar por una experiencia traumática? María Franco intenta desde hace 12 años que las personas descubran lo realmente importante y vivan en función de ello sin necesidad de que les haya pasado algo horrible. Lo hace organizando congresos a través de su fundación «Lo que de verdad importa».

La idea se le ocurrió cuando llegó a sus manos, a través de una amiga, un diario que un empresario de éxito había escrito a su familia después de que le diagnosticaran una enfermedad terminal. «Me lo leí en una noche, no podía parar de llorar». Ella, con 33 años, había tenido un cáncer y tenía dos niñas pequeñas. «Es curioso, pero piensas lo mismo. Quieres dejar a los otros muy claro qué es lo que de verdad importa. Entonces pensé que tenía que hacer algo. ¿Por qué te tienes que dar cuenta solo cuando te pasa algo?»

Entonces dejó su trabajo en una empresa pequeña que organizaba eventos para ONGs, a pesar de que entonces creía que «no se podía ser más feliz», y emprendió una nueva etapa organizando eventos nacionales e internacionales a los que asisten miles de jóvenes.

Su lista de ponentes es interminable. Personalidades del mundo del deporte, personas que han pasado por experiencias demoledoras… Explica así su proceso de selección: «No se trata tanto de buscar personas extraordinarias sino lo extraordinario de las personas».

A veces piensa que va a calar más en los jóvenes la historia de un determinado ponente y la que más ayuda resulta ser otra. «Depende del momento personal de cada uno». No es fácil medir el cambio que sus eventos provocan en la gente, «pero con una sola persona que haya cambiado, merece la pena». Franco intenta explicar así la magia que se produce: «Cuando acaba, la gente se queda en silencio. No se van. Están tan a gusto que les apetece quedarse».

Sonrisas en el peor momento

La historia de Angie Rosales tiene algunos paralelismos con la de María Franco. Su actividad no consiste en hacer ver a la gente lo que de verdad importa, pero mucho muchas veces lo consigue.

Tiene una organización de payasos de hospital: Pallapupas. Ella, al igual que Franco, dejó de lado la carrera profesional a la que se había dedicado hasta el momento, la de actriz en su caso, para llevar a cabo algo nuevo que ayudara a los demás. «En una ocasión, un amigo me invitó a un casting para ser payaso de hospital y me cogieron. Cuando entré me quedé muy impresionada. Hay muchísimo dolor y sufrimiento. Hay un silencio total, solo se oyen sonidos de aparatos». Decidió dedicarse a esto cuando se cruzó con una historia que la impresionó especialmente: «El niño ya no oía ni veía. Había perdido la movilidad. Y aún así los payasos actuaban para él. Decidí poner mi arte y mi vida al servicio de algo mayor. El payaso genera un efecto terapéutico, creo que merece muchísimo la pena».

pallapupas int

Rosales explica que, aunque nos hablan de optimismo, culturalmente no estamos acostumbrados a sonreír en según qué situaciones. Y añade algo que da que pensar: «Nosotros tenemos más problemas fuera de los hospitales que dentro».

El lado empresarial

Ambos proyectos, más allá de su poesía, tienen que sostenerse económicamente para seguir funcionando. «Yo vengo del mundo actoral. No me han formado para ser una gran empresaria. Lo que me ha funcionado ha sido creer profesionalmente en el proyecto y encontrar empatía con la gente que tengo delante». Ahora tienen acuerdos con los departamentos de oncología de muchos hospitales. Para conseguirlo, Rosales ha tenido que «llorar mucho». Cuenta la anécdota de un día que, habiendo recibido una negativa por parte de un político, volvió a entrar en el edificio y en su despacho para decirle que no se iba a conformar con esa respuesta, consiguiendo con ese desparpajo la subvención.

Para seleccionar a las personas que forman parte de Pallapupas, realizan castings. «En primer lugar, tenemos en cuenta que su idea de clown sea la misma que la nuestra. Luego realizamos entrevistas personales y comprobamos que estén bien. Si tú no estás bien no puedes ayudar a los demás».

«Lo que de verdad importa» está integrada únicamente por mujeres, aunque aseguran que también hacen castings a hombres.

En Pallapupas realizan sobre todo marketing digital por ser lo más barato. A su favor tienen que muchas personas y medios se involucran con su temática. En ‘Lo que de verdad importa’ realizan mucho marketing cada vez que tienen un evento, y acaban de crear un consejo de jóvenes, ya que los congresos van dirigidos a ellos.

Pero ¿qué es lo que de verdad importa?

En trabajos tan gratificantes también se viven momentos malos. Los más duros que Angie recuerda son las peticiones de familias de enfermos terminales. «Te está pidiendo que vayas alguien que va a perder a su hijo en dos horas». Aunque después de eso no puede evitar coger la nariz de payaso y tirarla al suelo, a la vez se siente agradecida de que las familias compartan esos momentos con ellos. «Si tuviéramos la muerte más presente, otro gallo cantaría».

En el caso de María Franco, uno de los momentos más duros de su fundación saltó a los medios de comunicación. Fue el fallecimiento de María de Villota la noche anterior a su participación en el congreso. «Fue durísimo, acabábamos de hacer los ensayos con ella», recuerda Franco. «A la vez fue muy bonito. Todas las cosas que empezaron a pasar al día siguiente fueron especiales. Ahora recuerdo como algo maravilloso el haber vivido eso». Para ella, lo que de verdad importa es «lo que tienes a tu lado que muchas veces no valoras. Que curiosamente no son cosas sino personas».

ong2 int

Angie Rosales asegura que el hospital (el «hospi», como ella lo llama cariñosamente) es un lugar de aprendizaje profundo. En él ha aprendido algo: «La vida hay que atravesarla. Por arriba, por abajo o por el “costao”; por donde sea».

María Franco y Angie Rosales contaron sus experiencias en una charla en La Destilería de Startups, programa para emprendedores de Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic .

 

¿Cuántas historias has oído de personas que redefinen sus prioridades después de pasar por una experiencia traumática? María Franco intenta desde hace 12 años que las personas descubran lo realmente importante y vivan en función de ello sin necesidad de que les haya pasado algo horrible. Lo hace organizando congresos a través de su fundación «Lo que de verdad importa».

La idea se le ocurrió cuando llegó a sus manos, a través de una amiga, un diario que un empresario de éxito había escrito a su familia después de que le diagnosticaran una enfermedad terminal. «Me lo leí en una noche, no podía parar de llorar». Ella, con 33 años, había tenido un cáncer y tenía dos niñas pequeñas. «Es curioso, pero piensas lo mismo. Quieres dejar a los otros muy claro qué es lo que de verdad importa. Entonces pensé que tenía que hacer algo. ¿Por qué te tienes que dar cuenta solo cuando te pasa algo?»

Entonces dejó su trabajo en una empresa pequeña que organizaba eventos para ONGs, a pesar de que entonces creía que «no se podía ser más feliz», y emprendió una nueva etapa organizando eventos nacionales e internacionales a los que asisten miles de jóvenes.

Su lista de ponentes es interminable. Personalidades del mundo del deporte, personas que han pasado por experiencias demoledoras… Explica así su proceso de selección: «No se trata tanto de buscar personas extraordinarias sino lo extraordinario de las personas».

A veces piensa que va a calar más en los jóvenes la historia de un determinado ponente y la que más ayuda resulta ser otra. «Depende del momento personal de cada uno». No es fácil medir el cambio que sus eventos provocan en la gente, «pero con una sola persona que haya cambiado, merece la pena». Franco intenta explicar así la magia que se produce: «Cuando acaba, la gente se queda en silencio. No se van. Están tan a gusto que les apetece quedarse».

Sonrisas en el peor momento

La historia de Angie Rosales tiene algunos paralelismos con la de María Franco. Su actividad no consiste en hacer ver a la gente lo que de verdad importa, pero mucho muchas veces lo consigue.

Tiene una organización de payasos de hospital: Pallapupas. Ella, al igual que Franco, dejó de lado la carrera profesional a la que se había dedicado hasta el momento, la de actriz en su caso, para llevar a cabo algo nuevo que ayudara a los demás. «En una ocasión, un amigo me invitó a un casting para ser payaso de hospital y me cogieron. Cuando entré me quedé muy impresionada. Hay muchísimo dolor y sufrimiento. Hay un silencio total, solo se oyen sonidos de aparatos». Decidió dedicarse a esto cuando se cruzó con una historia que la impresionó especialmente: «El niño ya no oía ni veía. Había perdido la movilidad. Y aún así los payasos actuaban para él. Decidí poner mi arte y mi vida al servicio de algo mayor. El payaso genera un efecto terapéutico, creo que merece muchísimo la pena».

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Rosales explica que, aunque nos hablan de optimismo, culturalmente no estamos acostumbrados a sonreír en según qué situaciones. Y añade algo que da que pensar: «Nosotros tenemos más problemas fuera de los hospitales que dentro».

El lado empresarial

Ambos proyectos, más allá de su poesía, tienen que sostenerse económicamente para seguir funcionando. «Yo vengo del mundo actoral. No me han formado para ser una gran empresaria. Lo que me ha funcionado ha sido creer profesionalmente en el proyecto y encontrar empatía con la gente que tengo delante». Ahora tienen acuerdos con los departamentos de oncología de muchos hospitales. Para conseguirlo, Rosales ha tenido que «llorar mucho». Cuenta la anécdota de un día que, habiendo recibido una negativa por parte de un político, volvió a entrar en el edificio y en su despacho para decirle que no se iba a conformar con esa respuesta, consiguiendo con ese desparpajo la subvención.

Para seleccionar a las personas que forman parte de Pallapupas, realizan castings. «En primer lugar, tenemos en cuenta que su idea de clown sea la misma que la nuestra. Luego realizamos entrevistas personales y comprobamos que estén bien. Si tú no estás bien no puedes ayudar a los demás».

«Lo que de verdad importa» está integrada únicamente por mujeres, aunque aseguran que también hacen castings a hombres.

En Pallapupas realizan sobre todo marketing digital por ser lo más barato. A su favor tienen que muchas personas y medios se involucran con su temática. En ‘Lo que de verdad importa’ realizan mucho marketing cada vez que tienen un evento, y acaban de crear un consejo de jóvenes, ya que los congresos van dirigidos a ellos.

Pero ¿qué es lo que de verdad importa?

En trabajos tan gratificantes también se viven momentos malos. Los más duros que Angie recuerda son las peticiones de familias de enfermos terminales. «Te está pidiendo que vayas alguien que va a perder a su hijo en dos horas». Aunque después de eso no puede evitar coger la nariz de payaso y tirarla al suelo, a la vez se siente agradecida de que las familias compartan esos momentos con ellos. «Si tuviéramos la muerte más presente, otro gallo cantaría».

En el caso de María Franco, uno de los momentos más duros de su fundación saltó a los medios de comunicación. Fue el fallecimiento de María de Villota la noche anterior a su participación en el congreso. «Fue durísimo, acabábamos de hacer los ensayos con ella», recuerda Franco. «A la vez fue muy bonito. Todas las cosas que empezaron a pasar al día siguiente fueron especiales. Ahora recuerdo como algo maravilloso el haber vivido eso». Para ella, lo que de verdad importa es «lo que tienes a tu lado que muchas veces no valoras. Que curiosamente no son cosas sino personas».

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Angie Rosales asegura que el hospital (el «hospi», como ella lo llama cariñosamente) es un lugar de aprendizaje profundo. En él ha aprendido algo: «La vida hay que atravesarla. Por arriba, por abajo o por el “costao”; por donde sea».

María Franco y Angie Rosales contaron sus experiencias en una charla en La Destilería de Startups, programa para emprendedores de Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic .

 

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